Leonor Cabrera

Leonor es de Arroyo de la Miel, como se dice popularmente, de toda la vida.

Estudió Periodismo porque quería contar historias. Aunque más allá de contarlas, en su camino estaba ayudar a otros a crear las suyas con menos limitaciones, con menos bloqueos. Es coach, aunque practica una modalidad- wingwave- que acorta bastante el tiempo del proceso por su efectividad y la rapidez en alcanzar resultados. Pero hasta llegar ahí, hasta descubrir el wingwave y disolver sus propios bloqueos ha tenido que recorrer un camino que no siempre ha estado libre de obstáculos. Llegó a la Universidad de Comunicación entre dudas sobre si estudiar INEF. Y no es de extrañar, ya que durante años practicó atletismo y llegó a competir en campeonatos internacionales. Mientras otros en esa vida ven sacrificio y renuncia, ella ve esfuerzo, por supuesto, pero también el privilegio de hacer lo que le gustaba, de los viajes de los fines de semana a las competiciones, de su gente del atletismo. 

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A Leonor la conocí hace un par de años quizás. No recuerdo bien. Coincidimos en un “Ideas en femenino” organizado por Charo Moreno. Luego no me acuerdo cómo volvimos a coincidir pero por algún motivo la invité al programa que yo presentaba en la tele. Quizás porque veía en ella algo que yo quería hacer, dejar un trabajo por cuenta ajena y montar mi propio proyecto, seguir a mi corazón. Quizás porque aprovechaba su sección para llenarme de fuerzas, dejar los miedos a un lado y por fin dar el paso de algo que llevaba demasiado tiempo dando vueltas por mi cabeza, por todo mi cuerpo. Quizás porque vi un comentario suyo en Linkedlin que me llamó la atención y decidí invitarlas, a ella y a su compañera en Viventi, Pilar. Fuese como fuese, nos volvimos a cruzar en el camino. 



Cuando decidí dar el paso se lo comenté y de hecho escribió un artículo que se publicó en los primeros días de vida de este proyecto.  Al poco tiempo le pedí que me ayudase con creencias y bloqueos que estaba notando que tenía y que en cierto modo eran obstáculos para avanzar. 

No entiendo a las personas que pasan por situaciones complicadas, o que ellos solos no saben cómo afrontar y no buscan ayuda en un profesional. Tengo amigas, amigos con los que comentar mis procesos, a los que pedir consejos, pero en diferentes momentos de mi vida he elegido la ayuda de un profesional. El funcionamiento del wingwave se me escapaba en cierta forma, pero por probar tampoco perdía nada. Hice varias sesiones muy satisfactorias con Leonor. Y sigo sin poder explicar cómo funciona, pero lo hace. Poco a poco, tras las sesiones, algunas cosas se fueron desbloqueando y de hecho notaba como las cosas que me ocupaban se iban resolviendo. Pilar, su compañera en Viventi, es experta en oratoria y realiza cursos para perder el miedo a hablar en público y mejorar la exposición. Con ella también he tenido la suerte de hacer alguna sesión. Y también puedo garantizar que funciona.

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Quedo con Leonor una mañana fría pero soleada. Está arrancando el año, es momento de llevar a la practica esos propósitos, metas, y objetivos que nos hemos marcado y qué mejor que entrevistando a una coach que no sólo me ha ayudado como profesional, sino que me sirvió de ejemplo de que para conseguir los sueños hay que dejarse de elucubraciones y dar pasos.

Cuando entras en la carrera, ¿Qué te encuentras?

Me encuentro algo muy teórico que no tenía nada que ver con lo que lo que yo pensaba. Así que esos primeros años de carrera me dediqué a entrenar más en serio y a presentarme a campeonatos de España de atletismo. En tercero y cuarto la carrera comenzó a ser más práctica y me enganché. Siempre he pensado que lo mejor de la facultad fue el grupo de amigos que hice, entre los que se encontraba Pilar, mi socia.

Perteneces a la primera promoción de periodistas de la facultad de Málaga. ¿Te fue fácil encontrar trabajo?

Comencé con unas prácticas en El Noticiero y después hice algo de tele, pero no me gustaba nada. Por fortuna me echaron de la tele. (Se ríe) Tuve mucha suerte, y volví otra vez a El Noticiero. Después entré en Europa Press donde estuve cinco años haciendo información de turismo y después estuve ocho años en El Mundo, los cinco primeros haciendo temas de economía, turismo, y a partir del quinto año cuando se montó la edición digital, pasé a coordinar el digital de El Mundo en Málaga.

Y tú que querías contar historias, ¿qué te encuentras en el trabajo real como periodista? Yo te podría contar la realidad que me encontré yo…

Bueno, hay una parte de mí a la que le gusta mucho lo que encuentro. La parte esa competitiva que tenía del atletismo, luchadora, de querer ser la primera en publicar algo. Me producía mucha adrenalina hasta el  momento en el que empiezo a profundizar en el camino del desarrollo personal, en el que me encuentro que eso realmente no me llena. Ahí comienza el desencanto y las preguntas: “¿Qué hago yo otra vez contando lo que dice el alcalde sobre el metro de Málaga?. Si no creo en esto. Si llevo años contando la misma noticia” La polémica por la polémica, el periodismo que se hace es únicamente de declaraciones.



A veces tengo la sensación de que los periodistas nos hemos convertido prácticamente en la mayoría de los casos en voceros…

Sí, eso es. Cuentas lo que ha dicho el alcalde, que ya lo ha dicho antes, sin análisis, una información muy vacía.

¿Qué hace que empieces a buscar algo más? ¿Qué te lleva a emprender ese camino de crecimiento interior?

Yo estaba en El Mundo y económicamente estaba bien, profesionalmente estaba bien situada, pero había algo que no cuadraba, una sensación de vacío interior. En el trabajo me preocupaba más los días que me quedaban libres, que los días que tenía que trabajar. Eso es un síntoma de que ahí hay algo que no va bien. Gracias a mi pareja hice un taller de eneagrama, que es un sistema de identificación de tipo de personalidad. Y gracias a eso empecé a conocerme un poquito más y comencé en esta senda.

¿Qué te aporta profundizar en ese camino interior? ¿Qué empiezas a notar en ti? Porque, normalmente cuando uno se mete en ese mundo, lo primero de lo que se da cuenta es que necesita de-construir todo lo anterior, que su vida como está establecida se tambalea. 

Bueno, yo lo primero que me trabajo es el carácter, cómo soy y qué me lleva a ser así. Y ahí me doy cuenta de que toda la vida me he especializado en ser muy fuerte, en parecer muy fuerte, muy decidida, pero era una fortaleza falsa, una fortaleza exterior. De hecho hacía atletismo, alzaba pesas, alzaba disco, martillo, hacía muchísimas pesas. Me di cuenta de que en toda mi adolescencia ese era mi leitmotiv; competir y cada vez más fuerte. Pero detrás de esa fuerza aparente lo que había interiormente era mucha inseguridad, mucha ternura que no veía salida. Ese es el primer trabajo que hice; el de mirar en lo que me daba miedo de mí y dejar que saliese. Fue un trabajo muy fuerte.

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¿Y cómo saltas del periodismo al coaching?

Estuve años profundizando en esto del desarrollo personal. Me estaba formando como terapeuta, me había formado ya como coach, había escrito para el mundo.es una serie de artículos sobre desarrollo personal. Un día llegué al periódico y sentí en el cuerpo que no era mi sitio, tuve la certeza de que mi camino no estaba ahí. Justo hicieron un expediente de regulación de empleo y yo pedí irme para montar Viventi.

¿Lo montas con tu actual socia, Pilar?

Lo monté al principio con Alejandra, mi hermana, y al poco tiempo se sumó Pilar. Pilar y yo habíamos sido compañeras en la carrera.

¿Cómo que lo montas con tu hermana?

Ella había estado trabajando en el ayuntamiento de Benalmádena pero en ese momento hubo un cambio político y se quedó fuera. La sede de Viventi era la casa de mis abuelos. Habíamos hablado alguna vez de montar algo allí. Y ese era el momento, así que nos lanzamos las dos a la aventura.

Yo me fui del periódico en junio de 2012 y en julio ya estábamos allí alisando paredes, pintando y arreglando aquello.

Junio de 2012 es plena crisis…

Sí, en plena crisis cuando no se movía nada, nos metimos en el lío este. Fui un poco inconsciente. Ahora no hubiera hecho las cosas igual, pero bueno, ya sabes, salieron así.

¿Y cómo hacéis?, ¿Abrís la puerta y os sentáis allí a esperar a que llegue la gente?

Abrimos en marzo 2013 y yo pensaba que la gente iba a llegar en masa. (Se ríe) Y no, te das cuenta que no, que tienes que empezar desde cero; trabajar mucho y aprender desde cómo llevar las cuentas de la empresa a todo el tema del marketing online, y  lo más complicado, aprender a no tirar la toalla…

En este momento supongo que te tienes que enfrentar a algo a lo que nos enfrentamos la mayoría de los que hemos montado algo, a gestionar la incertidumbre.

Yo lo llamo ‘la montaña rusa del emprendedor’; porque un día cuando las cosas te salen bien te vas hacia arriba y al día siguiente cuando no entra nada vas hacia abajo en picado. Ahí sobre todo tienes que gestionar la incertidumbre, no sabes lo que va a pasar el mes que viene, no sabes si vas a cubrir gastos, o si vas a sacar un sueldo, o si vas a poder pagar el alquiler y la luz.



Dices que no hubieses hecho las cosas igual, ¿cómo fueron esos comienzos?¿En qué os equivocasteis? 

En marzo hará cuatro años que abrimos Viventi. Viéndolo con perspectiva no teníamos foco. De hecho lo primero que hago con la gente que viene ahora conmigo por temas de coaching y emprendimiento es trabajar con un foco. Nosotros no lo teníamos, porque estábamos picoteando de muchas cositas, íbamos dando palos de ciego. Íbamos a todos los networking, pero claro te encontrabas que el 95% de la gente que iba, iba con lo mismo que tú, a vender lo suyo sin saber muy bien lo que vendía. No teníamos una estrategia.

Que Viventi esté en Arroyo de la miel, ¿ha sido una ventaja por estar en el centro de la Costa del Sol o una desventaja?

No lo sé, yo me he preguntado muchas veces si  todo hubiese ido más rápido si hubiésemos estado en Málaga. Pero bueno, también es verdad que ahora mismo viene mucha gente desde Estepona, Marbella, Málaga y desde otros puntos. Saben a lo que vienen y no les pesa, así que creo que estamos donde tenemos que estar.

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Realmente es verdad que fueron años de crisis, pero, gracias a esas crisis también hubo muchísima gente que despertó, que buscó algo más que ir con el piloto automático.

Lo que ha pasado es que hemos visto que no se puede dar por supuesto que el futuro es seguro, ni nadie te garantiza que vas a estar toda la vida en una empresa. Al no dar eso por supuesto se abre un camino hacia la libertad individual de cada uno y nos planteamos qué queremos hacer realmente con nuestra vida, que es para lo que muchas veces no nos damos permiso.

A mí una cosa que me agobiaba muchísimo del periódico era tener que pactar las vacaciones, tener que pactar los turnos, trabajar un fin de semana sí y otro no. Necesitaba más libertad en mi vida que la que me daba un marco estructurado trabajando por cuenta ajena en una empresa. Entonces yo creo que mucha gente también se ha dado cuenta de eso. De que quiere una libertad creativa y libertad de horarios.

Sin embargo cuando empiezas con un proyecto propio al final trabajas más horas que antes…

Claro, he tenido épocas de trabajar muchas horas, diez horas, once horas al día, de no parar.

Me consta que habéis pasado por momentos de dificultad, ¿cómo llega ese punto de inflexión en el que Viventi empieza a ir bien?

El momento de inflexión fue el año pasado cuando hice la formación en Coaching Wingwave. A partir de ese momento fue como despegar. Para mí conocer el Coaching Wingwave fue encontrar lo que andaba buscando; algo que sirviera para quitar bloqueos de manera rápida y eficiente. Fue como encontrar mi herramienta. Y le pasó lo mismo a Pilar al introducirlo en el entrenamiento de oratoria, es la herramienta que usa para quitar el miedo a hablar en público. Encontramos algo en lo que podíamos creer, que sabíamos que funcionaba muy bien y en muy poco tiempo porque habíamos visto los resultados.

Hay que creer en lo que una hace evidentemente.

Claro. Si no es muy complicado. Yo sabía que el coaching daba resultados, pero hacen falta muchas sesiones normalmente. El Coaching Wingwave sin embargo te da la certeza de que algo está trabajado porque testas la respuesta del cuerpo.

Leonor, el coaching wingwave tiene una parte, no sé cómo llamarla: esotérica, misteriosa… No es una sesión de psicoterapia, no es una sesión de coaching tradicional… Hay algo más que el cliente puede no comprender cómo sucede, pero sucede.

Sí. Bueno, tú hablas de parte esotérica pero realmente es una de las modalidades de coaching que más estudio científico tiene detrás. Lo han inventado unos alemanes y los alemanes se preocupan mucho de que todo esté estudiado y medido. Trabajamos con la respuesta fisiológica del cuerpo. Testamos a través de la mano de dónde proviene ese estrés. Todo está registrado en el cerebro, lo que hace simplemente la mano es indicarnos los puntos en los que hay una debilidad del cuerpo, porque el cerebro relaciona ese punto con algo que le estresa. Es como seguir un camino de miguitas de pan, y podemos llegar al origen de ese estrés, que puede estar en algo que sucedió cuando tenías tres años.

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Alguna vez me has comentado que tú misma cuando empiezas con este aprendizaje desbloqueas muchas cosas en ti.

Pues mira, lo primero que desbloqueé fue la necesidad de esforzarme tanto. El mundo en el que vivimos ahora es muy competitivo, muy de que hay que esforzarse, porque con el esfuerzo vamos a llegar donde sea…Y precisamente esa creencia es muy de donde vengo, porque toda mi vida he estado vinculada con el deporte de competición, con la cultura del esfuerzo, de que todo cuesta mucho. Había veces con diecinueve años que podía entrenar cuatro o cinco horas al día. Y lo primero que desbloqueé con la formación del wingwave fue esa creencia. Y fue cuando cuando dejé de esforzarme tanto y empecé a disfrutar más, a hacer el wingwave a la gente, cuando Viventi empezó a mejorar.

En toda la parte esa de competición, de tantas horas de entrenamiento, ¿te has dejado por el camino muchas cosas de lo que se supone que hay que vivir en la juventud?

Bueno, sobre todo la adolescencia. Pero yo no tengo la sensación de haberme dejado nada porque  donde quería estar era en la pista. Tenía allí mis amigos, tenía mi grupo de entrenamiento, me lo pasaba bien. Eso me ha permitido vivir cosas que no han podido vivir muchos adolescentes como conocer muchos lugares de España y también de fuera gracias a los continuos viajes para competir. Hay una parte que se deja, pero yo no he tenido la sensación de pérdida nunca.

Cuando empecé a tener dudas fue cuando estaba en la facultad y ahí tomé la decisión de dejarlo y de intentar dedicarme a vivir del periodismo. Cerré la etapa del atletismo y abrí la del periodismo.



¿Sigues practicando deporte?

Sí, intento correr. El pádel me gusta, a pesar de que ya llevo algún tiempo sin jugar. Siempre intento hacer algo para estar medio en forma.

¿Se interesan más las mujeres que los hombres por el crecimiento personal o es que las mujeres lo contamos con más facilidad que los hombres?

Yo tengo más clientes mujeres que hombres. Lo que sí es verdad es que cuando viene un hombre, al menos por mi experiencia, normalmente tiene más claro lo que quiere. Hay de todo aunque sí que es diferente el perfil.

¿Se usa más el coaching para temas profesionales o personales?

Bueno, tengo clientes con temas personales, temas relacionados con la pareja, temas de dinero, o por ejemplo por miedos. El miedo a volar en avión, por ejemplo, es algo que trabajamos con Wingwave o el miedo a conducir. Tratar cualquier tipo de miedo tiene muy buenos resultados.

Según los clientes que pasan por tu consulta – aunque evidentemente no sean representativos de toda la sociedad- ¿cuáles son los principales problemas de la sociedad de la zona?  

Según lo que vemos nosotras, mucha gente está inmersa en la reinvención personal. Llegan muchas personas que han estado haciendo una cosa durante mucho tiempo, y de repente, después de un proceso personal, quieren dedicarse a otra cosa y dar un giro en su vida, entonces nosotros los acompañamos en ese cambio. Yo sí creo que eso tiene que ver mucho con la sociedad de hoy en día.

Somos muchos los que queremos hacer de algo que nos apasiona nuestra profesión.

Leonor es cierto que estamos en un momento en el que el mensaje que se lanza es muy “happy flower”;  todo es maravilloso y todos podemos hacer todo. Tú sin embargo has expresado tu contrariedad con este pensamiento e incluso has escrito varios post sobre el tema. 

Bueno, yo tampoco me lo he creído nunca eso que llamo “el positivismo a ultranza”. Eso que nos han repetido tanto de que “si tú quieres puedes”. Quizás me lo creí un poco por el tema del atletismo. Pero ahí también hay un punto de locura, por mucho que yo quiera no voy a poder correr cien metros por ejemplo.

Tenemos una limitación…

Claro, tenemos una limitación y después con todo esto de la psicología súper positiva a veces también tenemos bloqueos. No sabemos qué nos pasa pero de repente hay algo que nos da miedo, que nos da pánico y que por mucho que queramos, es que no podemos.

Es muy necesario primero dejarse ayudar, y después reconocer dónde está el problema. Si hay miedo, hay miedo. Por muy positiva que yo sea sé que voy a tener miedo. Entonces, reconocer eso es el primer paso y por supuesto, dejarse ayudar por un coach, por un terapeuta o por alguien que esté cerca de ti. No es esto de: “Si yo sueño con un chalet, me va llegar el chalet”, hay que ponerse también a ello.

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¿Es necesario caerse para avanzar siempre?

Yo creo que las caídas son buenas. No sé si para todo el mundo es necesario caer, pero las caídas te permiten ver partes de ti que normalmente no dejas salir, la parte más vulnerable, más tierna, incluso la parte del enfado. Yo creo que la caída forma parte de la vida y vivir la caída es una oportunidad increíble de crecer personalmente.

Leonor, cuando una persona se dedica a lo que tú te dedicas, a ayudar a otras personas, ¿es necesario haber sufrido y haber experimentado esas cosas que te plantean tus clientes?

Mira, a mí las personas que más me han hecho crecer, los terapeutas, son personas que se han trabajado y se trabajan mucho personalmente, que se conocen. Porque ahí sí que vas a poder comprender y acompañar a la persona en lo que está viviendo, porque aunque no sea exactamente lo mismo, tú sí has pasado por cosas parecidas a las que está pasando esa persona. Para acompañar a alguien que está emprendiendo no es necesario haber emprendido. Puede ayudar, porque vas a entender sus emociones, vas a entender qué le pasa. Pero sí que es necesario que tú tengas conciencia de tu registro emocional, de cómo eres, de cómo te resuena también lo que te está contando. Pero muchas veces te viene gente con problemas que tienes tú.

Durante estos años también ha habido como una eclosión de terapeutas alternativos y aunque me consta que has hecho talleres de temas menos científicos sin embargo el wingway como tú decías es más empírico. 

Lo que hacemos más que científico es intentar ser muy rigurosas y serias con el trabajo que hacemos.

Hay una parte en la que también entra lo que podríamos llamar la espiritualidad, porque yo creo que todo el mundo que hace un trabajo de este tipo hace un trabajo personal y de autoconocimiento y, por ejemplo, tocamos temas como la meditación. Cuando te sientas a meditar llega un momento en el que conectas con una parte de mayor espiritualidad. Esa parte espiritual está ahí y es importante. Pero cuando viene alguien a hacer coaching conmigo si esa persona no tiene esa parte espiritual yo no tengo porqué tocar eso. El coaching que yo hago es algo más práctico, más de andar por casa y de resolver problemas. Si la persona tiene esa espiritualidad incorporada, pues es posible que salga algo relacionado con esa inquietud; si no, pues nada.

¿Hay que conectar con el cliente para acompañarle?

El coaching al final se basa en una relación de confianza. El cliente tiene que confiar en el coach. Y si esa relación de confianza no se da, si el cliente no confía en el coach o el coach no se siente próximo al cliente, es difícil que haya entendimiento. Hay veces que es más complicado que otras, claro.

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Eres colaboradora del Club de las Malas Madres. Cada mes se publica un post tuyo en su web y habéis organizado algún taller juntas. ¿Qué ha supuesto para ti participar en un proyecto tan mediático y de esas características?

Conocí a Laura Baena en un ‘Ideas en femenino’ de los que organizaba Charo Moreno- el mismo en el que nos conocimos nosotras-, y me propuso colaborar con el blog del Club de las Malas Madres. La verdad es que me encanta, me lo paso muy bien escribiendo porque lo lee mucha gente y hay un ambiente muy sano. Tanto Laura como Amelia, que es con quien yo trato, son un encanto y es un gustazo formar parte del equipo.

Yo no soy madre pero me pongo muchas veces en su lugar escuchando a mis amigas que son madres. Además, creo es algo más allá de ser madre o no, sino que somos mujeres de la misma generación y los problemas son parecidos, o sea, son los mismos.

¿Qué problemas tenemos las mujeres de nuestra generación?

Yo creo que el principal es la expectativa que nos hemos creado de la vida. Hemos pensado que íbamos a estudiar, íbamos a hacer una carrera, íbamos a trabajar de esa carrera, íbamos a tener una vida maravillosa, íbamos a encontrar trabajo, tener nuestros hijos, ascender en el trabajo… Y cuando te das cuenta de que eso no te da la felicidad, todo el castillo de naipes se te viene abajo.

¿Nos hemos creído que éramos como hombres?, o ¿ nos han hecho creer que podíamos ser como hombres?

Quizás nos hemos exigido ser como hombres, llegar a esos niveles cuando en nosotras está algo que no tiene el hombre, que es el hecho de ser madres fisiológicamente.

¿Ahí cambia todo?

Yo no he sido madre, pero la escala de prioridades se te tiene que trastocar mucho. Se despiertan muchas inquietudes y dudas que hasta entonces no teníamos. Es como decir ¿y ahora qué? Ahora tengo mi niño, sigo en el trabajo o no sigo, guardería o no guardería…. Y es muy difícil llegar a todo, porque nunca vamos a darle a nuestro hijo todo lo que queremos darle y no vamos a llegar a darle a nuestra profesión todo lo que creemos que tenemos que darle. Entonces se entra en una dicotomía constante y continua. Hay culpa, hay frustración, aparte el miedo, así es la cosa…

¿Cuál crees que es el punto de equilibrio? Yo estoy convencida de que las que vienen detrás van a ser más consciente de la realidad que nosotras.

No lo sé. Yo creo que el equilibrio está en dedicarle a cada cosa el tiempo que se merece y que si tú tienes un hijo, lo hagas con la consciencia de que ese hijo necesita un tiempo, que no se va a criar como las lechugas. Se ha desvalorizado la maternidad. Uno de los motivos por los que en su momento opté por el auto empleo y por montar Viventi fue pensar en la maternidad. Si tengo un hijo le quiero dedicar su tiempo, no soltarlo rápido en la guardería y salir corriendo. Yo creo que a los niños al final eso les acaba calando. Yo sí creo que los niños se merecen un tiempo, igual que se lo damos al trabajo, igual que se lo damos a cualquier otra cosa.



Por lo que puedes ver en tu consulta, ¿No llegamos a los grandes puestos directivos porque no nos lo permiten o no llegamos porque no queremos, porque sabemos lo que significa?

Yo nunca he tenido la sensación de que por ser mujer me hayan marginado. Pero sí que es verdad que después te pones a pensar en el mundo del periodismo, por ejemplo, y los holdings lo tienen los hombres. Ahí algo pasa, y es que las mujeres no estamos tan orientadas al poder, no estamos tan orientadas al éxito. Hay mujeres que sí, hay mujeres que llegan.

Por suerte, incluso en el sistema educativo se está teniendo más en cuenta la educación en inteligencia emocional, en el crecimiento personal, en la enseñanza no tan racional sino más instintiva como en escuelas como Montessori o Waldorf que van más en esa línea. En la educación pública hay también escuelas que van por proyectos. Y sobre todo sí que hay profesores, porque yo conozco un buen número de ellos, que están haciendo un trabajo personal importante y están intentando que los niños vivan desde otro punto, pero hacen falta más profesores en esta línea. Pero sí que es verdad que hay profesores muy duros. Nosotros el año pasado estuvimos dando un curso a unos profesores de secundaria y lo pase mal, es de las pocas veces que lo he pasado mal dando un taller. Echaban una carga tremenda a los niños diciendo que no tenían inquietudes, que no tenían motivación, que eran apáticos, cuando realmente los que estaban así eran ellos mismos.

¿Cómo acabó el taller, reaccionaron?

No sé si reaccionaron o no, la que sí reaccioné fui yo que pensé que no quería hacer más trabajos de ese tipo, de los que no me satisfacían. Así que para algo sirvió.

¿2017 cómo viene?

Parece que viene bien. En Málaga somos la referencia en Coaching Wingwave y vamos a trabajar también en Granada. También en la línea de los talleres que hace Pilar para hablar en público vamos a poner en marcha un programa de formación de portavoces para gente que quiera expresarse ante los medios de comunicación, será algo más continuado. Estamos con ganas de hacer cositas. Afianzando evidentemente lo que es la escuela, con más proyectos allí y menos fuera, que es un poco lo que te decía antes de dar palos de ciego.

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Acaba de empezar el año y hay mucha gente que se ha planteado que quiere cambiar su vida. ¿Por dónde hay que empezar?

Muchas veces nos olvidamos de las sensaciones corporales. Lo primero que hay que hacer cuando haces ese balance es fijarte en la sensación corporal, en lo qué te está diciendo tu cuerpo. Pregúntate qué pasa con esa sensación, qué te está diciendo. Y ya una vez que te has dado cuenta de cómo ha ido el año realmente yo me haría una pregunta que es determinante: “Si yo tuviera todo el dinero del mundo, ¿qué haría este año?” Y muchas veces eso te va a dar pistas, porque lo que te ilusiona va ir por ahí ¿Qué nos pasa muchas veces con el tema del emprendimiento? Que creemos que para ganar dinero nos tenemos que amoldar a lo que nos están pidiendo. Cuando realmente lo que llama, es lo que tú vives, con lo que tú vibras. Yo estoy convencida de ello y lo estoy viviendo así en Viventi. Yo cuando empecé hacer coaching Wingwave que es algo con lo que vibro, el resto está viniendo. Cuando nosotros estamos en conexión con lo que realmente somos, con lo que se podría llamar nuestro elemento, todo viene.

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Terapeuta humanista, coach de vida, Leonor Cabrera. Todos tenemos maestros en nuestra  vida, todos tenemos personas que aparecen en un momento determinado y nos enseñan a ver con mayor claridad lo que tenemos delante pero no nos hemos detenido a mirar. Leonor en los últimos meses ha sido una de esas personas que me han acompañado en este proceso de “montaña rusa” como ella lo llama. Gracias. Gracias. Gracias.

Fotografía: Lorenzo Carnero

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Coach en Viventi

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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