‘Dar por el gozo de dar’. Un día en el comedor social de Alhaurín el Grande

– Gire a la derecha hacia calle de la Felicidad, a la izquierda está su destino. 

Eso me dice la voz automática y robotizada del navegador cuando estoy llegando al comedor social de Alhaurín El Grande. A tan sólo unos metros de la calle de la Felicidad se encuentra este centro que ha conseguido en tan sólo un par de meses hacer un poquito más fácil la vida a su centenar de usuarios. 

Cada día un grupo de trabajadores y voluntarios de la ‘Asociación Yo Soy El que Soy’ abre las puertas de lo que en su momento fue un restaurante, para preparar y cocinar el almuerzo de los que tienen menos recursos en el pueblo. La iniciativa nació de Jorge Lázaro, terapeuta instalado en la zona, que veía las carencias y necesidades de muchos vecinos. Familias con todos sus miembros en paro, ancianos cuya pensión no les llegaba para afrontar todos los gastos, personas que tras pasar por una larga enfermedad o una adicción no tenían recursos para empezar de nuevo. Jorge Lázaro tampoco sabía por dónde empezar para cubrir esas necesidades, pero como todas las grandes historias, esta comenzó también con una pizquita de locura, mucho de fe, amor, y un grupo de personas que estaba dispuesta a arrimar el hombro y ayudar a la comunidad. Por encima de todo, un planteamiento: “Comencemos a caminar y las ayudas llegarán”. Y así ha sido. 

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Aunque el comedor necesita aproximadamente 4000 euros al mes para funcionar, hasta el momento no han faltado personas y empresas comprometidas que con sus aportaciones económicas o con la donación de productos lo han hecho posible. Aunque siempre con cierta incertidumbre de si alcanzarán la cifra necesaria para continuar un mes más. Por ese motivo han comenzado una campaña de captación de socios cuyos fondos aseguren la estabilidad de una labor que ha llegado para quedarse, y con el que quieren ampliar el suministro de almuerzos a personas necesitadas de municipios vecinos. Este proyecto sólo ha comenzado a andar, y solo está dando sus primeros pasos. 


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Todo empezó con la creación de la Asociación Yo Soy el que Soy, que presta ayuda mediante terapias a personas con adicciones, depresión y a enfermos de cáncer.

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Llegamos al comedor. Es más de la 1 de la tarde. En la puerta nos encontramos a Jorge que junto a algunos voluntarios descargan, de una furgoneta que les han prestado, alimentos frescos que acaban de comprar en el mercado. 

En el interior crece la actividad. Rosa Moreno, la tesorera, revisa con una persona su solicitud para comenzar a recibir los servicios de la Asociación. Ella es la responsable de analizar en primera instancia, y  siguiendo unos estrictos baremos, si los solicitantes cumplen los requisitos para recibir el almuerzo diario.

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Todo está decorado con corazones. Es San Valentín y una de las voluntarias, Gema, ha querido que tanto los que comen allí como los que se llevan la comida a casa sientan que les quieren.

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Dentro de la cocina, Pepe e Isabel dan un último toque al potaje de judías y la ensalada campera, el menú del día. Ana, Lis y María colocan la comida que acaba de llegar en la nevera o en la despensa, según toque. El caso es que no se para. 

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Los usuarios van llegando a recoger su almuerzo de ese día. Los voluntarios los preparan en bolsas para que se los puedan llevar. Les avisamos de que estamos haciendo un reportaje pero que no se preocupen que no les vamos a sacar la cara, entendemos que no es agradable para ellos mostrar que reciben caridad. Ante eso, María Teresa, que ha llegado con su marido y dos de sus cinco hijos nos dice que a ella no le importa, que ella quiere hablar. 

María Teresa Curado, usuaria del centro

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María Teresa, ¿cómo conociste el centro?

A través de una amiga, que es amiga de los voluntarios de aquí del centro, les habló de mí, y  ya empecé a venir.

¿En qué situación estáis vosotros ahora?

Pues mi situación es bastante mala. Estoy cobrando una pensión no contributiva, mi pareja no cobra nada, tengo cinco niños y estoy en una casa que está metida en un embargo.

¿La casa es vuestra pero está embargada?

Ya consta como que es del banco, vamos, nosotros estamos ahí nada más. No sabemos el tiempo que vamos a durar.

¿Qué edad tienen tus otros hijos?, porque estos son muy pequeños…

Tengo uno con 15 años, después tengo otra con 13, otro con 9, y estos tienen 2 y 1.

El comedor os garantiza que todos los días tenéis comida caliente, ¿no?

Sí, que por lo menos llegan del colegio y tienes un algo que ponerle en la mesa para que coman. Y al no tener que comprar la comida el poco dinero que tenemos ya por lo menos puedo pagar la luz, el autobús para el instituto, y las cosillas de los médicos, que también tengo a mi niño grande que está malillo. Y ahí vamos tirando.

¿Qué dirías del grupo de voluntarios que hay aquí?

A mí me tratan muy bien y a mis niños, desde que estoy aquí estoy muy contenta, la verdad. Estamos muy agradecidos.

Ahora que no nos oyen (bromeo con ella) ¿Cocinan bien o no?

Sí, la verdad es que sí. Hacen unos callos buenísimos, las croquetas, el puchero, lo que hacen, lo hacen buenísimo. Mejor que cuando cocino yo, igual que cuando mi madre me lo hacía de chica, igual.

Antes de empezar a ser usuaria del comedor y tras que su amiga la recomendase para beneficiarse de él, María Teresa y su familia tuvieron que pasar por las manos de Rosa Moreno. Ella es la encargada de gestionar los papeles y la directora y tesorera de la Asociación. 



Rosa Moreno, directora y tesorera de la Asociación

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Rosa, cuéntame cómo conoces la labor de Jorge, la labor de la asociación.

Bueno, yo parto de que cuando nace este proyecto ya estoy dentro de la asociación. Como sabes nosotros empezamos ayudando a personas con depresión, adicciones o cáncer. Y nos dimos cuenta que en el momento que les dábamos el alta, por así decirlo, cuando termina ese acompañamiento con ellos, pues intentan volver a la vida diaria y les cuesta un montón. No tienen trabajo y les cuesta mucho volver a insertarse. Ya que Jorge quería hacer el comedor quisimos que fuese aquí en Alhaurín y que pudiéramos ayudar a estas personas.

Además tú no entras como una voluntaria más en este proyecto del comedor si no como directora y tesorera. Eso ya es una gran responsabilidad. 

Sí, me ofrecí voluntariamente. En cuanto se planteó hacer realidad el proyecto dije que estaba dispuesta a llegar a donde hubiese que llegar.

¿Cómo es esa labor de estudiar cada caso y decidir quién entra y quién no?

Hago un poco de filtro y principalmente hay que estar muy preparada emocionalmente. Nosotros de hecho hacemos una preparación previa todos los días antes de venir, porque te afecta bastante la situación de cada usuario cuando viene aquí, pero tenemos un filtro y pedimos a todos una serie de documentación.

¿Qué pedís?

Pedimos concretamente los DNI de todos los miembros, pedimos libros de familia, para ver los miembros que hay dentro de cada unidad familiar, luego pedimos una certificación obligatoria que son certificados tanto del INEM como de la Seguridad Social para ver el tipo de prestación que cobran, y a raíz de ahí pues ya partimos de si es alguien de riesgo de exclusión social como un ex-presidiario, o si es alguien que pueda tener una minusvalía y  empezamos a mirar un poquito más a fondo dependiendo de cada caso. Pero esa documentación la tienen que presentar todos.

Y en este tiempo, ¿qué te ha dado a ti el comedor?

A mí personalmente me está dando un crecimiento interior, una cosa bestial. Porque la calle, el día a día, el trabajar con personas, con casos reales, pues la verdad que te hace tomar conciencia, que de otra forma solo la tomas cuando te pasa algo malo a ti. Esto es como vivir esa situación, pero sin tener que vivirla en tu unidad familiar, es como recapacitar sobre todo lo que tienes, valorarlo y agradecerlo.

¿Tú a qué te dedicabas antes? ¿Qué hacías?

Pues yo soy comercial. He estado de comercial todos estos años  atrás pero dejé mi trabajo por tomarme un tiempo para el voluntariado. Lo dejé.

¿Y eso?

Dejé mi trabajo porque esto me llenaba tanto y veía todo lo que podía aportar a este proyecto que decidí dar tres meses de mi vida al voluntariado. Llevamos ya seis meses trabajando en este proyecto y con el comedor abierto llevamos dos y aquí sigo.


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María de la Peña Solano, voluntaria

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María, ¿cómo conociste el proyecto?

Porque yo he hecho varios cursos con Jorge y Liz y sabía de esos proyectos y la verdad es que en cuanto me enteré de lo del comedor me apunté.

¿Qué pensaste cuando Jorge dijo que quería abrir un comedor sin tener nada en ese momento?

Pues me pareció maravilloso, vaya, porque yo soy de aquí, de Alhaurín, y sé que hay mucha necesidad. Y como ahora mismo no estoy trabajando, tengo más tiempo libre para ayudar.

¿En qué consiste tu labor de voluntariado aquí en el comedor?

Mi labor es organizar lo que va llegando de ayudas, cuando llegan los usuarios recibirlos, preparar las bolsas, dárselas, en fin… hacer lo que haga falta en ese momento..

En estos dos meses de funcionamiento del comedor, ¿Qué has aprendido con esta experiencia?

Es que es algo que me llena mucho. Hay una parte triste que es ver tanta necesidad, pero después hay otra que es poder ayudar. Poder ayudar a mucha gente a la que realmente le cuesta, que no pueden llegar a final de mes, que no tienen que darle de comer a sus niños, personas mayores, que no pueden hacerse la comida. Me aporta mucho.

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María, y por ejemplo el caso de esta familia, la de María Teresa, con cinco niños, supongo que tienen más necesidades que simplemente comer, ¿al final una se termina implicando?

Sí. Siempre te terminas implicando, conoces a los niños, los ves crecer, ves lo que les gusta, lo que no y ya los vas conociendo. Ellos llegan, ya te agradecen, los niños son todo amor… Es que creo que yo recibo mucho más de lo que doy.

María, en general ¿la gente es agradecida?

Sí, los que verdaderamente lo necesitan no paran de dar las gracias, de decir que hacía muchas navidades que no estaban como estas navidades, que se han sentido plenos de tener algo que poner en su mesa estas navidades. Muy agradecidos, la verdad.

Por fin conseguimos que Isabel, la cocinera, pare un momento. Si hay algo que llama la atención de todos ellos es su amplia sonrisa y su alegría. 



Isabel González Pérez, cocinera

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Isabel, tú también eres de Alhaurín, ¿Qué necesidades veías tú en el pueblo que no estaban cubiertas?

Pues precisamente esta, la de poder darles un plato de comida diario, para que con el poco dinero que entra en sus casas puedan pagar la luz, el alquiler, el agua, la hipoteca, y es que eso no lo ve nadie.

¿Qué implicación tienes tú en el comedor?

Pues mira, yo estoy en la cocina. Me encargo con Pepe, el cocinero,  de los guisos, las ensaladas, hacemos un poco de todo, porque si hacemos falta fuera, también estamos.

¿Cuántas horas le dedicas a esto al día?

Yo estoy cuatro porque soy empleada. Pero luego de voluntaria, las que encarte. Hemos estado limpiando la cocina, arreglando el comedor, poniéndolo en funcionamiento, he estado desde el principio.

A la hora de diseñar lo que es el menú de cada día, ¿qué tenéis en cuenta?

Nos basamos en lo que nos van dando, lo que va entrando y teniendo en cuenta lo que tenemos aquí en el comedor. Pepe es el que va dando ideas, intentamos que haya una variedad, que se un menú muy equilibrado y sano.

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Claro, porque hay que pensar que hay niños, mayores…

Claro, hay que pensar en todo. Yo en mi casa no como tan bien como lo que se está sirviendo a los usuarios del comedor. (Se ríe) Por ejemplo hoy a las familias con niños además se les ha dado helados, y hacemos postres caseros.

Isabel, ¿qué te ha aporta a ti el trabajar aquí?

Me aporta mucho. Me estoy nutriendo porque me encanta ayudar a las personas, y al estar aquí en el comedor todos los días es maravilloso. Es sorprendente ver cómo han venido al principio esas familias, los niños, y ver cómo están ahora. Empezamos con trece y ya tenemos más de 100 usuarios. Me nutro de amor y me nutro de compasión. Ya no solo es la comida, es que también se les da terapia y la verdad es que es  maravilloso.

El proyecto es para que coman muchísimas familias, ya no solo de Alhaurín, sino de la comarca del Guadalhorce, cada día llega más gente. Y que vengan muchas ayudas y por favor que nos ofrezcan de todo, para poder dar más.

 ¿Ha habido algún día que habéis visto que no teníais suficiente para hacer de comer?

No hemos estado así nunca. La verdad es que al principio estaba entre nuestros miedos, pero ha sido lanzarlo y cada día nosotros mismos nos sorprendemos. Creo en los milagros porque es que lo vemos aquí día a día. De necesitar huevos y pensar: “necesitamos huevos”, y a las dos horas están los huevos aquí. Y es que lo hemos vivido, de necesitar carne o patatas o verduras y llegar alguien con ellas. O de ir al banco de alimentos o al mercado y justo lo que necesitamos ese día es lo que llega, para mí, esos son milagros día a día.

El artífice de esta bendita locura es Jorge Lázaro. Hace 4 años abrió junto a su mujer Lis, un centro en Alhaurín el Grande donde comenzó a impartir terapias y cursos de crecimiento personal. Desde entonces han conseguido que un amplio grupo de personas confiaran en ellos y que a través de las terapias cambiasen su vida. Hace unos meses dio un paso más montando la Asociación ‘Yo Soy el que Soy’ con un fin únicamente social; el de poder facilitar gratuitamente esas terapias a personas con una adicción, que estuviesen pasando por el cáncer o que estuviesen sumidas en una depresión. 


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Jorge Lázaro

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Jorge, ¿en qué momento empieza tu inquietud de abrir el comedor?

Pues bueno, la verdad que es algo que tenía muy dentro desde hace tiempo. Estuve un año y medio en la directiva de un comedor que hay en Torremolinos que se llama Emaus. Era algo que estaba ahí, pero tampoco era una necesidad, pues como lo que nos pasa a todos, que tenemos nuestro trabajo, nuestra vida y sabemos que es algo que conlleva mucho tiempo. Pero desde que estamos con la Asociación y atendiendo a las personas con adicciones y con cáncer coincidía que un alto porcentaje, casi un 80%, tenían un problema económico importante. Entonces decidimos reunirnos tanto con la concejala, como con el Ayuntamiento, y una vez que hablamos con la Alcaldesa y le propusimos el tema, pues resulta que era una inquietud que había en el pueblo desde hace tiempo. Eso fue en septiembre y en diciembre ya era una realidad. Fue algo muy rápido y muy fácil. Yo siento que era el momento de hacerlo y por eso todo se ha dispuesto para que fuese tan fácil.

Jorge me consta que esto es como cuando montas una empresa, seguro que en aquel momento mucha gente te animó y te dijo que iba a ir fenomenal, pero a la hora de la verdad desaparece de la escena y os encontráis vosotros solos con el reto de abrir y mantener el comedor.

También había personas que desde primera hora dudaban de cómo lo íbamos a sostener económicamente, pero la verdad que hoy día hay cien usuarios a los que diariamente les estamos dando de comer y con expectativa de abrirnos a otros municipios. Desde esta cocina podemos colaborar con otras personas de otros pueblos. De momento lo estamos haciendo con mucho esfuerzo, creando eventos continuamente, pidiendo cuotas a personas para que hagan un gran compromiso y la verdad es que ya estamos camino del  tercer mes. La respuesta ha sido fabulosa, sabemos que estamos sembrando y hay que darlo a conocer. Es un lugar donde hay profesionales trabajando, donde hay mucho voluntariado, y sobre todo, estamos creando una gran familia.

A veces nos acordamos de los de fuera, porque suena mucho, porque sale en la televisión, porque tiene mucha publicidad detrás y nos olvidamos de los de dentro, de los que necesitan y los tenemos cerca. Y son continuamente apoyos a África o a Asia, y es verdad que lo necesitan y no hay que dejarlo, pero no podemos olvidarnos de los que estamos aquí porque, hoy día, vamos muy bien vestidos y eso tapa muchas necesidades que están ahí.

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O sea, te refieres a que hay gente que a lo mejor aparentemente parece que no está pasando por esas carencias, y sin embargo las está pasando, y les da vergüenza incluso pedir para comer.

Totalmente, y además estamos en un país donde hay ropa, cualquiera te ha podido dar ropa, te la dan en todos los lados, en Caritas y en mil sitios. Entonces, ir bien arreglado pues a veces tapa, se aparenta. Tenemos la creencia mental de que una persona que tiene una necesidad tiene que ir mal vestido o tiene que ir sucio, y no es lo que te encuentras aquí, en el comedor. Todo lo contrario. Personas normales que se han quedado paradas, que tienen una hipoteca grande, que no están cobrando nada y, bueno, pues muchos con hijos, muchas situaciones cada una totalmente distinta a la otra y, con mucha necesidad.

Jorge, ¿cuál es el perfil medio de la persona que viene? Porque también atendéis a mayores ¿no?

Pues sí, tenemos mayores. De hecho tenemos dos personas que están impedidas y se lo llevamos a domicilio gracias a una colaboración de Protección Civil. Estamos intentando buscar una furgoneta que nos sirva realmente para poder servir a domicilio, que es lo que queremos también, y para poder llegar a otros pueblos..

Pero entre los usuarios hay de todo, no hay un perfil medio, te encuentras la típica persona que está sola, divorciada, o que, simplemente, se ha quedado viudo, y luego te encuentras personas con cuatro hijos, con cinco hijos que,están servidos durante la semana al mediodía por el comedor, porque es un apoyo muy importante. Pero luego llega la noche, están esos niños y el comedor a las cenas no llega, está el fin de semana, en fin que son muchas cosas y nos gustaría hacer más.

Sí hay un perfil para la persona que come en el comedor y no se la lleva a casa, suele ser un hombre solo y que vive cerca del comedor.

¿Cuántos voluntarios sois ahora? ¿Cómo os organizáis?

Pues estamos rotando unos 40 voluntarios entre los que prestan apoyo a los que quieren salir de una adicción y a los enfermos de cáncer y los que asisten el comedor. Intentamos que vayan rotando para que no se quemen porque nosotros ya tenemos experiencia de lo que es eso con el tiempo. Y algunos quieren venir dos o tres veces en semana, otros quiere venir todos los días, así que siempre hay unos cuatro voluntarios que están siempre en el comedor y luego hay varios que van viniendo dependiendo del día. Esos voluntarios vienen a preparar las bolsas que se van a entregar ese día; a limpiar el comedor; a servir a las personas. Si hay que ayudar a la cocina, se ayuda; si hay que limpiar, se limpia. Si hay que ir a la calle, al mercado a recoger frutas, pues, como tú has podido ver hoy, se va. La verdad que de voluntad no nos podemos quejar, todo lo contrario.

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Jorge, no os queréis quedar solamente en Alhaurín el Grande, queréis llegar a Coín, queréis llegar a más sitios. Para que eso sea posible necesitáis la furgoneta, y además creo que estáis en conversaciones también con Cruz Roja para colaborar. 

Pues sí, la verdad es que estamos muy ilusionados porque cuando tú ves lo que cuesta un comedor y mantenerlo, y ves las necesidades de otros municipios, pues te das cuenta que poner un comedor en cada municipio es algo muy caro de sostener, pero aquí ya tenemos la infraestructura necesaria para convertirla en la central y tenemos varios municipios cercanos, a quince minutos en coche. La idea es hacer aquí la comida y poder trasladarla a los otros pueblos para que haya un punto de recogida y las personas se lleven la comida a su casa del día, comida casera, comida hecha para la familia; la verdad es que tenemos muchas ganas y esperamos poder conseguir esa furgoneta y empezar muy pronto.



En un principio queríais que el Ayuntamiento a través de los servicios sociales se hiciese cargo de mandaros a las personas, pero ahora lo estáis haciendo directamente vosotros. 

Sí, y  estamos muy contentos de como está funcionando el comedor porque la disponibilidad de las personas que lo llevan es de mucha entrega. Actualmente nosotros gestionamos y decidimos que personas se benefician del servicio del comedor, pero el primer impulso, es verdad que nos lo dio Ayuntamiento derivándonos a cincuenta, sesenta personas con los que ellos se pusieron en contacto. Ahora ya lo estamos haciendo nosotros con el asesoramiento de una trabajadora social, miramos los baremos, miramos qué cobra la persona, qué gastos tiene y cada caso es distinto. No podemos poner una línea de corte porque depende mucho de sí tiene un hijo, si tiene dos, pero lo que sí tenemos claro es que te puede engañar una persona o dos, no te voy a decir que no, pero que miramos muy a fondo que sea una necesidad verdadera, sobre todo para poder llegar a más personas.

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Jorge, hay una frase muy sabia que dice: “no me des de comer, enséñame a pescar”. Vosotros además de facilitarles ese alimento diario, que es imprescindible para seguir viviendo, también os preocupáis de intentar que su motivación crezca, que su autoestima crezca.

Pues sí, la verdad que tenemos un compromiso muy grande con eso. Por eso le llamamos “comedor con conciencia”, porque es lo que tú has dicho, no sólo le damos de comer, ahí estamos haciendo una labor importante. Ya hay personas, que después de dos meses en el comedor, han empezado a venir a terapia, están recibiendo un tratamiento emocional, están haciendo cursos de autoestima, están tomando conciencia de que se puede llevar mejor la situación, sea cual sea, y que cuando estás ahí, intentando llevarlo mejor, pues se empieza a ver una luz, y te das cuenta de que se puede, de que se puede salir y que hay muchas técnicas y muchas formas de hacerlo, y nosotros ofrecemos una de ellas, que es la del crecimiento interior, que es fundamental, porque eso queda para siempre.

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¿Qué necesitáis ahora?

Bueno, nos faltan algunas cosas de la cocina, como una gran plancha para dar de comer a doscientas personas cuando te dan pollo y hay que hacer un filete de pollo a la plancha, algo tan sencillo como eso. Si alguien se comprometiese a donarnos leche podríamos repartirla entre nuestros usuarios, así al menos tendrían garantizado los niños el desayuno. Y ahora mismo nos urge que alguien nos de potitos, tenemos niños muy pequeños y así les garantizamos la cena. La furgoneta de la que hablábamos antes. Estamos en negociaciones con ‘La Caixa’, es verdad que hay una puerta abierta ahí, pero no se ha cerrado del todo. La necesitamos porque cada vez que tenemos que ir al mercado o tenemos que ir a BancoSol es una odisea, es pedir una furgoneta prestada, que te la puedan dejar, nos tienen que hacer el favor de ir a una hora concreta y ahora mismo eso es fundamental, porque bueno todo el mundo da alimentos no perecederos, pero los otros alimentos como las frutas, las verduras, la carne, eso es del día a día. Y tienes que salir a la calle.

Supongo que para eso también necesitarías más benefactores, más personas que se quieran hacer socios para comprar esos alimentos, pagar la gasolina, cubrir los gastos, el alquiler, la luz…

Pues sí, la verdad es que tener socios te da la tranquilidad de crear un ingreso sólido, un ingreso sostenible, y a partir de ahí pues sabes a cuantas personas que puedes llegar. Ahora mismo estamos haciendo muchos eventos, está entrando un dinerito con los eventos, pero es algo insostenible. Eso quema a los voluntarios, quema a todo el mundo, y lo que estamos buscando es que las cuotas puedan sostener el comedor. Abrir la puerta todos los meses son 4000 euros.


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Jorge, Isabel nos decía que aquí vivís milagros a diario,¿Cuál es el mayor milagro que habéis vivido aquí?

Bueno, yo me he encontrado cosas maravillosas con el poco tiempo que llevamos. De empezar a venir personas aquí a llevarse la comida y volver cuando encuentran un trabajo totalmente agradecidas y ahora quieren venir de voluntarios, no a comer.  A lo mejor sabes que te falta pan y cuando menos te lo esperas aparece alguien en la puerta que te ha hecho una hornada de pan entera, parecen cosas súper insignificantes, pero que para nosotros es un mundo. Porque te das cuenta cuando pides algo, lo sueltas ahí arriba, no se sabe dónde llega, pero lo que sí está claro es que alguien lo escucha y te sorprende. Sientes que es una labor tan bonita y tan necesaria que hay algo que está sosteniendo el comedor, y la verdad que no es para menos, porque cuando lo haces para “dar por el gozo de dar”, que ese es nuestro lema, te das cuenta de que hay personas que responden.

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¿Quieres decir algo más?

Sobre todo hacerles tomar conciencia a todos los que viven de una manera estable o pudiente, no importa cuál de las dos, de que a veces es importante, dentro de que todos tenemos nuestra vida, mirar un poquito hacia el que no tiene, no sabemos lo que somos capaces de ayudar. Yo creo que todo el mundo es un puente, que a lo mejor tú no puedes ayudar económicamente, pero conoces a alguien que sí tiene esto, a alguien que tiene lo otro, y a veces simplemente hacer eso ya es mucho. Es importante que nos acordáramos de que aquí en España también hay personas necesitadas, y que está muy bien ayudar, aunque sólo sea por acostarse con la conciencia tranquila cuando sabes que has hecho algo más que vivir tu vida, que has ayudado a otros a vivir la suya.

IMG_9112-001 Comedor Social de la Asoc. Yo Soy el que Soy

Calle Gondoloa, 3, Alhaurín el Grande

Teléfonos: 951 48 39 00 y 654 13 99 79 /634 51 01 48

Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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