Mariola Ustaran

Mariola Ustaran. Creo que nos presentaron hace muchos años. Posiblemente puede hacer ya casi una década. Es un recuerdo que guardo un poco borroso. Fue en CIO Mijas. Por algún motivo había quedado allí con Cristina Guerrero, que en aquel momento era la responsable del Observatorio de Recursos Humanos para el sector turístico en Andalucía y fue ella la que nos presentó. Y repito que creo, porque no estoy del todo segura si la confundo con otra persona. 

Tampoco tiene importancia ese dato, quizás es que estoy dando vueltas porque tampoco sé muy bien por donde empezar la introducción de esta entrevista. 

Si era ella, después no volvimos a coincidir, hasta que hace unos meses alguien me habló de que había abierto Food Room en el centro comercial de Guadalmina. 

De lo que sí estoy segura es que de este encuentro, ahora, la responsable ha sido Cristina que vino con ella a la Cena con Chispitas en la que hablamos de terrorismo yihadista con Pilar Rangel. 

10 años dan para mucho. 10 años pueden ser toda una vida. Cuantas cosas han cambiado en la vida de las tres desde aquella escueta presentación en el CIO Mijas. No voy a entrar en detalles porque tampoco es el momento. Muchos de los cambios en la vida de Mariola los vais a conocer a través de esta entrevista. Los que habéis leído mis editoriales (que algún día retomaré) os hacéis una idea de los míos, y supongo que la entrevista con Cristina Guerrero llegará cuando sea el momento, y será ella la que cuente los suyos. 

 

De la Mariola de entonces a la Mariola de ahora hay una gran transformación. Cambios forzados por las circunstancias y por la necesidad de ser mejor. Las circunstancias se pueden dar y que tú no hagas nada. La actitud es lo que marca la diferencia. 

Desde hace un tiempo para acá cada vez soy más consciente de que cada uno de nosotros estamos en esta vida y en este momento para aprender cosas concretas, y cuando te resistes a ello y te instalas en la rutina y la cotidianidad la vida se encarga de ponerte muros, de abrir el suelo a tu paso, y de a través de experiencias dolorosas recordarte que no vas ni por donde ni hacia donde tienes que ir.

Mariola nació en Vitoria, y una parte de la niñez de Mariola murió allí, una noche antes de cumplir los 7 años. Unos encapuchados de ETA entraron en su casa mientras estaban cenando y se llevaron a su padre a punta de pistola. Sus tres hermanos y su madre fueron testigos de como en aquel momento les arrebataban a su padre para siempre. Su delito era ser concejal y miembro del comité ejecutivo de UCD de Álava. Era el año 80. Una nueva España comenzaba a ver la luz y a él se la apagaban de dos tiros con tan sólo 41 años.

Eso cambió para siempre la vida de Mariola y posiblemente su carácter y su forma de ser.

Nació otra Mariola, y otra Mariola desapareció una noche en un calabozo de Sevilla, mientras ella estaba arrestada sin entender muy bien por qué. Esta vez nadie decidió por ella, fue consciente de que aquello tenía que marcar un antes y un después. Fue ella la que le dio los tiros a los errores que había cometido, fue ella que quiso dejar atrás una forma de vida y de actuar donde no había encontrado la felicidad.

Mariola comenzó hace unos meses una aventura empresarial que marca y refleja también un cambio de etapa en su vida. Quizás una etapa en la que los días y los momentos se cuecen más a fuego lento, algo que como está comprobando deja mejor sabor. Food Room es un aula gastronómica donde se imparten cursos de cocina en Marbella. Eso por resumir, porque Food Room es mucho más. Es quizás un compendio de todo lo que ha hecho Mariola pero desde una sonrisa, desde una sensación plácida de tranquilidad.

Nos recibe allí casi a mediodía. Coincide con que su marido sale de dar la última clase de pilates de la mañana. Comparten el espacio, aunque está claramente diferenciada la zona de Food Room y la sala donde él imparte sus clases. El espacio está decorado con mucho gusto, y transmite lo que transmite ella en este momento, paz. 

Es una entrevista valiente la de Mariola, una entrevista cargada de honestidad. Yo he encontrado muchos mensajes en ella, espero que también haya alguno para vosotros. Gracias, Mariola, por todo.

¿Cuándo os vinisteis de Vitoria?

Nos vinimos a Sevilla cuando yo tenía 7 años a raíz del asesinato de mi padre. Mi madre decidió cogernos a los cuatro hermanos y venirse a donde estaba su familia.

¿Tu madre es sevillana?

Mi madre nació en Valladolid, porque mis abuelos vivían allí, pero luego mis abuelos se instalaron en Constantina, un pueblo de la Sierra Norte de Sevilla. Mis tíos también se fueron a vivir a Sevilla. Así que mi madre se vino para estar cerca de ellos. De los 8 hermanos, era la única que vivía fuera en ese momento.

¿Recuerdas el asesinato de tu padre? Eras muy pequeña…

Al día siguiente de su muerte era mi cumpleaños, cumplía 7 años y lo viví como pude. Ahora que soy adulta, y después de haberme trabajado eso, sé que yo no entendía nada. Cada edad tiene una forma de ver la muerte. Mi madre me dijo: “Se ha ido al cielo”. Bueno, eso todavía lo puedes medio entender, pero lo que no entiendes es cómo pasó todo.

 

¿Tú eras consciente de todo lo que había pasado?¿Sabías que era un asesinato?

Sí. Nosotros estábamos en casa y vino el comando a buscarlo. Nos retuvieron en la cocina, entró una persona con una pistola, mientras nosotros cenábamos. A mi hermano lo sacaron de su cuarto y lo trajeron donde estábamos los demás. Luego se llevaron a mi padre y lo mataron fuera. Yo sabía que algo no estaba bien, pero tampoco entendía todo. Es que es un tema tan complicado lo de  ETA, lo del terrorismo…¿Qué iba a saber yo con 7 años?

Porque además cambiásteis enseguida de residencia…

Sí, cambiamos de entorno y de hecho yo no tengo ningún recuerdo de mi vida allí. Prácticamente de mi padre no tengo recuerdos. Hice borrón y cuenta nueva y olvidé toda mi vida anterior.

¿Esa noche también la has borrado?

Esa noche la recuerdo con detalles nimios, absurdos. Hace unos años trabajando eso descubrí lo que sentí en ese momento. Sentí que mi padre me había abandonado…(Se emociona)

Yo soñaba que mi padre se había ido a otro país y aparecía de repente y que había estado viviendo en Brasil y cosas de ese tipo que pasan en las películas.

Yo no aceptaba lo que había pasado; porque no lo entendía. Lo he ido entendiendo con los años.

¿Qué edad tenían tus hermanos?

Yo tenía 7, mi hermana Rocío tenía 10, mi hermano Jose tendría 12, y mi hermana Esther tendría 15.

¿A quién le afectó más de todos los hermanos? Porque vivir esa experiencia con 15 años, incluso es más duro y más traumático que vivirla con 7…

Cada uno lo vivió a su manera, el problema es que todos sufrimos porque no sacamos lo que sentimos en ese momento. Entonces no había apoyo psicológico, no había apoyo a las víctimas, pensaban incluso que habías hecho algo… En Sevilla hablar del terrorismo era como de otro planeta. Estamos hablando del año 80.

Nosotros hicimos como un pacto, sin hacerlo, de cuidar a mi madre, de que todos nos cuidábamos a todos, pero nunca fuimos capaces de hablarlo. Nunca nos dijimos cómo nos sentíamos. Había un pacto tácito de silencio. Cosa que no creo que sea bueno. Pero es como fue.

Hubo unos años en los que día sí y día también había un asesinato de ETA en los informativos, y la televisión estaba encendida en las casas. Vosotros que lo habíais vivido supongo que veríais esas noticias con una perspectiva diferente… Hubo un momento en que por desgracia en este país casi nos acostumbramos a ver aquellas noticias…

Sí, la gente pensaba que además no le podía pasar a ellos, lo veían como cuando ves que ha habido un atentado en Kabul. Pues era un poco lo que pasaba. Hasta que ya ETA empezó a desvariar, que siempre ha desvariado, pero pasaron cosas como la de Miguel Ángel Blanco y la gente se dio cuenta de que era un problema de todos.

Al principio ver esas noticias en la tele era horrible, pero tengo una madre que es espectacular. Habrá cometido errores, y el hecho que no hablásemos de esto pues a lo mejor no nos vino bien a ninguno, pero no hemos crecido ni en el odio ni en ese sentimiento de venganza. Mi madre siempre ha intentado que pensásemos en el futuro y que eso no marcara para siempre nuestro carácter, aunque por supuesto lo hizo, pero no de una manera negativa.

Mariola, ¿se perdona? Porque yo, muchas veces cuando veo a las víctimas de ETA  que dicen que han perdonado a los asesinos, me parece algo tan difícil de perdonar… 

No, yo no soy capaz de perdonar. Entre otras cosas porque en mi caso es todavía más grave, las personas que mataron a mi padre no han pasado ni una noche en el calabozo ni en la cárcel.

¿No los cogieron nunca?

No, nunca. Entonces probablemente los asesinos de mi padre ahora mismo estén ocupando algún cargo político en el País Vasco, o estarán disfrutando de sus nietos…

(Se le cae un vaso de agua encima. Supongo que hablar de todo eso no debe ser nada fácil.)

1981 fue el año en el que el gobierno hizo unas negociaciones para que se disolviera la ETA militar. Y entonces se rompió en dos: Los que dejaban las armas y los que siguieron. Siempre he pensado que ha habido muy poca transparencia en qué tipo de negociaciones hubo realmente.

Hace unos días, después de 37 años, nos dieron el sumario del caso. La investigación es de vergüenza, para mí no es una investigación seria. Creo que no les interesaba meter los dedos. Eso es lo que me enfada.

En el otro día hablaba con alguien que me decía que si entregan las armas habrá que negociar, y eso no me parece justo. No es justo porque no estamos hablando de gente que ha matado a una persona, han matado a más de 800. No me parece justo eso de “vamos a pasar página” para que el resto no sufra. Tendrán que pagar de alguna manera por el delito que han cometido.

No perdono, pero tampoco olvido que el asesinato de mi padre no se haya investigado de una forma seria. El Estado nos dio después de los años una indemnización, pero para mí eso no es suficiente. Los asesinos de mi padre posiblemente no hayan pisado la cárcel.

 

Tus padres eran los dos concejales, ¿ninguno de tus hermanos ha seguido sus pasos?

No, ninguno. También creo que mis padres vivieron aquel momento de la Transición en el que se involucraron con mucha ilusión en la construcción de una nueva realidad política en el País Vasco. Además mi padre era vasco, vasco. Mataron a un vasco de pura cepa que lo único que quería era defender sus ideas.

Después de eso mi madre se presentó a la alcaldía de Sevilla por CDS. Y ya lo dejó. La política no es algo que nos atraiga a ninguno de los hermanos.

¿Cómo era vuestra vida en Sevilla?

Fue todo muy repentino. Acababa de empezar el curso en Vitoria, a mi padre lo mataron un 29 de septiembre y a finales de octubre ya estábamos en Sevilla en casa de mis abuelos.

¿No volviste al colegio en Vitoria después del asesinato?

Al día siguiente nos llevaron al colegio. Supongo que tampoco sabían muy bien donde meternos. Era mi cumpleaños y yo, en mi cabeza de niña de 7 años, lo que quería era celebrarlo.

En Sevilla nos fuimos adaptando muy bien. Creo que todos mis hermanos y mi madre somos personas fuertes y la familia de mi madre es espectacular. Todos se volcaron con nosotros y nos arroparon, enseguida mi madre consiguió trabajo. Yo me considero andaluza.

Mariola, tu madre era muy joven…

Mi madre tenía 36 o 37 años.

Después de pasar unos años de duelo de nuevo empezó a salir y a conocer gente, era muy joven. Entonces conoció a mi padre, a el que ha ejercido de padre.

Digamos que nos adoptó a los cuatro. Él traía ya un hijo de un matrimonio anterior. Nosotros lo adoramos porque ha sido muy valiente también. Quería a mi madre, y en vez de asustarse porque tuviera cuatro hijos, y en las edades que teníamos nosotros, apostó por todos. Llevan muchos años casados.

¿Vuelves al País Vasco de vez en cuándo?

Mis hermanos sí vuelven más porque tienen más recuerdos y les gusta. A mí me gusta ir porque se come muy bien, pero de los cuatro soy la menos vasca. Luego tengo muchos rasgos vascos, según me dicen. No me siento vasca aunque mi apellido me recuerda que lo soy y mi padre siempre esté presente, es algo que llevo en el corazón y que me duele. Pero como he vivido en tantos sitos tengo la mente muy abierta en ese sentido. Soy de aquí, soy de allí, soy de todos lados. Soy un poquito de cada sitio donde he vivido.

¿Con la familia de tu padre no mantuviste el contacto?

Al principio mi madre nos mandaba a mi hermana y a mí a casa de mis abuelos en verano. Pero hemos mantenido poco el contacto. Como te decía, yo borré todos mis recuerdos de mi vida allí. Rompí con todo.

Con los años he entendido que para mis abuelos y mis tíos paternos debió ser un palo muy grande, además ellos siguieron viviendo allí, ha tenido que ser muy duro.

Ahora tengo más relación con uno de mis tíos, pero no es la relación que tengo con los hermanos de mi madre de Sevilla.

 

Si te parece vamos a dejar esa parte y vamos a continuar. ¿Qué estudiaste? 

Estudié Gestión Hotelera en Suiza. Empecé haciendo Periodismo, pero a los tres meses me di cuenta de que aquello no era lo mío. Siempre he sido muy independiente, y tenía ganas de volar. Mi madre ha sido muy moderna para su tiempo, porque desde pequeños nos ha mandado solos a aprender idiomas, y todavía eso no era tan frecuente.

Descubrí lo de viajar, vivir en diferentes lugares y quería eso. Mis padres me ofrecieron la oportunidad de irme a estudiar a una escuela en Suiza y les dije que sí, aunque realmente no había sentido nunca la vocación hotelera.

Estaba encantada, y aunque iba un poco con el miedo de que no me gustase, me encantó la carrera y el ambiente. Era una escuela internacional, y conocí a personas de todo el mundo que se convirtieron en grandes amigos y que sigo conservando.

Aunque fue una época de empezar a volar, la escuela era muy estricta y había muchas normas. Ahora me encantaría ir a pasar una semana a Suiza en plan relax, pero con 18 años Suiza resultaba un poco aburrida.

Allí aprendí francés, e hice las prácticas durante un año en Eurodisney. Luego me fui a Dubái también de prácticas. Estaba encantada con esa vida, con ese trabajo, con el contacto con el cliente… Estuve allí casi tres años.

¿Y después?

Me volví a Sevilla, pero con la intención de volverme a ir. Conseguí un trabajo en Venezuela y me fui a Caracas, donde estuve tres o cuatro años trabajando en el hotel Intercontinental de allí, el Tamanaco. Fueron los años más felices de mi vida. Es un país maravilloso, con gente maravillosa. Siento que es mi segunda casa.

Te dará mucha pena entonces ver lo que está pasando ahora…

Muchísima pena. Con mi marido llevo ya 12 años, y todavía no hemos podido ir. Me encantaría que lo conociese. Me siento más venezolana que vasca. Lo que está pasando en este momento es indescriptible, es tan triste, es un país tan bonito, tan rico en recursos… No sólo en petróleo, es que tiene todo tipo de destinos turísticos: playa, Caribe, montaña… El venezolano es acogedor, cariñoso y simpático. Si no se están matando entre ellos es porque son personas que intentan quitarle hierro a las cosas. Si ves las manifestaciones muchas veces van bailando, porque son alegres, pero claro ya están desesperados.

Sigo manteniendo muchos amigos venezolanos y la mayoría se ha ido a vivir a otros países.

¿Por qué se acaba aquella etapa en Venezuela?

En Venezuela fui seleccionada para un programa de futuros directores de la cadena. Dentro de ese programa eligieron a un grupo muy selecto de gente. Te iban moviendo por puestos y hoteles diferentes para prepararte para ser director de todos esos hoteles.

Así que de Venezuela me trasladaron un año y medio a Miami, después me movieron a Chicago y ahí estuve otro año y después me mandaron a Texas, a Austin y allí estuve otro año y medio haciendo la apertura de un hotel. Después de todos esos años ya estaba un poco cansada de moverme.

¿Supongo que con la edad cambian las prioridades?

También creo que para mí, Venezuela fue lo mejor de todo porque era libre. No tenía responsabilidad, no tenía ningún puesto importante, trabajaba en la recepción, en el departamento de gobernanta, trabajé hasta en mini bares… Y estaba encantada porque tenía muy poca responsabilidad y tenía mi sueldo, mi casa y mis amigos.

Luego vas haciéndote tu carrera laboral y vas subiendo. Entonces la presión empieza a subir.

Siempre he sido muy ambiciosa, he sido demasiado ambiciosa, ya no lo soy tanto, pero en esa época me quería comer el mundo. Soy muy exigente conmigo misma también y cada vez iba pesando más la responsabilidad, las horas de trabajo…

En Estados Unidos se trabaja lo que no te puedes imaginar, y más en en el sector hotelero que es una vida muy sacrificada.

Mis hermanos habían empezado a tener niños y yo llevaba diez años fuera, aunque me costó mucho tomar la decisión sentí que era el momento de volver.

 

¿Te volviste con trabajo?

Mis padres tenían una empresa de formación en Sevilla y me ofrecieron trabajar en la empresa familiar. Volvía con un trabajo seguro. Al principio me sentía muy rara en Sevilla. Me había ido con 18 años y volvía con 28 después de vivir en todos los sitios que te he contado.

Empecé a hacer formación, que es un tema que me encanta, y durante un par de años me hice la turné por las capitales andaluzas con mis cursos. Venía muy preparada de Estados Unidos.

Luego empecé en el tema de la consultoría turística internacional dentro de la empresa familiar y estuve dos años viviendo entre Sevilla y Centro América. Hice proyectos súper bonitos en Guatemala, en El Salvador, en Nicaragua…

¿Qué tal fue trabajar con tus padres?

Fue difícil, pero también era agradecido, porque ellos apreciaban esa visión que yo traía de haber estado fuera, me dejaban trabajar a mi manera. Con mi madre era más fácil, pero mi padre es muy perfeccionista también, yo me parezco mucho a él, aunque no sea su hija biológica.

¿Cómo llegas a directora de la entidad gestora de CIO Mijas?

Esa es una de las etapas que más miedo me da tratar por todo lo que me pasó…

Es cierto que cualquiera que siguiese los periódicos hace unos años recordará lo que pasó con el CIO, pero yo quiero que me lo cuente ella…

Se sacó una licitación pública para gestionar todo el complejo, tanto el hotel como la residencia y la formación. Se presentaron varias empresas. Una de las empresas que se presentó es la de mi familia, junto con otra empresa de Málaga. Entonces, estas dos empresas creamos una UTE, nos presentamos juntas y ganamos el proyecto.

Yo quería quedarme en Sevilla porque después de 4 años ya me había situado y me lo estaba pasando fenomenal. CIO era un mega proyecto y me pidieron que fuera la directora de la entidad gestora y que me viniera a vivir aquí para gestionar todo.

Me vine a vivir a Mijas un 6 de enero de 2006 con la propuesta debajo del brazo. Lo que me encontré allí fue un edificio estupendo, con las aulas montadas, pero todo vacío. Ahí tuve que empezar desde cero a contratar a todo el equipo, a diseñar todos los programas formativos, a equipar y amueblar todo. Y lo que podía parecer un proyecto precioso, han sido los 10 años más duros de mi vida.

Creo que la vida te va dando y quitando cosas. Han sido los años más difíciles de toda mi vida en lo profesional, pero esos 10 años me han dado a mi marido, y a mi hijo.

¿Lo conociste allí?

Lo conocí abriendo el CIO, en el verano de 2006, a través de un amigo común. Enseguida conectamos. Nos casamos en el CIO en una boda preciosa, y hace 5 años nació nuestro hijo. Yo creo que gracias a ellos me he mantenido a flote estos años.

Ha sido un proyecto muy agridulce. Por un lado, me siento súper orgullosa de lo que hemos hecho allí, porque cuando hablan de que el CIO tiene que volver a ser lo que era, ese “lo que era” lo hicimos nosotros.

A nosotros nos hicieron el encargo de gestionar la formación y el hotel y de la nada se hicieron muchísimas cosas. Creamos un equipo joven pero súper dinámico y que trabajaron fenomenal. Allí se han formado muchísimas personas, pero fueron años muy complicados, porque en el CIO había muchos intereses.

 

Supongo que mucha política…

Se unían los intereses empresariales, los intereses políticos, mucha gente a la que yo tenía que reportar y ante la cual yo debía dar la cara… Me convertí en una persona extremadamente correcta, y eso me fue matando y anulando.

Para colmo de males con el cambio de Consejería nos piden que cambiemos la forma de gestionar y empieza la crisis del CIO. Querían, después de ocho años que llevábamos allí, cambiar el sistema completamente. Empiezan los casos de corrupción relacionados con la formación. Empiezan todos los funcionarios a asustarse, los consejeros igual y en ese momento dejan de pagar y yo tengo que hacer ERES, ERTES y de todo. Claro, tuve que ir a muchísimos juicios laborales que no son nada agradables.

Al final, al igual que cree un equipo tuve que despedirlo. He tenido que despedir a 70 personas. A no ser que seas un palo de hielo, es una de las cosas más tremendas y terribles que puedes hacer en tu vida.

En el año 2015, en febrero, yo estaba ya somatizando los problemas del CIO con problemas de salud. Ese último año tuve que dar la cara ante todo el mundo. Ante los alumnos para decirles que ya no había más formación, ante los proveedores para decirles que no podíamos pagar, ante la administración pública cuando nos reclamaban cosas, ante el personal para decirles cómo era la situación… Todo era un desastre.

En marzo de ese año, bajé de mi casa para ir a trabajar y me detuvo la Guardia Civil. Me detuvieron en la Operación Barrado, cuando detuvieron a los delegados provinciales de todas las provincias, pues también me detuvieron a mí. Esto sí que es un tema difícil de hablar, creo que sólo lo he hablado con mi familia…

Mariola, como tú veas…

Yo sigo imputada. El caso sigue en instrucción después de tres años. Me gustaría darte más detalles pero hay cosas que no te puedo contar.

¿Quieres hablar de la detención?

La detención fue totalmente desproporcionada, innecesaria, un golpe mediático fantástico, pero que para mí y para muchas de las personas con las que compartí calabozo, nos ha supuesto un palo tremendo.

Yo creo que después de la muerte de mi padre, que no hay comparación, ha sido lo más duro que me ha pasado en mi vida. Sobre todo porque yo no me lo podría creer. Lo viví como que aquello no me podía estar pasando a mí, no entendía nada.

Fue muy duro; pensaba mucho en mi madre. Siempre hemos intentado que no sufra, aunque mi madre es la más fuerte de todos. Yo pensaba que una vez se llevaron a su marido y ahora me llevaban a mí, por supuesto en unas situaciones muy diferentes.

¿Pensaste más en tu madre que en tu hijo?

Sí, totalmente. Mi hijo era muy pequeño. Tenía dos años y no se dio cuenta de absolutamente nada. Luego ya sí pensé mucho en él, pero esa noche pensaba mucho en mi madre, y de hecho mi madre lo pasó fatal.

¿Te trataron como a una delincuente?

No, la gran mayoría de las personas con las que tratamos eran muy amables. Nos trataron muy bien, pero no cabe duda de que estábamos detenidos. Sólo que te hagan la ficha ya es súper desagradable. Después nos llevaron a Sevilla. Como se hizo tarde para ir al Juzgado tuvimos que pasar la noche en el calabozo. Yo sentía que era surrealista lo que estaba viviendo.

También se me pasó por la cabeza que yo estaba allí y los asesinos de mi padre a lo mejor nunca han pisado la cárcel…

Allí no puedes llevar gafas, tienes que darles el sujetador, me había puesto un vestido y les tuve que dar las medias… Es el protocolo para que los detenidos no se auto-lesionen. Yo les pedía las medias porque estaba muerta de frío. Compartí el calabozo con un señora de Sevilla.

¿Ella también estaba allí por el mismo caso que tú? 

Sí, detuvieron ese día como a 20 o 25 personas. Yo no la conocía, no conocía prácticamente a nadie de los que detuvieron. La mayoría eran todos delegados sindicales y gente con puestos políticos.

Al día siguiente, sobre las 12, nos llevaron otra vez al juzgado, donde estaba la prensa. Salimos en todos los telediarios, en los periódicos en primera plana… A las 4 de la tarde salí. Al tener a mi familia en Sevilla, estaban esperándome.

Ahí empezó el calvario, me rompí ya del todo.

Lo miro ahora, con perspectiva, y yo soy mucho más feliz ahora. Aquello me obligó a enfrentarme y a curarme de muchas cosas.

 

¿A partir de ahí empiezas el trabajo también de sanar lo de tu padre…?

Yo fui a una psicóloga por lo de la detención, porque de repente tenía ataques de ansiedad, cosa que no había tenido en mi vida. Tuve un shock post-traumático total, me daba miedo salir a la calle sola, de pronto me ponía a llorar… Unas cosas rarísimas.

El hotel de CIO seguía abierto, pero la formación ya hacía varios meses que no se daba. Nuestro contrato de 10 años terminaba en diciembre y eso fue en marzo.

La psicóloga, que para mí es una maravilla, se llama Rocío, enseguida vio que por encima de aquel problema estaba el de no haberme tratado nunca la muerte de mi padre.

Hicimos un trabajo estupendo las dos y me ayudó a ver muchas cosas. Me ayudó a ver que no pasaba nada si era vulnerable. Siempre he intentado no serlo, porque lo veía como una debilidad. Y ahora estoy contándote todo esto y medio llorando y no me importa, porque es mi vida y duelen ciertas cosas, pero antes mostrarme de esta forma era imposible. En el CIO me había endurecido todavía más.

Todo el mundo me decía: “Tú eres fuerte y seguro que sales de está”. Y en ese punto ya no quería ser fuerte, estaba hasta las narices de ser fuerte, lo que quería era meterme en la cama y no salir de allí.

Ella me descubrió que había una diferencia entre ser fuerte y ser dura. Qué son dos cosas muy diferentes que muchas veces mezclamos y no es sano. Hay que ser fuerte, pero no hay que endurecerse ante las cosas que te pasan y ante las situaciones difíciles.

En CIO me había endurecido mucho por lo complicado que fueron esos años. Estuve seis meses de baja y volví en septiembre a cerrar el CIO.

Supongo que después de todo lo que me estás contando, cerrar el CIO sería también un cierto alivio…

Me dio pena, no nos lo merecíamos, ni yo, ni el equipo que trabajó allí. No creo que mereciéramos un final tan trágico.

Yo no quería ni reincorporarme de la baja, me había dado tanto sufrimiento que me resultaba duro hasta entrar en el edificio, pero ese cierre lo tenía que hacer yo. Era la que mejor lo conocía, porque lo había llevado todo desde el principio.

El día que cerramos, cerré con alivio, pero con mucha pena. Sobre todo, porque yo sabía que a los 10 años se acababa el contrato y que la etapa se acabaría, pero pensaba que las cosas iban a ser de otra forma, que mi equipo se quedaría allí aunque nosotros no estuviésemos, que el CIO iba a seguir.

De repente era sentir que 10 años de mi vida no habían servido absolutamente para nada. Luego ya he sido capaz de discernir para lo que ha servido, de entender que ha habido mucha gente que se ha beneficiado de los cursos que hemos hecho, que hay mucha gente para la que fue su primer trabajo y les dimos una oportunidad para crecer, en fin, esos 10 años sirvieron para muchas cosas buenas.

Alivio no voy a sentir del todo hasta que no termine el proceso judicial y pueda dejar claro que yo no he hecho nada, cosa que desgraciadamente hasta ahora no me han dejado hacer.

Me cuesta hablar del tema, durante mucho tiempo me ha dado vergüenza, pero gracias a lo que me he trabajado en este tiempo he salido reforzada porque he cambiado en muchísimas cosas.

Entre el cierre del CIO y la apertura de Food Room te has tomado un año “sabático”…

Y me he dedicado a mí misma y a mi familia. Ha sido estupendo porque ha sido el año en el que verdaderamente me he trabajado, me he cuidado a mí misma, empecé a correr que me vino genial para despejar la cabeza, y he estado mucho tiempo con mi hijo. No había parado desde que cumplí los 18 años. Estaba agotada, y sobre todo seca por dentro.

Al principio me costaba hasta salir, pero poco a poco he ido recuperándome y he vuelto a encontrarme con aquella persona que fui. Una persona alegre, con ganas de trabajar, de comerme el mundo, pero sin esa ambición que tenía antes. Ahora lo que quiero es ser feliz.

Y montas Food Room…

Durante ese año me planteé muchas cosas sobre mi futuro profesional. Emprender me daba miedo, mucho miedo, nunca me había visto como emprendedora. Pero lo que me pasó me condicionó también, no me veía capaz de hacer entrevistas de trabajo sin poder defender bien lo que había hecho. Así que decidí montar mi propio negocio y ahora estoy encantada de haberlo hecho, porque estoy haciendo lo que quiero.

¿Te ha pasado alguna vez por la cabeza que te puedan meter en la cárcel? ¿Qué el proceso judicial acabe mal para ti? 

No. Me considero una persona realista, pero es que no considero para nada que eso pueda pasar. Yo tengo muy claro el trabajo que he hecho, y no te digo que pueda haber temas administrativos que se podían haber hecho mejor o peor, no lo sé. Pero desde luego no he cometido un delito penal de malversación de fondos públicos, en absoluto. Está todo ahí, se puede demostrar. En ese sentido no tengo ninguna duda de que esto se vaya a arreglar. Ahora, me gustaría que fuera más rápido.

¿Cómo te trató toda esa gente a la que tú le diste aquella oportunidad en el CIO aunque luego tuvieras que despedirla? 

Algunos lo agradecieron y otro no. Cometí un gran error y es que me tomé de manera muy personal ese final. Pero no sabía hacerlo de otra manera, yo había dado mí vida allí, había trabajado mucho…

Como yo fui la que dio la cara todo iba contra mí. Ahora entiendo que la gente no estaba en contra mía. Ahora soy capaz de ponerme en la piel de la gente. Todo el mundo tiene familias, todo el mundo tiene necesidades, todo el mundo necesitaba un despido, una indemnización, en fin, todo el mundo necesita eso. En estas situaciones todo el mundo también tiene que pensar en uno mismo y en su familia. Ahora, dentro de eso, pues hay gente que supo agradecer esos años de trabajo y de convivencia, y gente que no.

 

Sí pudieras decirme en tres líneas qué conclusiones has sacado de estos diez años de tu vida… ¿Qué ha aprendido esa Mariola, a través de toda esa experiencia, que no lo tenía la Mariola de antes?

Lo primero, te diría que nada es tan importante como para dejarse la salud por el camino.

He aprendido que no se puede controlar todo, porque yo en el CIO intentaba controlar absolutamente todo. Hay que ser menos perfeccionista, porque aunque es bueno buscar la excelencia, al final exiges a los demás demasiado.

Ahora me tomo la vida de una forma mucho más relajada y por primera vez en toda mi vida vivo el momento. Nunca lo había hecho hasta los 41 años. Siempre miraba para adelante, siempre quería más y más.

Ahora estoy muy feliz con cada día. Vivo cada cosa que hago con mucha ilusión. He aprendido que todo tiene solución, menos la muerte. Que eso verdaderamente no la tiene, pero la mayoría de las cosas que nos tomamos a la tremenda sí.

Yo no he sido de esas mujeres que quería tener un hijo a cualquier precio, pero este año me ha servido para descubrir mucho de la maternidad, el disfrutar de mi hijo, ver cómo evolucionan los sentimientos… La maternidad pone muchas cosas en perspectiva de lo que realmente importa y de lo importante que es la familia.

¿Tú hijo sabe lo qué es ETA?

No tiene ni idea. De hecho, mi hijo no sabe que su abuelo no es su abuelo.

¿Se lo piensas contar algún día?

Sí, por supuesto. No hay que olvidar los errores que cometemos. La Guerra Civil, fue un error y se cometieron muchas atrocidades por ambos bandos, y la dictadura luego también fue una burrada, y eso no hay que olvidarlo, al igual que no hay que olvidar a los Nazis, y lo que pasó con ETA tampoco.

Hoy en día parece como que no ha pasado nada y eso sí que no puede ser porque, por lo menos estas personas se merecen que se las recuerde, porque han sido víctimas de esa situación que se vivió en España. De hecho, alguna vez he pensado en ofrecerme voluntaria en los colegios para contar mi experiencia en primera persona, porque esto no se puede olvidar tan fácilmente, no se debería olvidar, pero no porque yo quiera vivir en ese recuerdo trágico toda mi vida, sino para que aprendamos de ello y no cometamos los mismos errores.

Al día siguiente de salir del calabazo le dije a mi hermana que aquello no podía haberme pasado para nada, que no podía ser un episodio más en mi vida. Le dije que aquello tenía que producir un cambio en mi vida, y así ha sido, pero porque yo me lo he trabajado, hay gente que no lo hace.

Trabajarse a uno mismo. Cuantas veces no despertamos a esa necesidad hasta que nos pasa algo grave que agrieta nuestros cimientos… Realmente releyendo la entrevista de Mariola me afianzo en mi idea de que en una vida, caben muchas vidas, y nunca es tarde para empezar a ser feliz.

Mariola Ustaran

Gerente en Food Room

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Redacción: Ana Porras Fotografía: Manuel Martos

Audio transcripto por Atexto

2 comentarios
  1. Soy Alfredo y tu madre te contara lo que tus padres y yo fuimos y seguimos siendo. Algún día quizás hablemos sobre todo de lo que ni quieres ni pueda recordar pero qu jamás yo he podido olvidar.Hasta entonces solo decirte que te quiero ,que os quiero y así sin reconocerte te admiro

  2. Hola Alfredo, de ti si me acuerdo, sobre todo de una casa grande con muchos perros! Siempre has estado muy presente en nuestra familia, se que eras un gran amigo de mi padre así que supongo que podrías contarme muchísimas cosas. Muchísimas gracias por tu mensaje, es precioso. Espero que nos veamos pronto, me encantaría! Un fuerte abrazo!

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