El té: la bebida de los aristócratas del gusto

Ponte cómoda. Descálzate y túmbate en el sofá. Deja atrás las prisas y sueña. Con las vacaciones, quizás; con ese amor imposible o, por qué no, con lo que haríamos si la vida nos sorprendiese con ese cambio inesperado que desde hace tiempo esperamos. Todo eso, al calor de la chimenea y acompañadas de una y humeante taza de té; bebida ancestral que alberga en su sabor y aroma una historia llena de sensualidad y misticismo. ¿Nos acompañas a descubrirla?

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Arte, perfección y pureza. Tres elementos cuya combinación han dado como resultado un brebaje cargado de historia capaz de transportarnos al mismísimo imperio del sol naciente. Y es que el nacimiento del té está más que ligado al lejano oriente. De hecho, una de las más conocidas leyendas sobre su origen explica su nacimiento ligado al budismo y cuenta que fue durante un instante de meditación bajo el árbol Bodhi, cuando a Buda, al visualizar los sufrimientos y graves problemas a los que se enfrenta el hombre en su vida diaria, se le escapó una lágrima que cayó sobre la tierra, al sentir una mezcla de tristeza, soledad, enfermedad, vejez y muerte. Justo en ese lugar, algo más tarde, creció el arbusto del té, una poción en la que millones de individuos han buscado consuelo espiritual a lo largo de toda la historia de la humanidad.


 

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De hecho, existe toda una completa y compleja tradición milenaria que convierte tanto al ritual del té como al sinfín de características que de él se desprenden, a algo que va más allá de una creencia y que, incluso, podría equipararse con un auténtico estilo de vida. Hablamos de lo que muchos autores han llamado teísmo o, lo que es lo mismo, un culto que tiene como pilar fundamental la adoración de la belleza entre la vulgaridad del mundanal ruido. Una forma, más que clara, de inspirar armonía, pureza y sensibilidad. Un vehículo para ir más allá de todo lo material que nos rodea, de encaminarnos hacia todo un universo de espiritualidad que intenta hacerse fuerte en el seno de una sociedad, la del siglo XXI, que camina demasiado rápido, a veces, sin tener siquiera, un rumbo fijo.

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Si quisiéramos hablar de los orígenes del té tendríamos que remontarnos –nada más y nada menos, que al año 2737 a.C., cuando, de la mano del emperador chino Shen Nung, la economía china abría sus puertas a un nuevo sector, la agricultura, en general, y al té como un nuevo cultivo. En aquellos años, hablar del té era hacerlo de una medicina o tónico hecho a base de hojas tiernas procedentes de árboles silvestres. De ser un producto desconocido, el té paso rápidamente a protagonizar un crecimiento tan grande que, para satisfacer la demanda, los granjeros empezaron a cultivar arbustos de té en sus pequeñas propiedades, desarrollándose así un sistema de desecación y fabricación propio.

A pasos agigantados, el té se fue alejando poco a poco de ser una bebida sinónimo de enfermedad y empezó a convertirse en un regalo más que apropiado para hacer a los mismísimo emperadores. Poco a poco, además, pasó a consumirse como una bebida más en tabernas, tiendas de vino y posadas. Su fama llegó a ser tal, que incluso se usaban pastillas prensadas de té como trueque en las relaciones comerciales con los turcos.

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De esta forma, en torno al té se fue desarrollando todo un negocio que originó que, no en demasiado tiempo, los comerciantes de té se fueran enriqueciendo y, con ellos, artesanos de la talla de plateros y herreros, que también supieron ver en el tónico medicinal un auténtico filón económico al empezar a fabricar repujados artículos para tomarlo, que hasta el momento nadie había visto. Rápidamente, todos estos elementos se convirtieron en un indicador más que claro de las riquezas y del nivel social de sus propietarios.


 

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A partir de ese momento, la historia del té ha estado plagada de hitos, personajes y civilizaciones cuya combinación ha dado como resultado una bebida llena de riqueza, historia y cultura que han hecho de esta bebida una auténtica alternativa digna de los paladares más exigentes y sofisticados.

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Las ‘3 eres’ del té: revive, relaja y refresca

En el último lustro se ha producido un interés creciente por el té, aumentado, concretamente, la demanda de tés puros de calidad, algo que ha derivado en la aparición de una mayor variedad en el mercado. ¿Cómo elegir el mejor? ¿Por qué un té en vez de otro? La elección del té debe basarse única y exclusivamente en las preferencias y gustos personales. Como en el resto de ámbitos y esferas de la vida, dejarse llevar por modas y tendencias es un grandísimo error.

Como ocurre con el café, el té no tiene los mismos efectos en quienes los consumen. Así, mientras muchos dicen que llega a estimularlos, otros apuntan a que, sobre ellos, éste tiene un efecto totalmente contrario, llegando a convertirse en una bebida relajante. Estos efectos, aparentemente contradictorios son conocidos como las ‘3 eres’ del té: revive, relaja y refresca, que se resumen como ‘restauración’.

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En la composición del té, la cafeína se convierte en la reina. Se trata de uno de sus ingredientes más importantes y actúa como estimulante suave. Todas las tipologías de té la tienen, pero es cierto que su proporción varía. Así, el té verde, por ejemplo, tiene menos que la modalidad oolong y éste, a su vez, menos que el negro.


 

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Por otro lado, y en contra de lo que muchas leyendas urbanas apuntan, el té contiene la mitad de cafeína que el café. Además, mientras que los efectos de la cafeína contenida en el té se dan más lentamente y son más duraderos, la presente en el café es absorbida por el organismo de manera más rápida, provocando un incremento significativo de la actividad cardiovascular.

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Al té se le asocian numerosos beneficios para la salud. De hecho, numerosas investigaciones apuntan a que su consumo permite protegernos ante el desarrollo de enfermedades cardíacas, ya que es rico en los llamado flavonodies, antioxidantes benéficos que ayudan a que tanto las células como los tejidos gocen de una salud envidiable.

¿Algo más que puede hacernos convertirnos en consumidores habituales? Sin duda, los beneficios que tiene para nuestra dieta. Y es que el té no contiene calorías, pero sí una gran cantidad de vitaminas y minerales, incluyendo el flúor, que nos ayudará tanto a mantener nuestros huesos fuertes como a que el esmalte de nuestros dientes esté protegido contra la aparición de caries.

shutterstock_309729707Y tú, ¿con cuál te quedas?

Si tras has llegado hasta aquí leyendo y has empezado a sentir ganas de convertirse en una consumidora habitual de tés, te lo advertimos: elegir la tipología de la que te harás fan no es tarea sencilla. Por eso, hemos realizado una selección con 10 tés para que sepas qué puedes encontrarte tras el delicioso sabor de cada uno de ellos. ¿Nos acompañas?

1.- Té rojo: su gran propiedad es que aumenta el metabolismo, lo que parece apuntar a que ayuda a perder peso de forma rápida y eficaz, además de contribuir a la desintoxicación del cuerpo y a levantar el ánimo. Algo importante a tener en cuenta es que no debe ser ingerido ni por embarazadas, ni por niños ni por personas que estén sometidas a tratamientos médicos prolongados, debido a que puede reaccionar químicamente sobre las células.

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2.- Té verde: es la segunda variedad de té más importante del mundo. Es vaso dilatador, posee importantes propiedades diuréticas y una alta concentración de flúor, lo que nos ayudará a mantener nuestros dientes impecables.


 

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3.- Té chai: como curiosidad te podemos contar que esta bebida nace de la disputa entre chinos e ingleses por la soberanía del té. Se le atribuyen virtudes anti cancerígenas, la reducción de gases y la disminución de los efectos del alzhéimer. ¡Propiedades, sin duda, nada despreciables!

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4.- Té negro: es el más famoso en la cultura occidental. Tiene tres variantes según el grado de oscuridad que posea: Ceilán, assam y darjeeling. Es diurético, antioxidante y te estimulará tanto casi como una humeante taza de café.

5.- Té blanco: ¿su principal virtud? Tiene un porcentaje mayor de antioxidantes que cualquier té, por lo que es ideal para combatir contra el envejecimiento de la piel, además de aumentar la concentración y favorecer la eliminación de grasas. Por si no lo sabías, esta tipología fue la reservado tanto a los emperadores como a sus visitas.

6.- Té amarillo: nos aporta ácido fólico y las vitaminas B, B1, B2 y C, además de ayudarnos a retardar los efectos del paso del tiempo y prevenir problemas de visión. No obstante, mancha los dientes, por lo que los expertos apuntan a que es recomendable lavar los dientes siempre que lo tomemos.

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7.- Té pu-erh: tiene un color rojizo y un sabor fuerte, que hace que lo bebamos tomándonos el mismo tiempo que cuando degustamos una copa de vino. En los orígenes de esta ancestral bebida, esta clase estaba limitada a la nobleza china, ya que su proceso de elaboración era bastante laborioso y costoso. De hecho, para obtenerlo, las hojas secas se guardaban en vasijas de cobre entre dos y cincuenta años. ¿Qué te parece?

8.- Té roiboos: realmente no es té, pero se comercializa como tal debido a su parecido con las hojas del té. Es muy beneficioso para la salud al contener menos cafeína que el resto y contribuir, por lo tanto, a la relajación. Además, posee efecto calmante en los cólicos de los niños.

9.- Té kukicha: cuenta con mayor cantidad de minerales, entre los que destaca el calcio. Además, es ideal para recuperar el tono vital y eliminar toxinas a través de la orina. ¡No lo pierdas de vista en caso de conjuntivitis!

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10.- Té Earl Grey: su amargor lo hace muy parecido al té negro, aunque cuenta con ciertos tintes cítricos que lo hacen especial y diferente. Es muy popular por sus efectos contra la ansiedad, la depresión y los catarros. ¡No dejes de incluirlo en tu lista de la compra mientras duren las temperaturas invernales!

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¿Sabías que… 

…el té ha sido la causa de numerosos conflictos a lo largo de la historia? Un ejemplo fue la Guerra de la Independencia Americana, que comenzó con el famoso ‘Boston Tea Party’ el 16 de diciembre de 1773. Para protestar por los elevados impuestos que grababan el té, un grupo de colonos –apodados ‘los hijos de la libertad’- decidieron disfrazarse de indios y echaron al agua un importante cargamento de té que iba a bordo de unos navíos de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales atracados en el puerto marítimo de Boston. Los hechos enfuerecieron tanto al Rey que éste acabó tomando represalias, ya que todo parece indicar que los impuestos sobre el té eran destinados al mantenimiento de las guarniciones militares de la colonia. Sea como fuere, la cuestión es que el ‘Boston Tea Party’ fue uno de los sucesos que influyeron en que se desencadenase el cruento conflicto armado.

 

Rocío Alcántara

Redactora en Yo Soy Mujer

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