La sonrisa. Última parte

Echemos un ojo a las siguientes fotografías.

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Si tuviésemos que elegir una diferencia significativa entre las dos, seguramente diríamos que la sonrisa que se muestra en la boca de la persona es el elemento distintivo más claro.

La boca de la izquierda la vemos, como vimos en los artículos anteriores, aparece cuando socialmente es adaptativo y deseable sonreír, y cuando sentimos algo relacionado con la alegría. Sin embargo, lo que se muestra en la de la derecha es otra cosa. De hecho es una emoción determinada, diferente a la alegría, aunque la comisura de los labios también se alce majestuosa hasta casi rozar la oreja. Pero como es unilateral, es muy diferente.


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Cuando vemos una sonrisa unilateral, debemos asumir la posibilidad de que hay una  emoción responsable de este gesto facial unilateral, que solamente acciona una mitad de la cara. Ésta se conoce como emoción de DESDÉN o de DESPRECIO. Por otra parte, nos podemos encontrar ante una media sonrisa cuyo objetivo sea comunicar resignación, acompañada normalmente por la elevación de las cejas y una ligera inclinación lateral de la cabeza. Además, también se dan ocasiones en las que nuestro interlocutor esgrime media sonrisa, con el objetivo fallido de sonreír. El siguiente vídeo muestra ese mal intento de sonreír.

Una de las características de la sonrisa de alegría es que es bastante simétrica. Como se ha visto en el vídeo, primero se levantó la comisura izquierda, después la derecha. El intento fallido de sonrisa queda evidenciado por dicha asimetría, además de que los músculos utilizados no tenían nada que ver con la expresión de alegría.

Dicho esto, vayamos a ver qué es esto de la emoción de DESPRECIO.

 El desprecio

Si recordamos el  artículo La Sonrisa. Primera parte, Elena, Virginia y Carlos, compañeros de trabajo, habían estado debatiendo sobre quién de los tres sería el seleccionado para el puesto de dirección del departamento. Elena apostaba por Virginia. Ésta última no estaba de acuerdo. Al final Elena tuvo razón. En el momento de saberse la noticia que les dio la directora general, en Elena se dibujo una sonrisa unilateral, a la vez que pensaba que había tenido razón.

En otro lado, en un plató de televisión, dos contertulios discuten. Los dos tienen posiciones opuestas y mantienen una actitud cerrada para aceptar cualquier argumento, aunque sea mínimamente, de su interlocutor. Mientras uno de ellos tiene la palabra, en el otro contertulio se puede ver una sonrisa en el lado izquierdo de su cara.

Alfonso, bombero de profesión, se halla en una azotea frente a desconocido cuya intención es la de saltar al vacío. En lo que puede, Alfonso trata de hacerle entrar en razón. Abajo se concentran más bomberos, policías, sanitarios y numerosos viandantes. Todos mirando hacia arriba y con el corazón en un puño. El desconocido mira hacia abajo mientras Alfonso le sigue argumentando. Al rato suben varios profesionales, guardando una considerable distancia por miedo a generar un cambio indeseado en el comportamiento del desconocido. Alfonso, al ver el apoyo, decide acercarse un poco más a nuestro desconocido mientras sigue hablando. Le va preguntando, distrayendo, animando y dando razones para que no salte. Cuando está a un metro de distancia, visualiza el cuerpo del desconocido y planea los movimientos a realizar para, de manera eficaz y rápida, poder agarrarlo y contenerlo. A la vez, nuestro desconocido lo mira fijamente a los ojos y esboza una sonrisa en un lado de la cara. Alfonso siente que ha avanzado con su intervención.


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En una fiesta infantil de disfraces de alguna guardería se agolpan niños, padres y madres en el patio de recreo. Los niños juegan, corren y gritan. Algunos disfrazados de abeja, otros de pollo, algún niño disfrazado de caracol, etc. Pablito va disfrazado de conejo blanco, aprovechando de que es rubio, tiene los ojos azules y tiene una sonrisa preciosa. El niño está gracioso vestido de conejito blanco. La verdad es que destaca sobre los otros niños y niñas. Durante el tiempo que dura la actividad, hay un goteo constante de alabanzas hacia lo gracioso, guapo y encantador que va y es Pablito. En algunos momentos, la cara de Clara, la mamá de Pablito, se transforma. Los ojos le brillan y, de vez en cuando, sonríe de un solo lado de la cara.

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Estas cuatro situaciones tienen algunos elementos en común y otros no. El más evidente es que en los cuatro aparece la sonrisa ladeada. A esto llamaremos la sonrisa de Desprecio. Pero intentemos entender qué es esta emoción.

El Desprecio se entiende como una emoción que aparece en situaciones en las que la persona experimenta cierto grado de superioridad frente a alguien. Así, cuando Elena pensó que había tenido razón, la comparación que realizó en base a su criterio y al de los demás generó esa emoción. Lo mismo respecto a los dos contertulios, donde los argumentos de uno se perciben como superiores a los del otro. Por su parte, en el caso de Clara, escuchar los elogios hacia la figura de Pablito trajo consigo esa experiencia emocional.

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Sin embargo, habría que intentar entender qué fue lo que pasó en el sistema de emociones de nuestro suicida. Pero antes, estaría bien conocer cómo acabó la historia.

Si nos guiamos por la sugerencia de Heller y Haynal en su artículo Depression and suicide faces, nuestro suicida se acaba estrellando en el asfalto. Siguiendo con la lógica de la emoción de Desprecio, quizás sea bastante similar a lo sucedido con los contertulios del programa de televisión. La argumentación interior del suicida, relacionada con su decisión de quitarse la vida, está tan clara para la persona que, a pesar de la contra-argumentación del bombero, se sitúa en un lugar jerárquicamente superior y, por ello, resulta inamovible e inmodificable. Así, en el momento de aparición de la sonrisa unilateral, la información que se envía es algo así como “digas lo digas, no cambiaré de opinión, porque yo sé que tengo razón, y la decisión ya está tomada”.


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Como se puede apreciar, el Desprecio es el resultado de un proceso de comparación y de ubicación jerárquica de nuestras acciones, rendimiento, pensamientos, creencias, etc., donde nosotros quedamos por encima.

Veamos en el siguiente vídeo como el contertulio situado a la derecha de la pantalla exhibe dos expresiones de desprecio. Esto nos lleva a situar el pensamiento del contertulio en un plano de rigidez y resistencia al cambio argumentativo.

Juntamente a los dos artículos anteriores, todo lo relatado hasta ahora nos conduce a pensar que no todas las sonrisas son de alegría. Incluso algunas son bastante opuestas a dicho sentimiento. Por ejemplo, vayamos con una propuesta o queja a nuestro superior jerárquico en la empresa. Nada más entrar vemos una sonrisa unilateral. Ya podemos imaginar dónde se está situando con respecto a nosotros.

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Pero imaginemos que esto ocurre con quien es nuestra pareja. Contextualizando lo que ocurra, pues no hay que precipitarse en las conclusiones, conviene pararse a pensar.

 Cuando la alegría nos desborda

En 2015, Oriana Aragon y colaboradores sacaron a la luz la investigación Dimorphous expressions of positive emotion: displays of both care and aggression in response to cute stimuli. En dicha investigación tratan de entender la razón de que, ante una situación que genera alegría de manera muy intensa, la expresión facial que se observa tiene que ver con la emoción de tristeza o con la de ira.

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De manera resumida, la conclusión a la que llegan la investigadora es la siguiente: ante una emoción de alegría muy intensa, una expresión contraria a la emoción facilita el mantenimiento del equilibrio emocional de la persona. Es decir, cuando nos sentimos desbordados por la alegría, lo  mejor es no aumentarla con la expresión. Si recordamos aquel estudio donde la simple acción de músculos relacionados con la sonrisa traía consigo la experiencia de alegría (ver artículo La Sonrisa. Primera Parte), expresar alegría supondría aumentar el nivel de la emoción, lo que podría ser inasumible para nuestro organismo. En base a este razonamiento, la expresión de tristeza o de ira en estas situaciones se conoce como Expresión Dimorfa, pues toma una forma diferente a la esperada por la emoción de alegría.

Además, imaginemos que una madre pierde a su hijo en el parque durante media hora. El nivel de tensión y malestar son superlativos en esos minutos, pues los  pensamientos que acompañan la situación contienen un nivel de amenaza considerable. Durante ese tiempo las emociones, el cuerpo, el todo están en nivel de emergencia extrema.


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Una vez que aparece la criatura, acompañada de otro niño y su madre, la tensión acumulada puede descargarse mediante el llanto o la gran regañina. De esta forma libera nuestra madre el estrés vivido durante esa eterna media hora.

Cuando vemos llorar a la persona que gana un campeonato, mediante el llanto se libera la presión sufrida durante toda la preparación para ese campeonato. Se libera de todo ello. Pero además, esa expresión de tristeza le sirve para mantener el equilibrio mental en ese momento, pues tanta alegría es inasumible.

Os dejo con un vídeo que muestra esta expresión dimorfa de tristeza aunque la emoción experimentada es la de felicidad total.

 

COPIB2 Francisco Campos Maya

Psicólogo y Experto en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira.

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