¡Disfruta de la vida al ritmo del movimiento slow!

 ¿Cansada de correr de un lado para otro sin tener tiempo para ti? ¿Te gustaría ser capaz de trabajar para vivir y no al contrario? ¿Echas de menos tener una vida plena y desacelerada en la que tengas el control absoluto de tu espacio? ¡Únete entonces al movimiento slow! ¿Aún no sabes en qué consiste? Acompáñanos y te lo mostraremos…

 

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El tiempo. Ese tirano implacable que nos persigue sin tregua impidiéndonos disfrutar de todas y cada una de las instantáneas que dan forma a nuestra vida. ¿Cómo podríamos luchar contra él y ser capaces de saborear cada momento? ¿Existe alguna manera en la que podríamos abandonarnos a nuestros deseos y ver pasar la vida sin tener que correr apresuradamente para no perder todos los trenes que pasan a nuestro alrededor?

 



 

La hay. Por difícil que parezca de comprender existe una forma en la que vivir más pausadamente, sin relojes que nos alerten del paso del tiempo; una manera de disfrutar sin prisas aspectos tan básicos de nuestra vida como son la alimentación, el medio ambiente e incluso la moda. Nos referimos al movimiento slow, con el que sus adeptos pretenden disfrutar de una vida totalmente plena y alejada de las prisas, controlando y adueñándose de su propio periplo vital dejando a un lado la particular carrera de obstáculos a la que nos enfrentamos prácticamente de forma diaria.

 

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¿En qué consiste la filosofía slow?

Sus seguidores –que han crecido de forma importante en el último lustro- definen el movimiento slow como un enfoque innovador de la vida que propone tomarse el tiempo necesario para producir algo de calidad, disfrutar el proceso y adaptarse al ritmo natural del Planeta.  Su nacimiento tuvo lugar en la Plaza de España (Italia) en 1986 de la mano del periodista Carlo Petrini como muestra de rebeldía a la apertura en este enclave histórico de excepción de un restaurante de una cadena de “fast food”. Con el nacimiento de este término, Petrini quiso dar a conocer que se estaban traspasando los límites de lo aceptable y predijo los peligros que se cernían sobre los hábitos alimentarios del continente Europeo, empeñado en imitar las pautas de vida impuestas por los países ubicados al otro lado del Océano Atlántico.

Sus teóricos apuntan que vivimos como si no hubiera un mañana y como si los recursos de los que disponemos fueran ilimitados, aun sabiendo realmente que no lo son. Para quienes defienden la necesidad de vivir acorde a este movimiento, estamos rodeados de un sinfín de elementos que nos empujan directamente a la superficialidad. Con relación a esta idea, Carl Honoré, uno de los teóricos más importantes de este movimiento mundial, apunta que “una vida rápida es una vida superficial, de ahí que la lentitud no tenga que ver con la ineficacia, sino con el equilibrio”.

El movimiento slow no está organizado ni controlado por una organización como tal, si bien es cierto que tras él se encuentra la Sociedad por la Desaceleración del Tiempo, que realiza todos los meses de octubre una Conferencia Anual en la ciudad turística de Wagrain (Austria) en la que se fomenta el ir más despacio cuando tiene sentido hacerlo, promoviendo y defendiendo la idea de que cada ser vivo tiene su propio tiempo o lo que ellos denominan ‘su tempo giusto’. Y es que es cierto que debemos estar preparados para emprender la carrera cuando las circunstancias así lo requieran, pero también lo es que hemos de tener la capacidad suficiente como para detenernos en aquellos momentos en los que el estrés nos impida respirar, coger impulso y disfrutar de un presente que, en ocasiones, queda sepultado por un sinfín de obligaciones.

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¿Slow sólo al hablar de comida?

A pesar de que como ya hemos apuntado el movimiento slow comenzó estando relacionado únicamente con el tema de la comida, no tardó demasiado en ser implementado en diferentes ámbitos de nuestro día a día. Por lo tanto, lo que empezó siendo lo que muchos dan en llamar un interesante ‘cuestionario gastronómico’ ha terminado convirtiéndose en toda una filosofía de vida con su propia manera de ver las cosas.

Así, del movimiento slow ha nacido lo que recibe el nombre de hogares slow o casas que buscan que la persona se sienta, en todo momento, conectada con su entorno, a diferencia de las casas que se localizan en el tejido urbano. Buscar contratistas independientes de las grandes compañías, escoger una ubicación cercana al lugar de trabajo para así poder utilizar medios de transporte no contaminantes o escoger espacios abiertos en lugar de una casa con muchos cuartos pequeños, son sólo algunas de las recomendaciones que siguen los amantes de esta filosofía de vida.

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Las modas slow también tienen cabida en esta nueva forma de entender la vida alejada de las prisas. Hoy en día, las modas cambian de manera constante y la producción en masa ha acabado desembocando en prendas que casi podríamos tildar como ‘desechables’. El enfoque slow en la moda propugna, por lo tanto, la fabricación de piezas clásicas de calidad que duren años, e incluso, toda la vida.

Junto a estas dos visiones, camina de forma paralela lo que muchos han dado en llamar cittaslow o, lo que es lo mismo, la resistencia a la globalización y homogeneización, potenciando la felicidad y la auto-determinación. ¿Cómo conseguirlo?

Intenta encontrar un pasatiempo tranquilo, alejado de las prisas. ¿Qué te parece el punto de cruz, tejer o cuidar el jardín?

¡Fuera relojes, y más si estamos disfrutando del fin de semana! Evita el despertador los sábados y los domingos… deja que tu cuerpo descanse todo lo que necesite. ¡Te lo agradecerá!

Aprovecha cualquier momento libre para elegir espacios naturales para hacer la compra. Siempre que puedas, evita las grandes superficies. Elige un mercado tradicional y disfruta paseando entre los puestos. ¡Te garantizamos que disfrutarás de un ambiente de lo más agradable!

¿Eres de las que habitualmente desayuna? ¿Tomas algo ligero a mediodía mientras conduces del trabajo a las actividades extraescolares de los niños? La felicidad pasa por preparar una comida tranquila, elegir algo sosegado para leer o aprovechar para tener una conversación distendida con esa amiga con la que hace tanto que no hablas.

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Durante las vacaciones no elijas lugares con gran bullicio. Apuesta por el campo, la montaña… lugares con encanto donde poder recuperarte de las prisas que te acompañan cada día.

No pienses demasiado en el futuro. El presente es lo único que te pertenece.

Después de esto, ¿a quién no le apetece saborea la vida con el enfoque slow?

 

Rocío Alcántara

Redactora en Yo Soy Mujer

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