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“Razones para vivir” de Justalegría; contra el suicidio y el silencio que lo rodea

Existen lugares, situaciones y personas que automáticamente te trasmiten positividad cuando entras en contacto con ellos. Eso ya me pasó la primera vez que hablé con Noelia por teléfono; era nuestra primera toma de contacto, pero en la breve conversación que tuvimos para concertar la entrevista ya sentí su cercanía.

Esa misma sensación me invadió la mañana en la que nos vimos en su lugar de trabajo. Noelia me recibió con una sonrisa en las oficinas de Justalegría, la ONG en la que trabaja, a pesar de la hora tan temprana y el calor que no daba tregua desde tan pronto.

Ella no cambió el gesto, y eso que el tema que íbamos a tratar era de todo menos fácil. Noelia Espinosa coordina “Razones para vivir”, un programa que pretende romper el tabú que rodea al suicidio y propone herramientas para su prevención.

Y es que es un asunto que hay que abordar, aunque cueste y sea más fácil apartar la mirada para centrarnos en nuestra propia parcela de realidad. Las cifras hablan por sí solas: el año pasado se consumaron alrededor de 3.600 suicidios en España; por cada uno de ellos, existen 20 tentativas. Además, detrás de cada caso hay sobre unas 10 personas afectadas: familia, parejas y amigos.

Sin ir más lejos, Málaga es la ciudad andaluza con mayor tasa de suicidios. De hecho, el año pasado se registraron 108 muertes por esta causa, tres veces más de las provocadas por accidentes de tráfico y trece veces más que los fallecimientos a causa de la violencia de género.

Precisamente, reducir estas cifras es la labor principal de este programa que lleva en activo desde 2014 y que contempla varias líneas de trabajo, todas enfocadas a que el propio afectado o sus familiares cuenten con un apoyo y un refugio al que acudir cuando esos sentimientos negativos tomen el control.

Lo cierto es que no es un asunto que se preste a la conversación abierta en la calle. Hay miedo desde los medios a hablar de ello por el temido ‘efecto llamada’ y no existen campañas de prevención por parte del gobierno. Afortunadamente, existen asociaciones como Justalegría cuya labor suple, dentro de lo posible, estas carencias y que son el faro de muchos que lo necesitan, con el único afán de proporcionar esperanza.

Los perfiles de los usuarios de sus servicios de sus servicios ha cambiado últimamente. Las mujeres de más de 35 años son las que habitualmente se encuentran en esta situación de riesgo. Sin embargo, desde hace un tiempo, el número de adolescentes, de alrededor de 15 años, ha aumentado notablemente. Los hombres, por otro lado, habitualmente poco dispuestos a buscar ayuda, han visto las nuevas opciones tecnológicas, como la web o las redes sociales, como el aliado perfecto para ponerse en contacto con Justalegría, nos comenta la entrevistada.

 

A pesar de la inquietud que me comenta que le provocan todos estos datos que compartió con nosotros, Noelia desempeña su actividad dentro de Justalegría con pasión, a pesar de lo complicado del asunto con el que lidia cada día. Se le iluminan los ojos relatándome la satisfacción que supone ayudar a los demás, algo que no se ve todos los días en la sociedad actual.

Por la ventana entra el ruido del bullicio y el tráfico de las calles del Perchel paralelas al edificio en el que estamos, tenemos la oficina para nosotros solos, la grabadora está encendida y yo solo puedo prestar atención, absorto en lo que me cuenta, a Noelia, una psicologa que, desde Justalegría, no hace más que luchar por una sola cosa: salvar vidas.

¿Qué es Justalegría?

Es una ONG fundada en 2006. Uno de sus programas de acción fundamentales es la cooperación internacional y la ayuda humanitaria. Colabora en República Dominicana y Marruecos. A partir de trabajar en el Área de Acción Social en Málaga, en 2014, empezamos a trabajar en la provincia con el tema de la prevención del suicidio con el programa “Razones para vivir”.

¿Con qué apoyos financieros contáis?

La financiación es siempre complicada para asociaciones como la nuestra. Aunque solemos tener apoyo, estamos supeditados a si hay o no subvenciones y de lo grande que estas sean. Evidentemente, si hay más apoyo, el programa crece mas rápido y tiene mas sostenibilidad. La ayuda que tenemos viene de entidades públicas y privadas y, también, de socios. Nuestro mayor puntal es la colaboración de 150 socios.

Igualmente, tenemos el refuerzo del Ayuntamiento de Málaga desde el principio, de la Red de Derecho Social y Participación Ciudadana y de entidades privadas como Obra Social La Caixa. Este año también hemos firmado un convenio de ayuda para “Razones para vivir” con la fundación Probitas, de Barcelona. También realizamos eventos benéficos, como por ejemplo la  fiesta benéfica que tenemos en verano para apoyar el programa.

¿En qué consiste el programa “Razones para vivir”?

Este programa trabaja la prevención del suicidio desde finales del 2013. Cuando nos reunimos con el Ayuntamiento de Málaga nos comentaron que desde el 2008 había un número muy elevado de suicidios en la provincia y nos aconsejaron trabajar la prevención de estos. Era necesario porque no había entidad, ni publica ni privada, que se dedicase a abordar este tema desde esa perspectiva.

El programa cuenta con varias líneas de trabajo en lo relativo a la prevención del suicidio, como la orientación y el asesoramiento a personas y familias en situación de vulnerabilidad. Este servicio se presta a través de la pagina web, las redes sociales, de manera presencial en la asociación o a personas que vienen derivadas de los servicios sociales u otras asociaciones o entidades con las que colaboramos. Otra línea importantísima es la formación de profesionales, porque son agentes clave que trabajan diariamente con usuarios que se encuentran en una situación difícil y son los que detectan este tipo de casos. También tratamos la sensibilización a la población general para romper el tabú y desestigmatizar el suicidio, ya que hay poca conciencia y se habla poco de ello; de hecho, no existen planes de prevención del suicidio hoy por hoy, a pesar de las cifras tan elevadas. Y otra parte es una terapia de grupo llamada ‘Escuela de Fortalezas Personales’, que está basada en la psicología positiva. Se trabaja, durante doce sesiones, en diferentes fortalezas personales que inciden un poco en la sintomatología depresiva e intentamos que la persona pueda encontrar salida  a la situación que le provoca sufrimiento y a esas ideas de quitarse la vida.

 

¿Os nutrís de voluntarios?

Sí. Todos los años se forman voluntarios a través de la Red de Derecho Social y Participación Ciudadana. Son pilares fundamentales en cualquier asociación. Es importante esta formación previa para saber de qué hablamos y de qué va el programa. Sin los voluntarios habría cosas que no se podrían llevar a cabo.

¿Existen perfiles concretos dentro de las personas que tratáis?

Normalmente tratamos mujeres de mas de 35 años. Es cierto que por redes sociales y página web acuden más hombres, quizás porque les es más fácil contar lo que les pasa por esta vía. Aunque la verdad es que el perfil ahora está cambiando a personas jóvenes y adolescentes. La media de edad de jóvenes que llegan con sus padres es de 15 o 16 años. Suelen venir por temas de gestos autolíticos o ideación suicida, muy asociada a los jóvenes. Esto también tiene que ver con que estamos volcándonos mucho en el área educativa. Estamos haciendo Escuelas de Fortalezas Personales con adolescentes y estamos trabajando con el Área de Educación de la Junta para la formación y sensibilización a jóvenes y adolescentes.

“Me genera inquietud ver que personas tan jóvenes se encuentren tan solas a pesar de tantos likes y amigos en redes”

¿Es fácil que los usuarios se abran y cuenten?

Uno de los rasgos fundamentales de la conducta suicida es que las personas tienen una mezcla entre desesperanza y angustia. Cuando vienen o llaman, lo hacen en un estado bastante avanzado de desesperanza, como con una visión túnel; cree que ha agotado todos sus recursos y que no tiene salida. A esto se suma que este tema genera tabú y en la familia crea angustia e incomprensión. Una chica me contó que la reacción de un padre fue darle una bofetada tras un intento fallido de quitarse la vida. Algo que puede parecer hasta anecdótico, pero que demuestra que cuando llegan a Justalegría tienen necesidad de hablar y ser escuchados por lo que no les cuesta mucho. Están deseando encontrar un espacio para hablar.

¿Hay alguna tipología mayoritaria en los casos que os encontráis?

Lo complejo de la conducta suicida es que no solo existe por una causa. Sí que hay un factor de riesgo muy asociado al suicidio que es la depresión. Normalmente, las personas están diagnosticadas de esto o, directamente, están mal diagnosticadas y no tienen ningún tratamiento o no han acudido a salud mental. Lo que más predomina es la depresión o cuadros de ansiedad, desesperanza o baja autoestima. No quiere decir que las personas que intentan suicidarse o lo hacen tengan una enfermedad mental, pero sí que es verdad que en el 90% de los casos la depresión suele estar presente.

¿Cómo es el operativo de un caso desde que os llega hasta el final?

A una persona que llega me gusta entrevistarlo aquí, en la asociación, que nos conozca y se le quite el miedo. Pasamos un cuestionario que evalúa el riesgo para saber si es alto o medio-bajo. Si es alto le damos pautas para que llegue a salud mental o a su médico de cabecera y que haya una intervención rápida. Si el riesgo es medio o bajo, le ofrecemos la Escuela de Fortalezas Personales, que hay sobre unas 4 al año.

¿Qué hay de cierto en los denominados ‘casos de llamada de atención’?

El tema de las llamadas de atención es algo que me preocupa. Cuando un adolescente realiza cortes, lo haga o no para llamar la atención, está jugando con su vida. No nos centramos tanto en si es llamada de atención o no, sino en indagar qué está pasando. Está claro que la persona no tiene herramientas para salir de una situación angustiosa. Eso es lo importante para la asociación: descubrir qué necesita el afectado. Lo mismo pasa con las tentativas: hay mucho mito. Muchos dicen que si alguien lo ha intentado cuatro veces es que realmente no va a llegar a hacerlo nunca y no es verdad. Estas creencias no solo se dan en las personas de a pie, sino también entre los profesionales que dicen “eso son cosas de adolescentes”. Da igual si es una llamada de atención, el riesgo existe y hay que hacer algo.

“Muchos dicen que si alguien lo ha intentado cuatro veces es que realmente no va a llegar a hacerlo nunca y no es verdad”

¿Hay algún caso que te haya marcado especialmente?

Lo que más me impresiona son los casos de los jóvenes. El rasgo de conducta que veo en personas de 15 años no impacta tanto en gente más mayor y con más recorrido en la vida, pero sí que choca verlo en jóvenes. Me refiero a esa manera tan derrotista de hablarse a sí mismos, ese diálogo interno de desesperanza, como si supieran todo de la vida. Me impacta que gente tan joven esté tan sumida en una nebulosa de emociones negativas, baja autoestima, poca perspectiva de futuro… En una ocasión, me decía una chica de 20 años “me arrepiento de no haber estudiado”, ¡y tiene 20 años! Me genera inquietud ver que personas tan jóvenes se encuentren tan solas a pesar de tantos likes y amigos en redes y de que la familia este ahí pero no sean capaces de verlo. Creo que hay mucho por hacer; la prevención esta pidiendo a gritos que se trabaje ahí.

Has comentado que hacéis actividades de concienciación y sensibilización…

A través de la Escuela de Fortalezas Personales que estábamos haciendo en los Servicios Sociales de Campanillas nos saltó la alerta de que en los institutos de esa zona habían aumentado mucho los gestos autolíticos y la ideación de suicidios. Con esa demanda, empezamos trabajar en el terreno educativo y comenzamos un pilotaje en aquella zona con una primera fase de sensibilización en todo el ámbito escolar: directores, profesores, padres y AMPAS. También hemos hecho una formación con profesores de todos esos institutos comentando los mitos, factores de riesgos y señales de alerta que funcionan y son eficaces para la prevención de suicidios. Por último, hemos hecho una última fase que se basaba en las Escuelas de Fortalezas Personales con adolescentes. La mayoría de ellos demandan que a su alrededor, en su familia, no son escuchados y no encuentran un lugar donde expresar lo que les está ocurriendo. También hemos tenido varias reuniones con la nueva Delegada de Educación en las que le hemos presentado el programa para poder trasladarlo a otros institutos de Málaga.

 

¿Existen picos de actividad en el suicidio o es algo que se mantiene?

No creo que haya picos. Se mantiene porque está muy relacionado con la depresión, que se va a convertir en la enfermedad más común del siglo XXI. Influye mucho, también, la soledad; Málaga es una de las provincias con el número mas elevado de suicidios de Andalucía y el factor más común es la soledad. La sensación de vacío, aunque estés con gente, es recurrente.

¿Por qué crees que el suicidio está tan a la orden del día?

Me voy a poner un poco filosófica. Por mi experiencia, creo que cada día estamos más alejados de quienes somos realmente. Creo que estamos muy enfocados en buscar la felicidad fuera de nosotros. En el momento en el que desaparecen los factores en los que se sustenta la base de la felicidad, se genera vacío y desconexión. Si no sabes quién eres, andas muy perdido. Esto lleva a la depresión, a la angustia, a no saber qué quieres, a la incertidumbre… Aquí intentamos que las personas reconecten con ellos mismos para encontrar lo que quieren. Me quedo con una cosa muy curiosa: cuando pregunto a las personas cuál es su razón para vivir después de varias sesiones, responden que sus hijos, su marido, nietos, vivienda, éxito profesional… yo creo que no debe ser así; es importante no olvidarnos de nosotros. Puedes nutrirte de la familia y amigos, pero la fuente de la felicidad debe estar en uno mismo.

Noelia, desde Justalegría, trabaja incansablemente para romper el silencio que rodea al suicidio. Cree que aún hay mucho camino por recorrer, que hay que seguir trabajando. Pide, casi como si de un deseo se tratase, la existencia de más asociaciones para trabajar en este campo, que debería ser de salud pública, hasta que lleguen políticas orientadas a trabajar este tema. Mientras tanto, las personas que necesitan ayuda no están solas y personas como ella no cesan en su empeño por demostrarles que sí hay salida.

Redacción y fotografía: Pablo Navarrete

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