Lorena Codes

Empiezo por el final. Málaga. Finales de enero. Me despido de Lorena Codes en una esquina, entre la plaza del Carbón y calle Granada. Se nos ha hecho tarde. Lo que empezó siendo un café de media tarde se podía haber convertido en unas cervecitas previas a la cena. Hace frío, y más con la caída de la noche, pero las terrazas de bares y restaurantes lo combaten con estufas y están llenas. 

Bajo hacia la Catedral, totalmente iluminada, imponente, y de pronto enfoco la mirada en otra Málaga. Empiezo a mirar con otros ojos, los mismos con los que la mira Lorena Codes, con ojos de mujer enamorada. Me propongo redescubrir sus calles y rincones de camino al coche. Es como cuando tras una relación de pareja de muchos años buscas el redescubrir a esa persona, te quitas la venda de la rutina, de la cotidianidad y buscas eso que un día hizo que te enamorases. 

Llegando a Alcazabilla casi me atropellan unos extranjeros jóvenes en bicicleta, ríen, a carcajadas. Más allá, ante el Teatro Romano, dos quinceañeras se hacen un selfie poniendo morritos. Me pregunto: ¿será para instagram? Las Casas de Hermandad de Estudiantes y Sepulcro majestuosas me saludan a mi paso. Casi puedo oír mis tacones golpeando el suelo si no llega a ser por unos críos que irrumpen de pronto con patinetes frente a El Pimpi. Es de noche, pero no es tan tarde. Un grupo de personas sale o entra del Alameda. No lo sé. Hacen corrillos en la puerta. La Alcazaba iluminada, igual que las setas de calor en torno a la que disfrutan de las vistas propios y ajenos. Miro hacia arriba y veo la azotea del Batik. ¡Qué bien se come! Me digo que tengo que volver. Me he quedado sin tabaco, sigo teniendo ese mal vicio. Entro en uno de los bares a preguntar si venden: “Niña, deja el tabaco y quédate a tomarte una cervecita”, me dice el camarero. Eso también forma parte de Málaga. De esa ciudad que Lorena Codes ha sabido reflejar en sus artículos, esa ciudad llena de protagonistas, de esa ‘Gente de Málaga’, esas personas del ‘Sur’. 



Hemos quedado en el Molina Lario. Se me ha ido complicando la tarde y le he ido retrasando la cita. Me dice que no pasa nada, que me entiende, compartimos profesión y eso hace que empatice. Eso y su forma de ser. Me ha ofrecido su casa para hacer las fotos, que es lo que hace ella con sus entrevistados, entrar en esa parcela íntima que para la mayoría refleja nuestro hogar. Le agradezco profundamente el detalle. Finalmente las hacemos cerca de la Catedral. 

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Lorena Codes podría ser la ‘Carrie Bradshaw’ de Málaga. O al menos si coincides en un evento con ella y observas, así es como la tratan. Pero me da la sensación que poco tiene que ver con ese personaje. Culta, amante de la literatura y el arte, de una tarde en el museo, o una mañana o una noche, profundamente amante de la música. Niña de pueblo y a mucho orgullo, del suyo, Cañete la Real, que ha rozado las estrellas pero que sabe cómo pisar; fuerte, despacio y sin tambalearse, firme, con una dirección clara. 

Os presento a la mujer que hay detrás de la firma que aparece cada domingo en el suplemento de un diario provincial, quizás el más importante, os presento a Lorena Codes. 

Lorena, ¿Cuándo te vienes a Málaga?

Mi pueblo es muy pequeñito, Cañete La Real sólo tiene tres mil habitantes, viví allí hasta los diecinueve años. Fue entonces cuando me vine a Málaga a estudiar la carrera de periodismo. Me sigo sintiendo cañetera, aunque el Instituto y el Bachillerato lo hice en Ronda.

¿Cuándo decides estudiar periodismo?

Lo que siempre he hecho es escribir. Desde pequeñita ya escribía cuentos, alguna vez incluso gané algún certamen de literatura infantil, y siempre he tenido ahí ese mundo de fantasía. Lo que más me ha gustado es leer y escribir. Ya de mayor, mi obsesión era hacer la carrera y trabajar en esto. Antes de terminar la Universidad hice las primeras prácticas en Canal Dos Andalucía, en un programa que se llamaba ‘Andalucía Memoria Viva’, en la tele.

Bueno, ¿y cómo fue lo de llegar a Málaga? Porque había más gente en la Universidad que en tu pueblo. (bromeo)

Claro, recuerdo que cuando llegué a Málaga no me gustaba nada, me parecía un horror. Yo no sé si es porque tenía todavía la mente muy pequeñita, o porque la ciudad ha cambiado mucho, o yo he cambiado mucho, pero a mí Málaga me horrorizaba. De hecho, llegaba el viernes, y me iba a mi pueblo, indefectiblemente. No me quedaba aquí porque no me gustaba nada. Con el paso de los años y el crecimiento de la oferta cultural fui amando un poquito la ciudad y ahora no me imagino viviendo fuera de Málaga.

Porque amo esta ciudad incluso con su parte negativa, que la tiene, yo soy muy crítica, pero a mí me encanta Málaga, la adoro. Me siento muy boquerona también.

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¿ Qué te tiraba tanto de Cañete para irte todos los fines de semana con esa edad? 

Entre otras cosas la familia. Somos cuatro hermanos, yo soy la mayor y el pequeño tiene 16 años. Nació cuando yo estaba en la Universidad. Somos una familia muy grande porque tengo muchos primos, tíos y esa parte de raíz la conservo y a mucha honra, porque me nutro de todo lo que soy, me recuerda donde estoy y de dónde vengo.

 ¿Te escapas mucho a tu casa?

Ahora no. Pasé de ir muchísimo en la época de la facultad a no ir casi nada. Me sigue gustando mi pueblo, pero lo que te decía, la mente se ensancha un poco, y ya no es lo mismo. Se te queda un poco pequeño para hacer cosas. Por lo menos en Cañete cada vez hay menos actividad. Cuando yo era pequeña había cine y teatro, pero parece ser que hay un abandono brutal de la cultura en los pueblos y ahora es como un desierto. Mis amigas están cada una en una ciudad distinta, y al final las veo más aquí en Málaga que allí. Cuando voy es para estar con mis padres, estoy un ratito con mi abuela, me cargo de energía con ellos y me vuelvo, pero voy poquito, la verdad que sí, me van a excomulgar. (Se ríe)



Bueno, Lorena en un pueblo de tres mil habitantes, tú eres “la hija de la hermana de la prima de…” Pero al llegar a Málaga eres sólo tú. ¿Cómo es esa experiencia?

Cuando llegué a Málaga llegué de la mano de una compañera del instituto, Noelia, llegamos juntas. Ella estudiaba Turismo y yo Periodismo, y las dos nos hicimos aquí nuestro propio pequeño mundo. Tuve la suerte de coincidir desde primero de carrera con gente muy especial. Me hice un grupo de amigos muy fuerte, que he ido incrementando con el paso de los años. Siento que tengo otra familia aquí, nunca me he sentido sola. Tampoco soy muy cerrada, lo único que no me gustaba era el ritmo de la ciudad. Me parecía una ciudad triste, ¡fíjate que Málaga es de todo menos triste! Me parecía fea, lo tengo que decir. Y no me sentía en mi sitio y como te he dicho antes, ahora no me veo fuera de aquí.

Eso me lo ha dado el cambio de mentalidad y los trabajos que he tenido. Entré muy prontito a trabajar en el ‘Sur’, fue el tercer trabajo que tuve y ahí también me hice otra pequeña familia que conservo todavía, por suerte. A mí me ha tratado la vida muy bien, he tenido mucha suerte y no he tenido nunca ganas de huir, y eso que he tenido oportunidades de irme, pero no he querido, siempre me ha podido más la nostalgia de lo mío que la fuerza de lo que pueda venir. No sé si me he equivocado o no, pero aquí estamos.

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Si no me equivoco estuviste haciendo información local.

En Europa Press, hice las primeras prácticas después de terminar la carrera. Y de ahí ya entré en ‘DiarioSur”, empecé por la crónica universitaria, que era el paso previo a cualquier sección, para pulirte. También pertenecían al grupo Málaga Televisión, Punto Radio y el gratuito ‘Qué pasa’. Entramos veinticinco becarios. Y yo tuve la suerte de ir enganchando una sección con otra. Hice local mucho tiempo, cubrí también cultura, incluso el suplemento de golf dos meses.

¿Entiendes de golf?

El responsable de personal, Leopoldo Canivell, me llamó un día y me hizo esa misma pregunta, y le dije que no entendía nada. Sabía que se juega con un palito y una pelota y ya está. El compañero que coordinaba el suplemento, estaba de baja, así que insistió y me dijo: “¿Tú te atreverías a coordinar un suplemento de golf?” Y mi respuesta fue: “Si os atrevéis vosotros yo me atrevo, pero con supervisión”. Y lo hice durante dos meses. Así que prácticamente he hecho de todo.

En 2008 me ofrecieron una corresponsalía dentro de ‘Sur’, pero se me presentó la oportunidad de irme al diario gratuito ‘Qué’. Tuve dos semanas de crisis porque para mí el ‘Sur’ era como mi casa. Pero ahí me pudo más lo personal.  El gratuito tenía unas condiciones mucho más light, los cierres eran fantásticos, a las siete de la tarde ya nos íbamos, bastantes vacaciones y me compensaba tener un poco más vida personal en ese momento. No sé si acerté, pero viví cuatro años muy felices con mis compañeros. Me marcó muchísimo esa etapa. Una vez que cerró me ofrecieron llevar el suplemento del fin de semana y aquí estamos. Siempre he sido muy de impulsos, de dejarme llevar, por lo que creo que puedo hacer nuevo, por la ilusión. Yo no funciono si no hay ilusión en un proyecto y en ese momento me ilusionó aquello.

¿En qué parcela del periodismo estás más cómoda trabajando?

Lo que más me gusta es la cultura. Yo no soy más feliz que haciendo una crítica de cine, de música, teatro, arte, soy muy melómana. Eso es lo mejor para mí. Y quizá he hecho un poco de mi capa un sayo, porque al final en el suplemento, hasta donde llega mi libertad, siempre acabo tirando hacia lo que me gusta.

Si hay algún tema que no me entusiasma mucho siempre busco qué puedo sacar de ese tema que me guste y que me ilusione. Sí te digo que al principio de coger el suplemento me dio un poco de miedo, porque quieras o no es periodismo de estilo de vida, de moda, decoración, eventos, y todo eso tiene un estigma de frivolidad. Incluso un cliché femenino de que es periodismo para mujeres, periodismo menor, y yo no me quería encasillar ahí. Sin embargo creo que le he dado la vuelta con lo he hecho en estos cinco años, que ha sido conocer a gente estupenda de ámbitos muy diversos desde empresarios, artistas, políticos…, que me han aportado puntos de vista muy diferentes y han extraído de mí la capacidad de sacar algo de todos ellos. Al final es un reto cada semana, al menos yo lo veo así.

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Lorena cada semana te metes en la casa de una persona, de esa ‘Gente de Málaga’. ¿Cómo es la experiencia? Porque entras en su terreno más íntimo. 

Reconozco que al principio fue muy difícil. Estaba por entonces el programa de televisión “¿Quién vive ahí?”, que es muy diferente a lo que yo hago. Yo no quería hacer eso, lo tenía muy claro desde el principio, y tampoco me quería convertir en una especie de Nati Abascal, para empezar, porque no tengo ni su estilo ni tengo esa vocación. Así que plantee mucho el enfoque que le íbamos a dar. Al final salen las fotos de su casa y el personaje se tiene que fiar de mí. Cada vez que tengo una entrevista pienso que detrás de cada puerta hay una persona con una historia, y seguro que dentro de esa historia hay algo que yo pueda contar. De los personajes muchas veces, el que menos pensaba, ha sido el que me ha contado la historia más fascinante.

Eso me permite mucha fantasía porque además las casas me hablan, me dan pistas del personaje. A partir de ahí monto un mundo y lo suelto. A veces mejor,  y a veces peor, pero a mí me divierte y ya te digo, es un reto cada semana.

¿Te ha pasado de bloquearte con una entrevista o que se te atragante el texto?

Yo tengo un problema, y es que cuando algo me gusta se me nota mucho, y cuando no, se me nota más. No soy muy disciplinada, no tengo un método, me gustaría pero no lo tengo. Así que si un personaje me entusiasma mucho y su historia me entusiasma mucho, me dan ganas de escribir seis páginas y se me nota, y cuando no me ha contado nada, o cuando no me ha llegado, entonces lo paso mal. Y lo paso mal porque te enfrentas a la página en blanco y no sabes por dónde empezar, ni cómo vas a seguir, ni como vas a llenar aquello con 6 mil caracteres.

Me pasó con un personaje súper plano, con una casa muy grande pero muy vacía y sin personalidad, y en esos casos lo que hago es tirar de sensaciones, de lo sensorial, de qué efectos ha producido en mí esa casa, y al final sale, eso sí que te lo puedo garantizar, el jueves por la noche está el suplemento cerrado.



¿Cómo eliges a los personajes?

Pues lo que te digo, al principio fue muy difícil porque era: “Hola, soy Lorena Codes, trabajo en Diario Sur, estoy haciendo esto…”. Primero la gente no lo conocía y luego el miedo de que alguien va a enseñar tu casa en un periódico. El enfoque inicial estaba más dirigido hacia casas espectaculares, luego fuimos cambiando y nos interesaban más las historias, pero aún así tú le abres tu casa a todos nuestros lectores que son muchos. Pero esto es como las bodas, que de una sale otra. 

Si el reportaje ha gustado y no se ha sentido incómodo el personaje, y hasta ahora nunca me ha pasado, siempre te sale otro. Después de cinco años ahora es al revés, me llegan a mí las propuestas y me llegan muchos correos, de algunos han salido reportajes y de otros no, pero ahora ya es más fácil. Además al final “la cabra tira al monte”, y yo creo que he entrevistado a todos los artistas jóvenes de Málaga porque me interesa mucho, y sobre todo me interesan mucho los “personajes”. Esa gente que tiene una vida de película, que a lo mejor son anónimos, pero tienen una vida digna de contar, y yo intento contar esa parte que de otra forma no tendría ese minuto de gloria. Me encanta descubrir esas historias apasionantes. Llevamos doscientas cuarenta y tantas casas, así que imagínate si he sacado historias potentes.

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Málaga tiene mucha gente que ha venido de fuera, y también tiene una parte más endogámica que es de aquí, que se conocen de toda la vida y son familias de toda la vida que se relacionan entre ellas ¿Cómo es la sociedad de Málaga según tu experiencia?

En lo que dices llevas mucha razón, Málaga es una ciudad que en buena parte, es una ciudad de provincias, tiene mucho de pueblo pero, por otra parte, es como cuando te enamoras de alguien y ya no le ves defectos, que te gusta todo. Como decía Roberto el de ‘Tabletón’ en la canción que escribió Juan Miguel el poeta, hasta “la parte chunga”. Pues esa “parte chunga” de Málaga la ves, existe, hay cosas con las que yo no comulgo y no comulgaré nunca, pero la amas como parte de esa otra parte que te gusta mucho. Málaga tiene cosas muy positivas, como por ejemplo el hecho de no renegar de nadie, si te acogen ya eres malagueño, da igual de donde vengas, y eso hace que la ciudad sea muy rica y que no se cierre a nada. Aunque también es un peligro, porque todo lo que viene no es bueno ni adoptable, y aquí lo adoptamos todo. En cualquier caso, en los últimos quince años Málaga ha cambiado bastante y por lo menos tiene una vocación cosmopolita, no digo que lo sea, pero tiene esa vocación y hay una base de gente que es muy creativa. En Málaga hay muchísimo talento que quiere hacer cosas, otra cosa es que lo consiga o no, y que llegue a visualizarse.

Voy a caer con esta pregunta en el ‘LifeStyle’ frívolo del que hablabas antes: ¿Ha evolucionado también Málaga en la forma de vestir? ¿Es una Málaga distinta de cuando tú llegas?

A ver, Málaga es muy libre, Málaga no es Sevilla, no es Granada, no es Córdoba. En las ciudades del interior hay una preocupación por demostrar quién eres en base a tu apariencia. En Málaga creo que eso no preocupa mucho, nos importa más el estilo de vida, o sea, dónde vas a cenar esta noche, dónde te vas a tomar la copa, eso aquí es religión. Pero no se le da demasiada importancia a la apariencia, lo que sí hay en moda es mucha gente muy creativa, diseñadores jóvenes, insisto que aquí en Málaga a veces ni los conocemos. Hay gente que está triunfando fuera exportando a un montón de países que aquí son desconocidos y que tienen premios nacionales. Y luego, en el tema de costura concretamente, los diseñadores malagueños son buscados no por gente de toda España, sino por gente de todo el mundo, aquí viene gente a hacerse su traje de novia desde Suiza o desde Londres. Tenemos mucha calidad, no sé si es por el sol, por el estilo de vida o por la alegría, pero es una ciudad muy creativa. Luego ya el malagueño, como te digo, si tiene cien euros y tiene que decidir donde lo invierte, probablemente acabe en el bar de copas, en un restaurante y no en la tienda de moda.

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Me da la sensación que eres un poco la periodista de “sociedad” más conocida de Málaga. ¿Te limitas a la hora de tener libertad, a la hora de escribir o hay que estar siempre midiendo?

Yo sé donde escribo, para quién escribo y cuáles son los lectores de Sur, pero a mí nunca me han puesto corta pisas. Otra cuestión es que uno sea responsable con lo que escribe. Creo que hay cosas fundamentales y cosas que no son tan importantes, entonces uno tiene que calibrar el ejercicio del periodismo en base a la vocación que tiene. Cuando escribo una critica de un desfile de moda, yo no creo que tenga tanto poder como para arruinar una carrera. Quizás si puedes poner algo con lo que el diseñador no está de acuerdo, pero eso no es lo mismo que cuando tú estás tratando con temas de política que van a influir en la vida de muchas personas. Uno tiene que saber dónde está y que tiene una responsabilidad cuando escribe. Bueno, hay gente a la que sí le encanta ir de reina de corazones cortando cabezas. Yo creo que sobre todo hay que ser comedido, que tampoco ganas nada diciendo determinadas cosas. Muchas veces pedimos a los periodistas de moda o de deportes que sean muy críticos y a lo mejor el que realmente puede cambiar las cosas es el que está en ‘economía’ o el que está en ‘educación’.



¿Has recibido alguna vez una llamada recriminándote lo que has escrito en un artículo o un reportaje?

Sí, y normalmente la recibes precisamente cuando decides que ese día vas a ser más libre que nunca y vas a decir lo que piensas. Y luego están esas otras llamadas que recibes de: “¿Oye por qué de mí no has hablado? ¿y Por qué a fulanito le dedicas más espacio que a mí? ¿Y por qué en el subtitulo yo no estoy y fulanito sí?”, y bueno, pues aquí estoy yo para responder y para explicar, si creo que te tengo que dar explicaciones. Porque de todas maneras, el periodista no es un relaciones públicas, yo no tengo que quedar bien con nadie, a quien me debo es a mis lectores y a mi propio criterio, y evidentemente a mi jefe si me tiene que dar un toque. Yo no estoy a servidumbre, no soy un gabinete de prensa de la moda malagueña, ni muchísimo menos, vamos, y creo que puedo presumir de tener buena relación con todos, pero también guardo mucho la distancia, y eso lo he hecho desde el principio, me ha costado, pero yo no soy amiga de ninguno.

¿De ninguno?

No, les tengo más cariño a unos que a otros, algunos llegan a ser mis amigos fuera del ámbito de trabajo, pero no me manifestaré públicamente nunca como amiga de ninguno, eso se lo dejo a los blogueros, con todo mi respeto. Por mi parte, intento ejercer el periodismo con la mayor profesionalidad posible.

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¿Te has llevado algún desengaño con gente que se acerca a ti por dónde estás, que andan buscando algo?

Sí, claro que sí. Málaga capital es muy de “pandillitas”. Hay núcleos, grupos creados, que seguramente me iría muy bien si me sumase a ellos, pero es que cada uno elige, y la libertad también tiene un precio. Seguramente sería más fácil sumándome a determinados grupos pero yo soy consciente de que ningún trabajo o casi ninguno es vitalicio, y quiero mantener mi independencia y mi libertad esté donde esté. Soy amable con todo el mundo pero no soy amiga de la gente de la que tengo que escribir todos los días. Intento guardar esas distancias y saber muy bien quienes son mis amigos. Lo tengo muy claro, mis amigos están en un núcleo muy reducido aquí y otro grupito en el pueblo y a esos sí que los mantengo.

Nuestra profesión y más en un periódico es complicada con los horarios, ¿Te gustaría ser madre? (Ya, ya se que estas preguntas no se la hacemos a los hombres…)

Bueno, la maternidad es algo que siempre está ahí, pero yo creo que en esta profesión es complicado planteártelo, por lo menos cuando estás en muchos proyectos como es mi caso. No acabas de ver el momento y eres consciente de que el tiempo va pasando…No me lo planteo a corto plazo. Aunque sí me encantan los niños, pero esa faceta la tengo ahí, como, paradita.

Porque sabes que al final es renuncia, ¿no?

Sí, es que yo creo que esa imagen idílica, que hemos dado de que podemos con todo, que somos ‘súper woman’ a mí me mosquea mucho, y ahí sí que tengo una vena muy feminista. Veo a muchas mujeres muy frustradas por querer llegar a eso y por lo que nos han vendido de que se puede ser una trabajadora triunfadora y a la vez una súper madre, súper esposa, amiga, hija y todo, y creo que eso no es real. Creo en la igualdad de oportunidades pero no creo que haya una igualdad real ahora mismo.

Igualdad de oportunidades para mí significa, que no se dé por hecho que una maternidad la tiene que llevar en exclusiva para adelante la mujer. A un hombre nunca le vas a preguntar: “¿cómo lo llevas?” a las dos semanas de ser padre, porque no tiene ningún cambio en su vida, sin embargo la mujer sí lo tiene y de hecho, sólo hay que abrir un poquito los ojos para ver que las mujeres en edad fértil están vetadas en muchos puestos de trabajo, lo que pasa es que de esto no se habla.

Hace poco en una tienda de ropa interior me encontré a un dependiente hombre, algo que cada vez es más habitual y no es un puesto muy adecuado para un hombre. Al menos yo no me sentí cómoda. Pero es que si contratas gente joven en determinadas condiciones, la mujer se puede quedar embarazada y es un problema para la empresa. Eso solo se arregla con políticas, en ese sentido sí creo que no se hace mucho, y creo que hay un retroceso de derechos muy grave. Al final la única que paga los platos rotos de forma silenciosa es la mujer. Yo estoy convencida de eso y veo amigas, que me parecen que están trabajando a unos niveles impresionantes, y son súper madres, y al final de donde se quitan es de ellas mismas, tengan pareja o no.

Se asume que al ser madre ya no puedes permitirte ni leer. Igual creo que también es cosa de algunas mujeres. Cuando algunas son madres, dejan de ser todo lo demás. Ya solo se habla de biberones, de papillas y pañales. Y las miro y me pregunto dónde se quedó mi amiga con la que yo hablaba de política o de ocio, o de cultura, porque ha desaparecido. Pero es que eso está muy, muy insertado dentro de nuestra conciencia y de la sociedad. No es fácil de cambiar, solo queda la opción personal y la lucha propia de hacer las cosas como tú quieras. Pero sí que para una mujer de mi edad- 35 años-  ser madre es un freno, otra cosa es que lo elijas.

Pero el hombre sigue sin tener que elegir, eso es así, me lo pinten del color que me lo pinten, entonces por ahora no entra en mis planes, al menos a corto plazo.

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Bueno, tú ves continuamente bodas que te llegan al periódico para que las publiquéis.  ¿Tus parejas han entendido tu trabajo y tus horarios?

No te puedo contar la cantidad de bodas que me llegan a la semana.

Una pareja que tuve no entendía por ejemplo que había veces que cerrábamos la edición a las 12 de la noche, a la 1 o a las 2 de la madrugada. Y más que eso, que hay muchos temas que te tienes que llevar a casa para seguir trabajando.

Quien mejor te entiende es alguien de la profesión, eso es indiscutible. Y de hecho por eso hay tantas parejas de periodistas. Para mí es complicado tener una relación con alguien que no sea del sector porque dedicas muchas horas de tu vida a esto.



¿Está mal planteado el periodismo con los horarios? Está claro que manda la actualidad, pero en una gasolinera que abre veinticuatro horas hay turnos.

Para empezar cuando tú eliges la carrera, por lo menos en mi caso, sabes que no vas a ser banquero y  sabes que no vas a salir a las 3 de la tarde, ni vas a tener la tarde libre, yo por lo menos lo tenía muy claro. Soy consecuente con eso. En cambio no me levanto a las siete de la mañana, y mis horarios son más flexibles y además vivo un tipo de vida que creo que es más apasionante que la del que pone sellos. Lo que me parece es que está mal pagado, muy mal pagado. Deberíamos ser una parte importante de la sociedad, y creo que para mantener la independencia, un periodista tiene que estar bien pagado y no lo estamos. Además tienes que estar satisfecho con lo que haces porque esto es muy vocacional, muy pasional, si no encuentras una motivación fuerte, pues en los horarios no la vas a encontrar nunca. En reconocimiento social cada vez tenemos peor imagen. Deberíamos tener unas condiciones laborales para asegurar nuestra independencia y que haya gente comprometida con la profesión, porque sino esto se va a quedar en buscar el “like” en las redes sociales y el que sea mono o mona, puede decir: “Mira que mona soy, aquí estoy en la rueda de prensa”, y creo que el periodismo dista mucho eso.

Bueno, pero para eso están los blogueros ¿No? Que además cobran muchas veces más que la mayoría de periodistas. (Leyéndolo así parece que les tenemos manía, y nada que ver con la realidad. Lorena da una explicación sobre ello)

Yo me he encontrado con casos de equiparar a un bloguero con un periodista. El llegar a un evento y que me pregunten si soy bloguera. Y no, no soy bloguera. Me diferencia de la bloguera el criterio, porque a lo mejor yo no sé combinar un pantalón con una camiseta de Zara, pues seguramente no, pero te puedo hablar de historia de la moda, puedo hablar de lo que escribo y de lo que han escrito otros porque lo conozco y tengo criterio a la hora de escribir. Para mí no es lo mismo, la formación y la experiencia me parecen básicas. Y que quede claro que no estoy en contra, lo que me parece es que deberíamos tener un poco de consideración y ahí creo que todos tenemos responsabilidad. Me han tachado de borde por quejarme en un desfile en el que tenía a 50 blogueros delante. Pero es que si tengo a 50 personas delante no puedo trabajar. Está muy bien que van a estar tuiteando todo el rato, o haciéndose selfies para Instagram, si te interesa eso como organizador es fantástico, pero luego no esperes mi crónica, porque no puedo escribir sobre lo que no he visto. Me parece que no es muy serio.

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¿Se nos maltrata muchas veces a los periodistas todavía?

Pienso que estamos maltrataos por muchos frentes, pero creo que el fundamental está todavía en el lector. Creo que el lector no es consciente de hasta que punto la información puede cambiar las cosas. La información es poder y seguirá siéndolo siempre. Si se respetara un poco más la profesión y el periodista se respetara más así mismo… Presiones del poder va a haber siempre, eso va ligado a la profesión, pero creo que está muy en nosotros el exigir esa responsabilidad. Si no me vas a dar las condiciones mínimas para ejercer mi trabajo de forma profesional pues yo me voy. No he venido aquí a lucir un modelito, que es fantástico que lo haga, pero no, no es mi cometido, no me pagan para eso, ni tampoco lo pretendo.

Decías antes que nunca te has querido ir de aquí pero, ¿No te han tentado nunca para irte fuera?

Sí, alguna vez ha surgido la oportunidad y a veces llegan tentaciones. Pero también soy honesta, no han llegado tentaciones importantes, han llegado cositas, pero es que lo que me llega no puede competir todavía con la luz de Málaga cuando me levanto y con esta manera tranquila de vivir. Si hubiesen llegado con 20 años no sé qué hubiese pasado. En cualquier caso, en aquel momento me planteé hacer un Máster en Comunicación Corporativa fuera y no lo hice, me tiraba más esto. Pero no me arrepiento.

Además creo que en el entorno nacional, también hay mucha competitividad. Hay gente que esta dispuesta a todo por llegar a ciertos niveles. Lo que te digo, la libertad es muy cara y a lo mejor el precio es no llegar hasta arriba del todo, pero es que ser libre sabe muy bien.



¿Te ves para siempre dónde estas o imaginas otro futuro?

Desde hace bastante tiempo vivo muy en el presente. Soy una persona muy creativa y necesito hacer cosas nuevas siempre y cuando algo se convierte en mecánico, me aburro y si me aburro, no tengo disciplina y no puedo sacar nada bueno de ahí.

Si sigo o no sigo, va a depender siempre de que pueda aportar cosas nuevas y hacer cosas nuevas, ese es el reto que tiene que estar siempre ligado al trabajo si no funcionó regular. Así que me centro cada día en lo que toca e intento disfrutarlo al máximo. Y ahora mismo me veo en un punto en el que tengo 35 años, hay potencial, se pueden hacer cosas, quiero hacer cosas y las haré aquí, allí o donde esté la oportunidad de hacerlas. Soy muy trabajadora, y eso lo puede decir cualquiera que me conozca, me entrego mucho a aquello con lo que me comprometo.

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Sin boli y cuaderno Lorena Codes también sigue escribiendo su vida en las calles de Málaga, en la ciudad que eligió. Estoy de acuerdo con ella en que esta profesión te permite acercarte a personas que a lo mejor de otra forma no hubieses conocido. Y a mí me ha permitido en esta ocasión conocerla a ella, a la Lorena que hay tras los artículos y los reportajes de un periódico.

Fotografía: Lorenzo Carnero

IMG_9395-001 Lorena Codes

Responsable del suplemento ‘Gente de Málaga’ de Diario Sur

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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