Victoria Ordóñez

Había oído hablar de Victoria Ordóñez como una mujer valiente, de esas que siempre da un paso más. Me encontré con una mujer con la cabeza muy bien amueblada, muy culta, y a la vez apasionada. Una mujer que no se rinde, que mira de frente a los obstáculos y no se detiene ante ellos.

Hablar de Victoria Ordóñez es hablar de vinos, aunque antes de los vinos hay una gran trayectoria profesional detrás en el mundo de la gestión sanitaria.

 

Victoria es doctora en Medicina, aunque lo que siempre le gustó fue estudiar. No tenía quizás esa vocación de atender al paciente en la consulta, por eso apostó por la gestión. Posiblemente porque ya tenía esa vena empresarial corriendo por sus venas. Gestión hospitalaria, una disciplina que así dicha puede resultar fría, pero en la que ella puso todas sus ganas y empeño por situarse donde tenía que estar, al lado del paciente, que es o debería ser el verdadero protagonista de la Sanidad Pública.

Tenía su puesto garantizado, una buena posición y su sueldo a fin de mes. Pero Victoria tenía otras inquietudes. Primero le propuso a su hermano fundar una bodega, y ahí se implicó al máximo aunque tuviese que compaginarlo con su puesto de trabajo. Pero en su mente fue tomando forma algo que quería hacer, y lo que quería hacer a su manera, entregada en cuerpo y alma a recuperar vinos de Málaga elaborados con uva Pedro Ximénez. Su hijo Guillermo la acompaña en este viaje.

Victoria es un libro abierto de historia de la provincia. Le encanta nuestra tierra y conocerla a fondo. De ella ha extraído lo mejor y el mercado le está dando la razón. Los sueños se cumplen, pero también hay que salir a buscarlos.

Me cuenta que una vez tuvo un accidente buscando unos viñedos en los Montes de Málaga. Pero cuando una lucha por conseguir un objetivo no hay barreras que se puedan interponer, ni curvas ni barrancos suficientes para pararte. De hecho uno de sus vinos mas famosos se llama Voladeros, que es como llaman en los Montes de Málaga a los precipicios. 

Hablamos con ella de muchos temas. Está entusiasmada, esta semana verá la luz su última creación. Lleva por nombre “Las Olas del Melillero” y es un rosado espumoso Brut Nature, el primero que se hace en Málaga de estas características, elaborado con Pedro Ximénez, Petit Verdot, Shiraz y Tempranillo, procedentes del Parque Natural Montes de Málaga. A Victoria le gusta innovar y ofrecer vinos distintos, que llamen la atención. 

¿Por qué estudiaste medicina?

Realmente estaba muy indecisa, me gustaban muchas cosas. De hecho, empecé Filosofía que acababa de abrir en Málaga, porque no me quería desplazar hasta Madrid a estudiarla porque tenía novio. Tenía amigas que estudiaban Medicina y estaban muy contentas y a mí me gustaba estudiar. En mi caso yo no tenía vocación de médico pero hice una buena carrera. Me saqué hasta el doctorado. La Tesis la defendí en el año 2001, cuando ya había empezado a trabajar.

¿Qué especialidad tenías?

Hice Gestión Sanitaria, que aquí en España no es una especialidad. Me formé en Reino Unido, y también hice un Máster en la Universidad de Granada, en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la Universidad de Murcia que hay un máster de calidad de gestión de hospitales.

El referente en formación en la gestión sanitaria en aquel entonces era Cuba. La gente viajaba hasta allí para formarse. En mi caso estaba admitida e iba a continuar mi formación allí, pero en esos momentos hubo un conflicto diplomático entre Cuba y España y cortaron la colaboración entre ambos países, por lo que poco tiempo después recibí una notificación y me indicaron que no podía asistir. Seguí trabajando en gestión desde la Delegación de Salud y, poco después, se creó la Escuela Andaluza de Salud Pública y finalmente me terminé de formar allí, en la Universidad de Granada.

O sea, ¿que a ti lo que te gustaba realmente era estudiar?

Me apasiona. Es algo que sigo haciendo ahora también; ya no sobre medicina, sino sobre vinos.

 

En todo ese tiempo te casas, tienes a tus hijos…

Me casé con 19 años y tuve a Clara con 25 y a Guillermo con 30.

¿Por eso no te quisiste ir a Madrid? 

Claro. Yo tenía mi novio, que era médico. Quizás eso también influyó en mi decisión. Cuando le conocí con 17 años él ya estaba trabajando.

¿Cómo se tomaron en tu casa que te casases con 19 años? No tenías ni la carrera terminada…

En mi casa se lo tomaron fatal. Pensaban que ni siquiera iba a terminar la carrera pero la acabé sacando matrículas de honor. Lo que sí hice fue esperarme a terminarla para ser madre.

No me arrepiento de haberme casado tan joven. Tuve a mis hijos muy joven y he tenido la oportunidad de disfrutarlos muchísimo. Y además, cuando he tenido mayores exigencias profesionales tenía más tiempo porque ellos ya estaban criados.

¿Cuando terminas de formarte es cuando tienes a tus hijos o lo compaginas?

Lo compaginé. Cuando tuve a Clara tenía 25 años y ya estaba trabajando en la Delegación de Salud. De hecho, creo que hice mi primer master cuando ya tenía a mi hija.

¿Cómo llevabas todo eso con una niña pequeña?

Me organizaba muy bien. Tampoco he asumido nunca el papel de ser la única cuidadora de mis hijos. En mi casa éramos dos y los dos cuidábamos a los niños.

Los dos teníamos muchas actividades en ese momento pero tengo amigas que no se van de sus casas a un congreso sin dejar la nevera llena, por ejemplo, o sin dejar organizadas las actividades de los hijos, pero jamás ha sido mi caso. Siempre he cogido mi maleta, me he ido y hasta la vuelta. Mi exmarido sabía que los niños eran algo de los dos. Yo no era imprescindible en mi casa. Evidentemente los niños me echarían de menos; soy su madre, pero la vida continuaba aunque yo me fuese. Y lo mismo pasaba si se iba él.

¿Nos estamos equivocando en retrasar tanto la maternidad?

Pues no lo sé. La sociedad ha cambiado, por lo que no podemos juzgar teniendo en cuenta los parámetros con los que nos regíamos hace unos años. Mi hija, por ejemplo, tiene 31 años y ella ha decidido que no va a ser madre, es algo que tiene clarísimo y no se siente mal por ello; y a mí me parece bien. La maternidad es una decisión muy personal.

Es cierto que por cuestiones relacionadas con la salud, la mujer tiene más inconvenientes para ser madre conforme van pasando los años; pero, desde el punto de vista emocional, es algo en lo que no se puede entrar.

En mi caso no me arrepiento de haber tenido a mis hijos tan joven porque tenía mucha energía. Los he podido disfrutar mucho en todos los sentidos. Y cuando he tenido esa necesidad de tener ese tiempo para mí, de encontrarme conmigo misma y sacar mis proyectos adelante, mis hijos ya estaban más mayores y he tenido más libertad para hacerlo porque sus necesidades ya no eran las mismas y yo podía disponer de más tiempo.

¿Qué tal fue la experiencia de trabajar para la administración pública?

Es cierto que el funcionario tiene un estigma de que no trabaja, pero en la empresa privada también pueden darse casos similares. He tenido la suerte de rodearme de personas que ya quisieran muchas empresas privadas tenerlas con ellos. Me he sentido muy satisfecha con mi trabajo y siempre lo he llevado a cabo con vocación de servicio público y con mentalidad empresarial. No es incompatible. Nunca me he tenido que enfrentar a que alguien se quitase de en medio cuando era necesario que estuviese. Trabajábamos sin horas, hacíamos lo que fuese necesario. Al estar en un puesto directivo siempre estaba disponible, no tenía horarios, ni fines de semana, ni vacaciones… He conocido a mucha gente muy trabajadora en la Administración.

Es verdad que he tenido un trabajo muy bonito y después de tantos años trabajando en salud tenía muchísimos contactos y una visión muy completa del sistema sanitario, ya que había tocado centros de muchas especialidades. Conocía muy bien el sistema hospitalario y, en los últimos años, dirigía una fundación centrada en la investigación biomédica y eso sí que es un trabajo muy gratificante porque te centras en traer recursos para hacer cosas de futuro, de investigación.

 

¿Lo más difícil es trabajar con los políticos cuando tienes un cargo técnico de esas características? 

Yo no he sido gerente del hospital. El gerente es el que lidia con el político. Es cierto que hasta al enfermo que está hospitalizado siente el impacto de las decisiones políticas. Pero es que con relación a esto no podemos hacer nada ni nosotros que somos ciudadanos sin ninguna responsabilidad pública. Es algo complejo. Intento hacer mi vida al margen de la política, aunque es complicado porque la política en la sociedad española penetra hasta el último rincón de nuestros hogares y de nuestra vida privada.

¿Accediste a la Sanidad Pública por oposiciones? 

No,  las oposiciones nunca llegan a salir pero ofrecían un puesto en el que entre como interina permanente y luego pasé a directivo. Yo no tenía ninguna relación ni vinculación con la política pero trabajaba como directivo. De hecho, pasaron varios gerentes y yo siempre permanecí en el puesto. Nunca antes me había planteado ser directivo pero me buscaron. Me pareció algo interesante y lo acepté.

Incluso cuando dejé la Sanidad lo hice en excedencia, es decir, me conservaron el puesto durante años. Podía haber vuelto cuando quisiera. Se portaron muy bien.

¿Tenías ya en aquel momento la vena empresarial?

Creo que la vena empresarial la he tenido siempre. Además, desempeñaba un puesto con una meta muy empresarial.  Siempre he tenido esa vocación por cambiar y hacer las cosas lo mejor posible. Estaba muy posicionada al lado del paciente y eso fue algo que me facilitó mucho el poder acercarme al mundo de la gestión.

¿En ese momento en el que trabajabas en Sanidad tenías contacto con la empresa familiar de manera activa?

No, en absoluto. Tuve contacto antes de casarme porque vivía con mis padres. Mi padre tenía la distribuidora de vinos y la oficina estuvo durante años dentro de mi casa por lo que, inevitablemente, todos hemos pasado por allí en alguna ocasión.

Recuerdo que cuando era pequeña, en vacaciones, tomaba nota de los pedidos mientras mis hermanos estaban en el almacén. Antes de que existieran los ordenadores, le hice a mi padre un fichero con fichas de cartulina con todos los clientes ordenados. Tendría entonces unos 12 años; por eso te digo que el tema de la gestión lo llevaba en la sangre.

 

¿Y no te planteaste estudiar Dirección de Empresas y trabajar en la empresa familiar?

No, porque tenía la empresa en mi casa, yo quería hacer otra cosa; era más bien intelectual. Hice bachillerato mixto porque no me quería cerrarme ninguna puerta. La literatura me encanta e incluso he formado parte de un grupo literario en la librería Rayuela. Aunque ahora estoy algo más despegada fui uno de los miembros fundadores.

¿Has escrito alguna vez?

Escribía cosas cuando era joven. Estoy escribiendo mi vida, viviéndola y punto (se ríe).

Me gusta mucho la literatura, pero últimamente estoy más centrada en los ensayos. Leo mucho de historia. Pero incluso más que por la literatura he tenido afición por la música. Tenía otro tipo de inquietudes, la empresa me parecía algo más terrenal y mundano.

¿Qué provoca que des el paso de entrar en la empresa familiar?

Fue en el año 2003.  Hasta ese momento en mi familia habíamos sido distribuidores. Al fallecer mi padre uno de mis hermanos cogió el timón. Otro de mis hermanos, que también se dedicaba a la distribución, se marchó a Estados Unidos y se centró en la importación de vino español a gran escala. Este había montado otra bodega en España con unos socios y le animé a que montara una bodega en Málaga. El día que finalmente tomó la decisión de hacerlo me pidió ayuda y le dije que sí. No sabía dónde me estaba metiendo porque yo salía de trabajar a las tres pero siempre me llevaba trabajo a casa y encima me comprometí con él para montar la bodega.

En la administración pública me manejaba como pez en el agua y entonces todo lo relacionado con las subvenciones lo preparaba yo. Pero el agotamiento me pudo. No tenía tiempo libre ni en vacaciones, ni un fin de semana libre, ni nada. Era un tema delicado.

Coinciden las fechas de meterte en el proyecto de la bodega con la fecha de tu separación ¿Lo usaste para llenar el hueco que tenías al separarte?

No, yo estaba muy llena. Estaba muy satisfecha con mi trabajo. Me encantaba. Además, estaba en esa etapa en la que estaba recogiendo todo lo que había sembrado durante años.

Me metí en el proyecto con mi hermano porque me van los retos. Tenía 30 años cuando me ofrecieron ser Subdirectora del Carlos Haya. Y siempre he pensado: “ ¿Por qué no? ¡Vamos a ello!”.

Yo había animado a mi hermano porque me encanta la historia de Málaga, siento mucho Málaga, con todos sus defectos y sus virtudes. Y la iniciativa de montar la bodega me pareció muy bonita, aunque una vez que lo iniciamos todo fue muy duro.

Trabajaba con un gran enólogo, Alois Kracher, que falleció justo tres años después de iniciar el proyecto. Entonces me quedé sola en Málaga con el proyecto. Kracher estaba considerado el número uno en el mundo de los vinos dulces. Todo lo que he aprendido ha sido gracias a él y a mis errores, claro.

 

¿Sabías algo de vino?

Estaba en contacto con el mundo del vino indirectamente porque mi casa estaba llena de cajas de vinos, pero sobre elaboraciones no sabía nada en absoluto. Todo lo que sé se lo debo a Kracher; era un apasionado y un mago de la enología.

Decías que llega un momento en el que te saturas y ves que no puedes con todo…

No podía con todo, tenía que elegir una opción, tomar una decisión. Él falleció y yo ya me veía incapaz. Tenía que asumir todo lo que él hacía hasta entonces y sin ninguna ayuda, por lo que opté por pedir una excedencia en mi trabajo por 5 años; se portaron muy bien conmigo. Fue entonces cuando me metí al 100% en el proyecto. Cuando se me acabó la excedencia tenía claro que no iba a volver.

¿Cómo fue la adaptación de trabajar con equipos a estar más sola en el trabajo diario de la bodega?

Es cierto que me tuve que adaptar. Soy una persona a la que le gusta trabajar en equipo, pero no por el hecho de no tomar decisiones, porque yo soy una persona que toma decisiones; pero me gusta escuchar a los demás. Nadie tiene toda la verdad y cuando trabajas en grupo estás todo el día recibiendo información de otras personas que son tan valiosas o más que tú.

¿Es el mundo del vino un mundo de hombres?

Sí, es un mundo mayoritariamente masculino, pero como también lo es el mundo de la alta dirección o el mundo del Servicio Andaluz de Salud. Venía de un mundo masculino y me volví a meter en uno. Aún no me he encontrado en un mundo femenino. Es que no sé dónde está ese mundo.

Sí lo hay…

Lo habrá pero yo no me he encontrado con él. Lo que sí sé, y lo repite la televisión a diario, es que las mujeres somos ciudadanos de segunda. Cada día lo percibo más. Antes no me daba cuenta, pero ahora es distinto. No me siento agredida, pero miro atrás y pienso que si hubiera sido hombre muchas cosas habrían sido muy distintas. Aunque tengo que decir que estoy muy a gusto conmigo misma siendo mujer.

Me da la sensación de que nunca te ha frenado ser mujer…

Ser mujer no me ha frenado en absoluto. Pero sí han intentado frenarme, aunque no lo han conseguido. Es posible que las cosas me hayan costado más que a un hombre, porque nosotras tenemos que demostrar más cosas que ellos.

 

Victoria, ¿cuándo decides que es momento de emprender tu propio proyecto? Imagino que no sería de la noche a la mañana…

Tenía mi propio proyecto en la cabeza aunque estaba dirigiendo proyectos de otras personas donde tenía una participación minoritaria y, sin embargo, toda la responsabilidad. Llegó un momento en el que me dije que tenía que cambiar. Recuerdo que leí una frase que venía a decir que uno no debe abandonar su proyecto para trabajar en el de otra persona. Cada uno de nosotros venimos al mundo para hacer algo. No venimos al mundo solo para respirar, sino para hacer algo determinado; todos tenemos nuestra propia misión.

Algunos tienen muy clara su misión desde muy pequeños. Los genios, por ejemplo Mozart, lo tienen muy claro desde la cuna. Otros, sin embargo, la descubrimos con el paso de los años.

Poco a poco te vas dando cuenta de que tú tienes tu propio proyecto y que lo vas postergando con el tiempo. Llega un momento en el que ves interesante hacer algo, hacer un vino u otra cosa, y entonces piensas que lo harías de una manera concreta si tuvieras el control de todo al 100%…

Me puse en mi casa un cartel enorme con todo lo que quería hacer. Como no me daba tiempo a ir al gimnasio ni a hacer nada de deporte, pues en casa tenía una elíptica. Así que me subía en la elíptica y miraba el cartel. Era la única manera de tener presente cada día lo que realmente quería hacer.

O sea, era como la hoja de ruta de la vida que querías llevar…

Era lo que quería cambiar en mi vida, los aspectos que tenían que modificarse. Igual que se gestionan los proyectos debe gestionarse la vida. ¿Dónde quieres llegar? ¿A esto? Pues entonces hay que trabajar en esta dirección, moverte hacia un lado o hacia otro; cambiar el rumbo para llegar hacia donde quieres ir. Hay que tomar decisiones.

¿Qué circunstancias se dan cuando tú tomas esas decisiones?

Bueno, es que la decisión ya estaba supermadura.

Estaba trabajando en muchos proyectos bodegueros en distintas zonas. Estaba metida de lleno en ocho Denominaciones de Origen. Mi hermano estaba en Estados Unidos y yo me encargaba de todo aquí. De pronto, las circunstancias personales de mi hermano cambiaron y se vino a España a vivir. Fue entonces cuando vi que él se podía hacer cargo. No se trataba de dejarlo tirado ni a él ni a los proyectos en los que había estando trabajando. Yo no salgo corriendo de los sitios y dejo las cosas tiradas. Decidí que era el momento de lanzarme en el año 2015.

¿Cómo se lo toma él?

No muy bien, pero era mi vida, mi felicidad y era mi proyecto. Tenía 54 años.

Y con es edad dejas a un lado la tranquilidad que te ha dado tener un sueldo siempre y te lanzas a la incertidumbre de emprender…

Sí, pero la incertidumbre es lo bonito. En la incertidumbre está la pasión, la ilusión… ¿Qué hay en la seguridad? En la seguridad está el aburrimiento y ya está, quizás suene algo extremo. La creación surge de la incertidumbre. Miedo no he tenido nunca, quizás sea una inconsciente, pero nunca he pensado que esto no iba a salir. Al final ha salido.

 

¿Qué empiezas a hacer novedoso con tu proyecto de bodega?

Mi proyecto consistía en trabajar con la uva más malagueña que hay, que es la Pedro Ximénez, que procede de una de las zonas vinícolas que fue de las más importantes de Europa, los Montes de Málaga. Muchos malagueños no saben esto pero es así.

Hicieron un vino que debió ser maravilloso y que desapareció en un momento determinado aunque tenía claro que hoy en día sería un vino con un perfil de consumo muy actual. Realmente no entiendo por qué desapareció.

Eran unos vinos tranquilos, que son los vinos con los que comemos; se llaman así porque tienen menos de 15 grados y no tienen burbujas; de ahí que sean vinos tranquilos, vinos blancos, blancos secos, de Pedro Ximénez de Málaga.

Recientemente, una investigadora biotecnóloga del CSIC, ha demostrado que el origen de la uva Pedro Ximénez procede de Al-Ándalus, se trata de una uva de origen árabe de la Edad Media. Posiblemente, incluso, el nombre de Pedro Ximénez también venga de Málaga, porque hay centenares de actas notariales y de personas llamadas Pedro Ximénez vendiendo esta uva y este vino. Quizás el nombre aluda al nombre del dueño de las uvas, que sería Pedro Ximénez, y al final el vino se ha quedado con el nombre….

Hay un libro de un cronista malagueño de 1752 que dice que toda la vid de Pedro Ximénez que existe fuera de Málaga proceda de Málaga. Y esto tiene bastantes visos de ser verdad.

¿Cuánto tardaste en conseguir ese vino que tú querías recuperar?

Pues tomé la decisión de irme en abril y en agosto ya se estaba haciendo el vino; Voladeros.

Sabía que existía ese tipo de vino que se llamaba mountain wine, que era un vino blanco seco y de menos de 15 grados y 100% Pedro Ximénez. Lo más difícil fue encontrar ese viñedo, porque yo además quería hacer el vino de viñedos históricos, de los que ya casi en el siglo XVIII eran famosos.

Una vez que estás en la zona de Santo Pitar, en los Montes de Málaga, no ves ni una cepa, porque están tan metidas en carriles de tierra que es complicadísimo. Me adentré, estuve buscando por allí, preguntando por esos lares, por las ventas de la zona… Lo más complicado fue, sin duda, el tiempo que me llevó todo ese proceso. Desde abril buscando esa uva nueva. Porque, además, hay muy poca viña. Viniendo del viñedo de Santo Pitar tuve un accidente que casi me mato.

Ahora ya me están llamando a mi los viticultores porque me conocen. Llevo desde el 2015, moviéndome, comprando uvas, alquilando viñas, etc.

Cuando te metes en los montes realizas una inmersión en la historia, consigues trasladarte en el tiempo porque, por ejemplo, la arquitectura de los montes de Málaga es la que había en el siglo XVI, XVII, XVIII…  Hay lagares antiquísimos, algunos están ya derrumbados, otros reconstruidos, otros siguen en pie… Es la Málaga de la alta burguesía que pasaba sus veranos allí.

La historia de Málaga ha estado afortunadamente y desgraciadamente vinculada a los Montes de Málaga porque las grandes crisis de Málaga han estado vinculadas a la historia del viñedo.

¿Qué más vinos haces además de recuperar ese vino histórico?

Pues hago como se hacía antiguamente este Voladeros, que es un Pedro Ximénez, 100% seco. Hago el ensamblaje típico también de entonces, que era el Pedro Ximénez con Moscatel, también seco, La ola del Melillero. Y luego hago una cosa que sí es más rara, que es un moscatel seco pero fermentado en barrica, es un vino muy único, Monticara.

Antes era más raro elaborar vinos moscateles solos, entonces, el Pedro Ximénez acompañaba a todas las variedades que existían, que eran muchas. Todas las variedades se hacían con Pedro Ximénez. Incluso los tintos.

Nosotros también estamos elaborando vino tinto pero de los Montes de Málaga.

Porque, además, la razón por la que todo el mundo emigró en un momento determinado a los montes de Málaga fue porque era allí donde se daban las mejores producciones, los mejores vinos. Todos los historiadores del vino de Málaga coinciden en eso, en que es un suelo muy especial. Se trata de un suelo muy antiguo, procedente del Precámbrico, con más de 600 millones de años, que además tiene una complejidad que es inclasificable desde el punto de las geógrafos. Precisamente por  la complejidad que tienen nuestros suelos, la tierra, nuestra uva Pedro Ximénez no tiene nada que ver con la uva Pedro Ximénez que puedas encontrarte en cualquier otra parte ni de España ni del mundo. Por ejemplo, tiene unos PH más bajos que el entorno, que hace que sea un suelo ideal para grandes vinos.

 

¿Has tenido que evangelizar o la gente ha aceptado tus vinos desde el primer momento?

Desde el primer momento no me está costando nada, al contrario, lo que me falta es vino. Son vinos muy sorprendentes porque no se han hecho antes. El mercado del vino es muy maduro, hay muchos vinos y muchas marcas; si no haces nada nuevo, algo diferente, lo tienes complicado. Por eso, nosotros lo que hacemos es muy diferente.

Además, tengo la suerte de contar con mi hijo Guillermo que es ingeniero agrónomo, estudió en la politécnica de Madrid y es un crack. Él a los 15 años se fue hacer la vendimia con Kracher a Austria.

Es un chico muy creativo desde pequeño y  coincidimos en lo más importante que es en la visión del producto. Queremos hacer un vino muy elegante, muy fino, fresco pero de gran fineza y elegancia.

Victoria junto a su hijo Guillermo

¿Tu hija no ha querido saber nada de este mundo?

Mi hija es Física y trabaja en unos laboratorios. Ella estuvo con nosotros durante la segunda vendimia, la de 2016. De hecho, su hermano y yo nos tuvimos que ausentar durante una semana y ella estuvo al frente de la bodega y lo hizo perfectamente, pero está muy enfocada a lo que le gusta. Y además lo tiene claro desde pequeña.

¿Te has dejado mucho por el camino por dedicarte al tema de los vinos?

Me hubiera gustado bailar flamenco. De hecho, es lo primero que he hecho. Además de irme a buscar viñas también me he apuntado a una escuela de flamenco, la de Victoria Artillo. Estoy muy contenta. Como te decía antes siempre he tenido otras inquietudes. He tenido hasta un grupo de jazz en el que he sido vocalista.

¿Nunca pensaste en dedicarte a ello profesionalmente?

No, nunca. La verdad es que es un mundo complejo. Mi hijo produce música. Ahora ha dado un concierto recientemente en Madrid. Mi hija también ha hecho música electrónica y canta y pincha. Todos tenemos esa inquietud por la música.

¿Tienes pareja?

Sí, tengo pareja. Los hombres cuando se separan están buscando otra mujer que reemplace rápidamente la anterior y…

…Y nosotras nos buscamos a nosotras mismas. 

Exactamente. Buscamos eso y pasarlo bien, conocer gente… En ese momento no quería una relación de pareja, lo que pasa es que surgió y ya llevamos casi nueve años.

 

¿Él entiende tu dedicación? 

Totalmente, me apoya al 100%. Es mucha dedicación y muchas horas por lo que la otra persona te tiene que entender muy bien. Él es empresario y sus vacaciones se las pasa aquí ayudando en la bodega.

¿Eres capaz de estar sin no hacer nada?

Claro.

¿No te subes por las paredes?

No, al contrario. Procuro dedicar un ratito todos los días a no hacer absolutamente nada más que meditación. Si puedo la hago por la mañana cuando me despierto y por la noche antes de dormirme.

¿Qué estás leyendo ahora?

Ahora estoy leyendo un libro de historia sobre los repartimientos que se producen en Málaga cuando se expulsan a los moriscos.

¿Las mujeres somos como los buenos vinos o deberíamos serlo? Dicen que con los años vas a mejor…

Bueno, esto no se puede generalizar. Hay personas que con la edad se hacen más sabias, como los buenos vinos, y hay gente que con la edad se vuelve más cascarrabia. Debemos trabajarnos a nosotros mismos.

Quizás somos un poco como el vino. Uvas, que elaboradas y trabajadas podemos llegar a tener un sabor mediocre, bueno o un sabor extraordinario.

Al igual que en otras entrevistas, en esta, en la historia de Victoria, vuelve a aparecer que la vida te va llevando por donde te tiene que llevar pero tienes que saber ver las señales y actuar si quieres hacer de eso que te muestra tu camino. Otra de las enseñanzas que se leen entre líneas en la mayoría de las entrevistadas es que  normalmente da tiempo a hacer de todo y que cada cosa llega en su momento. No tengamos tantas prisas ni vivamos con tanta ansiedad. Ni la edad ni otros factores son determinantes para dejar los sueños atrás o para que aparezcan otros nuevos por los que nos apetezca apostar. En eso consiste esto, la vida, en una sucesión de etapas y momentos. 

Redacción: Ana Porras    Fotografía: Lorenzo Carnero

Victoria Ordoñez

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com

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