Sira Antequera

Sira es de esas personas por las que das las gracias a la vida por haberlas conocido. Acabo de terminar su entrevista y me invade una profunda sensación de paz. Hay personas que son luz, que transmiten luz, y una de esas personas es Sira Antequera. Quizás ese es otro motivo más por los que está en el podium de las mejores Wedding planner no sólo de este país, sino de Europa. La admiro profundamente como profesional. Sira no organiza bodas, hace arquitectura con ellas, es capaz de engranar perfectamente las piezas y consigue un puzzle en el que los bordes de cada pieza desaparecen y se funden unas con las otras para convertirse en un lienzo pintado de sueños. Las bodas de Sira son armonía, elegancia, son equilibrio, son magia. 

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Pero si la admiro como profesional, más la admiro como persona. Sólo alguien con sus cualidades, aptitudes, actitud, coherencia, empatía y capacidad puede ser capaz de convertir en una experiencia maravillosa un proceso que, en la mayoría de los casos, no está exento de conflictos, nervios y dificultades. Tiene esa diplomacia, esa habilidad de hablarle a cada uno en su idioma, de empatizar con la persona que tiene en frente, esa capacidad de darte la respuesta que necesitas, tiene ese algo que no se puede definir que hace que algunas personas sean especiales. 

La conocí hace algunos años ya. Cuando tenía la revista en uno de los almuerzos que organizaba. Ya entonces me enamore de ella. Y cuanto más la conozco, más me enamoro de su personalidad. 

Cuadrar con la agenda de Sira en esta fecha es complicado. Finalmente lo conseguimos. Si os digo la verdad casi la secuestré del montaje de una boda en una casa maravillosa a pie de playa en Marbella. No hacía falta mucha imaginación ni Google Maps para averiguar que la celebración era allí. En la puerta camiones del catering, de la floristería, operarios…Me había avisado que al ser un “secuestro” en pleno montaje de boda mejor no hacíamos fotos. Pensé que estaría hecha unos zorros, sin embargo sale de la casa impecablemente vestida de blanco y con una pashmina rosa sobre los hombros. Un operario se horroriza cuando Sira le dice que sale un momento. Paciente, encantadora, dulce y con una sonrisa lo tranquiliza y le da unas indicaciones y su número de teléfono por si tiene cualquier duda. 

Vamos a un lugar más tranquilo, sin tanto ajetreo, donde poder hablar un rato tranquilas. 

 

 

A Sira le encantan las personas, su pareja –Adrián– y vive en lucha constante con su adicción a la Coca Cola. Pedimos una cada una. Para empezar bien… 

Hace 17 años dejó un puesto de directora de Recursos Humanos en una empresa de distribución alimentaria con más de 4 mil personas a su cargo para dedicarse a algo que la entusiasmase cada mañana. Fue entonces cuando nació Sí! Quiero Una empresa de weding planner. Algo muy novedoso en España y de lo que en Málaga no se oía ni hablar. Le tocó abrir camino y mercado. Sira Antequera está considerada pionera del sector en nuestro país. Y sí que vamos a hablar de bodas, del proceso, de la organización, de amor, de desamor, pero antes vamos a hablar de algo de lo que una persona que ha llevado los recursos humanos de cuatro mil empleados está más que cualificada para opinar y en lo que creo que actualmente, todavía, estamos muy perdidos…

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Llegas a tener a tu cargo a 4000 personas con menos de 30 años. ¿Tuvo que ver esa responsabilidad con el cambio de actividad?

Empecé con plantillas más pequeñas en el Departamento de Recursos Humanos hasta que llegué a la jefatura  y de ahí a la dirección. Fue un proceso de crecimiento por el que además pasamos por varias absorciones, ventas y compras de la empresa. Fueron años de muchos cambios que a mí me aportaron mucho a nivel de adecuación mental, flexibilidad, aprendí a adaptarme de una empresa a otra en plazos muy cortos de tiempo con todo lo que ello conlleva. El momento en el que cambio de actividad y apuesto por Sí, Quiero! es cuando tenía a esas cuatro mil personas a mi cargo. Aquella etapa en recursos humanos me ha aportado mucho. Me permitió desarrollar muchas de las capacidades que después he aplicado a la profesión que en su momento me inventé y que después he desarrollado. Muchos de los puntos tienen conexión con lo que hago ahora, por ejemplo, la parte organizativa que el trabajo en una gran empresa te da, te enseña a desarrollarla, a darle soporte, a estandarizarla, a hacer protocolos de trabajo y eso es exactamente igual a lo que hago ahora. Pero con un salto de calidad en cuanto a creatividad, en cuanto a vivir en un entorno más emocionante. No digo que la empresa a nivel dirección no sea emocionante, pero pasados los cuatro primeros años todo me empezó a parecer lo mismo. Seguramente por el enfoque en sí que se les da a los recursos humanos, incluso cuando se plantean con todas las teorías de mercado actual, todas las economías, las teorías de empresas actuales, al final, las personas son un instrumento más de la empresa y yo necesitaba un cambio en el que las personas se convirtieran en personas. Para la empresa eran números y para mí no lo eran. Entonces es cuando empecé a sentir malestar en el puesto que ocupaba.


 


¿ No podías hacer nada sobre eso?

Yo he intentado siempre gestionarlo con un enfoque todo lo personal que podía. Pero evidentemente, cuando trabajas en una empresa tu filosofía tiene que estar al servicio de la empresa. Recursos Humanos es su primer pilar; es el transmisor de los valores de la empresa. Entonces si no crees en ellos, cambias. Pero no puedes cambiar una filosofía completa sólo a tu criterio. Al final hay un consejo de Administración, con el que trabajas y que de alguna forma es el que marca esos valores. Y tienes que compartirlos para trabajar con ellos. En las empresas en las que he estado eran valores muy interesantes, muy atractivos la mayoría de ellos, estuviera más o menos en desacuerdo. Pero yo echaba de menos el impulso creativo que la empresa no me lo permitía en la medida que yo necesitaba, y yo necesitaba romper las barreras con las personas. En la dirección de Recursos Humanos eres el que decide sobre el futuro de todos. Esto se puede contar de muchas maneras y hacerlo más bonito, pero la realidad es esa. Soy licenciada en Derecho, incluso cuando estudiaba, siempre supe que la única profesión que no quería ejercer era la de juez porque no me siento ni con ganas ni con ánimos de tomar las decisiones sobre el futuro de los demás. Y sin embargo, eligiendo un camino como el de los recursos humanos terminé haciendo lo mismo. No me apetecía hacer determinadas cosas. Es verdad que se ha avanzado muchísimo, pero a mí se me quedaba muy corto en lo que yo esperaba de la vida. Era muy joven como para plantearme seguir siempre haciendo eso.

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Sira, como profesional que ha dirigido un equipo de cuatro mil personas, ¿Cómo somos las mujeres trabajando con respecto a los hombres? Supongo que hace diecisiete o veinte años tampoco se hablaba tanto de conciliación.

En las empresas en las que he trabajado hemos estado muy concienciados con esos temas, en primer lugar porque al final uno aplica aquello que le interesa y que le resulta cercano. Y a mí, como mujer, pues evidentemente es un tema que me importa mucho. A un nivel filosófico y político es un debate muy interesante y creo que tenemos una responsabilidad social todos. Yo he decidido no tener niños, pero no por eso me es ajeno el debate, porque soy mujer y, como mujer, me interesan todos los debates femeninos, más allá de que yo lo viva.

Tú lo has dicho. El problema es que sigue siendo un debate femenino.

Es un debate femenino por muchas razones. Planteamos una igualdad social que no es real. No hay igualdad social y no hay igualdad fisiológica. Intentamos crear la aparente igualdad de que los hombres y las mujeres somos iguales y estamos pasando por alto la diferencia, a partir de ahí todo lo que sale, todas las deducciones que sacamos, son falsas. Hay una diferencia y lo que deberíamos plantearnos es qué hacemos para resolver esa diferencia. Para mí, el punto real del debate debería estar ahí. Lo que no podemos hacer es decir que todos somos iguales, porque tú no puedes negar un embarazo de nueve meses, una lactancia y un crecimiento de niños, incluso una regla.

Si lo negamos, todo lo que surja de esa presumible igualdad fisiológica ya es un engaño. Nace totalmente falseado. Para mí el punto de partida es la asunción de la diferencia y la reivindicación de la diferencia. Yo no soy un hombre, yo no quiero ser un hombre. Aportamos otras cosas. El mundo femenino es maravilloso, es rico, es intenso, es emocionante, es emocional. Es cierto que vivimos en un mar de hormonas, pero eso aporta muchísimas cosas. Es un mundo distinto y complementario. Es diferente, y para mí la mayor tragedia es negar ese mundo y tratar de convertirnos a todas en hombres, porque no nos aporta ni a nosotras, ni a ellos, ni a la sociedad. Al revés. Hay que asumir esa diferencia. Al final, la maternidad tiene un coste. Primero para la mujer, segundo para la pareja, tercero y más importante, para la sociedad. Y fíjate que te digo “más importante” porque a mí me parece que estamos envejeciendo la sociedad con toda la problemática que eso conlleva para todos.

¿Y cuál es el camino?

En el momento que se asume la diferencia y asumimos la importancia que tiene, no solo la maternidad, sino el mundo femenino como tal, hay que empezar a asumir quién lo sujeta económicamente. El primer responsable es el Estado, es la sociedad. Estamos descargando todo el peso en las empresas. Y estamos pagando las consecuencias de que ni la mujer se incorpora como toca, ni las empresas pueden sujetar los derechos de esa presunta igualdad fisiológica. Es el Estado el que debería, por el bien de toda la sociedad, asumir ese coste. Si hay dinero para pagar coches oficiales o pensiones vitalicias por haber sido político debería haber fondos para eso que es mucho más trascendente.

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Sira no crees que realmente esa diferencia está entre la mujer-madre y el hombre. Una mujer sin hijos parece que no tiene tantos condicionantes.

Parto de que en todos los casos las mujeres somos diferentes a los hombres. Evidentemente, cuando una mujer no ha tenido niños todavía, es susceptible de ser madre y eso lo sabe la sociedad, el empresario, un empleador masculino y una empleadora femenina.  Al final, hay que recordar que el empresario está buscando hacer viable un negocio y lo que necesita es tener una serie de personas capaces de acompañarle en ese proceso. Tiene que contar con unas estructuras, con unas personas y con unos equipos estables para poder llevarlo adelante. Y sé que esto es un discurso muy poco político. Cuando se hace público, es muy problemático porque en el momento que se rasca un poco y se dice que somos diferentes y que la maternidad supone una diferencia, automáticamente se señala con el dedo a la persona que lo ha dicho. Bueno, pues mientras no asumamos que esa diferencia tiene un costo social y que alguien tiene que hacerse cargo de ella, no lo vamos a resolver. Y repito, desde mi punto de vista, el Estado tendría que asumir completamente todo lo derivado del embarazo, -y cuando digo todo, digo todo, no la baja maternal sino el embarazo completo con todos los riesgos que comporta-, de forma que garanticemos una viabilidad sana, relajada y natural a la madre para que se pueda tener niños con alegría y con ganas, que no es el caso ahora mismo. Hay muchísimas mujeres que no los tienen porque no pueden, porque están en parejas donde los recursos económicos de los que disponen son muy cortos y ellas no se pueden permitir ni siquiera dudar por miedo a perder su trabajo. Y luego, a partir de ahí, surgen todos los derivados. Desde ese primer momento pueden nacer niños con más o menos salud, pueden darse situaciones de mil tipos, y la madre tiene su prioridad porque biológicamente estamos programadas para cuidar a los niños. Y afortunadamente, si no, ¿qué tipo de personas y de sociedad seríamos si una madre dejara a sus niños de una forma totalmente desapegada y desinteresada? No creo que sea ese el tipo de sociedad que queremos, ¿no?

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Supongo que habría muchas gotitas, pero ¿cuál fue el detonante para que dejaras aquello?

Fueron muchas gotitas, efectivamente. Realmente era falta de estímulo. Necesito levantarme por la mañana y, según abro los ojos, sonreír. Necesito encontrar estímulo, ganas de disfrutar con lo que hago. En la actualidad me lo paso muy bien, disfruto con mis clientes, me lo paso muy bien con mis proveedores, con los que voy eligiendo, con los que incorporo a cada una de las bodas. Disfruto. En esa época, superada la primera fase de aprendizaje puro, no tenía estímulo ninguno. Necesitaba una faceta más creativa y más artística y no la tenía. Durante una tiempo, recuerdo que estuve yendo a clases de pintura a las tantas de la noche, pero ni me daba cuenta de que me daban las doce de la noche allí. Sólo sabía que estaba pintando y que estaba feliz. Y son cosas que haces por intuición pura, sin saber de qué te van a servir o qué te van a aportar. Hay cosas en mi vida que las he ido haciendo porque me gustaban y no tenía muy claro que sirvieran para algo, y  después me he dado cuenta de que sirven. Yo no podría hacer el trabajo que hago si no hubiera hecho eso, si no hubiera sido directora de recursos humanos porque, actualmente tengo que estar dirigiendo una planificación muy compleja en tiempos muy cortos y para un evento que es completamente efímero, que como mucho dura dos o tres días. Y normalmente, si dura dos o tres días, son dos o tres montajes efímeros distintos. Las capacidades de planificación, de logística y de producción son imprescindibles para que pueda dirigir a esos equipos. Estamos hablando en ocasiones de cien personas trabajando simultáneamente. Normalmente el tiempo final está muy cerca y tenemos que correr mucho y hay que llegar con una sonrisa. Y para mí es imprescindible no sólo llegar, si no pasármelo bien durante y después, y conseguir hacer que sea emocionante para todos los que participan. Y los que participan no son solo los invitados, son los trabajadores también. Tengo la capacidad de poder tomar unas decisiones de manera muy rápida  gracias a mi primera experiencia profesional.

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Actualmente Sira tiene una relación de pareja, no hay más que mirarla a los ojos cuando habla de él para descubrir que lo adora y que es muy feliz a su lado. Adrián es artista en el más extenso sentido de la palabra; es pintor, escritor y músico. Por circunstancias durante este año él vive en Miami y Sira, por su trabajo, continúa viviendo aquí. Se escapa siempre que puede a verle. Pero antes de llegar Adrián a su vida Sira estuvo casada muchos años con un hombre al que considera una persona muy importante actualmente en su vida. Cuando le pregunto por él no se lo espera.

¿Cuándo conoces a Diego?

¿A Diego? ¿Vamos a hablar de él?

Sí.

Vale. Conocí a Diego cuando estaba estudiando. Antes de casarnos estuvimos unos seis años de novios, y desde los dos años ya convivíamos juntos. La decisión de casarnos vino después, por ese momento maravilloso que supone casarse.

 

 

¿Cómo fue vuestra boda?

Muy bonita. Hace casi veinte años de esa boda. Duró casi una semana, la hicimos en Italia y la disfrutamos mucho. Lo que hicimos hoy en día es una tendencia, destination wedding; una boda en otro país. Desplazamos a amigos y a familia durante una semana entera, con todo tipo de actividades y nos lo pasamos muy bien. Fue muy íntima. Había sesenta invitados.

¿Y quién organizó la boda?

Pues dirigirla, diseñarla y planificarla yo, y luego me ayudaron a ejecutarla una serie de personas, porque en ese momento yo no estaba en Italia. Fue muy bonita.

Actualmente organizas muchas bodas para personas que vienen de fuera, ¿haberlo vivido te ha servido para empalizar más con ellos?

Es que soy bastante empática. A mí me gustan las personas. Cuando veo a alguien entiendo qué vive, qué necesita y en qué puedo facilitarle la vida, sea un amigo, sea un familiar, sea un profesional o sea un cliente. Siempre digo que a mí no me apasionan las bodas, me apasionan las personas. A partir de eso diseño bodas porque me parece que es un momento maravilloso para compartir con ellos, pero lo que me gusta a mí son mis clientes. Haberte casado, ayuda a entender el proceso por el que pasan sobre todo los novios y la familia completa. Yo he trabajado muchas veces con profesionales que no se habían casado y he visto cómo han cambiado su visión cuando ellos mismos han pasado por la boda, por la suya propia, porque aunque es cierto que no es necesario pasar por algo para entender al otro, sí facilita. En una boda se pasa por momentos muy intensos en los que se mueven emociones muy fuertes dentro de una familia. Como profesionales hay que ayudarles a facilitar, a solventar, a potenciar, a suavizar, a vivirla de la manera más bonita posible. Eso requiere entender o por empatía o por vivencia. Y bueno, sí es verdad que cuando te has casado sabes que ese momento, ese pasillo hasta el altar es incomparable.

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Hablabas antes de mantener una sonrisa y de lo importante que es cuando estás organizando una boda, cuando se está celebrando la boda, incluso cuando estás hablando con unos posibles clientes. ¿Cómo se mantiene la sonrisa cuando uno por ejemplo se está divorciando o está pasando por un momento complicado?

La respuesta está en el entusiasmo, en lo que te gusta, en lo que haces. Cuando te enamoras de cada proyecto, de cada pareja, de lo que haces todos los días, encuentras la sonrisa siempre. Sí, es verdad que la fase de separación en medio de mi trabajo fue dura, muy dura.

Porque además a unos novios que están preparando una unión que se supone que es para toda la vida no les puedes decir que te estás separando. 

No, no se lo decía. Primero porque no me gusta contarle a mis clientes ningún problema personal mío. Mis problemas se quedan fuera de su entorno vital. Yo soy profesional y, como profesional, no soy una amiga que llega y les cuenta sus penas, ni muchísimo menos. Sería una tragedia una profesional con esas características. Otra cosa es que, después de una boda y después de un tiempo muchas novias y muchos novios se convierten en amigos. Entonces claro que conocen aspectos personales de mi vida, por supuesto. Pero eso es otra cosa al tipo de relación que hay antes de la boda. Y creo que esto es igual para todos los profesionales. Yo entiendo que habrá cirujanos que están pasando por una mala situación personal y, cuando llegan al quirófano, no se ponen a llorar, operan. Creo que cuando los cimientos de tu trabajo están puestos en el entusiasmo, en lo que haces, y sabes separar la parte profesional de la parte personal, las dos enriquecen. Pero no están entremezcladas. Puedes hacer las dos cosas perfectamente, porque yo encuentro entusiasmo suficiente con mis clientes, en cualquier momento, al margen de cómo esté mi situación personal.

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Sira, los protagonistas de la boda son los novios o la madre, la suegra, la hermana… 

La boda son todos. La boda es diferente para cada uno y es muy importante para todos. Principalmente es de los novios, eso es cierto. Para mí, es un trabajo creativo de exploración y de diseño de la boda ideal de la pareja. Les ayudo a encontrar su estilo personal y su boda, a crearla más allá de tendencias, de modas, de cosas que se lleva el tiempo y a crear algo que sea atemporal y que sea de ellos, que cuando vean las fotos dentro de veinte o de treinta años sigan pensando que fue una boda maravillosa y que no cambiarían nada. Eso requiere que tenga mucho de ellos. Cuando una boda es realmente de los novios, también incorpora a los padres, también a los hermanos, también a los amigos, porque todas esas personas son parte de los novios. Problemas se pueden dar en planteamientos de bodas en las que todos los demás se superponen y los novios desaparecen. Ese puede ser el conflicto porque esos novios se encontrarían sin espacio. Pero cuando todo es sano y natural, cuando los novios hacen una boda completamente a su estilo, es al estilo de todas las personas que les quieren. Para mí no hay un halago más bonito que cuando me dan la enhorabuena porque se percibe a los novios en cada detalle. Pero todos son importantes. No hay nada más satisfactorio para unos padres que ver a sus hijos felices en todos los sentidos. Posiblemente para una madre es más importante la boda de su hijo de lo que fue la suya. Los padres quieren lo mejor y por eso muestran más preocupación porque todo salga de maravilla. Para mí es muy importante que las madres de mis novias encuentren su sitio y se sientan queridas, atendidas, cuidadas, porque son protagonistas también, pero en su sitio, que no es el de la novia, es distinto. En fin, la familia entera tiene su espacio.


 


Desde que comenzaste en esta profesión has organizado más de mil bodas. ¿Alguna vez has rechazado a unos clientes?

Bueno, no es que los rechace. Todas las relaciones deben generarse por sintonía. Si ellos están cómodos, yo también estoy cómoda. Si ellos no están cómodos, yo tampoco estoy cómoda. Pero no sólo pasa con un wedding planner, sucede cuando vas a un diseñador a que te haga un vestido, sucede con un peluquero, con un abogado, con un médico… Las relaciones son siempre bidireccionales. También hay clientes que me hacen planteamientos que me encajan más y a veces me encajan menos. Si esos planteamientos no van conmigo incluso les aconsejo a otro profesional que lo pueda hacer en la línea que ellos quieren. Para obtener un buen resultado es fundamental saber cuáles son los puntos fuertes de tu trabajo, en qué eres muy bueno, dónde tienes estímulo para hacerlo mejor y qué no estás dispuesto a hacer. Ahí es donde realmente está tu diferencia con respecto a los otros profesionales.

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¿Cómo fueron los comienzos de Sí! Quiero?

Complicados. Monté una oficina muy cerca de la que tengo ahora. Seleccioné a todos los profesionales y monté la estructura. Arranqué con una estructura con mucha complejidad. Hace diecisiete años en España no había wedding planners. Cogí un equipo de personas para ayudarme a hacer la selección de profesionales con los que íbamos a trabajar; fotógrafos, floristas, restaurantes, caterings… Hoy en día hay Internet, hoy en día todo está comunicado, filtrado y las bodas se han convertido en otra cosa. Pero en aquella época Internet casi nadie tenía, ni ordenadores, ni móviles. No es como ahora. En diecisiete años el mundo se ha dado la vuelta. Recuerdo que, cuando le decíamos a los caterings lo que íbamos a hacer alucinaban. Una boda por entonces era un catering y un Dj, si les hablabas de que ibas a diseñar una boda no entendían nada. Nos tocó hacer la labor de concienciación, de explicación, de comunicación del concepto profesional, fue una locura. Aunque también es cierto que para nosotros fue más fácil porque arrancamos en Marbella. Nuestros primeros clientes fueron absolutamente internacionales.

Cuéntanos alguna anécdota de aquella época.

A los pocos meses de empezar recibimos una llamada de una pareja de Malasia. Hoy en día esto es absolutamente normal. Pero te hablo de una época en la que las páginas web eran estáticas, en las que no existían todavía ni los foros y por supuesto no había redes sociales. O sea, otro planeta. Cuando recibí ese e-mail de la pareja de Malasia, quedamos en hablar por teléfono, porque por supuesto no había Facetime, ni Skype, ni nada. Me llamaron desde Malasia y me dijeron que mi contacto se lo ha facilitado la Embajada española. Yo me quedé mirando el móvil y dije “Guau”. Todavía no tenía la página web operativa. Aquello es algo que no se me olvida.

¿Diego te apoyó en qué dejarás tu trabajo y te dedicases a un sector que era totalmente desconocido?

En todo. Yo entiendo que, cuando una pareja funciona, hay complicidad en todos los sentidos, es imprescindible y eso supone mucho respeto también al trabajo. Además, mi profesión requiere muchas horas. Mi pareja tiene que entender que es una parte muy importante de mi vida. Adrián hoy en día lo entiende perfectamente. Diego en su momento también. Hoy no voy a bajar de las dieciocho o veinte horas de trabajo. Dormiré cinco o seis y mañana que se celebra la boda tendré seguramente veinte horas de jornada laboral. También es verdad que trabajo para mí, con lo cual si después me quiero coger un día de descanso o dos o veinticinco puedo hacerlo.

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¿Te pasó con  Diego como con el trabajo de recursos humanos, que llegó un día que no te ilusionaba la relación?

Bueno, en cierto punto nuestros caminos eran distintos. Yo siempre he pensado que una pareja que funciona es la que tiene el mismo punto de llegada en la vida, un proyecto en común. No creo que sea el enamoramiento lo que sujeta a una pareja, esas son parejas que se terminan muy rápido, porque las hormonas efervescentes tienen la duración que tienen. Y luego es verdad que de forma voluntaria con trabajo personal, esas hormonas las puedes mantener en el tiempo y generar un entusiasmo, una pasión, un enamoramiento, pero eso no es suficiente para que una relación de pareja dure. Lo importante es el camino común en la vida, no que sea idéntico, porque tampoco es bueno. Con la pareja te deben unir cosas idénticas y te deben separar cosas distintas. En la igualdad encuentras una conexión y una complicidad, y en la diferencia encuentras el reto. Y las dos cosas son muy importantes para mantener pasión y seguridad, que son dos puntos que, de alguna forma, son contrapuestos. Necesitamos suficiente seguridad como para encontrarnos cómodos y saber que quien nos ama no nos va a dejar pero, claro, demasiada seguridad también va contra la pasión. Es un equilibrio que es muy importante trabajar para que la pareja dure.

Nosotros éramos muy jóvenes y compartimos los años de mayor cambio en la vida. Me di cuenta que le quería muchísimo, le sigo queriendo muchísimo, es una persona muy importante en mi vida, pero yo no le veía como la persona que me pudiera acompañar en el tipo de crecimiento y de vida que yo quería hacer hacia adelante. Fue muy doloroso, muy, muy doloroso dar el paso. Pero entendía que tenía que ser fiel primero a mí misma. Es curioso, fíjate que yo toda la vida me había preocupado porque me abandonaran y aquello fue lo que más shock me produjo ser yo la que tenía que abandonar. Fue durísimo.

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Seguís siendo amigos y os lleváis muy bien. 

Sí. Tenemos mucha relación, nos vemos mucho. Cuando amas, lo importante es que las personas que amas estén en tu vida. El rol que asuman al final puede ser variable, cambiante, evolucionar y crecer contigo. Es muy difícil que el proyecto de vida que tienes con quince años sea el mismo que tengas con sesenta. Es muy difícil porque no somos la misma persona que hace quince o veinte años.

Sira, ¿Hay parejas que además de organizarles la boda los preparas para el matrimonio, haces un poco el papel de coach?

Tanto como prepararlas…(Se ríe) Yo llego hasta donde cada pareja quiere que llegue. El nivel de cercanía, apoyo, soporte, sujeción, durante todo el proceso lo define básicamente la novia, la pareja. Yo estoy hasta donde ellos necesiten que esté. Soy consciente de la importancia emocional que tiene ese proceso. Casarse es el gran corte de lazos en nuestra cultura con la familia de origen, con la familia biológica, natural y es la creación de la familia que vamos a formar. Hoy en día, casi todas las parejas que se casan ya han convivido y tienen una vida en pareja sólida. Bueno, pues aun así se mueven muchas cosas a nivel emocional durante la organización, porque es un paso que en nuestra cultura sabemos trascendente, que tiene una serie de connotaciones y que mueve emociones a nivel inconsciente, a nivel personal muy profundas. En la medida en que ellos quieran les ayudo a transitar por ese camino mientras hacemos esa exploración creativa. Yo tengo que conocerles, y evidentemente lo hago de forma muy rápida porque es verdad que uno de mis puntos fuertes es la empatía. Enseguida veo a la pareja y entiendo cómo son, lo que necesitan y me adapto a ellos. Soy diferente con cada pareja. Todo se hace a su medida.

Por ejemplo, hay veces que  las relaciones familiares no son todo lo buenas que querríamos. Hay que tomar grandes decisiones de pareja y de familia para una boda y aprender a tomar y a llevar adelante esas grandes decisiones es complejo.

Hace unos años tenía una novia preocupadísima por cuando conociese a su padre. Decía que no iba a confiar, que iba a estar todo el día encima de mí, que no me iba a dejar organizar la boda. La tranquilizaba y le pedía que no se preocupase, que si me llamaba yo le atendería. Lo conocí en la prueba de menú. Llegamos, nos sentamos a comer, charlamos durante la degustación, acordamos lo que iban a comer y pasamos un rato muy agradable. Terminamos, le di la tarjeta a su padre y le dije que estaba a su disposición en cualquier momento para cualquier pregunta y para cualquier consulta. Y me dedicó una sonrisa enorme, fantástica, y me dijo: “Perfecto, yo si hace falta te llamaré pero creo que no va a hacer falta”. La novia, en este caso su hija, no se lo podía creer. En el proceso hasta la boda su padre no me llamó ni una sola vez. ¿Por qué?, porque vio una solidez profesional, que yo estaba entendiendo lo que ellos como familia necesitaban y que lo estábamos desarrollando. Para mí lo importante no es sólo que la boda sea preciosa el día de la boda, es que todo el proceso previo sea estupendo. Siempre les digo al principio a mis clientes que no quiero una pareja más, ni quiero una boda más, yo quiero que el día después de su boda nos den una valoración de veinte sobre diez. Y en cada paso que de voy a pensar en eso.

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¿Se genera una dependencia hacia ti por parte de las novias?¿Qué pasa cuando acaba todo?

Afortunadamente ellos después de la boda tienen una luna de miel espectacular. Sí, es verdad que cuando vuelven muchas novias nos escriben eso de “Dios mío y qué hago yo ahora sin vuestros whatsapp de por la mañana, sin los email, con lo que a mí me gustaba, ¿programamos un aniversario, hacemos algo?” Pero bueno, eso es normal cuando haces un servicio que trata de facilitar y hacer lo más divertido posible el proceso. Cada novia es distinta. De cada boda guardo algo, que profesionalmente es un reto y que me da mucha satisfacción haber hecho. Y a nivel emocional guardo algo de cada una también. Siempre me une algo emocional con cada pareja. Yo no podría trabajar todas las horas que trabajo si no estuviera muy implicada emocionalmente con mis clientes, no sería posible porque le dedico mucho tiempo y eso lo haces cuando tu trabajo te encanta. Si no, no lo puedes hacer.

 

 

¿ Cuánto tiempo pasa desde que te contactan hasta que se celebra la boda?

Depende del tipo de boda que quieran. La media suele estar entre el año y los seis meses. Si quieren una Iglesia muy concreta, a veces tiene que ser con un año o incluso con dos años de antelación. Pero otras veces reservan la iglesia y luego nos llaman. Sitios muy concretos y fechas muy concretas requieren más antelación. Pero luego nos llaman muchas parejas a un mes de la boda.

¿Se puede organizar una boda en condiciones en un mes?

En condiciones no, espectacular. Nosotros en Sí!Quiero sí. Somos un equipo, en una boda están implicadas muchas personas, yo hago unas áreas del trabajo siempre, pero en otras doy entrada a mi equipo. No podría hacer todo sola y hay personas de mi equipo que hacen cosas mejor que yo.

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¿Las segundas nupcias también se celebran como las primeras o ya los novios pasan?

Yo he hecho segundas, terceras, cuartas, incluso he hecho a una pareja su segunda boda juntos, no de aniversario, sino tras una separación volvieron a casarse. He hecho cosas muy bonitas y muy emocionantes. Lo importante es que están celebrando que se quieren, al final una boda es eso, son dos personas que dicen que se quieren a todo su círculo cercano, y para eso no hay ni edad ni momento concreto en la vida.

Tú estás muy enamorada de tu pareja. ¿Te casarías otra vez?

¿Quién sabe, quién sabe? Ahora mismo no me lo planteo, pero quién sabe… Enamorada estoy.

¿Te imaginas esa boda? Porque organizar tu propia boda después de todas las bodas que has organizado…

Como no me lo he planteado, no te sé decir. Yo lo que hago es que mis clientes disfruten. Eso tiene una explicación incluso fisiológica; el cerebro o está en disfrute o está en la responsabilidad y en el trabajo. Cada hemisferio se ocupa de una cosa, en las dos a la vez no está, si estás en la emoción del disfrute, no estás en la parte práctica organizativa. Si me casara yo, no sé qué haría… Tengo un equipo fantástico, si sucede, te lo cuento.

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Hay que despedirse. Ella tiene que volver al montaje de la boda. Le queda aun una larga jornada por delante. Su teléfono no ha parado de sonar. Termino como empecé, siempre que estoy con ella me voy con sensación de paz. Sira es luz.

 

M66A0924 Sira Antequera

Wedding Artist Sí! Quiero

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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