Mantillas y flores. Religión, cultura y tradición

Frente a la globalización nacen movimientos y asociaciones que llevan por bandera defender nuestras tradiciones y con ello nuestra cultura. Es el caso de La Coracha, asociación malagueña que se ha propuesto recuperar nuestras costumbres. Uno de sus objetivos es recuperar el uso de la mantilla y para ello, además de incluir en el calendario de actividades de la capital su “Exaltación de la mantilla”, apuestan porque las veamos en las calles.

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Si el año pasado consiguieron que 20 señoras participaran en la ofrenda floral a Santa María de la Victoria en la mañana de su festividad, en esta ocasión han sido 80 mujeres ataviadas con la tradicional mantilla las que completaran en el recorrido desde la entrada de calle Larios hasta la Catedral.

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Para facilitarles que se vistiesen de mantilla las citaron a las 9 de la mañana en el también tradicional Café Central. Allí dos mantilleros, Francis Reina y Antonio Moreno, ayudaron a colocar correctamente mantilla y peineta a más de medio centenar de señoras.



De entre todas las participantes hubo dos que llamaron especialmente la atención por lo desconocido que resulta el diseño y colorido de las mantillas que lucían; se trataba de dos mantillas madroñeras típicas de Ronda.

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Religión y tradición se funden en un acto como este que enaltece el fervor religioso pero también nuestra cultura y raíces.

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El origen y la historia de la mantilla

La mantilla, hoy reservada al uso ornamental en actos religiosos y protocolarios, en su momento fue un elemento más del vestuario femenino de la época.

La mantilla surge de la evolución del manto que las mujeres usaban para abrigarse. Por eso, dependiendo de la zona del país se confeccionaba con tejidos más gruesos o más finos.



En un principio, las mujeres que hacían uso de ella pertenecían al pueblo llano. Esto comienza a cambiar a partir del siglo XVII, cuando el paño y los tejidos más bastos se sustituyen por encajes. Aún haría falta un siglo para que las clases más altas se sumaran a esta moda. Se debe a la Reina Isabel II la asociación de esta prenda a las mujeres de la alta alcurnia. Amante del uso de complementos en la cabeza la adopta para su vestuario habitual y la hace popular entre las cortesanas y la aristocracia del momento. De hecho, la moda se mantiene mientras la monarca vive. A partir de 1868, fecha en la que acaba su reinado, decae su uso en la zona norte del país, y en el sur y el centro se reserva para ocasiones muy concretas.

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Pero este elemento ornamental tiene tras él una historia en la que sirvió de elemento clave de una revolución femenina. Tras la llegada al trono de Amadeo de Saboya y su esposa Maria Victoria y ante su intención de imponer sus costumbres extranjeras se produjo “la revolución de las mantillas”. Las mujeres de la época encontraron en esta prenda una forma de reivindicar nuestras tradiciones. Tres años después de su llegada, el monarca dejaría el trono por la “ingobernabilidad” de los españoles. No sabemos si las mantillas fueron un armamento clave para ello…

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Y aunque en aquel momento se usó para reivindicar lo nuestro, la mantilla caería de nuevo en desuso hasta transformarse en una pequeña toquilla que las mujeres usaban para cubrirse la cabeza en las iglesias. Actualmente, junto a la peineta, sólo se luce en actos religiosos solemnes. Ya que incluso las madrinas de las bodas comenzaron a descartarla tras la introducción y auge en la moda española de los tocados y sombreros a finales del siglo pasado.


 

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El protocolo de la matilla

Ponerse la mantilla requiere su arte y tiene unas normas. No todo vale si se quiere llevar de manera correcta y como mandan los cánones.

El largo

La mantilla deberá contar con un largo concreto dependiendo del cuerpo de cada persona. Si miramos a la mujer de frente la mantilla deberá llegar hasta  la altura de las manos y si la miramos de espaldas, esta deberá bajar unos centímetros por debajo de la altura de la cadera.

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El vuelo

No se considera de buen gusto que la mantilla quede al vuelo. Por ese motivo, generalmente, lo recomendable es sujetarla a los hombros de la señora teniendo en cuenta que quede con la suficiente holgura para que la mujer pueda girar la cabeza sin dificultades.

El tejido

El tejido marca, en cierto modo, la categoría de la mantilla.

1.-Blonda: es un tipo de encaje de seda, que habitualmente está adornado con motivos florales de gran tamaño realizados en seda y que quedan más brillantes que el resto de la pieza. La ondulación en sus bordes o “puntas de castañuelas” son algo muy característico en la blonda.

2.-Chantilly: se utiliza el tejido proveniente de esta ciudad francesa. Resulta el más ligero y elegante.

3.-Tul: Es el material más usado y corriente y es conocido como mantilla de encaje. Se usa como imitación de las mantillas de chantilly y blonda.



Los colores

 Esta es una de las cosas que más debate suscita, pero si nos regimos estrictamente por la norma, hemos de tener en cuenta que la mantilla blanca o marfil, está reservada a las solteras, y la mantilla negra, para las casadas. El uso ha hecho que esto no se respete en la mayoría de los casos y se elijan los colores según si la ceremonia es de día o de noche. De hecho una de las señoras ataviada con madroñeras típica de Ronda lucía el color rojo.

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El peinado

 Lo protocolario e indicado es llevar el pelo recogido en un moño. La mantilla debe cubrirlo de forma correcta.

La peineta

Es muy importante que tengamos en cuenta nuestra altura para su elección. Las más bajitas pueden permitirse elegir una peineta alta, mientras que las más altas pueden apostar  por un diseño más pequeño, lo que además contribuye a la comodidad de llevarla.  Habitualmente, el material suele ser de carey.

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El vestido

Decía Manolo Escobar en su canción que no le gustaba que a los toros llevase la minifalda. Pues aquí hay que aplicarlo y ser rigurosos en ello. En el caso de la mantilla podemos decir que el largo mínimo del vestido debe estar por debajo de la rodilla, nunca más arriba de esta. En el caso de que se trate de la madrina de la boda lo indicado es que el traje sea largo. Los escotes han de ser en forma de barco o de pico.

Y sobre todo es importante la actitud de la mujer que la porta y ser consciente del momento en que la porta. Todos estos factores son determinantes para que una mujer vaya correctamente ataviada con la mantilla española.

Ana Porras Guerrero

Directora en Yo soy Mujer

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Fotografía: Lorenzo Carnero

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