No quiero vivir sin ti

Me enamoré muy tarde. Quizás demasiado. Debía tener 18 años. Antes me habían impuesto tu compañía en multitud de ocasiones, pero creo recordar que nunca había sentido verdadero placer al tener a ninguno de los tuyos a mi lado. Supongo que cuando la compañía es obligada se pierde esa atracción, o simplemente es que no estaba preparada.

Siempre le agradeceré a María que te metiese en mis venas. Fue como un chute, una explosión, un redescubrir el mundo, los mundos a través de tus ojos, de tus palabras, de tu tacto, de los sonidos y olores que evocabas y desprendías. Recuerdo pegar mi nariz a tu cuerpo intentando retener tu olor.


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Noches en vela contigo entre mis manos, volando por mi cabeza, mostrándome mil escenas, sensaciones y experiencias hasta entonces desconocidas. Mañanas en la que en muchos casos despertaba sintiéndote dentro de mí, sin poder dejar de recrearte, de imaginarte, deseando encontrar un momento de paz para volver a ser tuya y entregarme  a lo que quisieras mostrarme. Ansiosa por acercarme al final, temerosa de que ese momento llegase y tuviese de nuevo que aprender a vivir sin ti.

Pero siempre había otro. Otro que llegaba después. Unos me apasionaron, otros me dejaron indiferente, y en algunos casos supe desde el principio que aquello, lo nuestro, no podía avanzar, que estábamos perdiendo el tiempo. Posiblemente esos no eran ni mejor ni peor que los anteriores, simplemente que no conectábamos. No llegaban a mí. Sólo su presencia me hacía pensar en otras cosas. Con alguno de ellos hubo una segunda oportunidad, ellos seguían siendo los mismos, pero yo no. Entonces sí funcionó, aunque siempre se acaba. Aunque siempre hay más.

Confieso que es uno de mis vicios. Recorrer vuestro espacio, miraos, intuíos, elegíos, y llevaos conmigo a casa.


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Y la historia vuelve a empezar. Y a veces he sido capaz de estar con tres a la vez, supongo que porque en realidad no estaba enamorada de ninguno.

Hoy, de nuevo, te puedo decir que quiero abrir todas tus páginas y perderme en ellas. Quiero leerte entre líneas. Que me enseñes países que no conoceré, etapas de la historia que no conoceré, que me hagas enamorarme de personajes que me recuerdan a personas a las que pongo cara y piel. Quiero perderme entre tus capítulos y regalarte horas de mi sueño, que me hagas soñar, que me enseñes, que me recorras la piel con un escalofrío, que me muestres escenas del fuego de sexos ajenos, que me hagas llorar de tristeza, que cuando se acerque el final me hagas ir más despacio, porque no quiero que se acabe, no quiero echarte de menos.


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No imagino mi vida sin libros y sin mis ganas de leerlos. Algún día, espero ser yo quien escriba uno y pueda contar historias que las vivan otros, mientras me quedaré aquí, despertando cada mañana ante un folio en blanco en busca de llenarlo de experiencias.

¡Feliz vida llena de páginas que leer!

Ana Porras Guerrero

Directora en Yo soy Mujer

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