Virginia Gámez emociona al Cervantes con su Pregón de Exaltación de la Mantilla

El Teatro Cervantes volvió a acoger un año más el Pregón de Exaltación de la Mantilla, organizado por la Asociación pro tradiciones La Coracha, con los palcos luciendo como sólo lo hacen en esta cita. Señoras ataviadas con la mantilla en un homenaje a una prenda que ha evolucionado y se ha mantenido, y que en esta ocasión ha susurrado a su pregonera, Virginia Gámez, bonitas historias de su devenir. Testigo directo de grandes momentos sociales, de escenas de amor, de secretos olvidados… La mantilla hizo de Virginia su mensajera y su compañera en ese viaje. 

Virginia Gámez, momentos antes en el camerino

Dicen que es uno de los pregones más bellos y sentidos de los últimos años. Quizás, porque esa mantilla que narró sus vivencias a Virginia Gámez, se encuentra en un momento similar al que atraviesa ella. Con esa serenidad que da el paso del tiempo, cuando ya se puede mirar atrás y ser consciente de los logros conseguidos, de los momentos vividos… Cuando la vida se percibe como un regalo lleno de oportunidades y una aprende que los errores cometidos, que los pasos dados en falsos, no son más que parte del camino que nos llevan a estar donde estamos, que nos llevan a aprender, a ser más sabias. 

 

La mantilla digna, señorial, protocolaria, seguidora de rituales, capaz de elevar a la mujer que la porta y llenarla de seguridad, capaz de borrar sus miedos, de hacerla sentir única, de aportarle el valor que a veces le falta por exigirse más. Así, portándolas orgullosas sobre sus cabezas, el Cervantes se fue llenando de ellas. 

 

Mientras, Virginia Gámez, en el camerino, se fusionaba con su narradora para contar y cantar sus historias sobre el escenario. Afortunada por tener el privilegio de ser profeta de la mantilla en su tierra. 

Para siempre quedará su imagen y el recuerdo de este momento en el cartel que Beatriz Román pintó con la devoción de la alumna a una maestra. 

Beatriz Román junto al cuadro que ha sido el cartel de la 42 edición del Pregón de Exaltación de la Mantilla

Abrió el acto el gran Joaquín Pareja Obregón al piano, acompañado al baile por Esperanza Márquez, como preámbulo de la noche de sensaciones, de emociones a flor de piel, que estaba por venir. 

María José Santiago, pregonera de la pasada edición, fue la presentadora. Ella hizo los honores y Virginia le cantó su agradecimiento por malagueñas. Málaga, ciudad a la que se siente profundamente orgullosa de pertenecer.

Tuvo palabras para cada uno de los miembros de la Junta Directiva de La Coracha, sintiéndose honrada por ser protagonista, junto a la mantilla, en una noche tan mágica. Andrés Cansino a la guitarra y Javier Tapia al piano, fueron las horquillas y el broche que la realzaron sobre el escenario. 

“Señoras con su mantilla

No he visto cosa más bella

Parece un trozo de cielo

Sobre un manto de estrellas.

Mantillas como la nácar

Otras de blanco armiño

Algunas en tul bordadas

Semejantes  al oro fino

Enrejaos  de espuma y sal

Con reflejos  de biznagas

Finas como el cristal

Luceros de rosas blancas

Mantillas con alma

Secretos en su  memoria

Llevando a hijos al altar

Que bendita ceremonia

En sus encajes   guardan

Inmensas tardes de gloria

De arte y sabiduría

Maestría, esencia e historia”

Y así, con esas palabras, comenzó un recorrido en el que compartió historias de mantillas que han acompañado a cantaoras con nombre propio; mantillas que han presenciado grandes faenas en una plaza de toros; mantillas que recorren cada año, cada día, las calles acompañando a la Virgen o al Señor entre el olor a cera y el gentío. Y de su corazón salió una saeta, que rasgó el terciopelo del Cervantes y trasladó a los presentes a una noche fervorosa de la semana de Pasión. 

Virginia Gámez acompañó sus palabras con sus cantes, con granadinas y seguiriyas, y bailó con su voz con una mantilla con esencia malagueña, con olor a mar, con amor por la tierra. 

“La mantilla malagueña

Me sabe a ese antiguo manto

A la que llaman la bella

A barquillas navegando

Me sabe a costa y a sierra

A embrujo de calle Larios

A tarde en la malagueta

A fino albero dorado

La mantilla malagueña

Tiene elegancia y encanto

Es como un verso de Alcántara

O inspiración de Picasso

Es un cante por verdiales

O por tangos del Piyayo

Se perfuma del incienso

En tarde de viernes santo

Y viste de negro luto

Por Jesús crucificado

Se hace rondeña y goyesca

Con madroñeras colgando

La mantilla malagueña

Es el más bello regalo

Que nos hace una mujer

Con su blancura de nardo”

Virginia Gámez consiguió exaltar a la mantilla y poner la piel de gallina a todo el auditorio. Un pregón que queda para la historia, de la que ella ya forma parte con nombre propio. 

   

 

Imágenes de una noche para el recuerdo 

Redacción: Ana Porras Fotografía: Lorenzo Carnero

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