Reciclaje profesional: buscando el mejor momento

¿Sabías que…

 El 37% de las empresas que requieren titulados universitarios valora positivamente que el candidato posea estudios de postgrado; que el postgrado es un requisito indispensable en el 6% de las ofertas de empleo cualificado que se publican en nuestro país o que Andalucía es la tercera comunidad con mayor exigencia de formación de postgrado. Éstas son solo algunas de las conclusiones que se desprenden del último informe realizado por Infoempleo y por Spring Professional, la división del Grupo Adecco especializada en la selección de perfiles cualificados. Y ante esta situación, claro está, muchos son los profesionales que cada día acuden a las escuelas de negocio para ampliar su formación y mejorar sus posibilidades de desarrollo profesional.


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Pese a esta introducción, éste no pretende ser un artículo científico, no voy a atiborrarte de datos ni a enumerarte los beneficios o ventajas que tiene el reciclaje profesional. No, no es esa mi intención. Cuando me propusieron escribir sobre cuál es el mejor momento en la etapa profesional y personal de una mujer para su reciclaje profesional me plantee mil formas de enfrentarme al contenido que hoy lees. Podría haberlo hecho puramente académico, basándome en los cientos de informes que circulan por la red y que, por “gajes del oficio”, pasan a menudo por mis manos, o hacerlo mucho más emocional y decirte aquello de “cuando llegue el momento, lo sabrás”. Pero no nos vamos a engañar. Escudriñar cifras y datos que ya han estudiado otros no aportaría nada de valor a tu lectura y tú y yo sabemos que muchas veces el momento llega y se va, y tú buscas cientos de excusas para dejarlo ir. O no. Así que me plantee enfocar el artículo en base a mi experiencia.

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“Tú y yo sabemos que muchas veces el momento llega y se va, y tú buscas cientos de excusas para dejarlo ir”

Combinar tu “yo profesional” con tu “yo personal” no es tarea fácil. Lo veo y lo siento a menudo. Mujeres que, conscientes de que el reciclaje es una necesidad crucial para su evolución profesional, hacen auténticos malabares para poder combinar su vida personal, profesional y académica. Sí, académica. Porque realizar un programa formativo en una entidad que se precie siempre irá acompañado de horas de estudio, de trabajo en equipo y de una dedicación necesaria para optimizar tus horas y euros invertidos. Porque de no ser así, siempre podrás alimentar tu intelecto a través de la lectura o de las posibilidades que hoy en día nos brindan las “¿nuevas?” tecnologías. Pero en una escuela de negocios, las reglas del juego son otras bien distintas. Dedicación, esfuerzo y sacrificio son directamente proporcionales a las recompensas  personales y profesionales obtenidas.

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Y es que si analizamos los últimos cinco cursos académicos, las conclusiones hablan por sí solas: la  edad media de nuestros alumnos está en torno a los 38 años, justo esa etapa en la que estamos inmersos en la consolidación de nuestra carrera profesional y de nuestra faceta más personal. Y nuestro alumnado es bastante “paritario” ya que el número de hombres y mujeres que se han formado durante los últimos 5 años es, prácticamente, el mismo. Entonces, ¿es la formación de postgrado una cuestión de sexos? Basándome en nuestra experiencia te diría que no. No es una cuestión de sexos pero sí requiere grandes dosis de comprensión, paciencia y ayuda.

“La formación de postgrado no es una cuestión de sexos pero sí requiere grandes dosis de comprensión, paciencia y ayuda”

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Experiencias

 No me olvido. Dije que este artículo versaría sobre mi experiencia y no se me ocurre mejor forma de ejemplificar estas palabras que compartiendo contigo algunos casos reales que he vivido en primera persona como directora de una escuela de negocios.

Raquel, por ejemplo, ya era madre de dos niños cuando comenzó su programa y durante su primer mes lectivo se enteró de que en unos meses serían familia numerosa. El programa duraba nueve meses. Sí, así es. Raquel finalizaría su formación con un doble título. O triple. Lo fácil habría sido abandonar el curso e iniciarlo el próximo año, pero a Raquel nunca le gustaron las cosas fáciles. Así que, el día de entrega de diplomas estábamos preparados por si teníamos que “graduar” a algún alumno más…


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Situación parecida vivió Pilar que, durante la realización de su máster, conoció la “buena nueva” de que pronto sería mamá. Y así fue. A escasos dos meses de finalizar el programa, Pilar dio a luz a su preciosa bebé y tras unos días de reposo se incorporó de nuevo al programa con ayuda de su marido: acompañaba cada fin de semana a su mujer y esperaba pacientemente junto a la pequeña.

Para poder compaginar su situación personal (separada y madre de dos hijos), Miriam tuvo que recurrir a la ayuda de familiares que paliasen el tiempo de dedicación que requería su programa formativo.

Y así, puedo seguir contando mil experiencias. De ellas y de ellos. Porque Carlos, Miguel o Luis también tuvieron que hacer renuncias y sacrificios durante su formación. Porque detrás de cada alumno, hay una historia. Y porque la dedicación, el esfuerzo y el sacrificio no entienden de sexos ni de “mejores” momentos.   

 

IMG_2523-001 Belén Jurado

Directora en ESESA

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