Web: 6 consejos para tu cuñado, el informático.

Como agencia de branding y diseño, uno de nuestros servicios más contratados y solicitados es precisamente la creación o el rediseño de sitios web.

Una de nuestras máximas es que en internet no hay que estar por estar, y que no cualquier web vale, sino que partimos de la base de que una web debe ser la extensión de la marca en la red. Una web que sirve para “salir del paso” no es funcional, no transmite marca y por tanto, pierde la capacidad de perseguir un objetivo ya sea el de vender más, el de que nos conozcan más o el de poder ampliar una cartera de clientes más allá del resto de nuestras acciones de comunicación.

En el siglo XXI, inmersos en esto de la “revolución digital”, las webs sirven incluso como plataformas de negocios que se desarrollan online y que no tienen presencia en el mundo físico. La web, señoras y señores, no es una herramienta de comunicación (que también) sino nuestra marca, nuestra empresa, nuestra oficina en el mejor centro comercial del mundo.

Superada la fase de convencer que hay que estar en internet, toca ahora convencer de que hay que estar, pero que hay que estar bien. Y aquí, todas las agencias y profesionales nos encontramos con el competidor más grande, más feroz y más “enemigo” de toda marca: El cuñado informático.

Todos  tenemos un amigo, un primo, un cuñado, un colega, un amiguete que, o es informático o que ha un curso de páginas web y se nos vende como el gurú de lo online y que muy amablemente (no seamos malpensados) nos dice que o nos la hace gratis o nos la hace por un precio de amigo.

 


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Con una oferta así, entiendo que para muchas empresas sea extraño justificar por qué acudir a una empresa externa en la que confiamos menos que en nuestro tan adorable cuñado, pagando cantidades superiores a las que nuestro cuñado tan amablemente se nos ofrece a “facturar” (nótese el entrecomillado).

Si cuando os duele una muela, lo lógico es acudir a un dentista y no al taller de vuestro amigo el zapatero, si estáis pensando en una web, acudir a una agencia que pueda entender vuestra necesidad, que controle la tecnología y que esté al día de los últimos avances en diseño, usabilidad y neuromarketing (sí, neuromarketing) es, igualmente, la opción más lógica.

Puede que tu cuñado, tu primo o tu amiguete tan simpático te pueda hacer la web por un precio de amigo pero, como en todo, si lo que quieres es vender tu profesionalidad, y así lo harás notar en tu web, empieza por confiar en un verdadero profesional que te ayude, te respalde y, en definitiva, sepa lo que haga. Un profesional que conozca al menos los 6 aspectos que no conoce tu cuñado, el informático. ¡Empezamos!

 

1. El test de los 50 milisegundos.

Más de lo que has tardado en leer la frase anterior de tan solo dos palabras. Una tercera parte de lo que tardas en coger una llamada cuando ves que está sonando el teléfono.

Un tiempo casi imperceptible. Complicado, sin duda, de medir sin grandes instrumentos de precisión. Un espacio de tiempo corto donde los haya. Y, sin embargo, es el tiempo necesario y suficiente para que la parte subconsciente de nuestro cerebro vea, analice y juzgue una página web.

50 mili segundos para decidir si se fía o no, 50 mili segundos para decidir si le gusta o no, 50 mili segundos para decidir si sigue leyendo o no, si es armónica o no, si parece atractiva o no.

De ahí que lejos de la concepción de mostrarlo todo (y saturar al lector) la primera impresión, los primeros 50 mili segundos deben despertar la atención del lector y ser lo suficientemente potentes como para hacer que el visitante quiera leer más.

En este sentido, suele ser conveniente utilizar una fotografía a pantalla completa, un bloque de imagen lo suficientemente grande o un texto predominante como para que el visitante tenga esa sensación del “caramelo en la boca” y, por tanto, quiera ver más.

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Rebeca Bermejo. Se inicia con una pantalla blanca con el logo. El contenido está debajo pero el consumidor quiere leer más. Iluminaciones Ximénez. La primera vista incluye una foto a gran tamaño con un slider de keypoints de la empresa. 

Debes tener en cuenta que, con la indexación de Google, es posible que el visitante no entre directamente e la página principal sino que lo haga a una de tus secciones o artículos del blog. Ten presente, por tanto, que esto debe aplicarse a todas las páginas de la web. Empezar las páginas interiores con una foto en el encabezado puede ayudarte a este efecto.

 

2. La web y el oro

Ha sido sujeto de estudio, de asombro y algunos hasta lo consideran el número del mundo. Los más científicos lo llaman simplemente “phi”, los antiguos griegos y romanos “la proporción áurea”.

Está presente en la concha del nautilus, en las flores y hasta en el rostro humano.

Y, en cierta manera, como indican varios estudios de la psicología de la percepción y el comportamiento, se relaciona directamente con nuestra percepción de la “estética”.

Es decir, cuanto más respete algo la proporción áurea, más atractivo nos parece.

 


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Este concepto, que se utiliza en arquitectura, en interiorismo y hasta en medicina estética, resulta también de gran utilidad para dotar a nuestra web de una mayor valoración en lo que a lo “atractivo” se refiere. Y, recuerda, cuanto más atractivo, mayor valoración e interés.

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The Branders & Co. El encabezado y la disposición de los contenidos y los logos se estructuran en base a la proporción áurea. Yo Soy Mujer. El encabezado, la disposición de las primeras secciones y la división de los artículos y publicidad, respetan el número phi.

 

Yo Soy Mujer - Web - Publicidad AureaAunque pueda parecer nuevo, la proporción áurea se utiliza en la publicidad tradicional
desde hace décadas y, para muchos,  en eso que llamamos el salto digital, se nos olvidó por el camino.

Si te interesa, puedes ver como las marcas internacionales emplean la proporción áurea en sus anuncios en el artículo del director de arte Xavier Roca ¿La proporción áurea en la publicidad?”

 

 

3. La usabilidad

Si hay algo que pueda definir la sociedad actual es la instantaneidad. Buscamos la inmediatez, la agilidad: Lo que queremos, lo queremos ya. Las tiendas online buscan entregar el producto al día siguiente, y hasta en casos muy concretos en núcleos urbanos, la entrega se realiza en apenas unas horas. Al margen del debate sobre si esto es sostenible o no, la realidad es que ya lejos quedó ese consumidor que pasaba días buscando información y generando un pensamiento propio, sopesando pros y contras. El consumidor busca información y si no le es accesible la buscará por otro lado (léase, en tu competencia).

En base a esto, es imprescindible ponerse en el papel del consumidor cuando navegamos por nuestra web y planificar nuestros contenidos en base a esto. Las pestañas en el menú, por ejemplo, han de dejar claro qué información van a encontrarse dentro.

Una regla no escrita, pero que puede servirnos de mucho, es la regla de los 3 clicks que viene a decir, sencillamente, que ninguna información de nuestra web debe estar a más de 3 clicks o pantallas desde la carga de la página principal.

Así que, olvídate de esas estructuras complejas en las que la información se presenta en subelementos de subelementos dentro de una esquina de otro subelemento del menú.

Hazlo fácil, hazlo sencillo, hazlo usable.

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En la estructura de la izquierda para acceder a las páginas inferiores, el usuario tendrá que hacer más de 3 clicks. En la de la derecha, la información es más accesible. 

 

¡Ah! Y si tu web es un sitio de compras online, no te olvides de aplicar la regla de los 3 clicks al proceso de compra. Cualquier producto ha de poder ser comprado en 3 clicks. (1. Añadir al carrito, 2. Introducir datos, 3. Comprar).

En cualquier ponencia sobre web, siempre cuento (y seguro que alguna vez os habrá pasado lo mismo) cómo un día mientras comía en un restaurante, recibí un correo promocional sobre un libro de física y marcas (allá cada uno con sus intereses). Accedí a la web, pulsé el botón del precio y antes de darme cuenta lo había comprado vía Paypal –ni siquiera me pidieron ese absurdo paso de tener que registrarte para comprar–. En apenas 2 minutos había realizado una compra y quizás no fuera una experiencia placentera para mi bolsillo, pero recibir la orden de compra seguro que sí lo fue para el vendedor. ¡Bravo!

 

Como decía Google: Las compras online han de suponerse fáciles.

 

4. Diseño vs. tecnología. Tecnología vs. Diseño.

¿Os acordáis cuando –no hace mucho– se decía eso de “el diseño no debe estar reñido con la funcionalidad”? Pues aunque ya no se escuche tanto (supongo que hasta en las expresiones hay modas) nunca ha dejado de ser cierto.

Como defensor del diseño, he de confesar que no siempre es fácil asimilar esto pero las webs comerciales –como muchos otros aspectos– están suopeditadas a eso, a las ventas, al comercio.

Por eso, tanto profesionales como clientes podemos intentar forzar la balanza hacia el diseño, hacia lo “bonito”, hacia lo “espectacular”. Pero no debemos olvidar que las webs, especialmente, han de ser útiles, han de ser funcionales y, para ello, es obligatorio conocer la tecnología que hay detrás de cada formato.

 


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Hace unos años, y sorprendentemente incluso a día de hoy –ahora explicaré por qué “sorprendentemente”– las webs se desarrollaban en tecnología Flash. Un formato de animación que convertía las webs casi en películas dignas de Óscar, con elementos que se movían, páginas que se construían, que “explotaban” –literalmente– cuando ibas a otra sección. En la originalidad no hay barreras y esa tecnología sirvió para hacer verdaderas maravillas visuales.

 

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Verdaderas maravillas artísticas que, sin embargo, se estancaron cuando allá por el año 2009, con la llegada del iPhone 3G, y tras una batalla que bien podría inspirar una película, Apple decidió no mostrar contenidos en Flash en sus dispositivos. Google tampoco debió de llegar a ningún acuerdo porque sus sistemas Android tampoco reproducían flash.

De esta manera, todas aquellas “obras de arte” no eran accesibles desde el teléfono y si bien es cierto que navegar en un smartphone no se popularizaría hasta algunos años después, quienes no estuvieron alerta, perdieron bastantes opciones de impacto.

Hoy en día, de vuelta a 2016, parece que esta guerra de Flash ya ha acabado (aunque, de ahí el “sorprendentemente de antes” incluso a día de hoy me encuentro con webs en Flash. Es cierto que, en este sentido, algunas webs crean versiones para dispositivos móviles pero, en serio, ¿hace cuánto no actualizáis vuestra versión de Flash?. De nuevo, impactos perdidos.

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Al margen del Flash, la tecnología debe conocerse, y sobre todo porque, a día de hoy, aún hay muchísimas webs que no son resposive (adaptables a todas las pantallas) incluso a pesar de que Google penalice en su buscador a las webs sin esta funcionalidad.

Si tenemos en cuenta que una enorme mayoría de visitas a webs se realizan hoy desde dispositivos móviles, una web no adaptada se traduce en pérdidas. Y no hay más.

 

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 Arturo Montilla. La web de Arturo Montilla Arquitectura diseñada para adaptarse a cualquier tamaño de pantalla.

 

En este sentido, debemos tener en cuenta que la tecnología cambia cada día, así que, una vez nuestra web esté lanzada, no debemos olvidar estar pendientes del sector, estar pendientes a los cambios, a los avances y saber utilizarlos en nuestro beneficio. ¡No te desactualices nunca!

No obstante, aquí debe primar el sentido común, y si bien tenemos que tener en cuenta la tecnología, no debemos olvidar que el consumidor medio visita las webs atendiendo a estímulos visuales así que por muy bien programada y por muy tecnológica que sea, no descuides el diseño.  Al final, debe encontrarse el equilibrio entre una web estéticamente atractiva y técnicamente funcional puesto que una web bien programada pero con un diseño nefasto, poco podrá ayudarte a aumentar ventas. Por experiencia, el perfil del informático es un perfil que realiza un código y técnica impecable pero, por lo general, pocas veces suele tener en cuenta un diseño funcional, estratégico y pulido.

 

4. El posicionamiento: la piedra filosofal.

Uno de los aspectos que más me repiten cuando nos ponemos manos a la obra con una web es: ¿Cuánto tiempo voy a tardar en estar el primero en Google?

Vivimos en un estado de casi paranoia con todo esto del posicionamiento o SEO y esta obsesión rara vez puede jugar en nuestro favor.

Estar el primero en la lista de resultados de Google puede ser el objetivo de cualquier empresa pero hay un factor que se nos escapa: “Solo puede haber un primero”. Y si ese primero lo está haciendo bien, ¿por qué debería tu nueva web superarla?

Google, aunque parezca lo contrario, es un organismo muy justo con el consumidor. Tal es así que sus últimos algoritmos han iniciado ya una línea de posicionamiento que se reduce a “El primero será el que sea más útil para el consumidor”.

En este sentido, podemos entrar a considerar que es “útil” y qué no lo es, y sobre esto existen miles de técnicas para redactar, programar, estructurar, nombrar y hasta diseñar nuestras webs pero el error reside en que no debemos diseñar para Google, sino para el consumidor.

Cuando más atractivos seamos para el navegante, cuanta mayor información útil le aportemos, cuanto más reales sean nuestros contenidos, mayor posición adquirirá nuestra web.

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Por eso, antes de llamar a cualquier agencia de SEO, antes de ponerte en manos de estas empresas que te garantizan ponerte el primero en un mes (de entrada, es mentira), invierte en trabajar en tu posicionamiento interno, en auditar, valorar tus recursos, las fotografías, los textos, etc. Ordena hacia dentro para poder ordenar hacia fuera.

En este sentido, si vas a crear o rediseñar tu web, cuenta con expertos que partan desde una optimización de los contenidos para el SEO y verás, como en poco tiempo empezarás a subir posiciones.

En el camino, un profesional de SEO puede serte muy útil pero, de verdad, desconfía de cualquier “experto” que te diga que diseñes para Google en vez de para el consumidor.

 

5. Último pero no menos importante: SERVIDORES Y VELOCIDADES

Contratar un servidor es quizás la parte más aburrida o más técnica del proceso de creación de una web y, quizás por ello es el elemento al que prestamos menos atención. Normalmente, la selección de un proveedor de servicios de dominio y alojamiento suele estar supeditada a la empresa que ofrezca el mejor precio, o la que regale herramientas web (que rara vez usamos después).

Para hacernos una idea menos técnica, contratar un servidor es el equivalente a elegir el garaje para el coche que vamos a comprar. Podemos hacernos con la opción únicamente más barata pero, ¿y si es más estrecho que nuestro coche? ¿Y si resulta que es tan bajo que no podemos entrar de pie? ¿Y si resulta que necesitamos dos plazas y solo entra uno?

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Esto que nos parece tan obvio, debemos tenerlo en cuenta a la hora de elegir nuestro servidor. El tamaño importa (vaya a ser que nuestra web pese más de lo contratado –algo muy frecuente cuando trabajamos con sistemas de gestores de contenido como WordPress que, por sí, necesitan de la existencia de distintas bases de datos). Pero no solo el tamaño es determinante, la velocidad lo es aún más. La velocidad del servidor influye en la velocidad de carga, influye en el número de usuarios que pueden visitarla al mismo tiempo e influye en la respuesta de la web.

Aunque no lo veamos, cada vez que entramos en una web, se inicia todo un despliegue de comunicaciones entre tu ordenador (tablet o móvil) con el navegador, que a su vez se conecta con la dirección del dominio, que a su vez se conecta con el servidor, que a su vez se conecta con la parcela donde esté alojada la web y entonces, el camino se invierte hasta que la información llegue a tu dispositivo.

Esto –que ocurre en millonésimas de segundo– se puede ver ralentizadlo por un servidor con, por ejemplo, poca memoria RAM o por el hecho de que varios dispositivos estén visitando nuestra web y tengamos poco “ancho de banda” contratado.

Estos aspectos, que a veces obviamos por ser demasiado técnicos, estropean todos nuestros esfuerzos anteriores.

 


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Aunque todos estos puntos parezcan una hoja de ruta compleja, lo cierto es que cualquier profesional real los tendrá en cuenta en tu proceso de creación o rediseño web así que, no temas, es un proceso natural que, en la mayoría de los casos, te entregarán a modo de “llave en mano”.

Y con tu permiso, termino como empecé: Puede que tu cuñado, tu primo o tu amiguete tan simpático te pueda hacer la web por un precio de amigo pero, como en todo, si lo que quieres es vender tu profesionalidad, y así lo harás notar en tu web, empieza por confiar en un verdadero profesional que te ayude, te respalde y, en definitiva, sepa lo que haga.

He de decir, en honor de la verdad, que en mi caso concreto, pocas las marcas que me mencionan al famoso “cuñado” o “primo” cuando hablamos sobre el concepto “web”, supongo que también será porque una empresa que contacta con una agencia de “branding” ya conoce la necesidad de trabajar sobre marca, valores y un amplio abanico de elementos intangibles, pero cuando hablo con colegas de profesión, con agencias web o servicios digitales, el factor “cuñado”, me consta, está a la orden día.

¡A vender!

 

Aitor San José

Experto en Branding y diseño estratégico en The Branders&Co

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