Es muy poco de bondad sólo por Navidad

Ahora que ya la ciencia demuestra que los actos bondadosos son la clave para la felicidad duradera.

Ahora que llega la Navidad, fechas en las que se supone que las personas son más buenas, tienden a sentirse más felices, se comparte más y se acaricia más a los demás.

 

Ahora que se despliegan publicitariamente campañas benéficas para vender cada organización su parcela de caridad por medio de un estilo emotivo que hace alusiones a la solidaridad conmovedora.

Ahora que todos tenemos una nueva oportunidad para recomenzar en año nuevo para un mundo mejor para todos.

Ahora es el momento de saber que la bondad es la esencia de la felicidad.

La bondad es una cualidad que puede entenderse como el resultado de la sumatoria de una larga lista de cualidades humanas. La bondad se manifiesta en términos de afabilidad, cercanía, reconocimiento, ayuda, contacto físico, sonrisa, ternura y expresividad. La bondad nos hace mejores personas y mejora la vida de los que la reciben.

Pero cuidado, existe esa bondad que practicamos y que deviene en apegos y dependencias. Y aunque nos parezca paradójico, en la mayoría de las ocasiones ayudar a los demás alimenta nuestro ego.

“El egoísmo verdaderamente inteligente consiste en procurar que los demás estén muy bien para tú poder estar algo mejor”Óscar Wilde

Oscar Wilde decía que “el egoísmo verdaderamente inteligente consiste en procurar que los demás estén muy bien para tu poder estar algo mejor”. Y por otro lado Santa Teresa de Ávila nos decía “que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”. Eso es la bondad, una mezcla de ambas reflexiones sin mayores pretensiones.

“Que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”Santa Teresa de Ávila

Por eso, la bondad hay que practicarla sin expectativas. Ya que la bondad que produce felicidad es la que se realiza y experimenta espontánea y naturalmente, dejando a un lado un poco la búsqueda de recompensa o gratificación del que da, sino que la felicidad se produce cuando se piensa que gracias a los actos propios se está contribuyendo a construir un mundo mejor para todos. Es el acto de dar(se) desinteresadamente.

Por tanto, la bondad se relaciona con valores como la solidaridad, la generosidad, el amor, la unión, la felicidad. Y los valores que se oponen o diferencian de la bondad son la crueldad, los prejuicios, la indiferencia, el individualismo.

Según la ciencia, el ser regularmente amable con los demás, con o sin premeditación, es un buen plan para elevar los niveles de felicidad. Pero, ¿por qué se producen estos beneficios?

“La felicidad se produce cuando se piensa que gracias a los actos propios se está contribuyendo a construir un mundo mejor para todos”

Ser altruista es una especie de rompecabezas psicológico. Técnicamente, ser amable con los demás podría tener dos ventajas evolutivas. Los actos de bondad hacia otras personas, ayudan a nuestros niveles personales de satisfacción y felicidad y nuestro concepto de nosotros mismos como seres morales. Pero en última instancia, si bien pueden ser un poco egoístas en lo abstracto, un acto de bondad al azar puede ser una gran ayuda para la especie humana.

 

Algunas investigaciones indican que quienes ayudan a otros sufren menos malestares físicos y emocionales. En general, disfrutan de mejor salud. Se ha demostrado que la compasión, la bondad y la generosidad no dejan lugar a los sentimientos negativos. Ser altruista reduce el estrés y la presión arterial. Por eso, hoy día, ya no hay duda de que ser generosos contribuye a nuestro bienestar.

Con la bondad se crea un significativo repunte en la felicidad general y los niveles de estrés bajan, generando un bienestar psicológico. El cerebro se vuelve más flexible y menos egoísta. Los “altruistas extraordinarios” son aquellas personas que siempre están ayudando en lo que sea, personas que muestran patrones neurológicos únicos. Según estudios, las personas altruistas extraordinarias tienen más volumen en su amígdala derecha, y más capacidad de respuesta a la detección de las emociones en las expresiones faciales, lo contrario de lo que ocurre en el cerebro de los psicópatas.

“Los “altruistas extraordinarios” son aquellas personas que siempre están ayudando en lo que sea, personas que muestran patrones neurológicos únicos”

En efecto, según los estudios, la generosidad activa regiones del cerebro vinculadas con el placer, con las relaciones interpersonales y con la confianza, lo que genera una sensación de bienestar. Las personas buenas son generosas y están dispuestas a dar de su tiempo y energías, entre otras cosas. Esta forma de vivir las beneficia de muchas maneras, una de las más significativas es que es buena para su salud. Los estudios muestran que las personas bondadosas viven más años y tienen vidas más saludables. Las personas mayores que participan voluntariamente de organizaciones de ayuda a los demás tienen más probabilidades de no sufrir enfermedades serias que quienes no lo hacen.

 

Ser bondadoso es beneficioso para los demás, pero más para nosotros mismos, nos permite introducirnos en un círculo virtuoso donde aportamos bienestar y recibimos de retorno lo mismo o inclusive algo mejor de lo que hemos dado.

Pero además, cuando somos generosos, es muy probable que las personas nos lo agradezcan y también sean generosas. En efecto, esta cualidad fomenta la cooperación y la amistad. Ciertos estudios sobre las relaciones interpersonales indican que quienes habitualmente muestran altruismo motivan a otros a hacer lo mismo. En realidad, tan solo leer sobre actos de extraordinaria bondad hace que la gente sea más generosa. De ahí que, cada uno de nosotros puede influir en decenas o incluso cientos de personas, sin importar si las conoce o no. En otras palabras, un solo acto de generosidad puede iniciar una reacción en cadena entre personas de una comunidad. ¿No nos gustaría a todos vivir en un lugar así? Queda claro que si más personas fueran generosas, todos nos beneficiaríamos. Sería aumentar los niveles de felicidad y generar un impacto positivo generacional. Ser bondadoso tiene un efecto dominó en la sociedad, especialmente con los niños que lo toman como ejemplo e imitan de manera natural las acciones que observan.

“Un solo acto de generosidad puede iniciar una reacción en cadena entre personas de una comunidad”

Probablemente en algún momento de nuestras vidas hayamos presenciado algún acto de bondad e inmediatamente esa misma acción nos haya transmitido paz y felicidad. El sentimiento de hacer lo mismo en un momento determinado, como si se despertara en nosotros la necesidad por hacer sentir bien a los demás. De hecho, somos muchos los que pensamos que la bondad, al igual que la compasión, es innata en la raza humana y que nuestra realización depende de que no quede difuminada por las prisas del día a día.

Por eso, ahora que es Navidad y que las luces nos invitan a ser bondadosos, es importante descubrir no solo todo nuestro potencial de seres humanos para construir un mundo mejor para todos sino también por el bienestar que nos genera practicar la bondad.

 

En resumen, podemos señalar algunos beneficios de ser una persona bondadosa: 

¬ Desarrolla la serenidad. Cuando somos bondadosos pasamos a un estado de tranquilidad y quietud. Además, logramos un equilibrio emocional favorable, en donde podemos sentirnos bien con los demás y con nosotros mismos.

¬ Se reduce el estrés y nos sentimos en un nivel de autorrealización. La bondad nos hace tener mejores y mayores momentos de meditación y relajación, abriendo el camino para el auto-conocimiento: entender quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra existencia con un significado construido por nosotros mismos.

¬ Facilita el autoconocimiento. Al ayudar de manera desinteresada podremos reconocer nuestras capacidades y nuestros límites. Disponernos a “dar” no siempre es una tarea fácil. Existen factores que influyen en el desarrollo de esta acción (tiempo, disposición o estado de ánimo) que pudieran desencadenar limitaciones, pero es allí donde el propósito y el esfuerzo se hacen determinantes, mejorando nuestro relato de la vida.

¬ Aumentan los niveles de oxitocina. Estudios científicos han demostrado que la también llamada hormona del amor (oxitocina) se produce en la persona que realiza un acto de bondad, en quién lo recibe y en quién lo contempla.

¬ Desarrolla el altruismo. Ofrecer nuestra bondad de manera desinteresada nos acerca más a los demás, genera mayor empatía y nos estimula al agradecimiento y el perdón. Al realizar acciones altruistas logramos entender que en la unidad hay armonía, fortaleza y poder. Además, creamos lazos fuertes con las personas. Nos convertimos en seres agradecidos, llevamos bienestar a los demás y producimos un efecto rebote de felicidad.

¬ Renueva la esperanza. Los actos de bondad son experiencias de “euforia” que producen una expansión en el corazón y desarrolla un mayor deseo por ayudar y conectarnos con los demás. Nuestra vida es renovada porque se eleva el optimismo y la esperanza hacia la humanidad. Generándonos bienestar en los conflictos de la cotidianidad.

¬ Felicidad cotidiana. Para ser feliz y para aportar para un mundo más feliz, es necesario adoptar la bondad con todas las personas que entran en contacto con nosotros, ya sea por unos segundos o en el día a día. Aunque abstracta, la bondad se hace en algo muy palpable en cientos de cosas que a diario vivimos. Hay miradas bondadosas, hay manos que expresan bondad, bocas que pronuncian palabras de aliento, de amor, de confianza… Abrazos que acogen en el abrazo a la vulnerabilidad humana.

¬ Dar la mejor versión. Se asemeja con la generosidad, con la solidaridad, con el respeto a los demás, con la capacidad de compartir, brindar, demostrar…pero sobre todo ser bondadoso es DAR al semejante, pero no solamente algo material.  La bondad se ve en nuestra persona, se detecta fácilmente en nuestra manera de ser y estar.

 

Después de todo esto, se concluye fácilmente que es muy poco de bondad sólo por Navidad. Y que quizás nuestro mayor objetivo para el año nuevo sea practicar mucho más la bondad para así poder alcanzar cuotas de felicidad y bienestar personal.

A veces necesitamos recordar cosas que son simples y obvias, en un mundo tan complejo necesitamos volver a los principios básicos; a principios humanos como la amabilidad, ayudar a los demás, la honestidad, la lealtad, el trabajo bien hecho.

La base es que una sola palabra reúne todo lo que debemos tener en cuenta para ser felices y para hacer felices a los demás, y esa es la bondad. La que nos dará mayor empuje, entusiasmo y pasión que estar instalados continuamente en la queja.

Si cada uno decide asegurar la humanidad más bondadosa en sus 2 metros cuadrados, quizá entre muchos cambiemos unos cuantos de cientos de metros cuadrados. Y de paso, seremos mucho más felices, porque paradójicamente, seremos nosotros mismos los que nos sentiremos mucho mejor al mismo tiempo que hacemos la vida más agradable a los demás.

“Que la velocidad del día a día no nos haga olvidarnos de la bondad”

Que la velocidad del día a día no nos haga olvidarnos de la bondad. Saber que ser bondadoso es no esperar nada a cambio, es una forma de vida, DAR lo que somos, lo que tenemos, compartir… es entregar lo que somos, transparentes sintiendo amor por lo que estamos haciendo y sobre todo cuando vemos que con bondad hacemos el bien, ayudamos, sanamos, transformamos, contagiamos, cambiamos vidas, actitudes, situaciones. Una palabra, un abrazo, una llamada, un mensaje, una visita, una sonrisa…

Ojalá esta Navidad sea el comienzo de la BONDAD como versión para el 2018 que como una cadena entrelazada una los corazones, alivie dolores, calme llantos, multiplique sonrisas, contagie ilusiones, engrandeciendo en la mejor versión a quien la tiene y a quien la recibe.

img_4144 Juande Serrano

Psicoterapeuta Transpersonal en Experto en Parejas y duelo

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