El XLI Pregón de Exaltación de la Mantilla de La Coracha, todo un éxito

El teatro Cervantes se volvió a llenar de señoras vestidas de mantilla. Se ha convertido en una tradición a la que cada año se suman más personas. La mantilla como elemento nuestro, tradicional, que las mujeres lucen en grandes ocasiones. Normalmente religiosas, pero también han tenido su protagonismo en torno a eventos taurinos. La asociación La Coracha en su empeño de recuperar nuestras costumbres y tradiciones la ha puesto en valor estos años, intentando implicar a toda la sociedad malagueña.

La Coracha retoma costumbres que en una acelerada sociedad actual corren el riesgo de perderse. Tradiciones pausadas y que requieren de un ritual, de un protocolo, de seguir unas normas como mandan los cánones.

 

Su Pregón de Exaltación de la Mantilla ha conseguido desempolvar piezas históricas, artesanales, guardadas en el baúl de madres y abuelas, para volver a sacarlas a las calles y  favorecer a la mujer. Llevar la mantilla puesta es mucho más que llevar un complemento. Y con su insistencia y su tesón, La Coracha está consiguiendo recuperar la tradición incluso entre las más jóvenes.

Para participar en el XLI Pregón de Exaltación de la Mantilla desde los palcos ataviadas con la mantilla, La Coracha puso a su disposición cuatro martilleros que desde las 4 de la tarde ponían al servicio de todas las que quisieran su buen hacer.

La pregonera en esta edición era María José Santiago, y la convocatoria se hizo gracias al cartel anunciador realizado por Conchi Quesada. Un preámbulo de la Semana Santa que ya se ha convertido en cita obligada.

La Banda Municipal de Música ofreció un recital para la apertura del acto, seguido por la actuación de Carmen López acompañada en determinados momentos por la Escolania San Estanislao de Kostka dirigida brillantemente por Juan A. Montiel y por una coral. Tras interpretar varias piezas, llegó el turno de presentar a la pregonera.

Mariluz Aguilar Galindo, fue un año más la responsable de esta labor.

 

Y comenzó el Pregón con Mª José Santiago sobre un escenario que se vistió de Pasión.

“Te canto en tu habla y te hablo en tu cante, porque el poeta te llamó cantaora. Esa es tu lengua, Málaga: el cante. Tu idioma materno es un quejío de luz  y va por alegrías tu oleaje.

Toda la vida llevo cantándote. Eso es lo mismo que decir que toda la vida llevo hablándote. Así nos entendimos desde siempre, Málaga, cuando en aquel revuelo de canciones. ¿Te acuerdas? Yo traía un esto de coplas y tú me dejaste un viento azul de cordeles donde tenderlas… La Copla tan tuya, la copla tan mía. Dichosos los que escribiendo su vida escribieron la nuestra, la copla que contando amores de otros, contó los nuestros. Amores, pasiones, deseos, penurias, fortunas y hasta cárceles de oro. La Copla fue el libreto de la vida misma, el texto de España. Fue la Copla que hizo camino al cantar, desde la inspiración genial de sus autores y compositores, hasta las radios de las casas; desde los pentagramas, a las faenas del campo o en el hogar; desde la voz de sus estrellas a la garganta de los supervivientes de una guerra que le cogieron el tono, lo mejor que supieron, a una vida difícil. Y allí quedó, allí quedó la copla abrazada para siempre a una legendaria y triste Nochebuena en Nueva York. Allí quedó la copla apoyá en el quicio de la mancebía. Allí quedó, grabada imborrable en un tatuaje, o en el reguero amargo de las lágrimas del emigrante. Fue allí, en un lejano y duro tiempo, donde quedó la Copla mirándonos eternamente con sus ojos verdes. Y abierta de capa en el grana y oro de su mejor reinado”.

En un canto continúo a Málaga en el que intercaló recital y copla encandiló al numeroso público del Cervantes.

“Mientras más grande ha sido la gente, menos hay que explicar su grandeza. De ahí que aún esté por irme, no creas, y abandonar en esto de pregonarte a ti, Málaga, pues tú sola te pregonas. ¿Qué falta te hago yo, si aquí el sol es una voz gigante que clama tu belleza? Una voz derramada en luz por calles y plazas, por torres y azoteas, una voz de estelas por el cíngulo de espumas marineras que adorna tu cintura. Aquí hasta el sol de un mundo entero se llama malagueño…  “

Agradeció a La Coracha el papel encomendado en una noche tan especial en una ciudad de la que resaltó su hospitalidad.

“Ha empezado el tiempo feliz del asedio, cuando la vuelta de la esquina de febrero ha traído a marzo y, con sus primeros días, poder divisar una nueva primavera y otra Semana Santa.  Nadie quiere escapar al gozo de las vísperas. Nos dejamos atrapar por la emboscada de la luz y el viento nuevo que anuncia los días grandes. Nadie da un rodeo para evitar los lugares donde aguarda el aroma más intenso, el perfume de flores que embriaga. Bien vale Málaga marearme dulcemente en su biznaga y que me aturda el blanco olor de estíos ofrecido por los biznagueros. No tememos este atraco de luz por las callejas y las plazoletas más recónditas. Estamos rendidos de antemano. ¿Quién podría contigo, Málaga?  Con gusto entregamos las armas, nadie quiere defenderse de tu seducción y admitimos que un ser humano casi no es nada si no está emocionado. Tampoco nadie va a dar un paso atrás al verse encerrado en la callejuela sin salida de los sentidos. Iremos valientes en busca del hermoso riesgo de tu conquista, admitiendo que esto, sobre todo esto, es vivir. Besarte, Málaga, es quedarme para siempre con sabor a ti. Te encomiendo mi alma, Málaga. Y tuyo es mi espíritu”.

 

Hizo un repaso por los grandes hitos de la Mantilla en la historia:

“Los orígenes de la mantilla pueden remontarse a la cultura ibérica, en la que las mujeres usaban velos y mantos para cubrirse y adornarse la cabeza. Atraviesa después históricamente la Edad Media y los finales del siglo dieciséis, con el uso del manto. Pero con toda sinceridad: quiero decirles a ustedes que yo no voy a contarles cada etapa en la que la mantilla discurre por los tiempos; no precisamente a ustedes, que saben de sobra de este atuendo hasta el punto de promoverlo y reivindicarlo, de lucirlo a gala en las fiestas y celebraciones de la vida malagueña,  con su estilo propio, con su razón de ser particular. 

Pero puedo en todo caso, destacar algunos hitos, como el de las mantillas recogidas en los retratos del universal pintor Velázquez; y el papel decisivo que jugó la reina Isabel II, gran aficionada a los encajes,  luciendo la mantilla tanto ella como sus damas. La mantilla ha venido siendo desde entonces, en España y fuera de ella, además de un elegante tocado,  una auténtica forma de signo revelador de estados de ánimo, desde la festividad hasta el luto. Y, cómo no, una de las señas ya internacionales de la estampa de la mujer española”. 

Y así, desde el escenario acompañó con sus palabras recorrió las calles de Málaga junto a la Virgen de la O.

“La Virgen gitana de la O, por la que siento tanta devoción. La Virgen gitana en la incansable pena de seguir al Señor Gitano.

Morena:

Qué ejemplo has dao

Mira que tu Hijo ha sufrío

Y de tu alma no ha salío

Ni el más mínimo quejío…

¡En cuantos Lunes Santo he sido testigo, junto a Málaga, del regreso de esa Hermandad! ¡Cuántas veces he unido mi voz a la de Málaga para contestar a la pregunta que surgía una y otra vez desde el balcón de la noche! ¿Qué se le dice al moreno?

¡Ay, Juan Rosén, bordador ilustre del aire y su sudario, artista de agujas como clarines en la madrugada! Amor con amor se paga, Juan Rosén, querido amigo. Algo te traigo en mi voz desde la tuya, algo siquiera del regalo que era escucharte ante tu Gitano. Te deseo que sepas andar sobre la mar, cuando en ciertos momentos de la vida, la mar es el único suelo firme que nos queda a quienes tenemos fe, cuando la fina lámina del agua se convierte en el mejor apoyo de nuestros pies. Te quiero ahí, mi gran amigo, porque no puedo cantar, ni quiero, a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar…”

Mª José Santiago interpretó La Saeta de Joan Manuel Serrat y se despidió de un público que la colmó de ovaciones.

Una año más, y ya van 41 se cumplió la tradición del Pregón de Exaltación de la Mantilla.  Mujeres de todos los ámbitos sociales, empresariales y culturales se engalanaron ofreciendo un espectáculo único de color y elegancia.

 

Tras eso, la organización se trasladó a El Pimpi, donde se ofreció una cena en la que participaron los socios y algunas de las personalidades asistentes.

 

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Fotografía: Lorenzo Carnero y cedidas por La Coracha

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