Nuria García

Adicción. Sólo esa palabra despierta en nosotros cierto rechazo. Si cuando hablamos de que alguien padece cáncer sentimos compasión y nos sale de manera natural mostrar nuestro afecto y apoyo, cuando hablamos de una adicción lo natural es pensar que esa persona se lo ha buscado. Pero en el fondo de cualquier adicción subyace un dolor, un vacío o un alma llena de odio y resentimiento, una experiencia que no se ha podido digerir. La adicción es la forma en que el adicto lo manifiesta. Y al igual que el cáncer, si se detecta a tiempo se puede curar. Y al igual que en el cáncer, no lo padece sólo el enfermo, si no todas las personas que están en su entorno. Pero aunque hagamos este paralelismo una de las grandes  diferencias reside en que todo enfermo de cáncer en el momento en el que es diagnosticado se quiere curar y se pone en manos de profesionales para hacerlo. El adicto no lo reconoce y mucho menos busca ayuda, al menos hasta que ha caído en un pozo sin fondo, lleno de lodo en el que descubre que no puede seguir. 

Nuria García dirige el centro de tratamiento de adicciones MonteAlminara. Nos trasladamos hasta Moclinejo donde se encuentra el centro de internamiento. Hay que atravesar muchas curvas y subir hasta la montaña para llegar hasta allí. Voy conduciendo y pienso, que como la vida de esas personas que deciden dar el paso, apostar por curarse, apostar por empezar de nuevo, apostar por vivir; tras atravesar muchas curvas, se llega hasta allí. 

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Las vistas son espectaculares, inmensas, como el futuro de los que dan el paso. Ya no hay un muro frente a ellos, sino una infinidad de opciones, un mundo lleno de posibilidades. 

Coincide que a la hora en la que llegamos están en el exterior. Al rededor de una mesa un grupo de chicos charla animadamente. La mayoría son jóvenes, rondarán los 20. Un poco más cerca de la piscina interactúa con ellos desde otra mesa una chica rubia, muy mona, que de vez en cuando baja la mirada a las páginas de un libro del cual no recuerdo el título, sí que era de autoayuda. Un pequeño perro marrón campa a sus anchas por el recinto. Una señora de unos 50 años camina arrastrando los pies, despacio, con la mirada casi perdida buscando al perro. Lo tiene al lado, pero casi no alcanza a verlo. 

Al entrar un señor espera junto a su hija y una pequeña maleta. Han llegado para ingresarla. El rostro de ella poco tiene que ver con el de la chica que lee fuera, está demacrado, triste, con la huella de las drogas y el sufrimiento en la piel y deben tener una edad muy similar. 

Las instalaciones son como las de un hotel rural, de hecho antes lo fue. En una de las salas un grupo de pacientes de mayor edad hace terapia de grupo  junto a un terapeuta. Se ríen, charlan, apenas logro a escuchar lo que hablan. 

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Ese, a grandes rasgos, es el lugar de trabajo de Nuria. Rodeado de personas que han extendido una mano para pedir ayuda y han encontrado muchas dispuestas a ayudar. Nuria me cuenta que hay más profesionales que pacientes, aunque el centro está al máximo de su ocupación. 

Dependencia a todo tipo de drogas, medicamentos, alcohol, sexo y hasta nuevas tecnologías han llevado hasta allí a miles de personas en los años de existencia del centro. Ellos se internan, pero en el proceso participa toda la familia. Hasta allí llegan incluso desde el Norte de Europa conocedores de los casos de éxito con los que cuenta. 

Para Nuria llegar a la dirección de este centro no fue algo natural. Venía de recoger premios durante años por su iniciativa empresarial. Junto a dos socias fueron las máximas precursoras de incentivar y dinamizar el turismo rural con ‘Rural Andalus’. Pero los tiempos cambian y la popularización de internet, el cambio en la forma de contratar el alojamiento, las llevó a que aquello ya no fuese un negocio. El cliente podía ponerse en contacto directamente con el propietario del establecimiento rural, ya no hacía falta un intermediario. Por ese motivo, Nuria decidió redirigir su carrera rodeada de expertos profesionales en el mundo de la desintoxicación a las adicciones. 



 

Nuria, ¿Cómo es esa transición de un mundo en el que buscas alojamientos para personas que van a disfrutar a regentar un centro donde la gente viene a cambiar su vida? 

Pues en su momento nos juntamos tres amigas para montar una empresa y encontramos en el alquiler de casas rurales un nicho de mercado. Te hablo del año 93. Nos convertimos en mayoristas, ya no solamente vendíamos al público directo sino a las agencias de viajes. Estuvimos en ese proyecto 20 años. Nos dieron multitud de premios. Pero la forma de hacer la reserva cambió. Ya los propietarios tenían sus propias páginas web y entraban en contacto directamente con el cliente. A esto se sumó que en 2007 empezó a notarse la crisis. Nosotros llevábamos la gestión de un hotel rural en los Montes de Málaga y vino una persona de Barcelona para ofrecernos coger el hotel entero, cerrarlo y montar una clínica de adicciones. Le ofrecí hacer eso mismo a Mariano Barroso, de Grupo Torsa, un importante empresario de Málaga y actualmente el mayor accionista de MonteAlminara. Y decidimos hacerlo pero no en aquel enclave. El hotel era una concesión de Medio Ambiente y la Junta Rectora del parque nos puso muchas pegas para que pusiéramos en marcha el proyecto. Así que desde el principio apostamos por buscar otro sitio. Y nos decidimos por este. En un centro como este es muy importante la gestión pero también el equipo de profesionales y terapeutas. Aquí hemos conseguido unir las dos cosas.

¿Por qué un sitio tan apartado de la ciudad?

Porque el paciente necesita tranquilidad, necesita sosiego, necesita apartarse del mundanal ruido para hacer su proceso de desintoxicación, su proceso de crecimiento. Aquí pasean por el campo, practican deporte en plena naturaleza, están lejos de miradas curiosas.

Nuria, ¿cómo llegan a vosotros los pacientes?

Sobre todo por Internet. Invertimos mucho dinero en publicidad en internet, pero hacemos más cosas en otros medios publicitarios. La publicidad es muy importante. Si un paciente o un familiar no sabe a quién acudir se meten en internet y en nosotros encuentran una referencia. El 80 % llega por esa vía. También es muy importante lo que hemos demostrado en estos años y los resultados que hemos obtenido. Por ese motivo psiquiatras y psicólogos nos derivan a pacientes. 

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Hubo una época en la que no había centros de este tipo en la provincia y la mayoría de las personas que querían ingresar para desintoxicarse se trasladaban a Barcelona. ¿Recibís a personas de toda España también vosotros? 

Sí, incluso tenemos gente a nivel internacional, tenemos actualmente pacientes de Colombia, de Venezuela y otro de Argentina. Y luego hemos tenido muchos pacientes sobre todo de Holanda y Reino Unido donde la heroína se ha puesto de moda. Gran parte del equipo de MonteAlminara somos bilingües.

¿Heroina? Parece que hemos vuelto a los 80 más allá de la moda…

Sí, porque es más económica. La gente no tiene memoria histórica de lo que pasó en aquella época pero ahora tienen más cuidado. Antes se llevó a una generación por el tema del SIDA. Pero se ha avanzado en su tratamiento. Por ejemplo en Londres, hay un medicamento que está autorizado. Se trata de un parche intramuscular, -en España no está autorizado todavía-.estamos intentando gestionarlo desde aquí también. Pero el paciente tiene que estar desintoxicado. Y luego se va a Londres, se pone el parche y lo que se consigue es que si consume en los tres meses siguientes no le causa ningún efecto el consumo. O sea, que no le produce ningún placer. Ese tiempo nos da margen para vaya haciendo una recuperación psicológica y terapéutica, que realmente es lo que importa.

Tú llevas la parte más empresarial, más económica, más de gestión, pero supongo que al estar aquí tanto tiempo y en contacto con los pacientes te terminarás implicando. 

A mí de entrada me ha cambiado la vida. Me ha hecho relativizar muchísimo cualquier tipo de problema que yo personalmente pueda tener. En mi caso, por ejemplo, tengo una niña con diabetes y lo pasé muy mal en su momento cuando se le diagnosticó. Pero luego lo piensas y te das cuenta de que eso no es nada al lado de los problemas que ves aquí. Eso sí son problemas de verdad. A nivel humano te hace crecer personalmente muchísimo.

¿Qué pasa cuando salen de aquí? ¿Cuál es el siguiente paso?

Cuando reciben aquí el alta pasan a un segundo nivel. Nosotros tenemos un centro en Málaga, al lado de El Corte Inglés. Se trata de unas instalaciones nuevas que hemos abierto hace poco. Allí empieza la segunda etapa, que es realmente cuando el paciente sale del nido en el que está aquí protegido y vuelve a su mundo. Entonces sigue asistiendo a terapias ambulatorias y a terapias psicológicas una vez por semana.  Y los sigues viendo, sigues teniendo contacto con ellos. Entonces es cuando ves el cambio, la diferencia de cómo vinieron y como están. Por ejemplo, esa chica que hay ahora en la puerta con su padre, esa chica es adicta a todo. Hace su ingreso hoy. Tú la ves y la ves chupada, hecha polvo. Pues hemos tenido muchos casos de pacientes así, que llegan muertos y la familia destrozada. Y luego los ves que salen recuperados, bien alimentados, con otra cara.

Supongo que también tenéis que vivir momentos muy duros, ¿No?

Claro. Hay momentos aquí en los que a un paciente le da un brote psicótico, hay gente a la que se le va la cabeza y hay que derivarlos a un hospital de salud mental. Aquí los que están realmente es porque o quieren recuperarse o vienen un poco obligados por sus familiares.

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Eso te iba a preguntar ¿Aceptáis a pacientes que vengan obligados por la familia?

Sí, si ellos aceptan el ingreso sí, claro. Y ya una vez aquí se les trata de reconducir.

¿Hay una relación directa entre el éxito o el fracaso de un tratamiento en si vienen voluntariamente o obligados?

La verdad es que sí. Incluso hay muchos que vienen por órdenes judiciales. Les conmutan la pena por entrar en un centro. Suelen ser delitos leves. Como saben que es consumidor porque alegan que estaban bajo los efectos de las drogas, los hacen ingresar. Pero claro que se nota la diferencia en el proceso con el que está convencido realmente de su tratamiento, que ve que ha perdido a su familia, o que ve que va a perder a su hijo, el que ve que ha perdido todo y está llegando a una situación extrema. Esos tienen más éxito que el que viene obligado. Aunque muchos de los que vienen obligados se convencen al estar aquí con terapia y cambian de actitud.

Realmente aquí ingresa el paciente pero en cierto modo está implicada toda la familia en el tratamiento. ¿Cómo lo hacéis?

Claro, todos los sábados por la mañana hay terapia de familia y ven la evolución del paciente y se implican en el proceso de recuperación. A las familias hay que explicarles y educarlas también. Y de hecho, las terapias en Málaga siguen siendo tanto para los pacientes como para las familias. La familia es coadicta, y necesita también esa ayuda psicológica y aprender a cómo tratarlo una vez que salga de aquí, las pautas que hay que darle para su seguimiento, cómo llevarlo, cómo encauzarlo.

¿La adicción es siempre una manifestación física de un problema emocional?

Por supuesto. Es como un síntoma de que ahí hay algo más. Y eso es lo que hay sanar.

Tratáis adicciones muy distintas como drogas fármacos, adicción al sexo, redes sociales o ludopatía ¿todos tienen más o menos el mismo origen?

Todos. La droga es el síntoma que denota que esa persona tiene un problema interior de otro tipo. Hay quien lo manifiesta con la droga igual que está el que se suicida. Pero el que consume lo hace generalmente para intentar evadirse de otras situaciones mucho peores o algunas más leves. Son personas con baja autoestima, son personas que han pasado una vida muy difícil, a lo mejor han sido violadas o han sido maltratadas y no son capaces de reaccionar ante estos problemas mayores. Entonces se evaden consumiendo sustancias. Pero realmente el problema está en la persona. Por eso aquí el trabajo que se hace es ese, trabajar por y con la persona. La sustancia es lo de menos porque en diez días ya estás desintoxicado de la química. El problema está en la cabeza, por eso recaen otra vez. O sea que hay que arreglar el tema de la cabeza que es lo más complicado.

 

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¿Tenéis más pacientes mujeres o más hombres?

Más hombres. Ahora hay una cantidad de mujeres importante pero siempre suele haber más hombres. La mujer es más silenciosa, más callada, más sufridora, más ama de casa. No pedimos ayuda porque a nosotras nos dejamos para después. Tenemos el papel de defensora de la casa, de los hijos y hay muchas mujeres enganchadas al alcohol, a las pastillas, a los ansiolíticos. Y te aseguro que ese cóctel de pastillas y alcohol es incluso hasta más difícil para desintoxicarse de la cocaína por ejemplo. Si no se tratan les lleva incluso a la locura.

¿Los jóvenes están más concienciados o los jóvenes están peor que nosotros? Ellos han crecido con mucha información.

Los jóvenes están fatal y viene una generación detrás que vamos a tener que abrir otro centro más. Un centro pero dedicado a ellos, porque no es lo mismo tratar a una adolescente que a alguien que tiene cuarenta años. Pero no tienen más conciencia, piensan que el tabaco es más perjudicial que la marihuana, por ejemplo. Y luego está el tema de las nuevas tecnologías y los malos comportamientos.

 



 

¿Somos conscientes realmente de lo que supone la adicción a las nuevas tecnologías? 

Bueno, nosotros ya hemos tenido aquí muchos pacientes de este tipo, sobre todo por el tema de videojuegos. Abandonan los estudios, tienen muy mal comportamiento y se aíslan. Llegan a agredir a sus padres. Entonces, ya aparece un problema de fondo importante y no pueden desconectar, están todo el día buscando la satisfacción inmediata del “Me gusta”. Nosotros antes eso no lo teníamos.

Pero nosotros también estamos enganchados. Al menos yo si me dejo el teléfono en casa casi convulsiono. 

Sí, pero lo puedes controlar porque tu cerebro está más formado y está desarrollado. Pero hay gente que no está bien y también cae siendo adulta. Tú te puedes alarmar porque notas que estás enganchada pero seguro que eres capaz hasta de pasar un poco del teléfono. Pero ellos han nacido con eso y se están criando con eso. Entonces no son capaces. Se enganchan a los videojuegos y detrás viene el cannabis.

¿Cuántos hijos tienes?

Dos. Un niño de diez y una niña de doce.

¿Hablas con ellos abiertamente de las cosas que vives aquí en la clínica?

Sí, de hecho, les hablo de las cosas que veo aquí y les digo que tengan mucho cuidado, aunque son relativamente pequeños. Pero por ejemplo Mariano, que es mi socio, cuando hemos tenido un acto conmemorativo de alta definitiva de un paciente, se ha traído a sus nietos. Son actos muy emotivos porque el terapeuta sabe conducir muy bien la situación. Acabamos llorando todos. Así pueden ver mejor el riesgo que corren si consumen.

¿Mantenéis  contacto con ellos después del alta definitiva o la cortáis para que no generen dependencia a vosotros?

Siempre estamos aquí para que nos consulten ante cualquier duda, miedo o posible recaída. Entonces, le recomendamos que vengan, pero ya se supone que tiene que estar preparado para su vida. Si no, no se le da el alta definitiva. Aquí suelen estar de dos meses y medio a tres meses, y todo el proceso puede durar entre 8 y 10 meses. Aunque están en seguimiento un año y medio más o menos. Pero hay gente que lo consigue antes porque está tan convencida y tan bien que lo han conseguido en un año.

¿Es muy caro el el tratamiento completo?

Pues depende de con lo que lo compares, porque si lo comparas con lo que están gastando en consumo no tiene ni punto de comparación. Y con lo que han malgastado en toda su vida anterior… Viene a salir aproximadamente en unos doce mil euros aproximadamente, lo que es la estancia aquí. Pero, vamos, un consumidor de cocaína se puede gastar 300, 400 y 600 euros en una noche. Y si a eso le sumas sexo con putas o con invitaciones a la gente que se le pega…

¿Hay drogas de rico y drogas de pobre?

No, hay quien roba para conseguirlas. Hay gente que es muy pobre, muy pobre, y es consumidora de cocaína, que es la más cara. Y o están robando, o están vendiendo su patrimonio o están echando a perder su empresa, sus casas, todo.

Pero supongo que aquí habrá gente de distintos niveles sociales.

Claro, de hecho me acuerdo de una mujer muy pija, muy pija, una señora de estas con muchísimo dinero. Yo en ese momento había ingresado a un paciente de La Palmilla. Este chico estaba fatal cuando vino y ahora siempre lo pongo de ejemplo a los pacientes. Hizo un cambio espectacular. Y coincidieron aquí ingresados. Ese hombre estaba fatal. Cogía la manguera y se ponía a cantar por Los Chunguitos. Pero ninguno de los dos estaba aquí porque tenían los pies planos, estaban aquí por lo mismo. El trabajo que se hace con los terapeutas lo pueden hacer todos sin importar ni el dinero que tengan ni la cultura que tengan.

Hablábamos antes de la importancia de la terapia psicológica de la familia ¿Se separan más parejas después del tratamiento o se unen más?

Hay de los dos casos. Hay quien desde un principio lo quiere mucho y lo acompaña y hay quien por el problema con la adicción se ha separado y vienen aquí porque ya están desesperados, han perdido su pareja y lo que quieren hacer es recuperarlos.

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¿Estas casada o tienes pareja?

Estoy separada.

Si tú conocieses a un hombre que te encanta y ese hombre diese indicios de que consume, ¿iniciarías una relación con él?

No. Negativo. Vamos, no quiero saber absolutamente nada de ese tema, seguro.

¿Has consumido alguna vez algo?

Nunca, y tampoco fumo.

¿Nunca? ¿Ni un porro? ¿Nada?

Bueno, sí, un porro una vez; lo probé en mi etapa de juventud, pero cogí un mareo tal que jamás se me ocurrió fumar otra vez.

¿Quién se engaña más: los adictos o la familia?

La familia. Prefieren pensar que no tienen ningún problema, que es normal.

Intentan cubrirlo porque, bueno, quieras o no la adicción es una enfermedad, pero no está vista por la sociedad como tal. Si tú estás trabajando, y se enteran de que eres consumidor de coca o eres ludópata o eres adicto al sexo, te van a echar del trabajo. Entonces como no está bien visto, lo ocultan. La familia intenta siempre tapar y ocultar. Eso lo llevan siempre por dentro. Hasta que llega un momento en el que reaccionan y saben que lo están haciendo muy mal, pero mientras, el adicto sigue consumiendo o jugando o bebiendo.

¿La adicción a qué sustancia es la que más tratáis aquí?

Hemos tenido gente hasta con adicción al gimnasio y a sustancias para la musculatura. Eso lleva sobre todo al infanto-juvenil y nuestro psiquiatra está muy especializado en esa rama también. Pero casi todos los pacientes que vienen aquí es por alcohol, cocaína y cannabis. Y luego ya la heroína. Aunque hay muchos pacientes que están enganchados a todo junto a los ansiolíticos.

Y ¿adictos al sexo?

Sí. Lo que pasa es que el sexo está también muy mezclado con la cocaína. Se mezcla. Pero no suele ser algo independiente.

¿Cuál es la adicción más difícil de detectar? 

Es que todo depende de tu genética, de la predisposición que tengas. Hay gente que con un solo consumo, o dos consumos, de pronto tiene un brote psicótico y lo tienen que ingresar en salud mental. Y entonces se da cuenta que tiene un problema. Y hay gente que se puede tirar toda la vida consumiendo porros y a los veinte años de consumir se dan cuenta de que pierden la memoria.

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Hay una canción que dice que no hay droga más dura que el amor sin medida. ¿Existe una adicción todavía sin reconocer? ¿Esa adicción que generamos sobre todo las mujeres a relaciones tóxicas? ¿Debería tratarse como una adicción a una droga?

¿El “amor” dices? Claro, pero de todas formas eso es que te conozcas a ti misma, y que aprendas a valorarte y a saber y distinguir lo que quieres y lo que no quieres en tu vida, y ahí cortar esa relación insana.

Pero ya hay muchos artículos de psicólogos que lo están considerando como una adicción en determinados casos. Produce endorfinas, esa sensación de bienestar, hasta que se termina y vuelves otra vez a buscar una relación que te produzca esos efectos. En vez de la sustancia, estás buscando el “amor”. Pasa también a la gente que está durante mucho tiempo con una persona y ya no tiene esa reacción química que se genera al principio y vuelven a buscar a otra persona que se lo genere y que suponga un nuevo reto o enamorarte otra vez. Y entonces otra vez te enganchas. Ese proceso mal entendido puede ser muy tóxico.

¿Qué le dirías a un adicto o un familiar que esté leyendo esta entrevista?

A un adicto le diría que pida ayuda. Que lo hable con su familia directamente, que sabe que de esta situación no va a poder salir solo, porque mucha gente lo intenta y no lo consigue. Que pida ayuda especializada, que lo hable con su familia y busquen ayuda de un equipo clínico especializado, ellos solos no pueden. Que no se engañen más. 

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Redacción: Ana Porras     Fotografía: Lorenzo Carnero

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Directora en Centro de Desintoxicación MonteAlminara

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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