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Pilar Eyre: “Con la situación política de Cataluña cogí una depresión”

Los que la conocen dicen que no se calla nada. Donde pone la pluma pone la controversia. Lleva más de una década contando y analizando la crónica social de nuestro país, desde los entresijos de la Familia Real a las ‘últimas horas’ de los personajes de popularidad efímera que aparecen en televisión. Todo le interesa y nada le impide decir lo que piensa. Es escritora y periodista a partes iguales y, a sus 68 años, piensa seguir ejerciendo hasta que la dejen. De hecho, acaba de publicar su último libro, ‘Un perfecto caballero’, que se ha llevado muy buenas críticas y va ya por su sexta edición. Es de esas pocas personas que afirma firmemente que no le gusta viajar, pero su pasión por su trabajo hace que siempre esté de acá para allá recorriendo todos los puntos cardinales de la geografía española.

En uno de esos viajes relámpago con origen y destino en Barcelona -donde nació y reside actualmente-, Pilar Eyre ha visitado Málaga para ofrecer una conferencia sobre pintura y literatura en el Museo Carmen Thyssen. Hemos aprovechado la ocasión para conocerla más en profundidad y hablar con ella de su nuevo libro y de otros temas de actualidad.

Inaugura hoy un ciclo de conferencias en calidad de escritora, ¿se siente más escritora que periodista o viceversa? 

La verdad es que tengo la suerte de simultanear las dos profesiones y de no sentirme una cosa más que la otra. Es más, yo creo que mi profesión de periodista ayuda a la escritora, porque mis libros llevan una parte importante de investigación, y que  también mi profesión de escritora ayuda a la de periodista por mi estilo literario, que hace que sea un sello personal. Yo podía haber dejado la literatura hace tiempo y dedicarme al periodismo, o al revés, pero he querido simultanear las dos profesiones. Yo siempre salgo a la calle y viajo con mi carné de periodista, que está super caducado y nunca me lo ha pedido nadie, pero estoy orgullosa de mi profesión, la cual ejerzo desde hace muchos años y pienso seguir ejerciéndola hasta que me dejen. 

Su último libro, ‘Un perfecto caballero’, trata la historia de su familia y de la Cataluña de los años 40 y 50, ¿por qué este libro?

Bueno, este libro es un poco una saga familiar y también la historia de una generación. Mi familia pertenece al bando de los llamados ‘vencedores’ de la guerra civil, pero creo que son una generación que también fueron perdedores en la posguerra. En este conflicto atroz que fue la guerra civil nadie se salvó. Creo que vencedores y vencidos fueron todos perdedores. Quería  retratar esa generación de personas que ganaron la guerra pero que luego no se aprovecharon de ella. Creo que hay gente honrada en ambos campos, al igual que canallas. Quería hablar un poco de esos años 40 y 50 que son nuestra generación perdida. Los americanos tienen la suya y nosotros la nuestra, que es esa generación de personas que salieron de la guerra y que con su esfuerzo convirtieron nuestro país en lo que es ahora. Somos lo que fuimos y es importante tenerlo en cuenta.  

 

¿Es el libro que más le ha costado escribir?

Hombre, sí. Es un libro que si hubieran vivido mis padres no hubiera podido escribir, porque explico historias muy íntimas y a mi padre, por ejemplo, no le gustaba hablar de la guerra. De hecho, no me habló de ella jamás. Él estuvo condenado a muerte durante toda la guerra, era un falangista de 18 años que estuvo en prisión durante dos años. Todos los días por las mañanas pensaba que lo iban a fusilar. Solo descansaba cuando llegaban a la letra ‘E’ de su apellido y no lo nombraban; entonces sabía que tenía 24 horas más de vida. Nunca me habló de esas circunstancias. Esto lo sé por mis tías, mi madre u otras personas. Mi padre murió hace relativamente poco tiempo, yo ya era periodista y había escrito varios libros del franquismo, y cada vez que le preguntaba por algún detalle, me interrumpía y me decía que no volvamos a eso. Y ahora, con todos esos recuerdos, que ya no sé si son míos o inventados, porque llega un momento en que ya no sabes dónde está la frontera de la ficción y la no ficción, he querido escribir este libro. Con mis padres vivos, desde luego, no me hubiera atrevido a hacerlo. 

¿Ha leído su familia el libro? 

Yo tenía bastante miedo de que lo leyeran. Cuando estaba escribiendo el libro, consulté a muchos familiares de personas que salen en el libro con nombre propio, pero a mi familia la verdad es que no se lo consulté. El día que presenté el libro en Barcelona, que fue en diciembre, pues la verdad es que tenía mis dudas. Yo decía no sé si saldré de aquí a bofetadas y en camilla -ríe-. Pero la verdad es que se pusieron todos de pie y me dieron la enhorabuena. Algunas de mis primas me dieron las gracias y me dijeron que se habían sentido muy honradas con el libro. Así que tengo una gran recompensa, mis lectores -50.000 lectores y 6 ediciones- y que mi familia lo haya visto como un acto de respeto y de honor a la generación que representaba. 

¿Se siente satisfecha? 

Estoy muy contenta y emocionada con todos los testimonios. He estado en Marbella y en Málaga y  ha venido muchísima gente a decirme que le ha gustado. El libro transcurre en Barcelona, pero la verdad es que son temas que nos afectan a todos. Ha venido mucha gente a decirme que ellos han sentido lo mismo, que su familia también pasó por eso, etc. La gente, sobre todo, me dice que sus padres tampoco hablaban. Es una constante en mi generación.  A cada lugar que voy con el libro, es una satisfacción porque me encuentro historias emocionantes relacionadas con él y eso me encanta. 

Asegura que en el libro se representa a la Cataluña real de la época, ¿cómo es la Cataluña real hoy en día?

Bueno, a ver, no es la Cataluña que nos muestran los medios de comunicación. Y ahí tengo que entonar un mea culpa porque también soy periodista. Yo soy la prueba viviente de que soy castellano parlante y no hablo catalán; y desde luego que en todos los años que tengo ni una sola persona me ha dicho por la calle que tengo que hablar en catalán o que por qué no entiendo el catalán. Yo voy a TV3 o a las radios catalanas y me expreso en castellano. Desde luego nunca he tenido ningún problema. Yo no soy independentista, lo digo tranquilamente, pero también respeto a los que lo son. Mientras que no haya métodos violentos, yo respeto el sueño que tienen ellos. Tienen un sueño que no es el mío, pero lo respeto mientras que no agredan a nadie o no haya violencia. Y espero que me respeten como yo los respeto a ellos. 

 

¿Le apena lo que está pasando en Cataluña? 

Yo soy partidaria del diálogo. Cuando pasó este tema, me cogí una depresión y me estuve hasta medicando. Me aislé. Tengo una hermana que es independentista. Me costaba hablar con la gente. Me di cuenta de que de ser una persona muy extrovertida me había convertido en todo lo contrario. El médico me dijo que habían detectado varias depresiones más de lo normal por esta situación que estaba pasando, de uno u otro signo. Yo vivo en Barcelona tranquilamente. Cualquiera que venga se puede dar cuenta de que no pasa nada. Hay manifestaciones, pero al igual que en Madrid también hay cada dos por tres. La convivencia se da perfectamente y no me gustaría que se intoxicara ni en un sentido ni en otro. 

Hay quienes la tachan de independentista y quienes la tachan de unionista, ¿está harta de los bandos y las etiquetas?

(Ríe). Eso es un poco lo que llaman la equidistancia, que es lo que nos pasa a los que nos mantenemos en medio y no atacamos ni a unos ni a otros. Los de un lado te tachan de una cosa y los de otro de otra. Aunque la verdad es que yo nunca he tenido ningún problema, ni en Cataluña ni en Madrid, ciudad que adoro y me encanta.

Quienes la conocen dicen que no se calla nada, ¿le ha costado eso algún que otro disgusto?

La verdad es que no me callo nada. Yo siempre contesto sinceramente. Todo lo que estoy contestando ahora no lo hago ni para quedar bien ni para evitarme problemas. Cuando me preguntan de la monarquía o de muchos otros temas, siempre contesto lo que pienso. Lo que puede que me haya traído más problemas es hablar de la monarquía cuando nadie lo hacía. Nadie investigaba o contaba la trastienda de esos reyes que nosotros veíamos maravillosos y que se llevaban estupendamente, como Don Juan Carlos y Doña Sofía. Yo escribí mi libro ‘La Soledad de la Reina’; y ahí sí que tuve problemas. Me despidieron de un trabajo que tenía, tuve varios problemas variopintos, pero bueno tuve también el apoyo de mi editorial y de El Mundo, que es donde trabajaba entonces. Pero la verdad es  que he tirado para delante siempre. Continúo siendo periodista y trabajo en Lecturas, donde tengo que decir que tengo libertad absoluta de expresión. 

Hablando de su libro sobre Doña Sofía… Ha escrito varios sobre la Familia Real, pero todavía no se ha atrevido con el de Juan Carlos, ¿lo hará pronto? 

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(Ríe). La verdad es que tengo mucho material. He escrito unos diez libros sobre la monarquía y no he utilizado ni la mitad de la documentación. Tengo mucha sobre Don Juan Carlos que creo que no ha publicado nadie todavía. Algún día escribiré ese libro porque pienso que la figura lo merece. Ha sido jefe de estado durante muchos años, el primer rey de la restauración monárquica, el rey de toda una generación. Creo que merece un libro. Por supuesto que lo escribiré, aunque no sé cuándo, pero que se vaya preparando el pobre (ríe).

 

Es cronista social desde hace muchos años, ¿se ha desvirtuado la crónica social en los últimos tiempos?

No lo veo así. A mí me parece muy divertido. Se han incorporado nuevos personajes de TV y se ha democratizado por decirlo de alguna manera. A mí estos nostálgicos que dicen “a mí me gustaba cuando se hablaba de la emperatriz Soraya”, pues yo pienso que ahora tenemos personajes más efímeros, de una popularidad que dura a veces dos semanas, pero pienso que sigue habiendo buenos y malos periodistas como ha habido siempre. Ahora mismo hay magníficas plumas que lo hacen fenomenal, independientemente de quiénes sean los sujetos de sus crónicas. Las únicas revistas que están vendiendo y pagan dignamente a sus periodistas son las del corazón. Creo que esto quiere decir mucho. 

¿Y el periodismo en general? ¿Hacia dónde vamos?

Hay buen y mal periodismo; y buenas y malas prácticas. Lo que hay es una reconversión del modelo, del soporte. Yo creo, con todo el dolor de mi corazón, que el papel está herido de muerte y que consultaremos nuestros periódicos en la web. Lo único que está claro es que llegará un momento en que se tendrá que pagar por las web, porque de algo tendremos que vivir los periodistas. Lo que no puede ser es que haya periódicos de pago y otros que no, porque sino la gente se irá siempre al gratis. La profesión de periodista seguirá existiendo porque es necesaria, una sociedad sin periódicos es una sociedad muerta. Yo le veo un futuro sólido, aunque el papel creo con tristeza que va a desaparecer. 

 

¿Cree que salir en Sálvame le ha perjudicado más que beneficiado en su carrera como escritora?

Es una pregunta que me he hecho yo también algunas veces. Pero la verdad es que creo que los libros tienen que venderse y para ello tienen que publicitarse. Creo que si no los das a conocer, no llegas al público. Yo lo que digo es que cuando salgo en Sálvame o Sálvame Deluxe promocionando el libro, hay un tirón de ventas impresionantes. No solo creo que no me ha perjudicado, sino que le estoy muy agradecida a estos programas, que aunque no sean literarios, me invitan a hablar de mi libro o hablan de él. No tengo más que agradecimiento. Esto antes se veía muy mal, pero ahora la mayoría de escritores quieren salir en estos programas. Se han dado cuenta de que la gente tiene que saber que has escrito un libro, y si la forma de llegar a la gente es ir a los programas que ve la gente, pues bueno. 

¿Le molestan las críticas por salir en este tipo de programas? 

A ver, me molestan todas las críticas. Me encantaría que a todo el mundo le encantara lo que yo hago. Intento explicar esto que he explicado en cada entrevista que me hacen. La gente que piensa que la literatura tiene que estar encerrada en un cajón y que es algo elitista o al alcance de unas mentes privilegiadas, pues no saben lo que es el mercado. Las editoriales lo que quieren es vender y ganar dinero, que al fin y al cabo son empresas. Y gracias a los que salimos en estos programas y vendemos muchos libros, pueden publicar otros libros que solo venden 1000 ejemplares. El mercado funciona así.

Fotografías: Lorenzo Carnero

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