Rosa Villena

Antes de empezar a leer esta entrevista te voy a pedir que por un momento pienses en tu entorno. Sin conocerte, puedo saber que hay alguien que padece o ha padecido un cáncer. Algunos ya no están, otros continúan luchando y muchos, cada vez más, han conseguido salir y recuperarse. La ciencia y la tecnología han logrado que la palabra cáncer no sea una sentencia de muerte. Además de los avances científicos en esto juegan un papel fundamental las campañas de concienciación que se hacen desde entidades como la AECC. Jornadas informativas y días conmemorativos que nos hablan de la importancia de la detección precoz. En la mayoría de los casos ese diagnóstico en una fase temprana de la enfermedad contribuye a que los tratamientos sean más efectivos y la curación sea posible. 

Rosa Villena acaba de cumplir 37 años y tiene una hija de 12. Es funcionaria de justicia, y aunque divorciada actualmente tiene una pareja con la que comparte su vida. Un hombre que ha vivido junto a ella este proceso que se desencadena, irónicamente, un día mundial contra el cáncer. 

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Se incorporó en Julio a su trabajo tras lo que ella llama un “paréntesis”. En ese tiempo ha echado de menos la normalidad, a sus compañeros, lo que normalmente podemos hasta echar de más; la rutina. Deja atrás una experiencia que la ha marcado a ella y a todos los de su entorno. Porque el cáncer no es sólo cosa de quien lo padece. 

Nuestro encuentro es una cita a ciegas. No nos conocemos personalmente. Presenta un aspecto incluso más saludable que yo. Cualquiera diría al verla que ha pasado por un tratamiento tan recientemente. Hacemos la sesión de fotos en su puesto de trabajo. Ante todo quiere lanzar un mensaje y es que del cáncer se sale y se recupera la normalidad.

En España 25 mil personas son diagnosticadas de cáncer de mama al año. De ellas, la mayoría son mujeres. Una de cada 8 lo padecerá a lo largo de su vida. ( Y digo “padecerá” como si la cosa no fuese también conmigo) Por tanto es una enfermedad que no nos es ajena. La detección precoz es fundamental para garantizar su curación. Por suerte, hoy por hoy, la mayoría de las afectadas se curan. Y en la mayoría de los casos aseguran que gracias a haberlo experimentado ven y viven la vida de otra manera. Ojalá al resto, a las que no lo hemos padecido, el testimonio de Rosa nos sirva para darle importancia a lo que verdaderamente lo tiene. 

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Rosa, ¿En qué momento te detectan el cáncer?

Pues fue además precisamente el Día Mundial del Cáncer, el día cuatro de febrero de 2015.

¿Cómo fue? 

Soy una persona con una vida bastante normal. Una tarde llegué a casa del gimnasio y, cuando estaba arreglándome el pelo, me vi en el espejo como una hondonada por debajo del pecho, lo tenía un poco hundido. Pensaba que era del sujetador, que se me había quedado marcado. Le pregunté a mi hija si me veía un pecho diferente al otro. No veía nada, pero al tocar sí notó que había algo más duro. Repetí la operación cuando llegó mi pareja a casa. Así que al día siguiente me fui al hospital y dio la casualidad de que estaba mi ginecólogo de urgencia. Me derivó para que me hicieran una ecografía y, nada más hacérmela, la radióloga me dijo “Aquí hay una masa sospechosa”. Yo dije “¿Qué me quiere decir?”, y me dijo “Un cáncer”, directamente.



 

O sea, lo vio enseguida.

Sí. Era tan claro que ese mismo día ya me hicieron la mamografía y la biopsia. Eso fue un miércoles y el viernes por la tarde, esa misma semana, a los dos días, me llamaron de patología para confirmarme el tipo de tumor que era. Era muy agresivo, un grado tres. Tenía la suerte de que no había tocado ganglios y no se había extendido, pero había que operar rápidamente. Me lo diagnosticaron el cuatro de febrero y el dieciséis de febrero ya estaba operada. Fue todo muy rápido. Pero después viene lo peor. Por mi edad y las características del tumor que me habían quitado, tenía que exponerme a un tratamiento completo de quimioterapia; eran dieciséis sesiones de quimioterapia y dieciséis sesiones de radio. En ese momento es cuando la vida cambia por completo. Es como un paréntesis en tu vida. Siempre lo ves desde fuera y piensas que a ti no te va a tocar, pero cuando te toca, pues, no queda otra que echarle valor y  ya está.

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¿Cuánto tiempo llevaba el tumor ahí?

Me dijeron que aproximadamente cuatro o cinco meses.

¿Y tú no te habías notado nada? ¿No había dado la cara hasta entonces?

Nada. Además tuve mucha suerte porque ese tipo de cáncer suele tener como unos picos que van hacia dentro y van ramificándose y es muy metastásico, sin embargo en mi caso tiró hacía fuera, por eso me retrajo el pecho y me di cuenta, si no, ni me hubiese enterado de que estaba ahí. Porque, es más, yo iba al ginecólogo, él me mandaba ecografía de mama y yo ni me la hacía. Siempre pensaba que sin antecedentes en la familia y siendo tan joven para qué me la iba a hacer.

¿Tú no tienes a nadie en tu familia con cáncer?

Precisamente hoy empieza una tía igual que yo, pero le ha salido después que a mí. De cáncer de mama hasta ahora nadie. Mi padre sí falleció de cáncer de colon, pero me dijo el médico que no tenía nada que ver uno con otro.

¿Y cómo es ese momento en el que te dicen, además en seguida, esto es un cáncer?

Estaba sola con la radióloga. Salí y mi pareja estaba fuera esperando. Me dijo “¿no tienes nada, no?” .Yo en ese momento ni lloré. Sólo pensaba en que me encontraba bien así que no podía ser tan malo. Al llegar a casa si me derrumbé un poco más. Primero piensas que es como un sueño, no te lo crees. Tienes que digerirlo y cuando tienes hijos tienes que sacar fuerzas de donde sea, porque en este tipo de enfermedad la actitud es fundamental.

Yo siempre digo que a mí lo que me puso mala no fue el tumor, fue el tratamiento porque realmente yo me encontraba bien. El tratamiento es muy, muy, tóxico. Te machaca.

Yo a mí hija intentaba no decirle nada, pero era inevitable que oyese conversaciones y llamadas, así que un día le dije que iba a perder el pelo. Ella  que ya tenía una edad sabe que si se cae el pelo es un cáncer. Un día estaba acostada y me acerqué a ella, estaba llorando. Le pregunté que por qué lloraba y me dijo que porque me iba a morir. En ese momento ya le expliqué que me iban a operar y que era mejor. Entonces, para que ella tampoco sufriera tuve que hacerme una coraza y sacar fuerza y que ella no viese la situación. Y en el fondo, a mí también me ha ayudado a llevarlo bastante mejor.

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¿ Cómo te ha ayudado?

No te puedes instalar en el victimismo. En este camino he conocido a mucha gente que a lo mejor se quedaba en casa, no salía, y yo no. Yo hice totalmente mi vida normal. Dejé de trabajar porque el oncólogo me obligó. Pero después me ponía la quimio, y había días que iba arrastrando de la cama al sofá. Pero eso eran tres o cuatro días. Después intentaba seguir mi vida. Hasta me fui a la feria de Sevilla. Además, yo soy una persona que me gusta arreglarme. Así que me compré varias pelucas e intenté hacer mi vida. Hay momentos en los que, no voy a mentir, te encuentras mal, muy mal, esto no es un resfriado.

Rosa, ¿hemos llegado a un momento en el que realmente ya, cuando te dicen cáncer, no suena a muerte?

Pues en mi caso sí. Es más, a la cirujana antes de operarme le dije que no me quería morir. Entonces sí que lloré. Pero ella me explicó que me iban a curar. Hace 10 años el tumor que yo tenía era muy metastásico  y te daban tres meses de vida. Pero hay un tratamiento que ha revolucionado este tipo de tumor. De ser el peor para los oncólogos, ahora hay un porcentaje muy grande de personas que salen para adelante. Yo confié mucho en mi oncólogo. Todo se lo consultaba a él y fui muy obediente. Me ha tratado con mucho cariño. Yo le decía “Yo estoy en tus manos, yo hago todo lo que me digas”. Para mí el doctor Francisco Caravante ha sido clave en el proceso.

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Rosa tú intentaste seguir con tu vida normal pero, ¿cómo lo gestionó tu familia? Creo que en la mayoría de las veces la familia está más perdida que el paciente.

Sí, es verdad. Al principio mi pareja buscaba mucha información en Internet, y a mí eso me ponía más nerviosa.

Me quedé con que la cirujana me dijo “vamos a operar y vamos a curarte, el tratamiento es por prevención, por si algo se ha escapado pero vamos a curarte; tú de esto no te vas a morir, te morirás de otra cosa”. Pero claro, cuando íbamos al médico él hacía muchas preguntas y yo no sabía de dónde las habría sacado. Y es que se pasaba todo el tiempo buscando por internet. Así que le pedí que dejara de hacerlo porque me sentía muy insegura. Él lo ha llevado peor que yo, siempre estaba muy triste. Yo era la que tenía que levantarlo a él. Pero claro, cada persona es diferente. He sido muy positiva en todo el tratamiento y mi hija igual. Ha demostrado mucha madurez. Ha estado muy pendiente de mí. Lo mejor es afrontarlo. Es como el que es diabético. Yo me decía que si un embarazo son nueve meses, la quimio sólo dura seis. Y eran seis meses que tenía que estar haciendo eso. Todos los días le doy gracias a la vida porque me di cuenta tan pronto, unos meses después a lo mejor no lo hubiese contado. Me siento muy afortunada, ya he vuelto a mi trabajo, ya tengo mi vida totalmente normal. 

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Rosa junto a sus compañeras de trabajo

¿Qué diferencia hay entre la Rosa de ese día que vuelve del gimnasio y la Rosa de ahora?

A lo mejor antes me enfadaba por cualquier cosa, ya no. Vivo la vida al momento porque el día que me diagnosticaron el cáncer tenía un viaje a los cuatro días que tuve que suspender. Así que este año he ido a Egipto, a Italia, y he aprovecho todas las oportunidades que se me presentan, no las dejo escapar. Me sale algo, me apetece, vamos y lo hacemos, sin darle muchas vueltas. Porque hay que vivir el presente. Vivimos siempre en un estrés tan grande y planificando el futuro y no sabemos si el futuro va a llegar. Pero no porque venga esta enfermedad, porque lo mismo puedes tener un accidente de coche. Es verdad que te hace ver la vida de otra forma; más tranquila, viviendo el día, disfrutando mucho más de cosas pequeñas.

¿En qué momento empieza tu contacto con la Asociación Española contra el Cáncer?

El oncólogo me obligó a dejar de trabajar, pero estaba acostumbrada a tener una vida activa, porque además mi pareja es magistrado y tenemos muchos viajes, muchas salidas, y de pronto verme en casa, sin poder salir… Entonces me recomendaron que fuese a la asociación. Ese mismo día que llegué me vio la psicóloga y me vio también la patóloga. Yo todavía ni había empezado con la quimio, me faltaban unos días para empezar pero tenía claro que me quería apuntar a todo. Comencé a ir a los talleres que tenían y la verdad es que me encantó porque había un grupo de mujeres que habían pasado por lo mismo que yo estaba pasando. Te sientes identificada con ellas. Además ves que hay gente que lo pasó hace diez años o quince y que están perfectamente. Entonces también te da un poco más de fuerzas. Como me encontraba bien, la verdad, pues me apunté al grupo de voluntarios y a todo lo que salía para apoyar a la asociación. Hay cosas que el mismo médico no puede responderte. Fue fundamental tener el apoyo y estar acompañada por personas que hubiesen pasado por lo mismo, eso me ayudó muchísimo. Y, es más, sigo vinculada con ellos y no lo dejo.

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El tema del tratamiento psicológico, ¿tu familia también fue al psicólogo?

No han querido. Allí en la asociación me ofrecieron no solamente ayuda para mí, si no para toda la familia que lo necesitara. Después también ayudan a personas que no tengan medios, incluso te facilitan una peluca. La verdad es que es una labor muy importante la que hacen porque hay gente que verdaderamente no puede costeárselo porque es algo caro. Yo lo recomiendo a cualquier paciente que vayan a la sede más cercana que tengan de la AECC y la gente sale muy contenta.

Rosa, ¿cuál es el momento más duro de todos? Porque, insistes en que tenías que estar fuerte, pero supongo que tiene que haber un momento que te quedas sola contigo misma y necesitas caerte.

Claro, incluso todavía hoy por hoy, aunque prefiero no pensarlo. Te quedas sola en casa y te planteas tu vida, y tienes una hija, y sabes que te puedes ir… No he pensado mucho en la muerte, pero es inevitable, pero se sacan fuerzas, porque a mí la vida me parece preciosa. Yo  tenía muy claro que no me quería morir. Había días que no me encontraba bien y teníamos un almuerzo con amigos. Me obligaba a ir y al final era la última en irme, entonces me alegraba de haber puesto de mi parte. Tenía amigas en la quimio que no iban a ningún lado, se aislaban, y había veces que no se la podían poner porque tenían las defensas muy bajas. Y yo no fallé ni una sola vez.



 

O sea, tú crees realmente que mantener buen ánimo es vital.

Totalmente. Le dije al oncólogo que me iba a la feria de Sevilla y me dijo: “Cuídate, no vayas a coger frío”. Bueno, pues cuando llegué de la feria venía un poco acatarrada de trasnochar. Pero es que ni siquiera tuve que tomar antibióticos. Yo creo que estar tan feliz, tan alegre, te influye más que el quedarte resguardada en casa.

Me dije que empezaba el 25 de marzo la quimio y que el 2 de septiembre tenía que terminarla tal y como estaba previsto en el calendario del tratamiento. Y así fue, como me lo propuse. Había gente que pensaba que me sobrepasaba con tanta actividad, pero es que a mí me vino bien. Era traumático el hecho de no poder venir al trabajo, me sentía una inútil total.

¿Cómo vives ahora al momento de las revisiones?

Es un poco duro. Todo el mundo me dice que no me preocupe que con el ritmo de vida que llevo se nota que estoy muy bien, que es imposible que tenga nada. Pero sí que es verdad que cuando voy a las revisiones, tengo ese pellizco… Es más, hace dos semanas que las pasé y los resultados están muy bien, pero es duro. También pienso que por lo menos en mi caso estoy más controlada porque si hay algo, aunque sea mínimo, lo van a detectar pronto.

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Estas experiencias normalmente o unen mucho más a una pareja o la separan…

Sí que es verdad. Es complicado porque realmente quien estaba enferma era yo pero él era el que estaba más triste. Cuando pasas por algo así no solamente se corta mi vida, también se corta todo el entorno. Yo creo que es muy importante que haya unos cimientos sólidos en la pareja. Por ejemplo, en mi caso a él le ha servido para pararse un poco y valorar qué es lo que merece la pena y lo que no merece la pena. Tiene una vida mucho más estresante que la mía y esto le ha servido para cambiar sus prioridades y serenarse.

Rosa, ese parón en seco que te da la vida ¿sirve también para sanar relaciones con las personas de tu entorno?

Evidentemente te das cuenta de quién está a tu lado. Hay personas que te sorprenden y quien menos esperaba está todo el tiempo pendiente y personas de las que esperabas eso, te defraudan. Te sirve para abrir los ojos. Te das cuenta de que hay gente que para la fiesta están pero que en los momentos difíciles no puedes contar con ellos, así que lo mejor es apartarlos de tu vida. Pero me quedo con la gente que se ha volcado como mi familia, mi familia política, mis suegros, me he sentido muy arropada.

Te preguntaba por el cambio que has experimentado tú, pero supongo que para tu hija también habrá sido una experiencia que la ha hecho madurar.

Lo ha llevado bastante bien pero la ha marcado. Aunque ella no lo haya exteriorizado, en ese tiempo ha habido veces que me ha visto mal, cuando he venido de la quimioterapia, los dos o tres días siguientes en cama sin poderme mover. Después, por ejemplo, ella es la única que me ha visto sin peluca ni pañuelo. No he querido que nadie me viese calva, ni mi pareja. Me daba un poco de pudor. Sin embargo, ella me decía continuamente que estaba muy guapa. Ha estado ahí animándome. Ha estado muy fuerte y por supuesto que la ha hecho madurar.

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¿Qué consejo le darías a una mujer que le diagnostican la enfermedad o que esté en pleno tratamiento?

Lo mismo que le he dicho a mi tía. A ver, yo nada más que tengo que mirarme en el espejo todos los días. Es duro, y habrá días que se va a sentir mal porque es un tratamiento muy agresivo pero que piense que le va a servir para curarse. Te crees que te faltan fuerzas, pero el tratamiento es así. Además, hay gente que incluso no le sienta mal y no notan nada. Le diría que mire adelante, que se sale. Que después, cuando miras el tiempo pasado, no se ve tan duro. Yo ahora por ejemplo muchas veces, cuando me miro al espejo, digo “No me imagino sin pelo”. La mente es tan poderosa que, ¡Lo que borra!. Tengo muchísimas compañeras que lo han pasado dos veces, tres veces, pero ya hace años y están perfectamente. Que no hay que venirse abajo, porque es muy importante la actitud que se tenga durante todo el tratamiento y que además te enseña a valorar más la vida. Es como volver a nacer. Yo ya todos los cumpleaños lo celebro doblemente. Vives la vida mucho más intensamente y mucho más feliz que antes. Me quedo con las cosas buenas que me ha dejado la enfermedad como la gente que he conocido y conocerme a mí misma. Me ha enseñado a apartar lo que no me hace feliz. Y sobre todo le diría que de esto se sale.

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Fotografía: Lorenzo Carnero

 

img_6729-001 Rosa Villena

Voluntaria Asociación Española contra el Cáncer Málaga

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

3 comentarios
  1. Cada vez más se necesita investigar el origen del cáncer. Tengo casi 70 años y desde los 65 no me hacen una exploración ginecologica. Hace unos dias me dijeron que tenia un quiste en el útero ahora todo deprisa.. No hay prevención y seguimos llegando tarde.

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