fbpx

Testimonios de vida durante el cáncer de mama

La vida de Clara Bertrán de Lis dio un giro de 180 grados cuando le diagnosticaron un cáncer de mama hace año y medio. “Desde el momento en que salí por la puerta de la consulta mi vida cambió por completo”, confiesa. “Mi marido no supo afrontarlo y se marchó, así que imagínate la de cambios que vinieron de golpe, aunque eso sí, cambios en positivo”, justifica. Desde el principio tuvo claro que no quería ni una lágrima ni que la mirasen con pena, pero “como todo ser humano” también se derrumbó al pensar en sus hijos. “Cuando me dijeron la palabra ‘cáncer’ no escuché nada más, sólo podía pensar en mis niños”. Pero eso sí, siempre ha tenido claro que se iba a curar. Se aferró a la fe más que nunca y a día de hoy está convencida de que ya está curada. Ha superado la quimioterapia, la radioterapia y una operación; y a falta de la primera prueba postoperatoria, dice con una sonrisa enorme: “Estoy curada”. 

Clara, Cristina, Paloma, Inés y Mariló

 

Inés Palomino sabe bien de lo que habla Clara. El cáncer de mama llamó a su puerta hace doce años, -“en el momento en el que menos me lo esperaba y en el que peor me venía”, comenta-. “Vaya, igual que a que todas”, se dice a sí misma mientras echa la vista atrás para contar su historia. “Yo lo primero en lo que pensé fue en mis padres. Eran mayores y yo ya había tenido varios problemas de salud. No quería hacerles sufrir, así que al principio me lo guardé para mí”. Sabe por su propia experiencia que exteriorizar el sufrimiento es una de las mejores terapias, pero hace doce años el cáncer era un tema mucho más tabú en la sociedad.

“Cuando decías la palabra ‘cáncer’, la gente te veía muerta. Yo no sabía cómo pronunciar esa palabra delante de mi familia. Sufría por lo que me estaba pasando, pero más todavía por el dolor que sabía que iba a ocasionar”, añade. Pero al final Inés se enfrentó a sus miedos y lo contó. Y a día de hoy habla alto y claro: “Aceptar que somos frágiles y que tenemos temores es un proceso muy duro cuando te dan la noticia. La sociedad nos está vendiendo constantemente que vamos a ser jóvenes y felices siempre y estamos viviendo de espalda a las enfermedades y al dolor. Cuando nos detectan una enfermedad, nos venden una guerra y nos convierten en guerreros que no se pueden permitir flaquear. Y no es así. El dolor también es parte del proceso. Yo me metí en la cama dos días a llorar y luego salí con más fuerza que nunca para enfrentarme al cáncer; creo que hay que vivir el proceso en todas sus fases y dejar a cada uno que lo afronte a su manera”. 

“Cuando decías la palabra cáncer, la gente te veía muerta. No sabía cómo pronunciar esa palabra delante de mi familia”

Cristina Morales asiente con la cabeza mientras escucha a Inés. “Me encanta escuchar su testimonio, me da mucho ánimo”, dice con los ojos cargados de esperanza. Cristina “tocó la campana” hace una semana porque terminó la quimioterapia, aunque todavía le queda la operación. Lleva conviviendo con el cáncer de mama desde el pasado mes de marzo, y aunque en un primer momento lo único que podía pensar era “que se moría y que no iba a ver crecer a sus hijos”, ahora sabe que la mente es muy importante en el proceso y que tiene capacidad de sanar.

Pero eso sí, coincide con sus compañeras en que los días malos también son parte del proceso y necesarios para coger fuerzas. “Cuando la gente te dice que tienes que estar bien, que tú eres fuerte, que tú puedes con todo, te hacen pensar que si no estás bien es que estás fallando. Y no es así. Hay veces en las que te derrumbas y no te sientes bien y necesitas decirlo, porque si lo tapas para no hacerle daño a la gente, al final te haces daño a ti misma. No somos superwoman y también tenemos días de bajón; y esos días te ayudan a salir con más fuerza”, dice con seguridad. Y Clara e Inés asienten, al igual que Mariló y Paloma. 

Inés, Clara, Paloma, Cristina y Mariló

Hay algo común en todas ellas. La marea rosa une y crea un vínculo especial que solo ellas conocen. “Es vital el apoyo entre nosotras. Todas decimos que nuestra familia nos apoya, pero que quien realmente nos entiende es la que ha pasado por lo mismo”, comenta Paloma Gómez, vicepresidenta de la Asociación Española Contra el Cáncer de Fuengirola y Mijas. Y es que en este ámbito la AECC juega un papel fundamental. Paloma empezó como voluntaria hace 25 años y desde entonces no ha dejado de estar al pie del cañón día tras día.

El cáncer de mama también le tocó de lleno, y aunque para ese entonces ella ya colaboraba con la asociación y sabía de qué iba eso del cáncer, fue un golpe muy duro porque le dieron dos meses de vida. De eso hace ya 19 años y a día de hoy sigue yendo al Hospital Costa del Sol a visitar a las pacientes y es coordinadora de los voluntarios de la Junta Provincial de Fuengirola y Mijas . “Yo siempre digo lo mismo: que el cáncer no te paralice, que aunque parezca que no, hay mucha vida durante el cáncer. Aquí en la AECC organizamos talleres de todo tipo, actividades para todos los gustos y hemos creado un equipo humano increíble. Me siento muy orgullosa porque nadie, jamás, se va a sentir solo aquí”. 

Solo en 2019, la Asociación Española contra el Cáncer ha atendido a más de 15.000 mujeres con cáncer de mama. Los servicios prestados van desde el acompañamiento a través del voluntariado hasta la atención psicológica especializada, atención social, programas de bienestar, rehabilitación física y atención médica-sanitaria.

“Yo ya no quiero volver a ser la que era antes del cáncer”

El apoyo de la AECC lo conoce en primera persona Mariló Jaime, que desde el pasado mes de agosto se enfrenta a un tumor de mama y ahora está en proceso de quimioterapia. “Yo siempre he tenido ‘bultitos’ porque soy multiquística, pero cuando me dijeron que este era maligno fue un impacto muy duro. En un primer momento me hice la fuerte para no hacer sufrir tanto a mi familia, pero después de derrumbé”, confiesa. Su padre y su abuela fallecieron hace poco y lo que menos quería era que su madre y su hermana la vieran venirse abajo, así que decidió recurrir a la asociación para buscar apoyo psicológico y compartir confidencias con otras mujeres que hubieran pasado por lo mismo. “El cáncer me ha enseñado mucho. He aprendido que la vida no se paraliza con una enfermedad y he descubierto a la gente tan maravillosa que tengo a mi alrededor. No me esperaba que la gente se volcara tanto conmigo”, dice con voz quebradiza al pensar en sus familiares, compañeros y amigos. 

Clara, Cristina, Paloma, Inés y Mariló

 

Y esa es quizá la clave: que de una cosa negativa como es la enfermedad, se saquen aspectos positivos como conocerse mejor a una misma, valorar a la gente de nuestro alrededor, priorizar los problemas o aprender a decir ‘no’. Todas coinciden en que el cáncer supone un punto de inflexión en la vida, pero, aseguran, siempre para mejor. “Yo ya no quiero volver a ser la que era antes. Para mí ha sido volver a nacer y ahora veo la vida de otra manera. Todo esto que he aprendido tiene que servir para algo, estoy convencida”, dice Clara. Y enseguida Cristina continúa la conversación: “También sirve para darte cuenta con quién puedes contar y con quién no. En este proceso hay personas que incluso se alejan de ti porque no saben manejar la situación, como les ha pasado a mis abuelos, pero también te encuentras con gente maravillosa que no conocías y que te aportan muchas cosas nuevas en la vida”. 

“¿Un consejo para alguien que esté pasando por lo mismo? Que no pierda el tiempo en preguntarse por qué”, responde Inés, que se justifica inmediatamente: “Fue lo primero que me dijo mi ginecólogo y lo tengo grabado en la mente. Yo creo que esa frase me salvó, porque al principio era como si me hubiesen quitado el suelo de los pies”. “Realmente, es una lotería, hoy me ha tocado a mí y mañana le puede tocar a otro. Yo ni fumo ni bebo y me ha tocado, y claro que al principio me preguntaba que por qué yo, pero así ha sido y tengo que centrarme en tirar para delante”, responde Mariló con una energía arrolladora. 

“El mejor consejo es que no pierdas el tiempo preguntándote por qué”

Lo más importante de todo, insisten, es que la gente vea que “hay vida durante el cáncer”. Inés siguió viajando por todo el mundo durante su tratamiento; Clara ha recuperado sus aficiones olvidadas y se está dedicando más tiempo que nunca; Cristina ha compaginado un verano en la playa con la quimioterapia; y Mariló se apunta a todo plan que le propongan. Cada una con su vida, sus miedos, sus creeencias y sus dudas, pero todas con un nexo común: La vida durante el cáncer (y después de él). 

Redacción y Fotografía: Elena Cabeza

Aún no hay ningún comentario

Responder

Tu email no se mostrará públicamente.

Puedes utilizar estas etiquetas HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

OK
Esta web emplea cookies para mejorar su navegación. Al seguir navegando, acepta su uso. Si desea conocer más sobre su uso, le invitamos a leer nuestra política de privacidad.