Isabel Naranjo

  • ¿De verdad que me vas a hacer una entrevista? ¿Va en serio?

Así reacciona Isabel Naranjo cuando me tiene ya delante después de haber cerrado día y hora para quedar. No es precisamente su mejor verano, y ese no es precisamente su mejor día, por eso agradezco doblemente que me dedique un ratito. Acaba de salir de la radio donde miles de personas escuchan su voz cada día desde un 1 de septiembre de hace ya 18 años.

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 Padre de Ronda y madre de Algeciras. Criada en Madrid. Andaluza de ascendencia pero sobre todo de corazón. Amante de las tradiciones no es difícil verla en una procesión de mantilla en Semana Santa por las calles de Marbella. A su abuela, que se fue en junio a los 90 años, le hacía especial ilusión. Hoy, casi tres meses después aún la echa de menos cada día. Dice que aunque sabe que es ley de vida, no termina de acostumbrase a su ausencia. Vivimos en la época del “venga, tú puedes, no pasa nada, mira para adelante” y es verdad que hay veces que hay que guardar el luto, llorar, hay que permitirse no ser siempre tan fuerte. Hay que respetarse el proceso que se está viviendo. Hay que vivir en el interior por un tiempo y sentir. Permitirnos sentir, que a veces se nos olvida.

 Seguro que para su abuela la mujer del Presidente de la Diputación era una institución. Yo me imagino esa figura con collares de perlas, el pelo cardado y con laca, y por supuesto, en blanco y negro. Con aspecto de señora mayor de antaño. Pero Isabel no tiene nada que ver con esa imagen y de hecho le gusta mantenerse al margen de la faceta pública de su marido. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, ella está al lado, ni delante ni detrás. Pero evita la foto. Y aunque no le gusta estar en primera línea de la vida política ha sufrido el dolor del impacto de algunas flechas disparadas contra la persona a la que ama y hacia ella misma. Asegura que con el tiempo ha aprendido a esquivarlas, o al menos, a que duelan menos. Confiesa que en esto ha aprendido mucho de Elías Bendodo. Su marido.

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Es periodista de carrera y de profesión, es periodista de vocación. Acaba de alcanzar su mayoría de edad en Onda Cero, donde empezó como becaria en Marbella. Y aún con el paso de los años y consciente de que es una profesión muy denostada, adora lo que hace. Me cuenta que se siente rara estando al otro lado, siendo la entrevistada. Nos pasa a los que estamos acostumbrados a preguntar pero no a que nos pregunten.

 Profesional, casada, dos hijos y estudiando Ciencias Políticas en la UNED. Las parejas de los políticos se quejan generalmente de la soledad. Isabel ha aprendido a llenar sus espacios. Asume que lo conoció así y respeta profundamente su carrera.

 Insiste en que ella no tiene nada que contar, nada que aportar. No estoy de acuerdo.

 

Isabel, ¿cómo es el momento en el que te vienes a vivir a Málaga?

Desde que tenía diez años he veraneado en Marbella. Así que el primer año de carrera ya empecé a hacer prácticas durante las vacaciones. Primero fue en la televisión de San Pedro de Alcántara, después en Radio Nacional de España en Marbella y tercero y cuarto en Onda Cero. Cuando terminé las prácticas me ofrecieron un puesto y me quedé. Eso fue en el 98.

 ¿Y cómo fue la experiencia de cambiar Madrid por Marbella con esa edad?

No fue ningún cambio brusco. Fue algo normal. Tampoco estaba planeado, de hecho, cuando terminé a finales de agosto las prácticas, el director me dijo que me quedaba, que contaba conmigo. En principio iban a ser seis meses, luego fue un contrato indefinido. Ya hace dieciocho años de aquello. Cuando me lo dijo llegué a mi casa y le dije a mi madre que me quedaba. Ella pensó que me iba a tomar unas vacaciones después de haber estado todo el verano trabajando. Pero no, me quedé a vivir en Marbella.

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¿Y no echabas de menos nada de Madrid?

Al principio un poco sí, sobre todo a los compañeros de la universidad, pero acabábamos de terminar la carrera y cada uno tiraba para su lado. Mucha gente hacía prácticas fuera, porque como Madrid era lo más demandado todo el mundo recurría a los sitios donde tenía la casa de verano para hacerlas. Mis mejores amigas, una estuvo en Mérida, otra estuvo en Alicante… La gente no se quedaba en Madrid.

 ¿Cuántos años estuviste en Onda Cero Marbella?

Desde el uno de septiembre de 1998 hasta diciembre de 2004, que se quedó una plaza vacante en Onda Cero Málaga. Susana Villaverde era la jefa de informativos, y se fue al Mundo. Me ofrecieron la posibilidad de venirme a Málaga que no me lo había planteado en mi vida, pero surgió y me vine.

¿Por qué te viniste a Málaga con lo que te gusta Marbella?

Por amor.

 


 

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¿En qué momento conoces a Elías?

En el verano del 2000, una noche en Puerto Banús, nos presentó un amigo común y empezamos a salir. Fue el verano en el que él empezó a trabajar en el Ayuntamiento de Málaga, había sido el asesinato de Martín Carpena. Estaban todos muy afectados y aquel fin de semana se escaparon a Estepona en cierto modo para intentar desconectar. Él entró de concejal a finales de julio y nosotros nos conocimos en agosto. No era el plan que él tenía tampoco. Elías estaba estudiando Derecho y formaba parte de una lista multitudinaria del PP. Pero por diferentes motivos la lista corrió mucho en muy poco tiempo.

¿Te dijo desde el principio que él quería dedicarse a la política?

Sí, lo llevaba en la sangre.

¿Y qué te pareció?

Bien, a mí me gustaba mucho la idea, me gusta la política, de hecho fue mi segunda opción de carrera universitaria. Y aunque no lo hice en aquel momento la estoy estudiando ahora porque me gusta. Estaba claro que no era una carrera que me fuera ni ajena, ni me desagradara.

¿Cómo fueron aquellos primeros años de relación?

Yo estaba en Marbella. Estuvimos cuatro años a mitad de camino entre Málaga y Marbella. Una relación normal,  como dos niños de 22 y 24 años recién licenciados empezando a trabajar.

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Supongo que sería raro cuando te vienes a Onda Cero Málaga tener que cubrir sus ruedas de prensa.

Pues si te digo la verdad no me acuerdo mucho, me parece que fue la época en la que él estaba de concejal de deportes y tampoco era algo que yo cubriera directamente, fue más progresivo, tampoco lo recuerdo como un punto de inflexión. Sí recuerdo hacerle entrevistas en la radio, pero lo he vivido con normalidad, me imagino que al principio sería un poco violento a lo mejor, pero realmente no tengo la sensación de que haya sido nada traumático ni extraordinario. Me consta que hay gente que a veces lo cuestiona o lo ve de otra manera a como realmente es. Yo en la radio o en los medios con los que he colaborado, en mi trabajo, ante todo soy profesional. Es tremendo tener que justificarte porque trabajas en la profesión para la que te has preparado y formado.

¿Te ha tocado dar alguna noticia que no fuera favorable a Elías?

Sí, claro.

¿Y cómo lo has hecho?

Con normalidad. Dejando mi vida personal en la puerta de la emisora. Hay personas que cuestionan que pueda hacer mi profesión con la objetividad que se presupone por tener una vinculación emocional con alguien con una ideología concreta. Cuando la realidad es que todo el mundo tiene ideología, lo que pasa es que unos la visibilizan más y otros menos, pero evidentemente, el ochenta por ciento de la población tiene su ideología. Otra cosa es que haya podido tener acceso a determinadas informaciones que no hace falta que me hayan dicho que no se pueden contar. Pero eso es lógico. A ti también te habrá pasado que te han contado algo off de record y por respeto a la fuente no lo cuentas. Creo que nos ha pasado a todos.

¿Has respetado siempre las decisiones que él ha ido tomando en su carrera política?

Siempre. Le he podido sugerir o trasladarle mi opinión sobre determinadas cosas, porque  evidentemente, no siempre coincido con él, pero como alguien más que está en su entorno.

Isabel, a diferencia de otras mujeres de políticos que están en primera fila a ti te ha gustado siempre estar muy al margen.

Sí, totalmente. Bastante tengo yo ya con mi profesión . El cartel lo llevo ya en la cara o sea, que, ya con esto tengo bastante.

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¿Te han criticado alguna vez por no acompañarle a los actos?

Supongo que sí, a la gente le gusta inventar cosas que no son verdad. Y la verdad es que me da igual. Yo decido a donde voy, no los demás. Han llegado a decir en varias ocasiones hasta que nos habíamos separado. Al principio a lo mejor sí le he acompañado a más cosas, pero te cansas de todo. Llevamos dieciséis años juntos y el político es él. Que yo le acompañe o no debería carecer de interés.

¿Las críticas y los rumores dejan de doler? ¿Llega un momento en que te dan igual?

Sí, absolutamente. Al principio las llevas regular porque no esperas, como te decía, que te cuestionen tu trabajo. Yo empecé con mi profesión antes de conocer a Elías. Y de los otros rumores he aprendido mucho de Elías para que no me afecten. Estés en el ámbito que estés y hagas lo que hagas siempre hay quien habla. Allá ellos.

¿El periodismo es lo que te esperabas?

Sí. Aunque quizás es más monótono de lo que imaginaba. En el caso de la radio, por ejemplo, un informativo es sota, caballo y rey. Tampoco es que innoves todos los días. En realidad, la inercia y la rapidez del día a día te hace no profundizar en las cosas, limitarte a ir a una rueda de prensa, cubrirla, redactarla y contarla, en vez de analizarla o interpretarla. Casi no tienes tiempo.

¿Recuerdas la noticia más dura que has dado en estos años?

Sí. Dos casos concretos y relacionados; Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes. De Sonia recuerdo con terror la aparición del cadáver, que tuve que ir al sitio en el que apareció y luego el funeral. Recuerdo con pavor todo lo que viví aquel día. Llevaba poco tiempo en la radio y nos trasladamos con la unidad móvil al punto donde había aparecido el cuerpo. Y de allí nos fuimos a Parcemasa. Estuvimos toda la noche esperando mientras se le hacía la autopsia. Lo de Rocío lo viví también muy intensamente, pero no fue un día concreto, sino que fue todo el caso. Cuando implicaron a Tony King después de que se hubiera celebrado el juicio contra Dolores Vázquez… Todo aquello fue muy duro.

¿Una noticia que te gustaría dar especialmente?

El tren litoral de Marbella. No sé. Sí, a lo mejor una infraestructura, algo que le falte al destino que he elegido para vivir. El tren litoral que vertebre la Costa del Sol con Cádiz. Esa noticia me encantaría.

 


 

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Aunque te has criado en Madrid te sientes muy andaluza y participas de las tradiciones. Incluso te hemos visto de mantilla en procesiones.

Me siento muy andaluza. Es el lugar de donde vienen mis padres y que he elegido para vivir. Lo de vestirme de mantilla viene porque una de mis mejores amigas de Marbella ha sido durante ocho años hermana mayor de una Cofradía y ha estado mucho tiempo pidiéndome que la acompañara a las procesiones. A esto se une que mi abuela era una persona muy católica, ferviente, de misa prácticamente diaria y tenía varias mantillas en casa.  A ella le hacía mucha ilusión verme. Así que hace dos años me vestí de mantilla y acompañé a mi amiga en la procesión. A mi abuela le hizo mucha ilusión.

 

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Fotografías cedidas por Isabel Naranjo

¿Tú eres muy religiosa?

Como mi abuela no. Es verdad que tengo esa base en la familia, y son los valores con los que me han educado. Pero lo de vestirme de mantilla por ejemplo lo veo más como un aporte cultural. Nuestras tradiciones son algo que nos enriquecen.

¿Alguna vez te has planteado dejar tu profesión?

No. Nunca.

Has vivido lo que es una profesión en la que en muchos casos no hay horarios, la actualidad manda. ¿Te ha ayudado eso a entender la dedicación de tu marido?

Sí, porque además siempre ha sido así. La gente piensa que cuanto más alto llegas en política más responsabilidad tienes, más liado estás, pero en su caso siempre se ha dedicado en cuerpo y alma desde que era presidente de Nuevas Generaciones -que fue la época en la que yo lo conocí- hasta el día de hoy. Es decir, su implicación y su afán por trabajar y por estar siempre al pie del cañón ha sido siempre la misma. A lo mejor con otra responsabilidad y otra dimensión, evidentemente, pero las horas de calle y de estar fuera trabajando son las mismas.

¿Cómo has vivido la maternidad estando tan lejos de tu familia y con Elías dedicando tantas horas a su trabajo?

Bien. Con ayuda en casa, pero siempre bien. Es difícil, pero también encontramos momentos para disfrutar en familia.

¿Crees en el amor para toda la vida?

Sí. Si no, no estaría aquí. Tal vez estaría en Madrid o sabe Dios dónde. Cuando te casas es porque crees en que va a durar toda la vida.

Me da la sensación de que también eres una mujer muy independiente, muy de tus amigas.

Totalmente. Respetamos mucho nuestros espacios. Estoy mucho con mis amigos. Son una parte muy importante de mi vida y me gusta dedicarles tiempo. Mi padre viajaba mucho por trabajo y llegaba tarde a casa. Y mi madre no estaba todo el día quejándose. Era lo normal.

Entiendo que tu madre para ti es un referente importante. De hecho, ha montado una empresa no hace mucho y la habéis apoyado todos los hermanos.

Mi madre es una persona muy inquieta, lo ha sido toda su vida, con muchas ilusiones, con muchos proyectos. Se dedicó a la enseñanza, porque cuando ella terminó el bachiller o lo que hubiera en la época, siendo mujer o eras profesora o eras enfermera y se decantó por la enseñanza. Yo creo que le hubiese gustado estudiar otro tipo de carrera, pero eran las opciones que tenía. Pero no se conformó. Como a ella y a mi padre les encanta la música,  nos inculcaron desde pequeñas el amor por la música clásica y empezamos a estudiar solfeo mi hermana, mi madre y yo en el conservatorio. La enseñanza se le había quedado corta, así que se especializó en música, que le apasionaba, y reconvirtió su profesión dentro de una disciplina que le gustaba muchísimo. Cuando se jubiló a los sesenta años, con toda la vida por delante, y con unas ganas tremendas de hacer cosas, decidió crear una firma de ropa porque siempre le gustó la moda. Entonces se dedicó a hacer unos diseños en unos bocetos, lo hizo con mucha ilusión, encargó unas telas y poco a poco montó una empresa desde esa inquietud, desde esa ilusión. Estuvo un par de años y se dio el capricho de poder sacarse esa espinita que tenía clavada y ahí está. No para. Ha viajado mucho por todo el mundo, practica un montón de deportes, juega al golf, hace senderismo y cada dos por tres viene aquí a ver a sus nietos. Todos mis hermanos la hemos apoyado cada uno con lo que sabía. En realidad más que un negocio es un hobby. Mi padre se ríe, pero le encanta, la respeta, la admira y todo lo que ella haga le parece estupendo.

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Isabel, ¿qué te parecería si alguno de tus hijos quisiera estudiar periodismo?

Son muy pequeños aún. Tienen siete y cuatro años. Pero no podría decirles que no. Aunque me gustaría más que fueran ingeniero de caminos, como mi padre, que le ha ido mejor en la vida seguro. Pero si es su ilusión…

¿Crees que es una profesión que está muy desprestigiada o es sólo percepción mía?

Creo que sí. Pese a que es el cuarto pilar del Estado. Probablemente porque se han permitido muchas cosas, mucho intrusismo. No sabría decirte, pero ha sido un poco de todo. Sobre todo eso, mucho intrusismo, poca regulación y poca unidad entre los profesionales. Hay gente que no lo ve como una profesión como puede ser ingeniero de caminos o médico, sino que parece que todo el mundo puede ser periodista hoy en día.

¿Y aunque sean tan pequeños, alguno de los dos apunta maneras de periodista?

No. No tienen pinta todavía. Les va más la política. Viven muy de cerca la actividad de su padre, se interesan mucho por lo que hace, saben perfectamente dónde está su padre, qué es un acto del PP, qué es un acto en la diputación, lo tienen todo perfectamente claro. Bueno, dentro de sus posibilidades, pero más o menos sí saben lo que hace su padre.

¿Y si tus hijos quisieran ser políticos?

Me parecería bien.

¿Y si quisiera ser alguno torero?

No, me dan mucho miedo los toros. Aparte de que no soy muy taurina. Lo respeto, pero no puedo. Es un sufrimiento.

En política no hay horarios ni fines de semana, ¿alguna vez le has tenido que llamar la atención a Elías para que les dedique más tiempo?

Nunca. Claro que me gustaría que tuviese más tiempo para estar con nosotros, pero como te decía, en mi casa mi padre viajó por todo el mundo durante mi infancia, él no era político, trabajaba en una empresa privada, pero con responsabilidad y con viajes. Yo no recuerdo a mi padre en casa antes de la hora de cenar, y por la mañana se iba a las ocho. Así que tampoco sé lo que es tener un padre con un trabajo de ocho a tres. Y te aseguro que no tengo ningún trauma por eso. Yo sí tengo un horario más ajustado a los niños, para empezar porque creo que hasta fisiológicamente tenemos más necesidad de estar con ellos y nos necesitan más. Jugamos otro papel, aunque habrá a quien esto le suene machista.

A Elías nunca le pediría que renunciase a algo que tenga que ver con su trabajo. Es una persona que se lo echa todo a la espalda. Jamás ha llegado a casa con un problema, jamás. Mira que los ha tenido, y miles, pero nunca me ha trasladado, jamás, en dieciséis años, alguna sensación negativa hacia la política, que las habrá tenido, pero se las ha quedado para él. Elías ve soluciones por encima de problemas.

Bueno, ¿quién lleva los pantalones en casa?

Yo. Creo que como la mayoría de las mujeres. ¿O, no?. ( Se ríe)

Ahora que está en auge la corriente de las malas madres. ¿ Te has sentido alguna vez así?

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Sí, claro, muchas veces. Con respecto a nuestras madres nosotras queremos más. Somos madres pero tampoco queremos dejar de lado otras facetas de nuestra vida como mujer. Probablemente somos más egoístas de lo que lo han sido ellas. En mi caso mi madre estaba sola en Madrid, pero nunca se quejó de estar sola, de tener cuatro hijos, trabajar fuera de casa, también tenía ayuda, pero no la recuerdo yo quejosa por nada. Su vida era trabajar y criar niños, a lo mejor no era salir de compras y jugar al pádel o estar haciendo otras cosas que podamos hacer y necesitar nosotras hoy en día.

 

 

Estas pasando un verano regular tras la muerte de tu abuela…

Sí. Me está costando asumir que ya no está. Y ya sé que es ley de vida. Tengo a mi alrededor a personas que han perdido a gente joven y veo la fuerza que tienen. Y me apoyo en ellas y a veces me siento hasta mal. Mi pérdida podría ser más esperada porque ya era una mujer mayor. Pero aunque mis abuelos han vivido siempre en Algeciras no era una relación de abuelos normal. Se pasaban todas las vacaciones con nosotros en Marbella y muchas temporadas en Madrid. Con mi abuela hablaba todos los días y ahora todavía lloro todos los días. Y lo peor es que casi me siento mal por ello, la gente no entiende que lo esté viviendo así…

 ¿Qué te ha aportado tu abuela?¿Qué has aprendido de ella?

Era una persona muy inteligente, con quien siempre se podía estar en todos los ámbitos de la vida, con muchas inquietudes también, leía libros como el que lee revistas, se bebía las novelas históricas. Le regalabas un libro de mil páginas y era la mayor ilusión de su vida, se lo leía en dos días. Muy familiar, muy dedicada a sus hijos, a sus nietos, muy cariñosa.

¿De quién has aprendido más en la vida, de tu madre o tu abuela?

De mi madre por cercanía, supongo. Aparte de que tengo su carácter. Somos muy nerviosas las dos, tenemos mucho genio, y mi abuela era todo lo contrario, o a lo mejor lo tuvo y no se permitió sacarlo.

Dieciocho años en la radio ya, ¿te planteas hacer otro tipo de cosas, dar un cambio a tu carrera?

No. A día de hoy no.

¿Estás cómoda o te gusta lo que haces?

Las dos cosas. Estoy cómoda porque es un medio que controlo y me gusta lo que hago, me sigue ilusionando cada día mi trabajo. Me siento feliz de poder contar cosas, y de hacer lo que hago, en definitiva.

¿Hay censura?

No. En mi empresa no, o yo no la he vivido. Jamás.

¿Te gustaría jubilarte en la radio?

Jubilarme no sé, tengo cuarenta años. No me planteo los próximos veinte, la verdad. Vivo el presente.

Cuando se ha hablado en algún momento de que Elías podría ascender en el partido y ese ascenso está en otra ciudad… ¿Qué ha pasado cuando eso se ha planteado? ¿Qué has sentido?

Se plantean muchas cosas, pero hasta que no llegan no las pienso. Sería una pérdida de energía. Opciones hay millones y en política más. Y todos los días puede pasar algo  que cambie tu vida ciento ochenta grados de un momento a otro. Hay que vivir el día a día, sin más.

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Este verano cuando hubo el golpe de estado en Turquía, Elías estaba allí con una delegación de Málaga. Supongo que lo pasarías fatal.

Pues mira, yo estaba cenando en Marbella con los niños y unos amigos. Dos de ellos son políticos. Yo veía a uno todo el rato mandando mensajes con el móvil. Era mi primera noche en Marbella y la primera vez que quedábamos desde hacía un tiempo. No comprendía qué hacía todo el rato con el móvil y sin hacernos caso. Incluso me llegó a parecer maleducado. Había hablado con Elías y le había dado las buenas noches así que dejé el movil en el bolso y no le hice ni caso en toda la cena. Antes de irnos, eran más de las doce, mi amigo me contó lo que había pasado. Cuando hablé con Elías ya se estaba produciendo el golpe de estado, pero no quiso decirme nada por no preocuparme. Sabía que estaba bien, así que lo viví con la tranquilidad que él transmitió siempre a todo el mundo. Con independencia de que tuviera miedo, que dudo que lo tuviese, porque al segundo día estaban en la calle dando un paseo. Él sabe perfectamente adaptarse a todas las circunstancias. Tiene una gran capacidad para afrontar todo lo que le pasa. Es un ejemplo de eso que hasta ahora tan de moda, la resiliencia.

¿Dormiste tranquila esa noche?

Elías me tranquilizó mucho. Yo desde aquí no podía hacer nada. Sabía que estaban en el hotel y que no iba a pasar nada. No tenía por qué pasar nada, en el hotel estaban custodiados. Tampoco quería pensar en que podía pasar algo malo. Me gusta vivir en el presente.

 

La conocí hace unos años, puede hacer 8, durante mi anterior aventura empresarial. Un día recibí un mail dándome la enhorabuena por lo que estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. Me sorprendió y se lo agradecí. Esos mensajes cuando estás luchando por un proyecto que te gusta y que no va todo lo bien que te gustaría te inyectan ilusión y ganas de continuar. Sabía que era  periodista y tras un par de mails más averigüe que había sido compañera de facultad de mi mejor amiga de la adolescencia. Meses después coincidimos en un acto de empresarios y nos presentamos. No fue hasta hace un par años, cuando vi en su Facebook que etiquetaba a Elías Bendodo en una foto, que no me enteré de que era su mujer. Con esto que os cuento quiero destacar por un lado su discreción y por otro su generosidad. Aquel gesto suyo de hace años, sin conocerme de nada, me dio impulso en un momento en el que las cosas no eran fáciles. Gracias de nuevo, Isabel.

 

Fotografía: Lorenzo Carnero

Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

 


 

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