TDAH: algo más que niños hiperactivos

Hace sólo unas décadas, poco conocimiento científico se tenía sobre un trastorno que hoy parece haberse hecho un hueco más que evidente en la sociedad en la que vivimos. Hablamos del Déficit de Atención con Hiperactividad o TDAH, que afecta a cerca del 6% de la población infantil y que se ha convertido en un problema común en las consultas de neurología infantil. Pero, ¿en qué consiste realmente? ¿Qué papel juegan los padres en el tratamiento? ¿Llegan los niños diagnosticados de TDAH a vivir con los síntomas y a controlarlos bien, de manera que sean capaces de disfrutar de los pequeños placeres de la vida como sus iguales? Nos acercamos a un trastorno cada vez más frecuente, pero del que aún queda mucho por investigar.

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Déficit de Atención con Hiperactividad o TDAH

“Simón siempre fue un niño inquieto. No paraba desde que llegaba al colegio hasta que se iba. Luego, al llegar a casa, seguía un ritmo que, en ocasiones, para nosotros se volvía frenético”, recuerda María cuando habla de la infancia de su primer hijo. “Todo el mundo me decía que era normal. Era madre primeriza y me dejaba guiar en todo lo que me decían”, reconoce con la mirada triste. “Si hubiera llevado a Simón antes al pediatra habría sido diagnosticado antes y, con la medicación adecuada, habría tenido una mejor calidad de vida”, aclara.


 

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María y Pedro se casaron jóvenes. Pronto vino Simón, un niño rubio con cara de ángel que no paraba quiero y pronto se convirtió en un auténtico torbellino. Al principio todo parecía normal, pero María pronto se dio cuenta que Simón no se concentraba cuando cada tarde se sentaba a hacer los deberes. Sin embargo, la verdadera voz de alarma llegó cuando Simón cumplió 8 años. Las quejas de sus profesores eran cada vez más frecuentes. María lo llevó al pediatra y, tras un completo análisis de la conducta del pequeño, llegó el diagnóstico: Simón tenía Déficit de Atención con Hiperactividad o TDAH.

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A María se le cayó el mundo al suelo, como es probable que les haya ocurrido a muchos de los padres que escuchan que su hijo padece TDAH, un trastorno de comportamiento más frecuente de lo que, a priori, podamos imaginar. Los niños con TDAH actúan sin pensar, presentan hiperactividad y tienen claros problemas de concentración para afrontar cualquier quehacer de su día a día, evidenciándose esta situación aún más en todo lo concerniente al rendimiento escolar, ya que la situación suele empeorar cuando a estos niños se les requiere más atención y esfuerzo mental, tal y como ocurre durante las clases en el colegio.

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¿Qué puede llevarnos a pensar que un niño tiene TDAH? 

El TDAH tiene multitud de síntomas. Al principio algunos síntomas pueden parecer propios del comportamiento normal de cualquier niño, pero el TDAH puede llegar a empeorarlos, y de una forma más que significativa. Algunos de estos síntomas pueden ser:

  • Distraerse fácilmente y olvidarse de las cosas con facilidad.
  • Perder juguetes, libros y las cosas del colegio con frecuencia.
  • Tener problemas para expresar sus sentimientos.
  • Ser muy impacientes.
  • Estar muy inquietos en todo momento, sin encontrar nada ni nadie que logre calmarlos.
  • Hablar sin parar e interrumpir constantemente a las personas con las que se encuentran.
  • Tocar todo lo que ven.
  • Presentar problemas a la hora de atender en clase y hacer los deberes.

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Mi hijo tiene TDAH, ¿y ahora qué?

Una vez que un psicólogo especialista infantil emite el diagnóstico, muchas son las cosas que pasan por la mente de los padres y familiares del niño diagnosticado. ¿Y ahora qué? ¿Debe ir a un colegio especial? ¿Podrá educarse con sus hermanos? ¿Qué tipo de apoyo escolar va a necesitar? ¿Qué va a depararles la vida?


 

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En estos casos, los padres se alzan como la mejor defensa y ayuda del niño diagnosticado de TDAH. Es fundamental que los progenitores sean capaces de establecer buenas relaciones y vínculos sólidos con aquellas personas involucradas en el tratamiento del pequeño: médicos, profesores, terapeutas e, incluso, otros miembros de la familia. Si la familia al completo –los hermanos llegan a tener un papel fundamental en la vida de alguien diagnosticado de TDAH- es capaz de aprovechar todo el apoyo y recursos educativos que hoy en día existen, es muy probable que el niño camine con paso lento, pero seguro, hacia el éxito.

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Es muy importante que quienes rodean al niño colaboren en construirle una rutina concreta en cuanto a la creación y adaptación de sus espacios, horarios y actividades. El sentimiento de desorientación que muchos padres sienten al recibir el diagnóstico poco ayuda a los niños que padecen este trastorno, que tampoco lo sufren por una educación inadecuada por parte de sus padres, por consumir demasiado azúcar o como reacción a una vacuna concreta, como muchos se han apresurado a confirmar.

Y es que el TDAH tiene una base biológica a la que los científicos aún no han conseguido llegar por completo. En este sentido, y a pesar de que aún no parece haberse aislado una causa concreta, sí que se ha encontrado una serie de factores de carácter genético y ambiental que parecen tener mucho más que decir en el desarrollo del TDAH de lo que, en un primer momento, podía pensarse. Entre ellos la incidencia de la genética a la hora del desarrollo del trastorno, es decir, muchos de los estudios realizados al respecto muestran que muchos de los niños con TDAH cuentan con un familiar cercano que también lo padece. Por otro lado, y aunque lo que existen al respecto son sólo algunas investigaciones, los expertos han descubierto que determinadas áreas del cerebro son aproximadamente del 5 al 10% más pequeñas en lo que a tamaño y actividad se refiere en niños con TDAH.

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Los estudios también parecen establecer alguna conexión entre el hecho de que la madre haya sido fumadora durante las 40 semanas de gestación y el desarrollo posterior del TDAH en el recién nacido. Entre otros factores, los investigadores aluden al parto prematuro, a complicaciones originadas durante el momento del parto e, incluso, a ambientes familiares desorganizados o psicopatología paterna presente como causantes del TDAH en los niños.

Sea como fuere, tanto la detección precoz como un diagnóstico e intervención inadecuados, son aspectos fundamentales para la prevención o manejo de los problemas asociados al trastorno y que pudieran acompañar la evolución y acentuación del mismo.

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A la hora de diagnosticar el TDAH, una de las principales dificultades con las que se topan los especialistas es que éste se presenta, aproximadamente en dos tercios de todos los niños con TDAH, junto con otros problemas y dificultades. Entre las principales se encuentra, por ejemplo, trastornos negativistas y disociales; el ánimo, de ansiedad o de aprendizaje.

El mejor tratamiento

En la mayoría de los casos, la mejor forma de tratar un TDAH encuentra en la combinación de medicación y tratamiento conductual la mejor de las soluciones. Independientemente del programa que el especialista ponga en marcha sobre el niño, éste requerirá una supervisión muy de cerca que le permita ir haciendo ajustes o adaptaciones a lo largo del tiempo. En todo este proceso, los padres juegan un papel realmente importante. Por eso, la formación de los padres también se considera una parte fundamental en el manejo del TDAH.

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El aula, es escenario más complejo

Cualquier niño que presente TDAH encuentra en el aula el mayor de sus desafíos. En sus casas, como le ocurre a cualquier niño, se sienten protegidos y amparados por padres, hermanos y demás familiares que, gustosos, hacen a veces esfuerzos sobrehumanos para adaptarse a sus ritmos y necesidades. En el colegio, sin embargo, la realidad puede tornarse bien distinta.

Los alumnos con TDAH necesitan una mayor organización de sus clases y tiempos, mayor supervisión, unas tareas más fragmentadas y más refuerzo positivo por parte de sus profesores, entre otras cuestiones. Por todas estas razones, los docentes han de contar con las habilidades y destrezas necesarias para conseguir una comunicación basada en la confianza, en la que el profesor trabaje, de manera importante, por un lado, reforzando las necesidades especiales de los alumnos con TDAH y, por otro, potenciando las habilidades sociales del niño o adolescente, fomentando, en todo momento, el pensamiento y comportamiento reflexivo por su parte ante los problemas.

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El trabajo de los profesores con los alumnos que padecen TDAH es muy importante para conseguir que éstos puedan tener una vida escolar normal y conseguir unos resultados óptimos. En estos momentos, las cifras que ponen en relación este trastorno con el desarrollo de estos alumnos en el colegio no son muy positivas. Así, el fracaso escolar entre estos niños es significativamente alto, afectando al 40%.


 

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¿Sólo los niños tienen TDAH? 

Aunque el TDAH es un trastorno que se inicia y se diagnostica, de forma principal, durante la infancia, muchos adultos lo tienen y no lo saben. Este trastorno puede hacer que a los adultos que lo padezcan les resulte complejo tener una vida organizada o seguir, algo tan sencillo, como es la rutina en el trabajo. El TDAH puede hacerles sentir inquietos e, incluso, llevarles a tener problemas en sus relaciones personales.

De la misma manera que pasa en los niños, el TDAH en los adultos puede diagnosticarse y tratarte por especialistas. Para algunos adultos, de hecho, ser diagnosticados puede resultar un auténtico alivio, ya que, en ese momento, pueden entender muchos de los problemas que les acompañan desde mucho tiempo atrás y sentirme más cómodos ante su entorno.

 

Rocío Alcántara

Redactora en Yo Soy Mujer

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