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Casa, trabajo, hijos… ¿cuándo tendré tiempo para mí?

Todos estamos de acuerdo en que los tiempos que corren casi te obligan a no parar. Vivimos una especie de pluriempleo continuo en el que conviven el trabajo fuera de casa y una tarea más dura aún: la que se encuentra de puertas para adentro.

Cumplir como padres y llevar las riendas de una casa sin descuidar ningún otro aspecto más satelital de la vida es siempre complicado. Los cabeza de familia conviven a diario con un montón de roles distintos (padres, hermanos, hijos, empleados, cónyuges…) y para los que tienen que cumplir las expectativas sí o sí, lo que les pone a examen cada día durante todo el tiempo, sin pausas. Esta situación provoca estrés y repercute seriamente en el estado de ánimo, llegando a provocar cierto rechazo al modo de vida en el que los afectados están inmersos.

 

En este punto, las personas que están pasando por este momento de sus vidas llegan a saturarse. Necesitan espacio para ellos mismos, para el ocio y para mimarse, pero las frases como “no tengo tiempo para nada que no sea trabajo o hijos” o “a ver cuando puedo sacar un hueco” –que nunca llega– son habituales y sirven de freno para llegar a ese punto que tanto desean.

Pero no todo está perdido. Si eres de esos que están pidiendo a gritos un descanso de su propia rutina pero cree que no tiene tiempo, te damos algunas claves que consideramos necesarias para que te dé tiempo a todo sin morir en el intento.

Lo primero es lo primero: hay que ser realistas. Evidentemente, ser padres conlleva una pérdida de tiempo personal que, unido a las responsabilidades domésticas y profesionales, hace que tu tiempo libre disminuya casi hasta desaparecer. Por eso, no pretendas tener más horas para ti de las que son físicamente posibles y no te agobies si no consigues de entradas los objetivos de ocio que tenías en mente. Solo necesitas encontrar el equilibrio entre ambas partes.

La paciencia y el no exigirte demasiado son aspectos esenciales para que todo esto que estamos planteando salga bien. Si te obsesionas con los objetivos, a veces inalcanzables, que te pide el cuerpo y te exiges demasiado puedes llegar a frustrarte, lo que te pondría en una posición peor a la que empezaste. Aprende a valorar y disfrutar los pequeños momentos de soledad que tengas para ti.

 

Y sí, llevas razón, no tienes tiempo para nada porque el tiempo hay que crearlo. Empieza aprovechando esos fugaces momentos entre una cosa y otra en los que el nivel de exigencia baja: antes de que los niños se despierten para ir al colegio o instituto, los momentos en los que os sentáis a almorzar o cenar juntos, cuando te estés duchando… El secreto está en repartir estas píldoras de despreocupación durante todo el día. No tienen que durar más de 10 o 15 minutos. Al final del día, si has tenido 30 minutos de estos momentos, lo notarás. Ve incorporando estos oasis de paz en tu día a día, hazlos parte de tu rutina e intenta ir ampliando los tiempos.

También entra en juego tener un buen planning semanal, y lo que es más importante: ¡cumplirlo! Si planteas tus días de manera organizada, con los tiempos de reserva pertinentes para imprevistos, podrás saber por adelantado cuando vas a tener más desahogo y colocar los momentos para ti. Además, podrás planificar por adelantado cosas como los menús que cocinarás o las citas médicas, por ejemplo. Todo esto suma a la hora de no dejar demasiado al azar y a engrasar los engranajes del hogar. Todo enfocado a que haya fluidez a diario y no tengas que cargarte más peso del necesario.

 

El último paso y más importante también es el más difícil de conseguir. Se trata de convertirte a ti mismo en una de tus prioridades, no anteponer absolutamente todo a tus deseos. Es difícil, pero necesitas escucharte y saber de qué precisas en cada momento. Si necesitas salir una tarde para desconectar, no sientas culpa. Ten la valentía de pedir ayuda, delegar y tomarte el tiempo que necesitas. Sabemos que costará, pero eso no te hace peor madre o padre; de hecho, unos padres que se sienten bien son mejores padres.

El tiempo es lo único que pasa y no se puede recuperar, por eso mismo te animamos a que dejes de prorrogar esos momentos para tu disfrute que tanto necesitas. Solo tú tienes el poder de darte ese capricho. No es egoísmo, es necesidad. Es totalmente normal que necesites escapar de vez en cuando ya que, al fin y al cabo, ser padres es el trabajo más exigente del mundo… ¡Y nunca se cogen vacaciones!

 

Redacción: Pablo Navarrete

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