Daphne Schavemaker

Muchas veces tenemos a personas cerca, con las que nos cruzamos o coincidimos y de las que sabemos muy poco. Esa misma persona es a su vez muchas personas distintas si la conocemos en otra faceta, cuando hablamos un poco con ella, cuando profundizamos más. Y no es que esa persona cambie, es que cuanta más información sobre ella tenemos, más contacto, más elementos de valor, cambia nuestra imagen, nuestra forma de verla. Es cuestión de percepciones, como todo en la vida. Es el caso de esta entrevista, de esta protagonista, de un almuerzo, de una conversación que me mostró lo que había detrás de Daphne Schavemaker. 

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Pero no fue este encuentro el que me hizo fijarme en ella para entrevistarla, evidentemente. Si no recuerdo mal fue algo que dijo tras el almuerzo que organizamos el Día Internacional de la Mujer. Había intervenido como ponente Alicia Serrano, Consejera Delegada de Safa Motor. Después, tomando un café, Daphne se acercó a saludarla y le comentó que su hijo había tenido un ictus cerebral a colación de algo que había contado Alicia. Aquello hizo despertar en mí cierta curiosidad. Apenas la conocía como la directora comercial de Monarque Hoteles, poco más. Tiene una imagen muy profesional, en cierto modo seria. Me cuenta más tarde que es más bien timidez. Pero también tiene una sonrisa dulce, tierna.

Daphne Schavemaker es holandesa aunque criada en España. Una mujer que tiene tras de sí la experiencia de haber viajado y vivido en diferentes países. Y aunque su paso por la Universidad no fue como esperaba no se le han caído los anillos a la hora de trabajar. Camarera, secretaria, azafata, encargada de restaurante y hasta modelo forman parte de los trabajos que ha desarrollado Daphne hasta llegar donde está. 



Ha habido cosas en su trayectoria que no las ha tenido muy claras, y en las que dejó que la vida la fuese llevando. Pero hay algo que tuvo claro desde muy joven, quería ser mamá. Oyó ese reloj, ese acelerado tic tac que le recordaba que el tiempo avanzaba. Se enamoró locamente, quizás no de su compañero ideal, pero sí del que quiso que fuese el padre de su hijo. 

Daniel, que hoy tiene 7 años, llegó cuando su relación de pareja se difuminaba. El diagnóstico de que Daniel había sufrido un ictus cerebral que le afectaba a la movilidad coincidió casi en el tiempo con el momento de su separación. Pero como dice Daphne de todo se sale y de todo se aprende. Aunque ese aprendizaje haya llegado envuelto en sufrimiento y lágrimas. 

Quedamos en el Restaurante Palmyra, en el Aparta-Hotel Monarque Sultán en Marbella. El espacio es una maravilla y la comida resulta ser excepcional. Es un día entre semana y el restaurante está tranquilo. Lo que nos permite charlar sin que nos interrumpan. Durante casi dos horas hablamos de lo personal y lo profesional. Os presento a Daphne Schavemaker, holandesa criada en España, madre y trabajadora que habla con un perfecto pero suave acento andaluz. 

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¿Por qué te vienes a vivir a España?

Soy Holandesa y con cuatro años me trajeron mis padres a España. Mi padre era Floricultor, quería expandirse en Holanda pero no podía. Así que por un proyecto que le salió en Almería nos vinimos mis padres, mi hermano y yo. Llegamos a Aguadulce cuando yo tenía 4 años y en el pueblo no había ni colegio.

Imagino que de la llegada a España no recuerdas nada.

No me acuerdo de mucho, era muy pequeña. De hecho, aprendí el español y no me enteré ni cómo, con 4 años imagínate. Mi hermano que tenía 7 años sí tuvo que repetir un curso. Pero vamos, también se adaptó rápido, nos adaptamos todos muy rápido, la que  peor lo pasó fue mi madre. En aquella época era una población pequeña con una mentalidad machista total. Ella lo pasó bastante mal.

No hace tanto tiempo, pero tardamos 4 años en que nos pusieran la línea de teléfono. Teníamos que ir los domingos al hotel a llamar a los abuelos.

¡Qué fuerte!

Es curioso, sí. Aunque yo tuve una infancia chulísima. Mis padres cogieron un chalecito con piscina, todo lleno de bancales, todo eso a día de hoy ya está construido, pero entonces no había nada alrededor. Teníamos unos vecinos con cuatro hijos, y esos eran nuestros amiguetes de todos los días.

En Aguadulce estuvimos 10 años y luego nos trasladamos a Roquetas de Mar a una urbanización, porque mi madre era guía y a mi padre no le afectaba para su trabajo el traslado. Roquetas De Mar nos venía mejor.

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¿A qué se dedicaba tu padre en España?

Montó su empresa, su propia finca de flores. Fue una experiencia muy buena. Mi padre habla cinco idiomas, igual que yo.

Soy bilingüe en Holandés, siempre hemos hablado holandés en casa, de hecho yo lo hago con mi hijo también.

¿Te queda algo de la cultura Holandesa?

Sí, las costumbres. En Semana Santa por ejemplo, el domingo hacemos un brunch de Pascua con huevos de chocolate, ahora se lo hacemos a Daniel y los escondemos para que los busque. En Navidad no hay Nochebuena, nosotros ya la hacemos, porque tenemos un mix de costumbres, pero el día fuerte allí es el 25 de diciembre y el día 1 de enero también.

Daphne en todos estos años, ¿has vuelto mucho a Holanda? 

Sí, he ido todos los años de vacaciones al menos un mes y pico. Mi madre nos mandaba solos desde que teníamos 5 o 6 años, íbamos a casa de nuestros abuelos o de familiares con nuestra tarjeta acompañados de una azafata.

Y cuando ya fuiste un poco más mayor, ¿no te planteaste irte allí a estudiar?

Efectivamente. Me fui con 18 años. Me dije que la carrera la tenía que hacer allí y fue un desastre.



¿Un desastre por qué? ¿Porque no te adaptaste?

Primero que no elegí bien la carrera, porque elegí biología por el hecho de que mi padre era floricultor y a mí me gustaba mucho el tema de las plantas. Nada, eso no me gustaba nada. Segundo, que en los seis meses que estuve no salió el sol, si salió tres días es mucho. Me fui en julio, cumplí allí los dieciocho además, y en Navidades me recogió mi padre en el aeropuerto de Málaga, y me tiré todo el viaje de Málaga a Almería llorando diciendo que no quería volver. Y no volví. Trabajé seis meses con mi padre hasta que empezó el siguiente curso escolar. Al siguiente año estudié Perito Agrícola.

¿Dónde?

En la Universidad de Almería. Pero tampoco. Es lo típico de esa edad en la que no sabes realmente lo que quieres. Entonces lo dejé porque no me gustaba nada y decidí irme fuera. Me fui a Madrid a trabajar de modelo y a hacerme un curso de azafata de congresos. Tenía tres idiomas ; francés, alemán y el inglés y me dediqué a perfeccionarlos. Estuve allí dos años y medio, fue una experiencia muy chula, hice mis pinitos en la moda.

¿Qué trabajos hiciste como modelo?

Pues cosas de publicidad y pasarela, hacía cositas. Me ganaba mi dinerillo y mientras estudiaba el curso que duraba de dos años. Ya cuando terminé quería volar. No quería volver a Almería.

Por medio de un contacto me fui a trabajar a una oficina de un arquitecto alemán, y los fines de semana trabajaba en un bar por la noche para aprender bien el idioma. Estaba súper bien, hasta que me llamaron de casa y me tuve que volver corriendo. Mi madre tenía cáncer de mama. En aquella época ella tenía una floristería, ‘Floristería Daphne‘, y me vine corriendo para estar con ella y para llevar el negocio, porque ella no podía.

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¿Qué edad tenías?

23. Entonces, estuve como unos seis meses más o menos, hasta que ella terminó con la radio, la quimio y la operación, y ya estaba más o menos estable. Cuando ella retomó el trabajo me planteé qué hacer, y me fui a Francia.

¿Por qué no volviste a Alemania?

Sentía que ya esa etapa estaba cerrada. Pero fui a Francia, a Estrasburgo, al lado del sitio donde estaba en Alemania. Bueno, en Alemania estuve en Baden-Baden. Y a Estrasburgo me fui por medio del contacto de Alemania, a un restaurante turístico a más no poder, de unas 250 plazas, a aprender francés de camarera. El dueño era alemán, y yo me llevaba muy bien con él además de que me desenvolvía muy bien. Estuve un año trabajando como una burra, porque ahí se trabajaba 12 horas al día subiendo platos pesadísimos porque el restaurante tenía tres plantas y estaba todo el día para arriba y para abajo. Pero el francés cada vez lo hablaba mejor. El dueño tenía una pequeña cadena de restaurantes. Abrió uno nuevo y  me propuso ser la directora junto con otra persona. Ahí estuve otro año y medio. Conocí a un chico, francés también, por eso me quedé más tiempo.

El amor…

Sí, me enamoré. Y ya cuando llevaba 2 años y medio y aquello seguía siendo trabajar 12 horas al día, 6 días a la semana y ya con 25 o 26 años me dije: “O me vuelvo ahora o ya me tengo que quedar”. Pasaron también ciertas cosas así que me volví. La relación ya no iba bien tampoco.

Y supongo que te vuelves sin saber qué vas a hacer.

No tenía ni idea, pero es que volví además un poco enferma, estaba desnutrida prácticamente. Estaba agotada. Estuve un mes en casa descansando y en Hoteles Playa, que se llamaban entonces así, actual Hoteles Playa Senator, trabajaba de directora comercial una conocida de mi padre. Como en verano no había trabajo en la finca y él tenía 5 idiomas trabajaba de guía en excursiones. De eso la conocía. Me fui a hablar con ella  y le dije que aunque tampoco tenía ningún estudio especializado era muy trabajadora y le conté lo que había hecho hasta entonces. Y justo en ese momento una chica que llevaba marketing se iba, entonces empecé desde abajo del todo aprendiendo el marketing de la empresa, atención al cliente, y un poquito de todo.  De ahí poco a poco pues he ido escalando.



¿Trabajabas para toda la cadena?

Para toda la cadena, sí. Allí está la central, en Roquetas de Mar. De ahí me hicieron responsable de marketing, luego responsable de marketing y publicidad porque van muy juntos, y después también responsable de prensa.

Empecé con 12  y cuando me fui había 27 hoteles. Estuve 7 años, escalando y aprendiendo muchísimo. Había días que estaba hasta las 3 de la mañana. Me acuerdo una vez que teníamos que terminar un folleto y la agencia de publicidad lo perdió antes de salir a imprenta, y estuvimos cuatro días trabajando hasta las 5 de la mañana.

 ¿Qué diferencia había entre trabajar 12 horas en un restaurante y trabajar también muchísimas horas en el hotel? ¿Qué esto tenía otra proyección? ¿Te llenaba de otra forma?

Totalmente. Pero también el restaurante me llenaba porque me gusta tener responsabilidad, soy una persona muy seria trabajando, soy muy responsable. Todos los días voy al trabajo con ilusión. Nunca he ido desganada o me ha pesado tener que ir a trabajar. Incluso si estoy mala me llevo el ordenador y desde casa hago lo que sea. Me encanta trabajar.

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¿Por qué llega ese trabajo a su fin?

Llega a su fin porque ya no podía subir más, tampoco es que quisiera subir más pero no había más cambio posible. Además de que me gusta trabajar, me gusta aprender todos los días y ya los últimos tres años hacía siempre lo mismo pero con más hoteles, con otros tour operadores, con otro tipo de publicaciones, pero lo mismo. Mis padres se jubilaron y vendieron sus empresas y me dijeron que se venían a vivir a la Costa del Sol.  Llevaban mucho tiempo con esa idea, a mí de siempre también me apetecía, pero a ellos más todavía. Así que lo vendieron todo y nos vinimos.

¿Te viniste a la aventura o con trabajo?

Busqué trabajo desde allí. Me vine a un receptivo pequeñito a Benalmádena, y ahí estuve 6 meses, pero no era lo mío. Lo mio era vender, no comprar, porque eso es comprar. Entre una cosa y otra, y por medio de contactos me enteré de que salía el puesto de Jefa de Ventas en Hoteles Elba. Me fui a Madrid e hice la entrevista. Claro, ese puesto estaba ubicado en Madrid. El puesto me gustaba y me lo dieron, pero no quería volver a Madrid y lo hice saber. Me facilitaron trabajar desde aquí y me pusieron una oficina en el hotel de Estepona.

Creo que la decisión fue incluso mejor para ellos, porque todos los receptivos y las mayoristas están en Torremolinos y luego las conexiones hacia Madrid o hacia el extranjero son muy buenas. Era Jefa de Ventas y llevaba el mercado nacional y todos los receptivos, no llevaba mercado internacional pero sí todos los receptivos, que al final es internacional también. Ahí aprendí muchísimo. Fue una época  muy heavy, porque viajaba tres semanas al mes.

O sea, que al final tenías el puesto aquí pero estabas siempre fuera.

Exacto. Me iba a vender fuera, a Madrid, Barcelona, Bilbao, a todas las ciudades de España a diferentes jornadas, normalmente con Turismo Andaluz. Y luego iba mucho a Holanda, Alemania, a Bélgica. Menos a Inglaterra, iba a casi todos lados. Fue una época estupendísima. Pero con los años y la crisis, las mayoristas españolas cada vez eran menos. Y llegó un momento que dejamos de viajar, también estaba ya más metida en la oficina. Los dos últimos años estuve más encasillada y empecé a agobiarme un poco y a cansarme, a aburrirme.

¿En qué parte vivíais de la costa?

Yo vivía en Marbella. Me compré mí casita en Marbella, al año de venirme, en un sitio precioso. Era media hora de coche así que perfecto. Pero ya empecé a aburrirme y yo si me aburro, no es buena señal. Entonces salió una oferta de empleo para Dirección Comercial a la que nos presentamos 235 solicitudes. Ya había nacido mi hijo y no podía quedarme sin trabajo, así que cada vez que veía una oferta interesante en la zona me presentaba.

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¿Tu hijo nace en la etapa de Hoteles Elba?

Sí.

¿Y cómo te organizas con tanto viaje y un bebé?

Pero es que cuando yo di a luz ya estábamos en plena crisis y no viajaba tanto. Aunque el último viaje lo hice embarazada de seis meses y medio. Que yo creo que por ese viaje se me adelantó el parto de Daniel, que nació un mes antes de tiempo, pero bueno… Cuando nació pedí jornada reducida de una hora, de 8 a 3.

Perdona que te he interrumpido antes. ¿Qué pasó con el puesto de Directora Comercial al que te presentaste?

Me llamaron para la entrevista, era en el hotel Monarque Fuengirola Park. Así que imagínate la diferencia viniendo del Elba Estepona. Pero hice la entrevista y hubo un feeling directo con el director. Me gustó mucho. Es que había un proyecto desde cero. En Monarque Hoteles hubo una persona, Víctor Sánchez, que lo llevó todo durante treinta y tantos años hasta que se jubiló y entró Federico López como Director Regional. Y buscaron a alguien para llevar la parte comercial, porque una persona no podía llevarlo todo. Estaba todo por hacer. Era crear un departamento. De entre 235 solicitudes me dieron el puesto.



¿Cuántos hoteles tiene Monarque?

Tiene 5, dos en Marbella Aparta-hotel Monarque Sultán y el Hotel Monarque Rodeo y tres en Fuengirola: Monarque Fuengirola Park, con 400 habitaciones, el Monarque Cendrillón con 56, y Torreblanca con 200 habitaciones, que están los tres más o menos juntos. Tiene uno en Murcia pero se comercializa independientemente.

Y te encuentras con un concepto totalmente diferente…

Totalmente. Porque además cada hotel es distinto y  la comercialización de donde venía, no tenía nada que ver, de habitaciones a 100 euros por persona-noche, a habitaciones de 25 euros por persona y noche. Los tres primeros meses me costó un poco, sinceramente. Pero con el tiempo cambié el chip de manera muy radical. Ahora me encanta y son mis niños, porque yo siempre que estoy en un sitio mis hoteles son mis niños, no son míos, pero considero que los tengo que sacar adelante. Federico se encarga de la parte operativa, tiene que conseguir que todo funcione bien, pero yo tengo que traer el cliente, y sobre todo el mercado internacional, que lo tenía un poco abandonado, con lo cual otra motivación más. Me he hecho una máquina ahora con el mercado internacional.

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¿Y tuviste que volver a viajar?

Sí, pero solo donde veo que merece la pena. Es decir, yo decido a dónde vamos consensuado con Federico. Ahora voy cinco días de viaje, me voy a Noruega, Suecia y a Dinamarca, el mes que viene. Hago cuatro o cinco viajes al año, pero elijo muy bien a dónde voy.

Daphne, supongo que también en todos estos años, desde que tú empiezas con los Hoteles Playa hasta ahora, han cambiado muchísimo las cosas gracias a internet.

Totalmente, aunque nuestra empresa es todavía muy tradicional, porque llenar 400 habitaciones solo con Internet no es tan fácil. En Monarque Fuengirola Park, tenemos muchísimas operativas de búlgaros, rumanos, polacos… Ahora también está entrando mucho mercado inglés, francés, e italiano en el hotel Monarque Torreblanca tenemos una garantía de holandesa, de abril a octubre, estas cosas son muy importantes para tener una base y luego ya el resto sí va entrando con mayoristas españoles y con ‘las punto.com’ como Booking, Expedia, Destinia o Mucho Viaje, porque están todos enganchados. Ha cambiado mucho y más que va a cambiar. Pero nosotros tenemos un producto todavía  tradicional. Con las on line solo no lo conseguimos de momento, excepto con el Aparta-hotel Monarque Sultán que es un producto aparte.



¿Cómo es el público de los otros hoteles? Supongo que es un público que económicamente no es muy solvente…

Sí que es solvente. Pero no le dan tanta importancia a lo mejor al alojamiento. Tienen más en cuenta la relación calidad-precio. Son personas que viene de los pueblos con sus familias, vienen cinco o seis noches, eso en verano y en invierno todos senior. Muchos mayores que pueden viajar en invierno y que buscan otros precios, pero a nosotros nos sirve para mantener el hotel abierto. Tenemos también mucho mercado ingles.

¿Y esa apuesta tan fuerte de Monarque por Fuengirola?

El dueño es un señor de Madrid, Argimiro González que empezó hace muchísimos años con una pequeña red de agencias de viajes con varios socios. Eso se diluyó en el noventa y tantos, más o menos, y él se quedó con estos cinco hoteles y el de Murcia. De hecho es un señor como la copa de un pino profesional y personalmente. Tiene ya cerca de los setenta años y ni un solo empleado  se ha querido ir nunca. Tenemos empleados que desde hace  40 años que trabajan para él, porque incluso con todas las crisis que hemos tenido, nunca ha faltado ninguna nómina para ningún empleado. Hay muchas mujeres, hay un porcentaje muy alto, tienen sus familias, sus hijos y están muy bien adecuados a ellas. Hay muy buena conciliación familiar.

Vaya, que aquí pides una reducción de jornada y no te ponen mala cara.

No te ponen mala cara, e incluso la mujer no tiene necesidad de pedirla porque lo pueden compaginar.

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¿De qué te ha servido tu experiencia profesional anterior para el puesto de Directora Comercial?

Me ha servido mucho. Lo primero, a ser muy relaciones públicas; ser muy sociable. Aunque no lo parezca soy muy introvertida. Lo soy mucho personalmente, pero en mi trabajo no tengo ningún problema y tengo mucha facilidad para hablar con la gente, para socializar, para vender. Me encanta vender, soy muy vendedora, y me ha ayudado mucho también la seriedad y la responsabilidad. Aparte de serlo, por mí misma esos puestos te hacen serlo.

Hasta la época de modelo me ha aportado. Yo tenía bastantes castings, pero veía que había muchas chicas que se apuntaban y no iban, yo no faltaba a ninguno. En los restaurantes, si se ponía alguien malo yo me ofrecía a hacer su turno, aunque estaba agotada pero  me ofrecía con la idea de sacar el trabajo que había y que no se resintiese la empresa. Y por supuesto los idiomas que había perfeccionado al estar viviendo fuera. A ver, es verdad que se te oxidan de no usarlos, pero en el momento que estoy en el país me desenvuelvo, aunque el alemán me sale con acento holandés y el francés me sale con acento español. No lo puedo evitar, pero me entienden y el caso es entenderse, que es lo importante.



Daphne, ¿en qué momento conoces al padre de tu hijo?

Lo conocí nada más llegar a la Costa del Sol. El jefe que tenía en la agencia receptiva sabía que yo no tenía pareja y me invitó a una barbacoa a su casa porque quería presentarme a un amigo y cuajó desde el primer día. Él había estado casado unos años antes y se ve que siempre habían estado con idas y venidas, así que a los tres meses de empezar conmigo me dejó porque no tenía claro todavía su anterior relación. A mí me destrozó porque yo estaba muy enamorada, fui muy tonta, pero me dolió mucho. Y ahí se quedó la cosa. Al año me llamó y me dijo que quería que nos viésemos.

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Y, ¿qué pasó? Volvisteis, claro. 

Cuando quedamos me dijo: “Mira, yo sigo enamorado de ti”. Entonces fui muy sincera con él y le dije: ” Tengo ya 34 años. Es verdad que sigo enamorada de ti porque no te he podido olvidar, pero no voy a invertir más tiempo en esta relación, sino es sabiendo que quiero un hijo”. Yo quería tener un hijo ya desde los veinte años, pero nunca había surgido. Simplemente era como una llamada, tampoco nunca me lo había planteado realmente. Y me dijo una cosa muy bonita que nunca lo olvidaré: “No me preguntes si quiero tener un hijo contigo, pregúntame si quiero que tú seas la madre de mi hijo”. Y ahí me derretí. Lo dijo de una forma muy bonita, la verdad. Y volvimos a salir. A los seis meses me quedé embarazada.

¿Tú también tenías claro que lo querías a él como padre de tu hijo?

Entonces, sí. Tenía una ligera duda pero es que yo quería ya ser madre. Luego la cosa no funcionó, pero el niño que hemos tenido merece la pena, aunque a veces discutamos. Como padre no puedo tener ninguna queja de él.

¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?

Cuando Daniel tenía un año y medio nos separamos. La separación fue un poco conflictiva. Tenemos formas muy diferentes de pensar de la vida, yo soy más hogareña.

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¿Qué le pasó a tu hijo? ¿Fue en el parto?

Cuando faltaban seis semanas para la fecha del parto fui a la revisión, la primera en la que te ponen los monitores. Y ahí vieron que algo pasaba, pero no me dijeron mucho más. Yo estaba controlada por dos partes, por la Seguridad Social y por mi ginecóloga privada. Cuando salí de allí me quedé con la sensación de que algo no iba bien y me fui a mi ginecóloga por urgencias. Apenas me quedaba líquido amniótico. Mi ginecóloga me pidió que me fuese de nuevo a la Seguridad Social. Me advirtió de que si el niño venía con algún problema era mejor por los medios que tenían.

Pasé la noche en observación del hospital Costa del Sol y al día siguiente vieron que la cosa no iba bien. Después de la segunda noche allí decidieron que había que sacarlo.

¿Por cesárea o lo provocaron?

Lo intentaron provocar, pero después de ocho horas con el gotero no tenía contracciones. Así que a las 7 de la tarde me hicieron una cesárea. Pero bueno, todo parece que salió bien, no hubo nada raro, simplemente nació a las 36 semanas y dos días. Nació con dos kilos pero a los pocos días me lo pude llevar a casa.

Los bebés cuando nacen tienen los dos puños cerrados. Pues iba pasando el tiempo y el puño izquierdo seguía cerrado. Nos dimos cuenta en el séptimo o octavo mes.

Es decir, que tú te dabas cuenta que algo no iba bien en la evolución de tu hijo.

Pero con siete o ocho meses, antes no. Eres primeriza en todo. La verdad es que el niño era estupendo, no lloraba nunca, comía muy bien, con tres meses ya estaba en su cuarto. Hasta el día de hoy es un niño estupendo. Más bueno imposible. Le pusimos Daniel pero de travieso no tiene nada.

Cuando empecé a mosquearme fuimos al pediatra. Pensaron que podía ser un brazo vago y le mandaron sesiones de fisioterapia. Y ya con doce meses vimos que eso no avanzaba. Fuimos a otro pediatra y nos mandó un escáner del cerebro. Imagínate que duro fue, tenía que estar totalmente quieto. Y tras los resultados otra doctora nos mandó directamente a la rehabilitadora; Lucía Martos. Fui sola porque mi pareja muchas veces por trabajo no podía acompañarme, y me dijo:  “Tú hijo ha tenido un infarto cerebral”. (Daphne se emociona al contarlo, se le hace un nudo en la garganta) Tenía una lesión en la parte derecha del cerebro que le afecta la parte izquierda motora. Me dijo: “Tu hijo nunca va a ser normal, nunca va a estar al cien por ciento”

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¿Sabes si la lesión se produjo durante el embarazo, durante el parto o después?

No pueden constatar cuándo fue, si ha sido durante el embarazo, si ha sido durante el parto o si ha sido en los primeros meses de vida.

El caso es que según el informe que te dan al salir de neonatos él estaba perfecto.

¿Cómo afrontas el diagnóstico?

Horrible. Además coincidió con que mi relación de pareja ya estaba bastante mal. Se juntó todo, dejamos la relación y justo el día siguiente me iba a Barcelona de trabajo y estuve cuatro días allí llorando. Entraba a una reunión, salía de la reunión y me volvía a poner a llorar.

Supongo que el apoyo de tus padres en aquel momento sería fundamental…

Con todo, gracias a Dios sí. De hecho cuando viajaba Daniel se quedaba en casa de mis padres. Él trabajaba y el niño era muy bebé así que prefería dejarlo con ellos. Fue bastante traumática la separación que no problemática. Simplemente, sentimentalmente para mí fue muy duro. He tardado como tres años en curarme, estaba muy enamorada.



Aunque sabías que no era una relación que te hiciera bien, ¿no?

Exacto, pero yo estaba muy enamorada. He querido al padre de mi hijo como una loca. Pero no congeniábamos, teníamos formas de pensar muy diferentes, de vivir.

Supongo que te centrarías mucho también en tu hijo.

Totalmente, porque a raíz del diagnóstico había que estar muy encima de él, llevarlo a  fisioterapia tres veces a la semana, ponerle una férula especial en el pie… Empezó a andar con dos años porque, claro, no tenía el mismo apoyo que un niño normal, y poco a poco ha ido evolucionando gracias a Dios muy bien. Es verdad, no estará al cien por cien, pero mi hijo ya corre. Lo que no le funciona muy bien es el brazo y la mano. Pero gracias a mucho esfuerzo, mucho trabajo, natación y fisioterapia, ha evolucionado muy bien. Acaba de cumplir 7 años, lo que pasa es que con los 6 años termina la ayuda de la Junta de Andalucía y ya la fisioterapia termina.

Eso es lo que te quería preguntar, ¿contaste con ayudas?

Estuvo en un centro de atención temprana de ASPANDEM en Marbella. Le tocó una fisioterapeuta formidable. Yo estoy súper agradecida a está chica, además de que es un primor, ha conseguido maravillas.

Y a partir de los 6 años, ¿qué pasa? Que si no tienes el dinero, ¿se acaba la evolución del niño?

Pues, más o menos. Lo que pasa es que ya buscamos otras cosas como que en el colegio hace pilates. Y seguir mucho con la natación que es buenísimo para él.

A parte de lo físico, ¿tiene alguna secuela más?

Está perfecto. Con la edad que tiene ahora es cuando empiezas a ser consciente de la vida, pero lo lleva muy bien. Lleva una vida normal. Tras la separación nos mudamos a una casa en La Cala de Mijas. En una planta viven mis padres y en la otra nosotros. Lo hicimos con dos propósitos: Que yo tengo que viajar, pues están ellos, que ellos se hacen mayores, estoy yo y así nos ayudamos mutuamente. Cada uno hace su vida pero a la vez nos apoyamos.

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¿La maternidad es lo que esperabas, tú que tenías tantas ganas de ser madre?

Yo tuve una maternidad muy fea, por desgracia. Con mi pareja ya teníamos nuestros problemas. No tengo ningún buen recuerdo ni del embarazo ni del parto, ninguno. Pero son cosas de la vida, de todo vas aprendiendo y saliendo adelante que es lo que hay que hacer.

Te voy a hacer una pregunta. Si quieres me la contestas y si no quieres no me la contestas. Si a ti te llegan a decir cuando estabas embarazada que tu hijo venía mal, ¿Lo hubieras tenido?

Sí, por supuesto. Daniel está bien de la cabeza, yo creo que eso es muy importante, si fuese otro tipo de lesión a lo mejor me lo pensaría. Es que Daniel es feliz, tengo un niño muy simpático, sociable, está siempre riéndose, es un niño muy feliz. Con eso se te olvida todo. Adora a su padre, su padre le adora a él, no ha faltado nunca con su hijo, no ha ido a muchas de las citas médicas, pero bueno, a otras cosas sí ha ido. Ahora estamos con un tratamiento nuevo, le están poniendo cada seis meses toxina botulínica, le ponen tres inyecciones en el brazo y tres en la pierna que duerme los músculos, porque él lo que tenía es rigidez. Le dan fisioterapia tres semanas seguidas en el hospital, ahí la Seguridad Social va muy bien.

Sus compañeros de colegio lo quieren mucho, todo el mundo le conoce, a todo el mundo le gusta jugar con él. Mientras que haya un mayor que esté un poquito pendiente, puede hacer una vida normal. En educación física va genial; el profesor, si alguna vez le quiere ayudar, él no se deja, tiene carácter, él quiere hacerlo solo. Es que es un primor.



¿Qué le dirías a una mujer que pasé por la misma situación que tú? 

Luchar, luchar, luchar. Que la sonrisa que te da cada día merece eso y más. Y motivarle para que luche. Porque hay días que se cansa también, estoy todo el día: “Daniel abre la mano”.

¿Has vuelto a encontrar el amor?

No tengo tiempo Ana, no tengo tiempo. Ya sé que es el problema que tenemos todos. Pero yo tengo un gran tema. Madre soltera, aunque tenemos fines de semana alternos, el fin de semana que no tengo a Daniel lo aprovecho para limpiar algo a fondo, para hacer algo de compra diferente a la compra normal. Y descansar un poquito porque son quince días seguidos sin parar. Hasta que llega ese fin de semana.

A lo mejor no se me ha presentado tampoco la persona, que también puede ser. Es que ni me fijo realmente. El poco tiempo que me queda lo dedico a mis amigos y mi familia. Tampoco quiero cargar a mis padres, bastante me ayudan ya cuando estoy trabajando.

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¿ Te han facilitado en la empresa adaptarte a los horarios y visitas al médico de tu hijo?

Mucho, estoy en una empresa formidable, con un respeto tremendo desde la propiedad y la dirección hacia los empleados y a la inversa. Y eso es difícil de encontrar. Quizá porque es una empresa familiar. Cuando estás en una empresa así, no cuesta nada dar el máximo de ti misma para que funcione.

Tengo tres hijos y aunque no lo he vivido supongo lo que tiene que ser que pasar por algo así. Me ha encantado la experiencia de compartir este tiempo con Daphne. Tras su seriedad, tras su sonrisa, encuentro a una mujer muy fuerte pero llena de ternura y empatía. 

(PD. Si tenéis oportunidad no dejéis de ir a Palmyra y probar. Muy, muy recomendable)

Fotografía: Javier Nuñez (Marbella) Lorenzo Carnero (Fuengirola)

EM9A3345-001 Daphne Schavemaker

Directora Comercial Monarque Hoteles

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Transcripción de audio a texto realizada por Atexto.com.

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