El Bazar de Cáritas, mucho más que un cuento de Navidad

Érase una vez… Podría empezar así este reportaje en el que te voy a contar lo que están haciendo un grupo de voluntarios que se unió hace casi 15 años en Marbella con el objetivo de recaudar fondos para Cáritas. Pero no, no es un cuento, aunque tenga su moraleja. Es la historia de cómo la unión hace la fuerza y de cómo el ser humano es capaz de dar lo mejor de sí mismo y ayudar a los demás cuando se lo propone.

Se les conoce por el Bazar de Navidad a favor de Cáritas que organizan cada año en el Palacio de Ferias y Congresos de Marbella. Gracias a esta iniciativa han conseguido superar con creces todas las expectativas de recaudación en un acto benéfico y lo que es más importante, han contribuido a mejorar la vida de muchas, de muchísimas, personas. 

El Bazar de Navidad ya es una gran cita solidaria y social en la Costa del Sol, pero es solo una parte y el reflejo más visible del trabajo de un grupo de voluntarios que trabaja durante todo el año para su realización y para seguir contribuyendo con los más necesitados. Sólo en la última edición consiguieron recaudar 205 mil euros. Una cifra que se transforma en esperanza cuando llega a sus destinatarios. 

 

Podrían limitarse únicamente a organizar este evento una vez al año. Trabajo antes, durante y después tiene. Pero no, ellos no se conforman porque, para empezar son conscientes de que por desgracia, aunque resulte una cifra muy alta la recaudación, la necesidad es aún mayor. 

El año pasado contactaron con ellos para donarles todo el mobiliario del mítico hotel Don Miguel. Así leído puede resultar idílico. Pero ha supuesto un trabajo titánico que ha necesitado de la implicación y del compromiso de muchísimas personas que durante meses lo han desalojado bajando camas, mesitas, lámparas, y sillones por las escaleras. Para dar salida a todo eso y transformarlo en dinero, se han tenido y se tienen que esforzar los voluntarios. Eso ha llevado a la apertura de una gran nave en la que se pueden comprar muebles, elementos de decoración y menaje que en muchos casos entran en la categoría de antigüedades. 

Allí, en la calle Alfonso XIII nº 29 de Marbella, nos reciben Carmen Carrasco, y el matrimonio formado por Manuel Taillefer y Carmen Romero. Son las tres personas con las que vamos a descubrir esta labor que ya se ha convertido en otra fuente de ingresos para expandir la solidaridad. 

“No hay jerarquías ni cargos, lo que hay es que arrimar el hombro lo máximo posible y organización para sacar el proyecto adelante”Carmen Carrasco

En la nave hace frío, mucho, la humedad se mete en los huesos. Nadie se quita el abrigo. Así, abrigados día a día se organizan para abrir y atender a los clientes. No es un trabajo remunerado; si lo fuese, si hubiese sindicatos, protestarían por las condiciones de los voluntarios. Aún así no hay ni una queja, solo sonrisas. Peor lo pasan las personas a las que van dirigidas las ayudas, aseguran. Tampoco hay ningún afán de protagonismo. Repiten que ellos son solo una pequeña parte de todos los que hacen posible lo que se está consiguiendo. “No hay jerarquías ni cargos, lo que hay es que arrimar el hombro lo máximo posible y organización para sacar el proyecto adelante”, asegura Carmen Carrasco. 

Manuel, Carmen Romero y Carmen Carrasco

Todo comenzó antes de que el hotel Don Miguel hiciese su gran donación. Contactaban con ellos personas cercanas que tenían que desalojar una propiedad para regalarles muebles y objetos. El boca a boca hizo el resto, hasta que tuvieron que pedir una nave prestada para guardar tantos enseres, entre ellos muchos de un alto valor.

“Con esos muebles se ha ayudado a muchísima gente”Carmen Romero

Y así llegó la propuesta del hotel Don Miguel que supuso un antes y un después y un verdadero reto para ellos, como nos cuenta Carmen Romero: “Nos tiramos a la piscina sin saber verdaderamente dónde nos metíamos. Sacar todo del hotel nos llevó por lo menos tres meses, más luego el tiempo que hemos estado ya en la nave vendiendo los enseres. No lo hemos sacado todo a la venta. Parte del mobiliario se repartió entre más de cincuenta y tantas organizaciones desde Barcelona, Madrid, Extremadura, Andalucía entera y no digamos Málaga… En Málaga con esos muebles se ha ayudado a muchísima gente, muchos asilos de ancianos, ex presidiarios, niños, disminuidos físicos, al centro de inmigrantes que hay en Torremolinos… Se ha repartido muy bien”. 

 

Manuel recuerda el esfuerzo que supuso sacar todo del hotel, pero también la satisfacción al comprobar que ha merecido la pena. Para hacerlo posible fue necesario implicar a los voluntarios del Bazar de Cáritas pero también a otros colectivos que se volcaron en ese trabajo: “Los voluntarios solos no podíamos con todo eso. No teníamos ascensores, teníamos que bajar las cosas con molinillos mecánicos y por las escaleras, y estamos hablando de bajar doce plantas. Entre otros muchos nos ayudaron los bomberos, algún policía… las Cofradías de Marbella también colaboraron.

Nosotros no somos Cáritas, nosotros tratamos de ayudar a Cáritas, pero cuando pedimos en el nombre de Cáritas, la verdad es que la ayuda llega. Sabían que era un buen fin donde iban a ir las cosas”. 

Manuel

Manuel asegura que tanto la labor de Cáritas como la que ellos realizan va más allá de la vinculación de la organización con la Iglesia Católica. Se ayuda a todo aquel que lo necesite sin tener en cuenta su fe o creencias religiosas. Conocedores de eso, la sociedad se vuelca con ellos, y tras el reto del hotel Don Miguel llegó el del Hotel Incosol con sus 192 habitaciones. 

Otro de los trabajos que tienen que llevar a cabo con todo lo que les donan es el de organizarlo, valorarlo, ponerle un precio y sacarlo a la venta. Para ello también cuentan con colaboradores como anticuarios que ofrecen sus conocimientos para determinar el valor de los objetos más especiales. 

Carmen Carrasco nos explica cómo se desarrolla el proceso: “Es un poquito difícil porque cada día aparecen artículos nuevos. Nosotras estamos aquí, estamos dedicadas a la venta y de pronto llega un camión y trae artículos nuevos. Vamos inventariando de nuevo esos artículos, marcando, poniendo precios… Pedimos ayuda para poner precio a los objetos más especiales, que son de más valor”. 

Carmen Carrasco

Aún así se pueden encontrar verdaderas oportunidades en la nave que tienen abierta al público. Muebles que en algunos casos necesitarán algo de restauración, pero que otras veces están en perfecto estado para ser usados. Por eso, y por el objetivo que persiguen, no permiten el regateo: “ El que viene aquí no es necesitado, al necesitado se lo regalamos”. 

 

Según estiman, en Cáritas Marbella sólo con la aportación del Bazar de Navidad se soporta entre el 70 y el 80 % de lo que se necesita para cubrir las necesidades de los usuarios durante un año. A eso hay que sumar las aportaciones que hacen con acciones como esta de la venta de muebles o con alguna cena y almuerzo benéfico que organizan durante el año. 

Pero como nos explicaban antes, no es Cáritas la única entidad con la que colaboran. Desde que comenzaron a caminar juntos para ayudar al prójimo han llegado a muchas causas y lugares. “Creo que son más de cincuenta y tantas organizaciones. Y como te decía antes, sin tener en cuenta ni raza, ni color, ni religión, ni creencias. Tuvimos una petición para donar algo a la Escuela Musulmana de Estepona, y por supuesto que le dijimos que sí. Si precisamente además ha sido un musulmán, un libio, el dueño del hotel que nos ha dado esto, qué mejor que se lo devolvamos también”, nos explica Manuel. 

Estos voluntarios son personas que tras todo una vida de trabajo, de sacar sus familias adelante, podían vivir cómodamente y de una forma mucho más ociosa. Sin embargo, dedican muchas horas y esfuerzo a este trabajo, porque según aseguran, la recompensa es aún mayor. 

“Ayudamos sin tener en cuenta ni raza, ni color, ni religión, ni creencias”Manuel Taillefer

“De pronto nos mandan una foto del asilo de los ancianos de San Juan de Dios de Antequera a los que suministraron una serie de muebles, y se les ve ya allí con sus mesitas, su tele, su saloncito montado… O el caso de un señor que cumplía 92 años en otro asilo de ancianos y estaba feliz con una butaquita que les donamos. Pues eso te llena de satisfacción, o por lo menos a mí, pensar que éstas cosas van directamente a disfrutarlas personas que no tienen nada…”, Manuel se emociona y se le quiebra la voz al contar estos casos concretos. 

Carmen Carrasco toma la palabra: “Somos los primeros beneficiados, indudablemente. Recibimos una gratitud y hemos recibido la oportunidad de estar en el momento oportuno, en el sitio oportuno para poder hacer esto. O sea, somos los primeros que recibimos, seguro”.

Carmen Romero asegura que además es algo que les aporta alegría: “Aunque trabajamos mucho y duro, también lo pasamos muy bien. Tenemos un espíritu de comunidad, de colaboración y todo el mundo participa con alegría, que es lo primero que hace falta, porque ya te digo que el trabajo es duro, así que hay que aportarle un poquito de chispa”. 

Carmen Romero

La chispa que ellos le dan a personas que hacía mucho tiempo que no dormían en una cama, a esos ancianos a los que han llenado de calidez la sala de estar del asilo o a todas esas familias que han conseguido salir de un bache gracias a sus donaciones a Cáritas. 

Les encantaría tener más apoyos, más voluntarios y más visibilidad para vender todo lo que tienen en la nave que nos encontramos y en otra de 2500 metros cuadrados que usan solo para el almacenaje. Son conscientes de que ya no son unos niños y les vendrían muy bien más manos para colaborar. Carmen Romero está convencida de que muchas veces no es falta de tiempo sino falta de ganas: “La vida me ha demostrado que la que tiene muchas cosas que hacer, es capaz de sacar tiempo. La que tiene mucho tiempo, no puede. Es una cosa muy tonta a lo mejor decirlo, no debería, pero es una realidad. La que tiene el tiempo más ocupado, es la que es más generosa y sabe sacar un huequecito”.

Una gran verdad. Y si lo miras en ti mismo seguro que eres consciente de ello. A mí me pasa que cuando tengo un día libre o unas vacaciones es cuando peor me organizo el tiempo. 

Les encantaría es darle salida a todos los objetos que tienen en las naves, por eso insisten en que están abiertos martes, miércoles y jueves de 10:30 a 17:30 horas para recibir a todo aquel que quiera colaborar.

 

Nos quedamos paseando y charlando con ellos, nos cuentan curiosidades que les han pasado, nos enseñan muebles y objetos de decoración especiales que quedarían ideales en una casa grande, una finca, un restaurante o un salón. Además es curioso comprobar la cantidad de menaje que tienen. Objetos olvidados que ahora tendrán una nueva oportunidad con la que darán mejor vida a personas que lo necesitan. 

Están abiertos martes, miércoles y jueves de 10:30 a 17:30 horas

Y colorín colorado este cuento se ha acabado… Tampoco puedo terminar así, porque queda mucho, mucho por hacer, hasta que no haya necesitados y la historia tenga realmente un final feliz. Mientras eso llega, ellos siguen escribiendo esta historia con trabajo, esfuerzo, entrega, y solidaridad. Una auténtica historia de amor. 

Redacción: Ana Porras Fotografía: Lorenzo Carnero

 Mercadillo de los voluntarios del Bazar de Cáritas

C/ Alfonso XIII nº 29-> Google Maps 

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Audio transcripto por Atexto

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