¿Qué es la elegancia?

Menuda pregunta, ¿verdad? La elegancia no se puede definir y ahí es donde reside su misterio. Es intangible y radica en las personas.

La elegancia tiene que ver con el movimiento, con el porte de los elementos externos de la imagen, con la riqueza interior y con una cierta forma de ser especial. Todo ello hace que no dudemos en calificar a alguien como ‘elegante’.

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La elegancia es fruto de la elección. Es elegante aquel o aquella que sabe escoger lo mejor. La palabra se deriva de  “elegans”, que proviene del verbo latino “Elegire” (elegir). Consiste en saber elegir las prendas en función de una serie de cualidades, como pueden ser nuestras propias características, la ocasión, la hora, el lugar.

“La elegancia es fruto de la elección”

Podemos distinguir dos tipos de elegancia, la interior y la exterior.

-La Elegancia interior se vincula al gusto estético, a la delicadeza, al sello personal, a saber escoger, a la discreción, a la sencillez, a la virtud o a la serenidad.



-La elegancia externa va unida a la buena educación, el vocabulario, el vestido, el aseo personal, a la sonrisa, a la cortesía, a la gratitud, al lenguaje corporal, a la colonia, al perfume, a la esencia…. Y todo ello sin avasallar, sin crear distancias, sino con sencillez y naturalidad.

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La expresión coloquial ‘ponerse elegante’ no se ajusta al término ‘elegancia’ al que nos estamos refiriendo. Un hombre o una mujer no pueden ser elegantes en función de las ocasiones. Lo que sí es posible es subrayar esa elegancia a través de determinadas prendas o complementos, pero identificar este concepto con un vestido de fiesta no es ser elegantes.

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Algunas personas piensan que la elegancia está vinculada al poder adquisitivo, pero esto es un grave error. Se pueden elegir y comprar prendas muy costosas, pero si éstas no son elegidas y combinadas con un criterio estético de la belleza en consonancia a la figura, color de piel, cabello y ojos, no lucirán positivamente en nuestra imagen.

“Algunas personas piensan que la elegancia está vinculada al poder adquisitivo, pero esto es un grave error”

Un vestido es elegante cuando es acorde a nuestra edad, personalidad y figura; cuando es adecuado al momento en el que lo utilizamos y cuando reúne las condiciones estéticas de líneas, volumen, forma o color. ‘Ir a la moda’, no equivale a ‘ir elegantes’. La moda debe ser filtrada por aquellos criterios estéticos que más se ajustan a nuestra forma de ser y tipología.

“La elegancia sí se puede aprender”

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La elegancia se caracteriza por:

  • Posición del cuerpo. Prima la naturalidad, no la rigidez.
  • Los movimientos faciales y corporales deben ser armónicos.
  • Los movimientos de la mujer deben ser suaves, mientras que los del hombre deben ser rectos.
  • La velocidad del movimiento debe ser sosegada, no precipitada.
  • Se debe huir de las combinaciones cromáticas más complejas.
  • Armonía en el color.
  • Volúmenes reducidos.
  • Líneas armónicas que faciliten la lectura de la imagen corporal.

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La elegancia sí se puede aprender. Requiere equilibrio personal y dominio del movimiento utilizándolo con serenidad y no con precipitación. Es una cualidad personal que debe ser aprendida y cultivada. La elegancia, por su vinculación con la expresión, tiene que ver con la personalidad y el carácter de las personas.

2016-02-17-16-57-08 Raquel Alguacil

Asesora de Imagen y Personal Shopper en  Tevisto

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