Eli Maldonado

Es graciosa la forma de presentarse de Eli Maldonado. Así, casi sin respirar te dice: “Me llamo Eli. Trabajo por las mañanas en la empresa familiar, los fines de semana de camarera, también en el bar de la familia, tengo una hija, y por las tardes me dedicó a Lucy Clip. ( Se toca el tobillo y continúa…) Tengo la patente. ¿No te ha pasado nunca de ponerte unos zapatos y que se te salgan? Pues esta es la solución.”



Y le miras los tobillos y te acuerdas de la cantidad de veces que has estado a punto de acabar con los dientes en el suelo, o has dado un tropezón porque se te han salido los zapatos de tacón, sobre todo cuando llevas medias. Cuantas veces he pensado que alguien debería inventar algo, y lo ha hecho una mujer de aquí al lado y con una solución muy estilosa. 

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Eli es de Alhaurín el Grande. Desde niña supo que lo suyo no era estudiar. Ni le gustaba ni tenía paciencia, así que desde muy pequeña se incorporó a trabajar en el bar de su padre. Haciendo por supuesto lo que hiciese falta. Desde aquel momento borró de su vida salidas con las amigas, paseos nocturnos de la pandilla por el pueblo o cualquier cosa común que hacían las chicas de su edad. Mantuvo sin embargo su afición por el patinaje artístico. 

Emprendió y abrió una tienda de moda con tan solo 19 años en Arroyo de la Miel. La proliferación de centros comerciales la llevaron a cerrar. Consiguió enseguida trabajo de dependienta y aunque su idea era alejarse de la empresa familiar, su padre tras sufrir un accidente las necesitaba, a ella y a su hermana. El deber por encima de la devoción. 

Pero cuando alguien tiene tanta creatividad dentro, al final termina saliendo y manifestándose, y es el caso de Eli, que sin darse cuenta comenzó un proyecto, al que al menos yo, le veo mucho presente pero un mejor futuro. 

Eli da sus primeros pasos con Lucy Clip, eso sí, sobre tacones de vértigo pero con el pie bien sujeto, sin opción a resbalar. 

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Quedamos en ‘El Atelier de la Merced’, un pop-up situado en calle San Juan de Letrán nº 4 1.C, cerca de la plaza de La Merced. Allí expone parte de sus productos junto a otros artistas y artesanos, aunque también los comercializa en otros puntos de venta y por supuesto por internet.  



Eli tiene 35 años, las ideas muy claras y una mochila llena de sueños que carga con mucha ilusión, aunque a veces esté sobrecargada siempre va por delante su sonrisa. Parece increíble que pueblos como Alhaurín el Grande que están a tan solo unos kilómetros de la Costa del Sol sigan manteniendo una idiosincracia que en algunos casos recuerdan al pasado. Sin embargo Eli, aunque está muy orgullosa de ser de donde es, mira más allá de sus fronteras del pueblo y de los negocios familiares. 

Eli, ¿por qué dejas los estudios?

Cuando acabé la EGB mi padre me planteó la idea de que, al menos, hiciera un FP. Recuerdo cómo le dije claramente que si me compraba una moto yo le paseaba los libros todas la veces que quisiera. Tenía muy claro que lo mío no era estudiar. Nunca he sido una persona muy paciente para estar detrás de una mesa delante de unos libros. Es algo que no me ha llamado la atención.

Luego sí que hice peluquería y estilismo, no estética, sino estilista. Sin embargo, nunca he ejercido porque mi padre montó una cafetería en Alhaurín el Grande y yo con 13 años ya estaba detrás de la barra trabajando. Trabajar con la familia es algo muy duro, por eso decidí marcharme y abrir una tienda de ropa en el Arroyo de la Miel.

¿Con qué edad?

Con 19 años ya tenía la tienda de ropa. Me iba estupendamente hasta que me abrieron el centro comercial de Fuengirola. Con la novedad todo el mundo empezó a ir allí y vi cómo la clientela empezó a bajar hasta que tuve que cerrarla. Después me fui a El Corte Inglés a trabajar. Todo lo hice por retirarme un poco del negocio familiar aunque seguí trabajando con ellos, como algo extra, los fines de semana. Compaginé las dos cosas durante un tiempo. Y aún lo sigo haciendo porque ahora es mi marido el que se encarga del bar.

Después de dejar El Corte Inglés mi padre tuvo un accidente muy grave, que lo obligó a estar muchísimos meses metido en una cama con un corsé puesto. Lo pasó muy mal y entonces tuvimos que hacernos cargo mi hermana y yo no sólo del bar, sino también de una pequeña inmobiliaria que él también gestionaba.



¿Tu hermana es más pequeña o mayor?

Ella es dos años mayor que yo. Cuando tuvimos que hacer frente a la situación que te he contado fue cuando nos dimos cuenta de lo que tenía, de lo que había construido mi padre de la nada. Entonces, tocaba luchar porque todo se mantuviese. Teníamos que luchar por todo lo que tanto trabajo y sacrificio le había costado conseguir en la vida. De hecho, yo sigo trabajando como administrativa; me encargo de todo lo relacionado con la contabilidad a pesar de no tener estudios universitarios sobre el tema, y también ejerzo como agente inmobiliario. ¡Aquí se hace todo tipo de trabajo!

Y, por las tardes, me decido a hacer de mamá, que también lo soy.

Además, como ya te he comentado antes, los fines de semana y días de fiesta sigo trabajando de camarera. 

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¿Cuándo conoces a tu marido?

Me he saltado un paso. Además de tener titulación como peluquera y estilista, tengo varios títulos de informática e inglés y, además soy profesora de patinaje artístico. 

¿También profesora de patinaje?

Sí, estuve 12 años patinando y hasta gané títulos. Ahí fue donde precisamente conocí a mi marido. Por aquel entonces mi marido estaba en una especie de escuela hogar, es decir, un tipo de residencia donde los niños se quedaban a dormir. Yo iba allí algunos días en semana para dar clases de patinaje a las niñas que estudiaban allí. Era como un colegio privado. Él me veía pasar y me intentó conocer. Lo que pasa es que yo estaba un poquito reacia con aquella edad.

¿Qué edad tenías?

¡Muy poca! Aún iba en moto; ni siquiera tenía carnet de conducir. Tendría unos  16 años o así y ya estaba ejerciendo de profesora.

¿Y tu marido por qué estaba allí?

Estudiaba allí. Era del tipo de colegio en el que se quedan los niños que viven lejos –su familia vivía en el campo- y no podían ir y volver porque no tenían coche.

Era una residencia, pero al fin y al cabo era un colegio. Fue allí donde le conocí e intentó ligar conmigo, pero falló.

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¿Eso en Alhaurín el Grande?

El colegio estaba en Coín. Hacíamos unas coreografías fantásticas con las niñas.

¿Y qué aprendiste de dar clases siendo tan pequeña?

Había niñas que tenían casi mi edad. Era una residencia pero al lado había un instituto y había niños que salían y entraban y entonces recuerdo cómo chicos de mi misma edad me decían: “¿Tú maestra? Pero si tú eres más chica que yo…” Y me tenía que callar y les decía: “Cállate que si no te voy a mandar con el profesor…”.

Nunca he sentido vergüenza; todo lo contrario. Me sentía orgullosa. Si quieres algo te lo tienes que ganar. Esa es la base que me han inculcado mis padres desde muy pequeña. 

Me acuerdo como cuando le decía a mi padre que necesitaba ropa, él me respondía: “Trabaja y te lo ganas”. Siempre ha sido así desde los 13 años. No lo he visto como algo raro y, de hecho, ahora mismo lo agradezco.



¿Qué adolescencia has tenido? Porque es la época en la que se empieza a salir, y a dar paseos con las amigas.

Ninguna, estaba trabajando. Yo veía a mis amigas pasearse con sus amigos, con sus primeros novios…. Iban a la Semana Santa, a la feria, a tomarse un helado… Y yo estaba trabajando.

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¿Nunca te arrepentiste de dejar lo estudios en aquella época?

No.

Tenías claro que no era lo tuyo.

Siempre he dicho que tiene que haber abogados, médicos… pero que no todo el mundo tiene que seguir esos mismos pasos. Tiene que haber también quien trabaje para esos abogados, por ejemplo. Siempre tiene que haber alguien por encima y por debajo. Y yo sabía que yo no iba a llegar a tener una carrera porque no soy paciente para estar delante de un libro, no me gusta. Ahora, si algo me gusta me pongo a ello hasta conseguirlo. Pero si no me gusta no tengo la capacidad de ponerle toda la atención que necesita.

Estudias entonces peluquería y estilista…

Sí, pero no he ejercido. Lo hago en mi casa con mi madre, con mi hermana y también con mis amigas de vez en cuando.

No ejerciste porque tu padre prefería que trabajases con él, ¿no?

En el negocio familiar, exactamente. Fue un tiempo lleno de broncas familiares. Imagínate a una chica rebelde como yo enfrentarse a su padre para decirle que no quiere estudiar. Fui muy clara y sensata y le dije: “No sirvo para estudiar”.

¿Tu hermana ha estudiado?

Sí, ella siempre ha sido una chica de sobresalientes y notables. Pero se quedó en 2º de BUP. Le pasaron una serie de circunstancias que le hicieron no continuar. Se echó novio y la historia fue cambiando poco a poco. Si hubiera querido hubiera llegado lejos; a ella le gusta y sirve.

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¿Hay todavía una mentalidad muy distinta en los pueblos, aunque estos estén tan cerca de la costa?

Sí, creo que aún nos dejamos influir mucho por la opinión de los demás, tanto a nivel personal como profesional o de estudios. Siempre intentamos ser superiores al vecino. Yo veo mucho la diferencia cuando me desplazo a Málaga o a Marbella, por ejemplo. Con alguna clienta veo por ejemplo que le importa menos lo que lleve puesto, siempre y cuando esté cómoda y se sienta bien consigo misma. Creo que en Alhaurín estas cosas aún influyen un poco.

¿Cuándo te conquista tu marido?

Pues cuando terminaron las clases que te he comentado que daba en el mismo centro en el que estaba él.

Al terminar el curso hicimos una gran fiesta con las niñas. Se me presentó. En ese momento, mi marido tenía una melena larguísima y a mí no me atraía nada. Además, era de estos niños que son muy tímidos. Es verdad que me hablaba, pero nunca fue un chico de estos lanzados y atrevidos; se me quedaba mirando y ya está.



Te miraba pero no se atrevía a dar el paso…

Sí, exacto. Yo veía que se me quedaba mirando mientras estaba dando las clases pero nunca se acercaba a decirme nada. Pensé que era un espectador más. Había muchos espectadores, tanto niños como niñas, a los que les gustaba ver lo que hacían los otros niños con los patines.

Fue al poco tiempo cuando, ese mismo verano, apareció con su melena pidiendo trabajo en la misma cafetería donde yo trabajo; en la familiar. A mí me sonaba pero, ya te dijo, esa melena que tenía hacía que no me llamara nada la atención.

No era tu estilo de hombre, claro.

No era mi estereotipo, no. Como al final entró a trabajar en la cafetería tuvo que cortarse el pelo, porque una de las normas de la casa era que no se podía trabajar con pelo largo.

Las chicas teníamos que ir con el pelo recogido –como en todas las cafeterías- y los chicos con el pelo corto. Cuando lo vi con el pelo corto fue cuando saltó la chispa. En aquel momento yo tenía pareja pero, poco a poco fui conociéndolo más, empezamos a llevarnos bien, a compartir momentos de trabajo… Para mi sorpresa, me confesó que él era el chico que se me quedaba mirando mientras yo daba las clases. ¡No lo reconocía con el cambio que había dado al cortarse el pelo!

Me peleé con el que por aquel entonces era mi novio y él se convirtió en mi pañuelo de lágrimas. El que hoy es mi marido, además de compañero y amigo fue un paño de lágrimas para mí. Mi anterior pareja me había engañado con otra. En fin, lo que suele pasar en las relaciones.

Cosas, además, de críos ¿no? Porque, ¿qué edad teníais?

Exactamente yo ahí tendría unos 18 años o así.

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¿Todavía no habías abierto la tienda?

No, aún no pero estaba en proyecto. Cuando abrí la tienda fue cuando terminé la relación con la pareja que tenía en ese momento. Una vez que me enteré del engaño decidí poner punto final. Además coincidió que mi marido tuvo un accidente de moto y estuvo muy grave. Estuvo 13 meses en el hospital.

¿Tu marido?

Sí, estuvo 13 meses de baja. Se partió la tibia y el peroné. Además, tuvo lesiones en la cara y perdió media oreja.

¿Ahí ya estabais juntos?

Fue realmente a partir de ahí cuando me di cuenta de que algo pasaba porque me estaba afectando demasiado para ser un simple compañero de trabajo. No era un compañero más. Así fue como empezamos la relación. En ese tiempo él se había ido a trabajar a otro bar porque decía que no podía trabajar conmigo sabiendo que yo tenía otra relación.

Fue cuando tuvo el accidente cuando empecé a llamarlo otra vez. Recuerdo que, por aquellos entonces, me gasté 35.000 pesetas en mensajes. Entonces no había whatsapp ni nada de esas cosas, eran todo sms. El accidente me hizo darme cuenta de lo que me importaba. Nuestra relación empezó en el hospital.



Una primera cita maravillosa… (risas)

Sí, bueno, ya después empezó poco a poco con las muletas y con la rehabilitación. Entonces ya estaba yo en Arroyo de la Miel, donde me quedé tres año .

¿Qué vendías en la tienda Arroyo?

Era una tienda de ropa tanto de chico como de chica, para todas las edades y todos los bolsillos.

¿Qué edad tenías cuando te casaste?

24 años.

Muy joven…

Sí, pero no me arrepiento de ello porque me ha dado tiempo de disfrutar de mi pareja, hemos hecho viajes, nos hemos conocido… Solo llevábamos tres años de novios cuando nos casamos. Lo teníamos muy claro, y fíjate, este año hago 12 años de matrimonio. Y tengo una niña de 6. La verdad es que estoy encantada.

Cuando cierras la tienda  te vas a trabajar a El Corte Inglés

Exacto.

¿En qué momento decides marchante de El Corte Inglés? ¿Con lo que le pasa a tu padre…?

Sí, ahí. Era justo cuando me iban a renovar y tenía que tomar una decisión; si irme o seguir. Tenía que pensar si quería seguir fuera del ámbito familiar o volver a él. Sentí la obligación de volver y fue lo que hice. Tenía que ayudar a la familia, ayudar a mi padre. Su situación fue delicada. Las vértebras estaban machacadas y le decían que quizás no volvería a caminar. Mi padre es una persona muy fuerte y puso tanto empeño que hoy hace más kilómetros que yo porque encima le encanta el deporte y anda muchísimo.

¿Después de aquello no se incorporó y os quedasteis ya vosotras?

Sí, se incorporó. Lo tenemos como jefe ¡Es un mal jefe pero muy buen padre! Siempre lo hemos dicho así. Mal jefe porque es muy exigente, todas las cosas tienen que ser como él dice. Como todos los jefes, ¿no? Hay unas órdenes y unas pautas que hay que seguir y si no las haces al ritmo que él te marca, entonces te regaña.

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Supongo que es como estos hombres de pueblo que se han hecho a sí mismos y que lo que ellos dicen es lo mejor…

Sí, exacto. Eso mismo.

¿Os deja aportar ideas nuevas?

Mi padre es una persona muy emprendedora. Fíjate que nosotros somos familia de patentes. Él ha inventado un modelo de construcción donde no hacen falta ladrillos. Es mucho más barato y mucho más rápido de construir. Y ésa es precisamente otra de las cosas que intentamos hacer en la empresa. Promover este tipo de construcciones. Él lo que hace es usar paneles de hierro para ir construyendo las casas, simplemente con el hormigón proyectado. Es un proceso mucho más rápido y en un mes puedes tener la casa terminada. Ya luego tú la decoras a tu gusto, el pones la solería que te apetezca, etc.

Qué interesante.

Llegó a patentar el proyecto pero también es verdad que ya tiene una edad que dice que no está para complicarse mucho más la vida. Este año se jubila y no quiere más trabajo. Lleva toda la vida trabajando y ya necesita descansar un poco. Ahora nos toca a nosotros seguir.

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¿En qué momento se toma la decisión de que sea tu marido la persona que se encargue del bar?

La verdad es que es algo que ha ido pasando con el tiempo. Lleva 15 años trabajando con nosotros y poco a poco se ha ido encargando de comprar la bebida, tratar con proveedores, contratar personal… Se le ha ido inculcando la filosofía de la empresa con el transcurrir de los años. Nunca se le ha dado libertad, sobre todo al principio, sino que ha ido actuando según lo estipulado. Así hemos llegado al momento actual en el que es responsable de todas las cosas del bar. Realmente creo que ni él mismo se ha dado cuenta de que ha terminado gestionándolo él solo.

¿Cómo aceptó tu hermana que fuera tu marido el que tomase las riendas?

Somos dos hermanas y realmente hay dos empresas familiares distintas, la cafetería y la empresa de construcción. Mi cuñado se dedica a la construcción, por lo que es una balanza que está muy equilibrada. Cada uno de nuestros maridos lleva, por lo tanto, una de las empresas de la familia.



¿Quién manda más en la empresa, los maridos o vosotras?

Nosotras, por supuesto. Las mujeres siempre llevamos la voz cantante, aunque no lo aparentemos. Mi hermana y yo estamos en medio. Date cuenta de que primero está nuestro padre, el jefe, luego estamos nosotras y luego nuestros maridos, que son los que llevan las empresas pero los que reciben las indicaciones de nuestra parte sobre lo que tienen que hacer. Igual que hace mi padre. Todos sabemos siempre las órdenes que hay que acatar, las pautas que hay que ir siguiendo.

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¿Te arrepientes de haber mezclado el matrimonio con la empresa familiar? Tú que querías huir de la empresa familiar y al final te has metido de lleno. 

De lleno; hasta arriba. Realmente casi no me ha quedado otro remedio tampoco. Sí que hay veces que te arrepientes porque muchas veces el trabajo traspasa el ámbito familiar y cuando estás con tu familia en un ámbito distendido, al final terminas sacando a relucir los problemas del día a día. Esto ocurre mucho cuando voy a casa de mis padres. Sin embargo, en mi casa, con mi marido, buscamos que todo sea distinto. Intentamos que las cosas del trabajo y los problemas laborales se queden en la puerta, a no ser que necesitemos hablarlo como un método de desahogo. Pero si no es así, entonces intentamos dejarlos fuera de nuestras conversaciones, para no preocuparnos el uno al otro.

¿En qué momento surge el proyecto de Lucy Clip?

Surgió hace algo más de tres años. Hice primero uno para mí porque había probado de todo con los zapatos.

Se te salía el pie, ¿no?

Siempre. Lo puse en marcha casi por necesidad. Soy una mujer muy coqueta y me gustan mucho los tacones. El momento de tener a mi hija fue un poco el momento de inflexión. Ya sabes que cuando nos convertimos en madre siempre pensamos que tenemos que bajarnos de los tacones, pero sí que es verdad que tras el embarazo una se siente especial, con ganas de estar guapa. Entonces un buen día te descubres empujando el carro, subida a unos tacones y pensando en que te puedes caer con el niño por culpa de los zapatos que se te van saliendo.

Fue ahí cuando empecé a pensar que era un rollo eso de tenerme que bajar de los tacones por el simple hecho de estar con mi niña. Fui cambiando de zapatos, de estilo, y no me gustaba con ninguno de los que probaba. No me sentía cómoda, no era yo. Me sentía que iba como disfrazada.



Te gusta ir con tus tacones…

Me gusta ir a mi estilo. Cada mujer tenemos una tendencia, un estilo muy definido y yo, en ese momento, me sentía mal. Además, en Alhaurín todo es cuesta arriba y cuesta abajo, así es que si a eso le sumas el carrito del bebé y los tacones, ¡imagínate!

Probé con muchas cosas, incluso leí en Internet que meter los tacones en el congelador funcionaba para encoger el zapato y no dudé en hacerlo; pero nada. De hecho, metí unos de ante y cuando tocaba el zapato me traía el ante en la mano; fue un auténtico desastre y tuve que tirar los zapatos.

Como no me funcionó, seguí buscando soluciones por Internet, que es la gran ventana de la información. Pero no encontraba nada. Probé taloneras, plantillas, etc. Todo me hacía daño porque todo se me movía y el zapato se ensanchaba y era peor.

Y un día, mirando a la niña, se me encendió la chispa. Ella tenía el chupete colgando del chupetero y pensé: ‘una cadena y una pinza, ¡lo voy a probar!’. Fui corriendo a la mercería a por pinzas. Probé con un lazo, pero el lazo no era suficientemente fuerte y fui probando otros materiales. Entonces probé con un tipo de material que llevaba yo usando hace un tiempo y me que encantaba porque además era de brillos en tonos plata. ¡Iba bien con todo tipo de zapatos que te pusieras!

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Funciona genial. Se lo pones a un zapatos negro y funciona, se lo pones a uno plata y también. Recuerdo que el 19 de noviembre, que es mi santo, mi hermana me dijo que me quería regalar unos zapatos porque soy adicta a los zapatos. Me dio el dinero para que los eligiese yo y me fui a la zapatería. Recuerdo perfectamente que llevaba unas cuñas negras y mi primer Lucy Clip puesto. Pedí un zapato que me gustó del 36 y la dependienta me dijo que me iba a sacar uno del 35 porque si no se me saldría. Entonces le dije que no, que me sacara mi número, que estaba cansada de ir incómoda con los dedos engarrotados porque el pie no me cabía. Me probé el 36 y evidentemente sin mi Lucy Clip se me salía; no sentía presión por ningún lado pero se me salía. Entonces le puse mi Lucy Clip y la dependienta se quedó alucinada.

Le expliqué que lo había hecho yo y empezó a decirme que si sabía la cantidad de mujeres que iban a diario a la zapatería con el mismo problema que yo tenía. Me dijo que le hiciera unos poquitos y que ella me los vendería con total seguridad.

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¡Adiós problema!

Exactamente. Le dije que en unos 15-20 días los tendría allí. Y así fue. El día 3 de diciembre ya tenía yo la patente. Patenté un total de 70 modelos.

¿Todos los hiciste tú?

Había que patentar no solo la marca sino también los diseños. El día 3 de diciembre ya se estaban vendiendo Lucy Clip en la zapatería. A raíz de ahí cada vez son más zapaterías que los tienen. También me compran por Internet y cada vez hay más mujeres que no se quedan solo con uno después de probarlo. Además, prefieren tener uno de cada color para complementarlo con todos los zapatos que tienen.



¿A dónde quieres llegar con esto? Porque ahora mismo como has comentado estás pluri-empleada. 

Sí, estoy pluri-empleada. Mi objetivo es por un lado llegar a todas las zapaterías. Por otra parte, la internacionalización: patente internacional con venta internacional; para que así todas las mujeres pueda tener al menos un Lucy Clip en casa.

¿Te ha facilitado de alguna manera el hecho de que tu marido tenga los horarios de hostelería para hacer este trabajo?Quiero decir para dedicar uñas tiempo a tu proyecto… Las mujeres, normalmente, cuando los maridos trabajan en hostelería se quejan mucho de los horarios, de que pasan mucho tiempo solas. A eso me refería, a que tienes más tiempo para hacerlos.

Ten en cuenta que yo he sido camarera, así es que sé perfectamente por lo que hay que pasar, por las horas, las pautas, etc. Sé como son los horarios  y entiendo perfectamente el agotamiento del final de la jornada.

Creo que como me valgo por mí misma, no necesito ayuda. La única ayuda que tengo es, por ejemplo, en días como hoy que tengo algún show-room o cuando estoy en Vialia, donde también monto de vez en cuando. En esos casos tengo la gran ayuda de mis padres que se quedan con mi hija porque mi marido está trabajando. Si no pueden mis padres pues mi hermana se la queda con mis sobrinas. Ésa es la mayor ayuda que me pueden dar porque me dan la seguridad de saber que mi niña está bien y está tranquila.

¿Tú lo haces todo a mano?

Todo.

¿No tienes a nadie que te ayude? ¿No has desarrollado ninguna forma de producción industrial?

Ahora mismo no. Ojalá algún día pueda tener mi propia fábrica, a gente trabajando para mí… eso sería espectacular; sería lo suyo. Pero claro, ahora mismo no tengo producción para tanto despliegue. Si el día de mañana me piden 1.000 Lucy Clip pues entonces sí que tendría que emplear más recursos porque ya tendría la venta asegurada. Para producir 1.000 o 2.000 Lucy Clip metería personal, compraría grandes máquinas que me facilitaran el trabajo… pero ahora mismo todo tiene que ser paso a paso, poco a poco.

Y es que poco a poco va materializando un sueño, creciendo a la par de un proyecto que estoy convencida traspasará todas las fronteras.

Fotografía: Lorenzo Carnero

EM9A5056-001 Eli Maldonado

Creadora de Lucy Clip

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

2 comentarios
  1. Enhorabuena Eli. He leido la entrevista y, aunque hacemos cosas muy distintas, no te imaginas lo identificado contigo que me siento.
    Adelante!
    Un beso.

    1. Muchas gracias FRAN, hay que ser constante y perseverante,,, y nunca renunciar la luchar para llegar a tus sueños y objetivos. Y si no puedes hacer una sola cosa,,,, hazlas todas :)… te deseo mucha suerte.

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