Virginia Gámez

Dicen que la cara es el espejo del alma, de las emociones, y de lo que hay por dentro. Quizás por ese motivo Virginia Gámez brilla de una forma especial. La cantaora de flamenco se encuentra en un momento de plenitud en su carrera artística. En tan sólo unos días, el 2 de marzo, presentará en el Auditorio Edgar Neville su nuevo disco ‘Baúl’. Donde en un viaje a sus recuerdos recoge algunas de las canciones que forman parte de la banda sonora de su vida. 

 

Desde pequeña su vida ha estado unida al flamenco, le venía de familia, lo llevaba en la sangre y le acompañaba la voz. Y aunque tenía un don innato para ello, desde niña nunca ha dejado de formarse. Será por ello que siempre ha destacado y ha conseguido grandes hitos desde una edad muy temprana. Podría nombrar muchos de ellos, y seguro que en parte gracias a ellos ha llegado hasta aquí. Pero entonces tendría que usar todo el espacio de esta entrevista para ello. Así que me centraré en el presente y en el brillante futuro que se percibe que tiene por delante. 

Estos meses son especiales para ella. A la presentación de su nuevo disco se une que será la Pregonera de la Exaltación de la Mantilla de La Coracha. Es el día de su presentación oficial en un acto íntimo ante la junta directiva de esta asociación pro tradiciones malagueñas. Minutos antes de hacer el anuncio tenemos la oportunidad de charlar. 

No me meto en temas técnicos del flamenco, porque aunque haya una tendencia entre la prensa y en la sociedad, de que todo el mundo sabe y tiene que entender de todo, no me gusta ni hablar ni escribir de lo que desconozco. Lo que me gusta, me apasiona, es descubrir esas historias que hay detrás de las personas, de mujeres como Virginia Gámez, que ha apostado con un género que no todo el mundo entiende ni siente, y sin embargo desata pasión entre sus aficionados. El Flamenco, Patrimonio Inmaterial de la humanidad. Algo que nos define, que desgarra, algo tan sumamente nuestro, tan sumamente de piel.

Virginia es malagueña y en sus primeros años se formó con Pepe Baena, al que a ella pone delante el “Don” y llama Don José Baena. Ahora es ella la que se enseña a otros a perfeccionar ese don de poder cantar así. 

¿Cómo empezaste tu carrera artística con tan sólo 9 años? 

Empecé a cantar en el tablao que tenía mi padre. Era un pub, pero que prácticamente lo dedicaba al flamenco todos los fines de semana. Allí y en el tablao que tenía mi tía Pepi Gil en Benalmádena.

¿De dónde te viene a ti la pasión por el flamenco? De oírlo en casa, supongo.

En mi casa siempre he escuchado flamenco. Yo no recuerdo otra música desde que tengo uso de razón. Escuchaba a Manolo Caracol, a la Niña de los Peines, a Manuel Torres, o a cantadores más recientes como “el Cabrero”, como “el Turronero”, Luis de Córdoba, “Naranjito de Triana”… Por parte de mi madre en mi casa hay muchos artistas y músicos, y de hecho tengo una prima que canta canciones española, Rocío Alba. Por parte de mi padre también siempre ha habido muchísima afición al flamenco. Creo que me viene por los dos. 

Tu época de niña y adolescente es la de los ochenta, principios de los noventa, cuando dio muy fuerte el pop español, ¿nunca te llamó la atención?

Pues la verdad es que no. A lo mejor escuchaba esa música porque la ponía mi hermana o mis primas, pero no me llamaba la atención como me llamaba la atención el flamenco. Desde luego, yo me quedaba hasta las tantas de la madrugada escuchando flamenco con mi padre en los festivales. Nos recorríamos toda la provincia yendo de festival en festival.

Dicen los que entienden que cantar flamenco es muy difícil…

Tiene su dificultad. El que se dio cuenta de mi voz fue mi padre. Yo cantaba las canciones de las cintas que él ponía en casa. Él le decía a mi madre que yo no cantaba mal y se preocupó de que yo escuchara más, aprendiera más, me formara más y  hasta aquí hemos llegado.

 

En la adolescencia cambia la voz, y cambiamos nosotros, sin embargo tú seguiste en este camino…

El cambio de voz mío estuvo muy bien guiado por Pepe Baena, de Fuengirola. Tuvo mucho cuidado conmigo. Cuando llegas a ese momento en el que tienes un cambio de voz, no puedes forzar en ningún momento las cuerdas vocales, porque tienen que seguir su curso natural. También  le aconsejó a mi padre que no me llevara a cantar a todos los sitios y a tantos sitios, para que mi voz estuviera tranquila y no sufriera los cambios que queríamos evitar.

Si no cuidas eso la voz se rompe y ya no puedes seguir. A muchos niños prodigio les ha pasado eso. Pero estuve muy bien guiada y asesorada. 

¿Cómo era la relación con tus compañeras de colegio, tus amigos? ¿Entendían eso del flamenco?

A mí me han respetado muchísimo, y era raro el día de Andalucía que no me llamaban para presentar el acto, o para cantar. Era una chica muy tímida y me costaba muchísimo trabajo, a lo mejor cantaba de espaldas para que no me miraran. Pero todo eso se fue superando y puedo decir que he tenido una infancia muy feliz. He hecho lo que he querido. El flamenco es mi felicidad, es mi vida, no concibo la vida sin el flamenco.

¿Tenías claro que ibas a vivir de esto?

Eso nunca se tiene claro, porque el mundo de la música tiene mucha incertidumbre. Hay meses que te va muy bien y otros meses que son más flojos. Pero lo que sí tenía claro es que me llenaba el alma, el corazón y me llena tanto la vida…

Así que sigues el curso de ese sentimiento, de esa emoción, porque es lo que te ha feliz. Y gracias a Dios me ha llevado a poder vivir de la música. Me siento muy querida en mi tierra, me siento muy querida por todo el mundo y eso no está pagado.

Supongo que el apoyo de tus padres es crucial en esa decisión de dedicarte a esto…

Siempre me han apoyado y nunca me han impuesto nada. Hacían mucho hincapié en que yo estudiara, y me quedan dos años para acabar Magisterio. Pero siempre me han respetado, me han ayudado muchísimo y me siguen ayudando.

¿Es el flamenco un mundo machista?

Yo no he tenido nunca esa sensación ni de rechazo, ni de diferencia por ser mujer. Me han hecho sentir siempre bien, como yo he hecho sentir siempre bien a los demás y no tengo la sensación de que en el flamenco haya machismo, o al menos yo no lo he sufrido ni cuando era más jovencita ni ahora. 

Virginia, ¿en qué momento empiezas a ser consciente de que tienes un nombre hecho dentro del mundo del flamenco?

No sé decírtelo porque yo todavía sigo en la lucha. Sigo formándome, en la disciplina y en la constancia. Y la sensación que tengo es de que soy feliz, que doy lo que tengo, y el que da lo que tiene no está obligado a dar nada más. Hago feliz a los demás con lo que yo soy feliz, para mí eso es lo más grande.

Es que me cuesta llamarlo trabajo, pero hago un trabajo que no se puede ni explicar. ¿En qué trabajo te tocan las palmas? No sé si tú sales de la oficina y a ti te toca las palmas alguien… A mí me tocan las palmas, me dicen piropos, nada más que recibo cosas bonitas…

No sabría decirte cuál es ese momento sobre el que me preguntas.  Sé que soy muy luchadora y que nadie me ha regalado nada. Todo, lo poco o lo mucho que pueda tener, lo he conseguido por mí misma.

¿Te has dejado muchas cosas en el camino por tu profesión?

No, yo no tengo esa sensación. Para nada. No he echado en falta nada. A mis amigas de la infancia las sigo conservando, si he tenido que jugar he jugado. No me he dejado nada en el camino. 

Todo lo que he hecho lo he hecho consciente y lo he hecho con mucho sentimiento y con mucho corazón ¿Que podía haber hecho las cosas mejor? Por supuesto, todo se puede mejorar. Pero bueno, sigo ahí en el camino de la lucha, de la constancia y de ser lo más disciplinada posible dentro del flamenco. 

 

¿Cómo es ser profesora, dar clases?

Dar clase de flamenco ha sido una de las cosas que más me ha ayudado, donde más he aprendido es dando clases. Yo intento meterme en el alma y el corazón de mis alumnos, y por supuesto que no me gustaría que los errores que yo haya podido cometer ellos los cometan. Les aviso y les digo lo que puede pasar si van por un camino o por otro, pero también tengo claro que si tienen que equivocarse se van a equivocar. Por eso también los respeto mucho.

Disfruto mucho con mis clases, disfruto mucho con mis alumnos, disfruto mucho con su entrega, con sus ilusiones… Para mí es una satisfacción enorme poder hacer feliz a alguien con el flamenco y enseñarles, y que algún día se acuerden de mí, de algo que les enseñé o que les dije.

Virginia se equivoca como la que más, pero hay cosas que te las da la experiencia. Disfruto muchísimo con ellos y espero seguir dándole todo lo que necesiten y todo lo que esté dentro de mí, no me guardo nada para mí. Hay maestros, profesores, que se guardan cosas para ellos y no las enseñan. No es mi caso.

Dicen que eres de las pocas que le da a tantos palos del flamenco…

Mi maestro, Don José Baena, se preocupó también de que yo aprendiera todo el abanico posible y más amplio del flamenco. Intento conocer todos los estilos que hay de flamenco; el flamenco nunca se termina de aprender. Algunos me gustan más, otros me gustan menos, pero tengo que conocerlos todos. Gracias a ese empeño mío estuve tantos años de profesora en la Fundación Cristina Heeren en Sevilla, llevo catorce años de profesora en la Federación de Peñas Flamencas de Málaga. 

Yo a mis alumnos le tengo que enseñar de todo, me guste más o me guste menos para yo ejecutarlo en público, pero conocerlo lo tengo que conocer.

¿Tu mayor pesadilla es quedarte sin voz en medio de una actuación?

Hasta ahora he tenido suerte y no me ha pasado. Tiene que ser muy duro que se te quiebre la voz pero puede pasar porque somos humanos. Pero hay que estar preparado para que no pase, que esa voz esté entrenada y esa musculatura tonificada. Pero bueno, si tiene que pasar lo afrontamos naturalmente y no pasa absolutamente nada.

¿Cómo te cuidas a diario la voz?

Por las mañanas hago mis ejercicios de técnica para que el músculo esté preparado para echar el día. Escucho mucho flamenco. Escribo mucho también. Me gusta componer letras. Siempre intento abrigarme y las comidas no las tomo ni muy calientes, ni muy frías. Sobre todo evitar los contrastes.

Requiere de disciplina y de cuidarse. Por ejemplo, tres días antes de de cantar ni suelo salir de noche. No me arriesgo. De charlar o incluso de reírte mucho te puedes dañar la voz. Pero es algo que no me pesa, lo tengo muy asumido. 

¿Está tu profesión valorada económicamente?

Yo no me puedo quejar, pero me da mucha pena de que no se valore a grandes artistas que están en un tablao trabajando.

No se valora, desde mi punto de vista, económicamente, esa labor tan enorme que hace el baile en el tablao o el cante en el tablao o el guitarrista en el tablao… Eso sí me gustaría, que esos artistas estuviesen mejor remunerados.

Hay que tener voz, pero hay que tener algo más para triunfar en el flamenco… 

Yo me imagino que tiene que ser un conjunto de cosas. Tienes que tener un buen oído, la voz te tiene que acompañar, el sentimiento te tiene que acompañar, tienes que tener claro lo que quieres transmitir… Yo creo que tiene que ser un conjunto de cosas.

‘Baúl’ es tu cuarto disco, ¿qué significa para ti?

Tengo un casette que grabé con dieciséis años, tengo un CD que lo grabé con diecinueve o veinte años y mi último disco ‘Soñé’ lo presenté en 2014. ‘Baúl’ significa mucho para mí porque me salgo un pelín de la línea que he llevado hasta ahora, de estos años atrás. Me salgo un poco del flamenco más tradicional y le hago un guiño al flamenco “más comercial”, por llamarlo de alguna manera.

¿Lo has hecho así para que llegue a más público?

Si puede llegar al gran público estaré súper agradecida, pero la pretensión de hacer este disco era que me apetecía muchísimo  hacer versiones de los cantes y las canciones que yo escuchaba de pequeña en mi casa. Por eso le llamo ‘Baúl’, porque quiero rescatar muchos temas como por ejemplo, al Paquiro, a Lole y Manuel, a Joan Manuel Serrat…He querido hacer un pequeño homenaje a ese flamenco más comercial.

El 2 de marzo presentas este disco en Diputación y el 5 serás la pregonera de la Exaltación de la Mantilla en el teatro Cervantes… ¿Qué supone para ti?

Pues cuando me llamaron les pregunté si de verdad estaban seguros. No estoy acostumbrada a hablar ante tantísimo en público. Pero por otra parte me hizo muchísima ilusión porque yo siento mucho las tradiciones de mi tierra y me siento muy malagueña. Creo que en otra vida fui un boquerón (bromea). 

Que te llamen de una asociación que ensalza tanto las tradiciones, que las defiende tanto y que además sea para dar un pregón en el teatro Cervantes, es súper ilusionante. Lo único que espero y deseo es estar a la altura de las circunstancias y no defraudar a nadie.

Voy a dar mi corazón, voy a dar mi alma y solo espero que todo el mundo que vaya a escuchar el pregón lo escuche con el mismo amor con el que yo lo estoy creando.

Virginia Gámez con la presidenta de La Coracha

¿Se han roto estereotipos en el flamenco? O sea, esos estereotipos que teníamos del cantaor del flamenco, de la cantaora…

Bueno, se ha evolucionado. Hay una evolución muy digna, muy bonita, y hay otro tipo de evolución que se le llama flamenco y desde mi punto de vista, no se le debería llamar flamenco, es algo aflamencao. Para no confundir a la sociedad debemos llamar las cosas por su nombre.

Pero el flamenco tiene unas expectativas buenísimas. A mí me gusta ser muy positiva y admiro mucho el trabajo que están haciendo muchos artistas que para mí son muy grandes. 

¿Hay cantera?

Bastante. En Málaga hemos tenido, tenemos y tendremos muy buenos artistas, porque Málaga es cantaora y flamenca por los cuatro costados. Hay una cantera muy flamenca, una cantera muy respetuosa con las líneas del flamenco que está intentando estar más pegada a los orígenes para preservarlo. Se está haciendo un flamenco más puro.

 

¿El flamenco puro es para una minoría?

No. Eso se ha dicho durante mucho tiempo pero yo no le encuentro la razón de ser. El flamenco es universal, es algo extraordinario. Tú vas al extranjero y no te puedes hacer una idea cómo admiran al flamenco, cómo lo respetan, cómo lo valoran.

¿Se valora más fuera muchas veces que dentro?

En los dos sitios, fuera y dentro. Lo que pasa que a lo mejor te puede sorprender más lo que se valora en el extranjero. No te esperas esa cosa tan grande que tienen con el flamenco, ese respeto tan inmenso y esa manera de tratarlo tan exquisita y tan sutil.

¿Os ha beneficiado de alguna forma que se nombre Patrimonio Inmaterial de la humanidad?

Más que beneficiar se ha afianzado a nivel institucional. Las instituciones están un pelín más volcadas en preservarlo, pero yo creo que todos sabíamos que el flamenco era Patrimonio Inmaterial de la Humanidad antes de que se nombrara.

¿Hay alguna actuación de tu vida que recuerdes con especial cariño por algo?

Hay muchísimas que han sido especiales. Aunque recuerdo una especialmente que pensaba que no la iba poder hacer porque diez días antes mi padre se fue al cielo. Creía que no iba a ser capaz de subirme a ese escenario. Y es una de las actuaciones más especiales que guardo en mi interior porque fui capaz de hacerla y de hecho, mi padre me mandó la fuerza. 

Siempre tengo muy presente sus palabras y él me decía: “Nena, a ti te pase lo que te pase en la vida nunca dejes de cantar. Dicen que los buenos cantan bajo cualquier circunstancia”. Eso se me quedó grabado.

También dicen los grandes que les gustaría morir sobre el escenario…

¡Uy, qué desagradable para los demás, ¿no?! (Se ríe) 

Claro que me gustaría hacerme viejecita cantando y que mi cante me acompañara hasta última hora. Quiero que la gente se quede con buen recuerdo mío y con una imagen bonita. Pero sí me gustaría ser viejecita y seguir cantando, como La Niña de la Puebla, por ejemplo.

Virginia, ¿te pasa eso de estar en una reunión de amigos o en una fiesta… y que sea normal que alguien te diga “Virginia, cántate algo”?

Sí, lo que pasa es que yo soy muy especial para eso. No es como darle a un botón que se le da y venga… Yo necesito estar concentrada, sentirme a gusto. Hay veces que hay gente que me arrima mucho vino, y con más de ciertas copas el cuerpo soy la que peor canta del mundo. Hay veces que cantó más cuando nadie me dice nada, que cuando están: “Niña canta, niña canta”. Mis familiares y mis amigos me conocen y no me dicen absolutamente nada.

Aparte del flamenco, ¿qué tipo de música oyes?

Las sevillanas me gustan mucho. Las ‘sevillanas para escuchar’ como yo le digo. Me gustan los boleros y la copla también. En fin, yo escucho un poquito de todo, pero sobre todo es flamenco lo que se escucha en mi casa y en mi coche.

¿Después de este disco qué?

Después de este disco disfrutar de él, seguir viviendo de lo que me gusta y que sigan viniendo sensaciones bonitas y que sigan viniendo ilusiones, que es lo que nos mueve el corazón.

Corazón que ha puesto en su último trabajo discográfico donde versiona  “Dime” de Lole y Manuel, “Naciste para mi” de Paco Reyes el Paquiro, “Agua fresca” de luís de Córdoba” y más temas de artistas que han marcado su vida. Un disco en el que canta a dúo con grandes artistas y amigos como Manuel Lombo, Diana Navarro, Antonia Contreras, Encarna Anillo, Laura Vital y Juan Pinilla. Y grandes  mis músicos como Daniel Casares, Juan Ramón Caro, Nelson Doblas, Curro de María, Adrián Gaona, Juan Soto, Javier Tapia, José Ángel Molinero, Andy Hernández, Miguel “Nene”, David Galiano, Dani Bonilla.

El próximo 2 de marzo a las 19:30 horas tendremos la oportunidad de escucharla en directo en la presentación de ‘Baúl’ en el Auditorio Edgar Neville. Antes, el 18 de febrero se presentará en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, el cartel anunciador del pregón de Exaltación de la Mantilla de La Coracha. Obra de la alumna de Virginia, Beatriz Román. El 5 de marzo será momento de subir al escenario del Teatro Cervantes y acariciar con su voz a una prenda tan nuestra como es la mantilla.

Virginia tiene por delante un mes de crear momentos bonitos, lleno de cante y emociones, que guardar en ese baúl de su vida y de su brillante carrera. 

Redacción: Ana Porras Fotografía: Lorenzo Carnero

Virginia Gámez

Cantaora de Flamenco

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  Audio transcripto por Atexto

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