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Una mañana en el mercado de Atarazanas. Los tenderos son los protagonistas

Hace una semana que el Gobierno declaró el estado de alarma en todo el país como medida de contención contra el coronavirus. Esto trajo consigo varias medidas, entre las que destaca el  confinamiento que ha dejado las calles vacías y las casas con más actividad que nunca. Sin embargo, si hay algo que mantiene sus horas de apertura son los comercios que venden bienes de primera necesidad, que no son solo los supermercados. En el Mercado de Atarazanas los puestos de productos frescos abren cada día sus persianas.

A diferencia de las grandes superficies, los tenderos no cuentan con el apoyo de una gran marca detrás. Van actuando según las indicaciones que va dando el Ministerio de Sanidad, y aunque intentan exponerse lo menos posible, están en la calle y siguen ejerciendo su labor. Ahora también se han convertido en las únicas caras, o las únicas personas con las que los que están confinados solos, mantienen un contacto real.

Visitar sus puestos se convierten en la excusa perfecta para socializar. Así que además de tenderos en estos días se han convertido en la mejor “compañía” y en casi psicólogos. Aún así, y siendo consciente de que la soledad es mala, muy mala compañera, no entienden como muchos mayores adoptan en estos días actitudes bastante irresponsables. Posiblemente, y solo posiblemente, sea porque a diferencia de los que somos más jóvenes, nuestros ancianos han pasado a lo largo de su vida situaciones aun más complicadas.

Aunque en los supermercados aún podemos ver a mucha gente haciendo la compra y los estantes de carne, pescado y verdura enseguida se quedan vacíos, el mercado está tranquilo, reina el silencio, la quietud y en los mostradores no hay escasez de productos.

Ellos, hombres y mujeres que siguen al pie del cañón, para que no nos falten los productos básicos de alimentación, son los protagonistas de este reportaje para el que hemos contado con la inestimable colaboración del fotógrafo Lorenzo Carnero. Para él y sus compañeros va también nuestro más sentido aplauso, ya que gracias a ellos podemos seguir informando y llevándoos las imágenes de esta situación insólita que estamos viviendo.

 

 

Juan Bas y Nanni González de Panadería La Mallorquina

Juan, ¿cómo estáis llevando estos días teniendo que venir a trabajar?

Cuando vengo es muy temprano, aún no hay policía ni coches en las calles. Las mañanas son muy tranquilas. La afluencia de público es cada vez menor. Esta semana está siendo más tranquila en comparación con el fin de semana pasado, que fue una locura.

¿Qué sensación percibes de los clientes? ¿Hay miedo?

Hay un poco de todo. Algunos tienen mucha histeria y no se quieren acercar ni a tres metros de la puerta. A otros, prácticamente les da igual, son un poco inconscientes.

Venir a comprar es de las pocas cosas que está autorizada, ¿os habéis convertido un poco en el lugar de desahogo del barrio?

Pues sí, la gente se acerca además de eso porque el pan es bien de primera necesidad. Además, nadie por aquí vende café y nosotros lo tenemos a un euro… Es por eso por lo que la gente se acerca.

¿Qué es lo que más reclaman los clientes?

Sobre todo productos de primera necesidad: pan, patatas, algún dulce para los niños que están en casa ahora… poco más.

Y tú Nanni, ¿qué sensación percibes de los clientes? ¿Crees que hay miedo?

Hay de todo en el público. Hay personas que llegan con un pánico extremo que nos dicen “hay que protegerse”, “cuanta menos gente en la calle mejor”, “¿por qué hay gente que sale todavía? No me lo explico…”. Llegan con mascarilla y con guantes, con mucho miedo. Otros vienen con una tranquilidad pasmosa, como si no pasara nada… que si te descuidas, se te ponen a hablar pegados a ti.

 

Loli Pacheco Gálvez de Frutas Antonio Ruíz

¿Cómo estáis llevando estos días teniendo que venir a trabajar?

Con resignación. No nos queda más remedio porque vendemos comida. Si vendiera otro tipo de cosas, me quedaría en casa, pero no puedo.

¿Qué sensación percibes de los clientes? ¿Hay miedo?

Hay miedo pero también hay muy poca vergüenza, existen los dos extremos. Hay personas muy mayores que deberían estar en su casa pero andan por la calle y por el mercado sin respetar las medidas de seguridad. Yo no suelo callarme, y cuando les digo algo, encima, suelen responderme con malas maneras.

 Os habéis convertido un poco en el lugar de desahogo del barrio…

La verdad es que sí. La gente cuando viene a comprar y ve la desolación que hay en el mercado, y la escasez de productos en general, suele comentar con nosotros la situación, lo que nos espera y  cómo lo llevamos.

¿Qué es lo que más reclaman los clientes?

Patatas y lechuga, normalmente. Lo más básico que debe haber en una cocina… las verduras para hacer un puchero.

 

Isidoro Gallardo de Pescados y Mariscos Isidoro Gallardo

¿Cómo estás llevando estos días teniendo que venir a trabajar?

Vengo con ánimos, pero cuando llego al mercado y veo la poquísima gente que hay, se me viene la moral abajo. No viene absolutamente nadie.

¿Qué sensación percibes de los clientes? ¿Hay miedo?

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Los clientes que vienen no tienen miedo, pero es que realmente vienen pocos. En el día de hoy han pasado sobre 10 o 12 personas.

 ¿Os habéis convertido un poco en el lugar de desahogo del barrio?

No, desahogo ninguno. Algunos clientes vienen porque viven cerca. Gente que vive lejos y solía venir aquí, ahora hacen la compra en sus barrios.

¿Qué es lo que más reclaman los clientes?

Algunos han venido preguntando por boquerones, pero no vienen buscando nada en concreto. Cuando vienen, ven lo que hay y es de lo que se llevan.

 

Ana Morales de Carnicería Molina de Colmenar

¿Cómo estás llevando estos días teniendo que venir a trabajar?

Lo estamos llevando como se puede. Algunos días venimos más animados que otros, pero sabemos que esto es una necesidad primordial. Hay que comer todos los días y para eso estamos.

¿Qué sensación percibes de los clientes? ¿Hay miedo?

Sí, hay bastante miedo porque se ha creado una situación de pánico generalizado y eso se contagia. Aunque me intente hacer la fuerte porque estoy detrás del mostrador, muchas veces me vengo abajo. Pero bueno, ha venido así y hay que encajarlo.

Venir a comprar es de las pocas cosas que está autorizada, ¿os habéis convertido un poco en el lugar de desahogo del barrio?

Yo creo que sí. En algunos casos estamos ejerciendo más de psicólogos que de carniceros.

¿Qué es lo que más reclaman los clientes?

Sobre todo pollo, muchísimo pollo. Cosas para platos básicos como el puchero, estofado… platos de ese tipo.

Ellos están al pie del cañón aunque a diferencia de los supermercados, con menos actividad que nunca. Cuentan con productos frescos de primera necesidad, y la obligación es la única que se impone al miedo. Gracias a los hombres y mujeres que trabajan en las pequeñas superficies, en los pequeños negocios, y que hacen un esfuerzo cada día por levantar sus persianas para que los demás podamos seguir llevando alimentos a casa.

Fotografo y reportero: Lorenzo Carnero

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