Emociones en animales y humanos

En el artículo anterior dije que nuestra cara reacciona ante la emoción, independientemente de la cultura a la que pertenezcamos, de manera similar a las otras caras para que todo el mundo pueda entender qué sentimos en un determinado momento. Como ya quedó claro, la universalidad de las emociones y de su expresión es una estrategia, en términos evolutivos, que ha permitido que nuestra especie se haya adaptado por el mero hecho de facilitar la comunicación y, con ello, la cooperación.



 

Así, hablando de evolución, uno de los pilares donde se sustenta la afirmación de que las emociones son innatas y universales es el estudio de la expresión emocional en primates no humanos.  Es decir, los gorilas, los bonobos, los chimpancés, los babuinos, etc., ¿expresan sus emociones de manera similar a la nuestra?

 Nuestros primos, los otros primates

Desde la perspectiva iniciada por Darwin sobre el estudio de las emociones y las correspondientes expresiones, se asume el hecho de que nuestras expresiones faciales, al igual que el desarrollo de los ojos, la boca, los brazos, etc., son producto de un continuo evolutivo. En este caso y para resumirlo, las expresiones faciales humanas están evolutivamente emparentadas con las de los primates no humanos. Por ello, cuando afirmamos que Marco entendía la cara que ponía su mono, lo que estamos sugiriendo es que compartimos elementos comunes de la expresión facial con nuestros parientes, los primates no humanos.

En este ámbito de discusión, Fernández-Carriba y Parr, en 2012, demostraron que los participantes en el estudio tuvieron buen reconocimiento de las emociones expresadas por chimpancés mediante la visualización de fotografías. Dicho de otro modo, las personas reconocemos bastante bien las emociones en nuestros primos los chimpancés. Y si la expresión facial de la emoción es universal con el objetivo de ser algo reconocible por todos, reconocer la emoción en la cara de un chimpancé supone que hay elementos comunes compartidos.

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Pero todavía podemos alejarnos un poco más de nosotros. Desde el mundo canino, en la Universidad de Pisa, A. Meridda y colaboradores (2014) han codificado la expresión emocional de los perros y resulta que, al igual que en los humanos, cuando nuestro perro experimente tristeza elevará la parte interior de las cejas, arrugará la nariz cuando sea asco la emoción de ese momento y sonreirá cuando esté alegre.

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Como podemos intuir, el continuo de similitud expresiva llega hasta bastante atrás.



 

Emociones básicas y emociones secundarias

Cuando queremos estudiar las emociones, una de las clasificaciones que podemos tener en cuenta es la de diferenciar entre emociones básicas y emociones secundarias.

Respecto a esto, lo primero es hacerse una idea de qué se entiende por emoción básica. De manera lo más ajustada posible a la bibliografía existente, una emoción básica sería aquella directamente relacionada con procesos evolutivos y adaptativos, con una base neural innata, universal y un estado afectivo asociado único y diferenciable. Por el contrario, la emoción secundaria surge por los procesos de socialización, del desarrollo de capacidades cognitivas y de internalización de las normas sociales. De esta forma, las secundarias han sido creadas a partir de la interacción social y a partir de la fusión de varias emociones básicas como, por ejemplo, los celos. En esta emoción se unen el  miedo a la sustitución, la ira por la invasión y la posible traición y, finalmente, la tristeza por la pérdida de estatus en la relación.

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Así, a simple vista, parece que las emociones básicas también se presentarían en especies diferentes a la nuestra, mientras que las secundarias serían las propiamente humanas y no gozarían de la ansiada universalidad, ya que la cultura sesgaría su expresión. Posteriormente veréis como eso no es exactamente así, pero volvamos a esa clasificación y citemos cuáles son las emociones de un tipo y cuáles de otro.

Como en la investigación científica siempre hay modelos teóricos e interpretaciones diferentes, y como no pretendo iniciar una discusión que pueda resultar tediosa, echaré mano de las perspectivas con mayor consideración o que han sido la base de mayor cantidad de estudios. En el caso de las emociones, el trabajo de Paul Ekman y sus colaboradores es muy amplio, fructífero y avalado, con lo que voy a centrarme en la propuesta de este autor para hablar de emociones básicas.

Para Ekman, las emociones básicas son la tristeza, la alegría, al asco, la ira, el miedo y la sorpresa. Posteriormente añadió la emoción del desprecio como emoción básica, aunque no todo el mundo esté de acuerdo con ello. También hay quien propone de catalogar a la sorpresa como una protoemoción, que no pasa el umbral para tener la categoría de emoción, pero que sirve para orientar nuestra atención.

Por lo que a las seis primeras se refiere, y recordando que en la definición hablaba de que una emoción básica tenía una base neural innata, vale la pena mencionar el estudio de Karim S. Kassam y sus colaboradores en 2013, en la Universidad de Canergie Mellon, en Pennsylvania. Los investigadores, mediante Resonancia Magnética Funcional o fMRI, fueron capaces de identificar emociones sobre la base de activación neuronal de diferentes zonas del cerebro. Dicho de otra manera, pudieron identificar zonas bastante concretas y diferenciadas de activación neuronal según la emoción que experimentaban los sujetos experimentales. ¿Cómo se interpreta esto? Pues que la zona que se activa al experimentar miedo no es la misma que al experimenta disgusto o tristeza, reforzando la idea de que las emociones son innatas, universales y que no son continuos de una misma emoción, sino que son emociones discretas y diferenciadas.

 

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Por otro lado, las emociones secundarias serían  el orgullo, los celos, la vergüenza, la culpa, etc.  De momento no quiero decir nada más de ellas, simplemente citarlas. Ya habrá tiempo para hablar de ellas con más detenimiento.

Antes señalé que la afirmación de que las emociones secundarias se limitaban a la especie humana no es totalmente cierta. O al menos es lo que afirman Paul H. Morris, Christine Doe, y Emma Godsell de la Universidad de Portsmouth. Mediante la información de los dueños de diferentes animales (caballos, conejos, gatos, perros) y, sobre todo, con la información de los comportamientos sobre perros, concluyen que las emociones secundarias, como los celos, no es exclusiva de los primates, sino también de otros animales. Y es que al final, las mascotas ¿no están en nuestro ambiente, socializado y humano?



 

Quizás no sea del todo cierto ni una cosa ni la otra y tengamos que hablar de sumisión y proceso de reforzamiento secundario, pero de momento el debate está servido. Respecto a esto último, el siguiente vídeo puede resultar bastante ilustrativo:

 

Por último, así como las emociones básicas gozaban de la prestigiosa universalidad, en contraposición con las secundarias, cabe decir qué, tanto el orgullo como la vergüenza, dos emociones secundarias, se han mudado de habitación y han pasado, también, a ser consideradas universales. La investigadora Jessica Tracy y el investigador David Matsumoto, durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2004, utilizando población con ceguera y de diferentes culturas, llegaron a la conclusión de que la expresión de orgullo y la expresión de vergüenza son universales.  

 

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Como podemos imaginar,  todavía queda mucho por conocer y mucho por hacer en el campo de las emociones. Quizás podamos pensar que el hecho de que una emoción sea o no sea universal no es importante, pues al final quién vive las emociones somos nosotros mismos. Pero si lo que queremos es poder estudiar el Comportamiento No Verbal para poder entender el comportamiento de los demás, quizás valga la pena el esfuerzo de conocer qué es universal y qué no lo es.

 

COPIB2 Francisco Campos Maya

Psicólogo y Experto en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira.

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