Porque madre no hay más que una, ¿o no?

El domingo celebrábamos el Día de la Madre y las redes y los medios de comunicación se llenaban de noticias y reportajes donde las madres, se convertían en las únicas y auténticas protagonistas. Y es que dicen que ser madre es una de las tareas más importantes que existen en la vida. Una ‘profesión’ a tiempo completo durante el resto de tu vida a la que, en ocasiones, apenas puedes robar un segundo para pararte, respirar y continuar hacia adelante.



Las madres ejercen un papel fundamental –deberíamos decir  que vital y determinante- en nuestras vidas, y eso es algo que nadie pone en duda. Solo ellas saben leer nuestros ojos, responder a nuestras preguntas- voluntad al menos no les falta– y levantarnos cuando la vida nos pone alguna que otra piedra por el camino. Por eso, hemos querido dedicar este artículo a esa figura tan importante, que tanto da sin esperar nada a cambio. Porque madre no hay más que una, ¿o no?

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Cuando los bebés nacen no lo hacen con un libro de instrucciones bajo el brazo, sino que todo se aprende “sobre la marcha”, en medio de una vorágine de sentimientos y cambios que poco podíamos imaginar cuando nueve meses atrás descubrimos que, a partir de ese momento y durante muchos años, alguien iba a depender de nosotros para vivir. Sin embargo, y aunque cada mujer afronta la maternidad de manera muy diferente, hay muchas cosas que todas las madres tienen en común: el sentimiento de sentirse perdidas, indecisas e, incluso, muchas de ellas, desbordadas por el sinfín de obligaciones que, de pronto, recaen sobre sus hombros.



A pesar de estos aspectos comunes de este ‘oficio de por vida’, hay madres de todo tipo. Las hay que pasan horas en la cocina dedicadas a preparar los platos favoritos de sus pequeños, y están las que cada noche apenas tienen tiempo más que para encargar una pizza al restaurante de comida rápida más cercano. También las hay que deciden abandonar sus profesiones para dedicarse al cuidado de los niños, y las hay que, abocadas por las circunstancias económicas, no tienen más remedio que pedir ayudar a los abuelos para afrontar su día a día profesional. Están, por una lado, las que apuestan por una educación férrea y, por otro, las que prefieren dar total libertad para que sea el niño el que, a través de sus aciertos y errores, configure su propia personalidad y vida. Y todas, todas, lo hacen bien, perfectamente bien.

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Cada mujer aborda la maternidad de una manera. Cada una lo hace como mejor sabe hacerlo, poniendo lo mejor de ellas mismas y nadie, absolutamente nadie, puede reprocharles nada.

Te proponemos descubrir qué tipo de madre eres. No para juzgarte, sino para que te comprendas y reflexiones.



¿Por qué es tan importante conocerse como madre?

Saber qué tipo de madre eres puede ayudarte, a todas luces, a conocerte como mujer, comprenderte, potenciar tus virtudes, mejorar tus debilidades y, por qué no, disfrutar aún más de la maternidad de lo que hubieras podido llegar a imaginar.

¿Cuántos tipos de madres existen? Pues tantos como madres hay. Si eres madre y estás leyendo este reportaje, sabrás que, convertirte en madre implica establecer una relación especial con los hijos, basada en un férreo vínculo afectivo que tiene, como pilar fundamental, un instinto de amor incondicional y que se manifiesta en la crianza y educación de los hijos, así como en el cuidado y protección de los mismos.

La maternidad implica, en numerosos casos, tener que convertirse en una auténtica superheroina capaz de hacer frente a multitud de obstáculos y dificultades, leer el pensamiento, anticiparse a los problemas y encontrar soluciones casi milagrosas. Un intento de superwoman abnegada que lo da todo a cambio de nada.

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Y tú, ¿qué tipo de madre eres?

Cada madre, antes de ser madre es mujer y, ésta, cuenta con su propia personalidad. Es precisamente esta personalidad propia la que va a terminar definiendo, en último lugar, qué tipo de madre es. Hoy queremos repasar contigo 5 perfiles entre los que, seguro, te reconoces. ¿Te atreves a examinarte a ti misma como madre?

Madre asfixiante

¿Sientes que tienes que estar al tanto de todo lo que hace tu hijo? ¿Has empezado a hacerle un rastreo digno del mismísimo Colombo? ¡Para! No es necesario que controles todo lo que rodea a tu hijo. La preocupación de una madre es normal, pero llevarla al extremo puede ocasionar más perjuicios que beneficios. Si te identificas con este tipo de madre sufrirás mucho, no te relajarás nunca e imaginarás constantemente peligros acechando a tus hijos.

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Si la sobreprotección es excesiva puede llegar incluso a generar en los niños un sentimiento claro y patente de inseguridad, es decir, se sienten indefensos y se ven incapaces de salir adelante sin la ayuda de su madre. Es cierto que los niños necesitan protección, pero no lo es menos que si un niño siente la sobreprotección de su madre, es muy probable que no aprenda a solventar los problemas de manera madura, sino que siempre espera que su madre lo solucione.

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Madre exigente

Son madres que se sienten absolutamente orgullosas de las capacidades y actitudes de sus hijos. El problema viene cuando este orgullo es llevado al exceso y se convierte en una exigencia clara hacia los más pequeños. Esto puede ser positivo si lo entendemos como una manera de incentivar a los niños a que superen las dificultades que se presenten en su camino pero, por otro lado, puede convertirse en un auténtico lastre para ellos, que ven cómo deben estar de manera continua compitiendo por destacar, sin que nadie se preocupe realmente de lo que ellos quieren verdaderamente.



Madre autoritaria

 Se trata de la combinación entre la madre asfixiante y exigente. Para muchos, autoritaria es sinónimo de ogro, pero tras este perfil encontramos a una madre que se preocupa por sus hijos y que busca que éstos trabajen bien y tengan buenos resultados en cualquier ámbito de sus vidas, por lo que se muestra especialmente exigente.

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Exigir está bien, pero no te conviertas en una madre sargento. Hazles entender la importancia de que cumplan con sus obligaciones, pero encuentra momentos para disfrutar de ellos y hacer cosas juntos.



Madre cómplice

 ¿Eres la mejor amiga de tus hijos? Hace algunos años éste era el mayor halago que una madre podía recibir. Sin embargo, con el paso del tiempo ha quedado suficientemente demostrado que los niños necesitan, por un lado, a sus madres y, por otro bien distinto, a sus amigos. Las madres ayudan, guían, protegen y siempre han de estar abiertas a establecer con sus hijos una comunicación fluida a través de la que les ayuden a enfrentarse a la vida. Las madres pueden –y deben ser- cómplices en ocasiones, pero como norma no, ya que deben ser referentes en la vida de sus hijos.

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Madre cariñosa

Aunque algunas mujeres tienen más desarrollado el sentimiento del afecto que otras, lo cierto es que todas las madres son cariñosas con sus hijos. El afecto es muy importante para los pequeños de la casa y nunca debe ser entendido como sinónimo de falta de límites o con la sobreprotección.

Y tú, ¿con qué tipo de madre te indentificas? Puede que hasta dependiendo del día de la semana lo hagas más con una o con otra, o que cada uno de tus hijos saque un tipo de madre de ti. Porque ser madre en cierto modo es eso, vivir una aventura cada día.

 

Rocío Alcántara

Redactora en Yo Soy Mujer

 

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