Daphne Martínez

Daphne Martínez nació en Madrid, aunque desde los dos años reside en Benalmádena. Cuando tenía 9 su madre quiso regresar y ella se negó. Dice que se siente malagueña y aquí ha hecho su vida, ha creado su familia y ha desarrollado su carrera profesional relacionada con la producción de eventos privados y espectáculos. 

No le importa trabajar fuera, de hecho lo ha hecho en muchas ocasiones, pero siempre con base en Benalmádena. Es mujer de raíces. Londres, París o Madrid, los considera perfectos para hacer turismo, para sacar adelante proyectos, pero no para vivir. 

La conocí en verano, coincidimos en un par de ocasiones, la tercera vez que la vi corría de acá para allá, con sus cascos, su micro y una carpeta en la mano. Era el concierto de Sting en Fuengirola y ella a través de su empresa, Fox, llevaba la producción. 

Es hija única y estudió Comunicación Audiovisual en Málaga, aunque lo que le llamaba mientras estudiaba en el instituto era Veterinaria, pero en aquel momento no podía permitirse irse fuera a estudiar. No es una mujer conformista, y como ella misma me dice durante esta entrevista, pertenece a esa generación a la que nos enseñaron a no depender de nadie, y ella no quiso depender ni de sus padres. Entró a trabajar en el aeropuerto, como personal de tierra mientras estudiaba, y allí se quedó varios años. Un sueldo fijo, viajes a precios baratos por trabajar en una compañía, y la posibilidad de hacer cambios en los turnos para dar sus primeros pasos en el mundo audiovisual, algo que no le daba estabilidad en ese momento pero que le apasionaba. 

 

Cuando la conoces un poco, es difícil imaginarse a Daphne parada, sin hacer nada. Pero como decía, no es conformista, y decidió que quería más. Con 30 años dejó su trabajo en el aeropuerto y montó su propia empresa. Ha formado parte del equipo de producción de Starlite y la Global Gift en sus comienzos, proyectos en los que también están al frente mujeres a las que ella valora y admira profundamente. 

Hace dos años su empresa ganó el concurso público para sacar adelante el Festival Ciudad de Fuengirola en el Castillo Sohail, y aunque Daphne tiene los pies en la tierra, la mirada la tiene en el horizonte. De ahí nació el festival Marenostrum Castle Park, en la ladera del Castillo. Un festival en el que tan solo dos ediciones ha conseguido llenar de contenido y de sentido. 

En proyectos como este trabaja mano a mano con su marido, aunque mediante acuerdo laboral, porque cada uno quiere y mantiene su independencia. 

Intenté entrevistarla el año pasado en verano, pero resultó imposible, Daphne alcanza jornadas de 15 horas en temporada de eventos, si encuentra un momento de descanso es para dedicárselo a su hijo. 

Este año el festival empieza antes, desde el 12 de mayo y hasta principios de agosto se sucederán los conciertos en el recinto amurallado y en su ladera. Un anfiteatro natural que cuenta con la peculiaridad que su escenario tiene de fondo el mar.  Vetusta Morla, Luz Casal, Francisco, Bad Bunny, Santana, Alejandro Fernández, James Rhodes, El Barrio o José Mercé son sólo algunos de los artistas que este año pasarán por Fuengirola.

Una programación como ella destaca para todos los gustos e intentando ser accesible a todos los bolsillos. Sólo el año pasado disfrutaron de los 14 conciertos que se celebraron, en torno a 30 mil personas. Allí quedamos, donde dentro de tan sólo unas semanas estará coordinando la llegada de los equipos de sonido, iluminación, escenarios… Pero todavía, a estas alturas, tiene tiempo para tomar un café y charlar tranquilamente. Entonces será casi imposible hablar con ella sin seguirla a la carrera. 

¿Cómo tomaste la decisión de montar tu propia empresa?

Estudié Comunicación Audiovisual pero cuando estudiaba surgió una entrevista para Spanair, para personal de tierra en el aeropuerto, la pasé, me cogieron y empecé mi andadura en el aeropuerto, estuve casi once años entre Spanair y British Airways.

Cuando llegó la revolución de las low cost, las grandes compañías redujeron bases, personal, y nos subrogaron a Iberia. El trabajo del aeropuerto me encantaba, si no me hubieran cambiado de empresa seguramente seguiría allí.

Con el cambio que se produjo en aviación había mucha gente joven a mi alrededor tomando pastillas para la ansiedad y para los dolores de espalda. Ahí fue cuando decidí irme del aeropuerto, cambiar de profesión y emprender. Tenía 30 años, no tenía hijos, y tenía una hipoteca pequeña, así que entendí que era el momento.

¿No te planteaste trabajar en el tema audiovisual en ese momento?

Sí. De hecho, hice algunas series en Canal Sur como regidora y como asistente de producción, pero el cine se mueve en Madrid o Barcelona. Hay muchas productoras que vienen a grabar porque Andalucía tiene unos parajes y unos paisajes únicos, pero siendo freelance hay pocas posibilidades de crecimiento y de estabilidad en ese sector.

Ser personal de tierra era muy cómodo, yo iba a mi casa cada día, pero cada fin de semana cogía un avión y me iba a cualquier sitio con un precio de tasas. He recorrido medio mundo viajando a un precio ridículo.

 

¿Qué haces cuando decides emprender?

Quise montar una empresa de organización de eventos destinado sobre todo a eventos privados. Mi primer evento propio fue un salón del bebé.

A mi alrededor mis amigas se empezaron a quedar embarazadas, y vi mucho potencial ahí.  No importa si no tienes dinero, pero compras el carro más caro y la cuna más cara y todo el mundo se vuelca en ese bebé. Fue un exitazo de público, pero no cubrí el presupuesto porque había alguien que había hecho el año anterior una feria similar, había engañado a los stands y me costó mucho sacar adelante el proyecto; y es verdad que fue un exitazo pero a nivel de números no cubrí los gastos.

Empecé perdiendo, pero los dos años consecutivos me volvieron a llamar, tanto los stands como el recinto para que repitiera la experiencia. Pero me tenía que recuperar de haber perdido lo que había invertido.

¿Ya estabas casada?

Ya estábamos casados, sí. Me casé el mismo año que me fui del aeropuerto, unos meses antes.

¿A qué se dedicaba tu marido en ese momento?

Él se dedicaba a la publicidad y hacía sobre todo giras de grupos, por ejemplo con Extremo Duro, con Melendi… Hacía producción de grandes conciertos. Desaparecía cuatro o cinco meses y en invierno pues estaba de ‘rodríguez’ en casa, y yo trabajaba en el aeropuerto.

¿Y ahí os planteáis montar la empresa juntos o tú sola?

No, yo emprendo por mi lado. A mí siempre me educaron para ser independiente, soy de esa generación a las que nos inculcaron que no debíamos depender de un hombre.

Evidentemente lo hice con su apoyo, y me he nutrido mucho de su conocimiento. Pero es verdad que somos personas completamente opuestas de mentalidad. Él es británico, tiene una mentalidad que no es la española, y además yo vengo de la empresa privada, donde te quedas mucho con el servicio al cliente, que al final, el servicio al cliente que hacemos  ahora es lo mismo que se puede hacer en una compañía aérea o en un hotel. Es atender las necesidades, dar soluciones.

Después de empezar perdiendo dinero me fueron saliendo otros contratos y me fui posicionando sobre todo en incentivos a través de contactos. Conozco a mucha gente, porque siempre he sido muy social y me he movido mucho en ámbitos diferentes. Mientras estaba en el aeropuerto y estudiaba, ya trabajaba en eventos los fines de semana, me pillaba festivos, hacía cambios de turnos, y así empecé haciendo festivales. El primer concierto en el qué trabajé fue en la producción de Prince, en Marbella.

Tenía una ventaja frente a la mayoría, y era que yo hablaba idiomas, era freelance, con vehículo propio y con buena presencia. Eso era un punto a mi favor. Pero en aquel primer concierto empecé como asistente de catering, pero me gané al cocinero que era francés y al final me dijo: “Anda, vete a duchar y te vas a ver el concierto”, y flipé. Me sentía como Cenicienta.

De ahí fui haciendo contactos, y me metí en el Espárrago Rock llevando acreditaciones.

Decías que lo de los idiomas ha sido crucial en tu carrera…

Hablo nivel alto de inglés y francés, tengo nociones de italiano, hace un par de años me metí con el ruso y conseguí hablarlo y ahora estoy con el árabe, pero es muy complicado.

Me gustan los idiomas porque te permiten comunicarte con cualquier persona, también mí madre invirtió en eso desde pequeña. Mi primera profesora hablaba siete idiomas y empecé con ella con ocho años.

Soy una persona inquieta, me he movido mucho fuera. Siempre he vivido aquí, pero he trabajado en Londres, en París, en Italia, en Portugal…

 

Aquel primer evento que organizaste te fue mal económicamente, ¿no te frenó?

En aquel momento di un paso atrás. Da vértigo. Yo venía de catorce pagas, de un aguinaldo de navidad, de una paga de beneficios, yo venía de ser una niña acomodada a nivel laboral y emprender daba miedo así que busqué trabajo. Ya estaba la crisis, pasaba entrevistas que me aceptaban, pero estaba sobrecualificada para el puesto y para el salario. Así que decidí seguir adelante por mi cuenta. Yo con mi portátil, mi móvil, y mi cochecito pequeño y la pasión, que al final es lo que mueve al mundo. Si hubiera más pasión habría menos guerra, estoy segura.

Tuve la suerte de dar con Disney Live, estuve cuatro años con ellos, haciendo producción de toda la gira por España. En el Circo del Sol hice de recursos humanos. Llevaba toda la contratación, con ellos estuve cuatro años. De hecho el año pasado volví a trabajar con ellos por otro tema.

¿Cuándo nace Fox?

Fox originalmente nace hace más de veinte años. Cuando decido empezar con Fox, con mi propia empresa, lo hago porque la situación es terrible a nivel empresarial. Era 2008 y se me ocurre la idea de crear sinergias entre empresas porque todo el mundo estaba en la misma situación, viviendo de los pagarés… Afortunadamente eso no lo pillé, porque soy demasiado cerebral a veces, y no entré nunca en esa dinámica.

Fui dando con empresas que eran muy buenas, que tenían bagaje, y fui creando lazos entre ellas para poder ser más competitivos. Suponía reducir los costes para poder trabajar y al menos subsistir.

Muchas empresas de eventos y de producción de eventos han desaparecido durante la crisis porque se las han comido los bancos, en este tipo de empresas la certeza de cobrar es nula. Ser promotor de un concierto no está regulado, cualquiera que tenga dinero, que tenga un poquito de capital, y quiera arriesgar, puede ser promotor. Y si no les va bien  pueden irse sin pagar los servicios que no pasa nada. La legislación no protege ni al autónomo, ni al empresario.

Hacer aquellas alianzas nos funcionó. Todos con los que trabajo actualmente más que socios son amigos, nos cuidamos los unos a los otros y eso es lo que nos ha hecho poder seguir en pie, básicamente.

¿Sigues sin infraestructura propia?

Yo no tengo infraestructura propia, lo que tengo propio es estructura y luego mucho mobiliario para camerinos y chill outs para los eventos privados. El resto lo trabajamos con empresas especializadas. Yo considero que cada uno tiene que dedicarse a lo suyo. Lo mío es producción, que es lo que me gusta, sacar presupuestos, encontrar clientes, y para poner luces confío en otras empresas bajo mi supervisión.

¿Cuándo empiezas a producir conciertos?

A mi los conciertos me gustan para disfrutarlos, pero vivir solo del evento privado es complicado porque no hay ningún cliente fijo. Terminas un proyecto y enseguida hay que empezar con otro, no puedes estar esperando a que te llamen.

El problema de los conciertos es que hay un riesgo elevado. Puedes tener un artista espectacular, un recinto espectacular, que si ese día te ponen un partido de la Champions, pues no viene toda la gente que necesitas para cubrir presupuesto. Me gusta ir más sobre seguro, pero claro, como tampoco se puede vivir sólo de lo privado al final tienes que ir haciendo ambas cosas.

Es cierto también que lo de los conciertos da mucha satisfacción a nivel personal. Cuando ya está todo montado, el artista actuando y ves al público disfrutando, te sientes parte de algo grande.

¿Cuál fue el primer concierto qué hicisteis vosotros solos como promotores?

Madona en Sevilla. Ese año hicimos Madona, Bruce Springsteen y AC/DC, al año siguiente hicimos U2. Sólo hacíamos la producción local con personal, estructura, lo que eran los alquileres de maquinaria y lo que era la gestión local. Esas son producciones a muy gran escala, porque son artistas que viajan normalmente con todo en gira, su equipo viene en gira, entonces te vienen los tráilers de Alemania o de donde sea…

Tiene su parte bonita que es formar parte de eso, pero lo peor es deconstruir cuando te tiras igual 8 meses con el proyecto, 15 días para montarlo y luego se desmonta todo en un día. Entonces te viene la depresión, pero es la dinámica que tiene este trabajo.

 

Pero antes de llegar a Marenostrum ya tenías experiencia con la producción completa de festivales….

En Torremolinos hace unos años hicimos el Espeto Festival que era un proyecto muy chulo, que además nos quedó muy cuqui porque teníamos un presupuesto reducido y sin ayuda. Pero no salieron los números, el problema es que hay mucha oferta, entonces hay que medir mucho los riesgos y ningún artista por muy bueno que sea te asegura ganar dinero, porque al final hay muchas variables que no dependen de ti, ni del artista.

¿Cómo empezasteis con Marenostrum Music Castle Park

Hicieron un concurso público en el Ayuntamiento de Fuengirola para el Festival Ciudad de Fuengirola y lo ganamos. Teníamos la oportunidad de trabajar con un promotor con el que ya hemos trabajado mucho, que es británico, para traernos a Simply Red. Pero el Castillo tiene una capacidad de 2400 personas y un artista internacional no es rentable meterlo ahí a no ser que se encapriche con el sitio y quiera bajar caché. Así que planteamos usar la loma del Castillo y montar el escenario con el mar de fondo. Al Ayuntamiento le pareció una excelente idea, aunque lo vieron como un poco locura. Fuengirola es pequeño pero triplica la población en verano y está en el centro de la Costa del Sol.

Nos aprobaron el proyecto y cuando estábamos montándolo nos dimos cuenta de que es mover mucho material y mucho trabajo para un solo día. Así que les planteamos hacer dos conciertos antes y dos después para aprovechar el montaje. El Ayuntamiento nos dio vía libre con la condición de que hiciéramos un quinto día qué fuera gratuito para el público de Fuengirola y así lo hicimos.

El resultado fue que el Ayuntamiento se quedó encantado y quisieron repetir pero con más planificación para ver qué necesidades teníamos y cómo podíamos mejorar  porque el primer año no había ni saneamiento para los baños. Había sido poner a prueba el espacio, y ya el segundo año pudimos trabajar con más planificación y pudimos traernos a Sting que vino con Ara Malikian, que fue brutal. Podíamos haberlos traído por separado…no lo sé. Pero resultó muy bien.

Creo que al final es un festival muy variado tanto dentro como fuera del Castillo, porque el ayuntamiento lo que quiere es que haya variedad para todos los gustos y ahí está el éxito. Lo único que quedaba por incluir era lo infantil, algo que hemos sumado en esta edición con Nick Fest el 16 y 17 de junio.

Concierto de Sting en 2017 en Fuengirola

Vais a por la tercera edición y ya tenéis la experiencia de las dos anteriores. ¿Qué habéis tenido en cuenta en la programación  porque además Starlite está ahí al lado y también trae una oferta con la que está pegando fuerte?

Starlite es un proyecto brutal, la cantera tiene una acústica maravillosa. El primer año de Starlite la puesta en escena era increíble, luego evidentemente se han ido adaptando, porque los precios son muy altos, el presupuesto general del festival es muy elevado y aunque tengan un patrocinador qué les pone dinero, son muchos gastos, no solo la parte técnica, sino los artistas, los hoteles, el transporte interno, el personal… Actualmente el concepto es distinto a MareNostrum, porque ellos ahora tienen música disco todos los días y se traen también a DJs internacionales, aprovechan mucho artistas que están en gira, y siempre tienen un cartel que tienen gente que los va a seguir.

Nos compararán, porque es inevitable por la cercanía, pero el concepto aquí es hacer una serie de conciertos para todos los públicos, a los que todos puedan acceder; no todo el mundo puede pagar una entrada de doscientos euros para ver bien a un artista.

El éxito de Marenostrum ha sido tan grande los dos primeros años, a nivel de repercusión, de medios, de posicionamiento, del recinto,  que este año han sido los artistas los que nos han llamado. La última incorporación ha sido Luz Casal. Presentó disco hace unas semanas y al día siguiente nos llamó diciendo: “Quiero estar en Marenostrum, ese recinto a pie de playa me parece único”.

Se sigue tratando de tener internacionales, de tener locales, de dar cabida a todos. Por ejemplo, este año tenemos Rototom, un Festival Reggae, que se puede pensar que está pasado de moda, y sin embargo tiene muchos seguidores y mucho peso en Andalucía. Rototom es un festival que se lleva haciendo décadas. Se trata de eso, de dar cabida a todo, de un poquito de clásico, un poquito de pop, un poquito de música de calle…

¿Hubo algún concierto que os sorprendiera en negativo en taquilla?

Por ejemplo, Michael Nyman. Evidentemente es para gente que además de que le gusta el piano, sea cinéfilo, porque él básicamente todo lo que tiene son bandas sonoras de películas. Nos sorprendió mucho que hubo mucha venta de entrada individual, mucha gente que vino sola a verlo, pero no tuvo la venta que esperábamos. Otro que también tenía mucha expectativa y tampoco fue como esperábamos, fue Vivancos. Vivancos había estado dos años antes en el Teatro Cervantes en Málaga, tres días seguidos y con todo vendido, pues no llegamos a mil entradas. El show fue increíble, muy espectacular, pero bueno, no fue lo que esperábamos.

Sin embargo, los Beach Boys que la gente podría pensar que están acabados fue impresionante. Los extranjeros querían todos la zona Vip o a pie de escenario, y los Beach Boys lo dieron todo. Es una lotería, nunca sabes cómo va a funcionarte algo.

 

Daphne, ¿cómo son para ti los veranos a nivel personal? Supongo que es cuando más trabajo tenéis y precisamente cuando vuestro hijo está de vacaciones.

Tuve a mi hijo y a los pocos días ya estaba trabajando. Estar metida de lleno en el trabajo y conciliar es muy, muy difícil. Por fortuna tengo a mi madre, que me ayuda muchísimo, aunque tampoco puedes explotarla.

En invierno normalmente soy muy egoísta, y las tardes son para mi niño y mi casa, evidentemente estoy enganchada al teléfono y en el teléfono está mi mail.  A veces me reclama que le haga más caso cuando estoy con él porque no desconectas del todo.

Pero en verano es un no parar. Hay días que salgo de casa a las 9 de la mañana y vuelvo a las 9 de la mañana del día siguiente a cambiarme, ducharme, comer, saludar e irme otra vez… Y mi marido igual porque estamos juntos en muchos proyectos, aunque cada uno tiene su empresa.

El verano es complicado con niños, porque es su tiempo libre y tú no estás. A él no le falta de nada porque tiene a mi madre y tenemos unos vecinos que son como sus yayos. Algunas semanas también se va fuera con mi familia. Sin ellos no podría. Intento sobre todo tirar de mi familia, que somos una tribu y son los que están cuando realmente lo necesitas. Él se siente querido.

Lo bueno es que ya que es más mayor, el verano pasado lo he tenido en el castillo muchos días. Así estamos juntos.

De hecho, era sorprendente, porque hubo un día que lo pillé recogiendo a mano la basura al terminar un concierto. Le dije que al menos cogiese una escoba. Barrió todo el castillo él solo y lo echó a la papelera.

No está mal que sepa lo qué es trabajar y que vea que yo no es que esté por ahí pasándolo bien, estoy trabajando. Eso es bueno porque él valora cada cosa que se le compra, cada esfuerzo que se hace lo valora porque sabe que detrás hay un sacrificio.

¿Cómo es trabajar con tu marido?

Es difícil. Nosotros normalmente trabajamos por separado. Cuando tienes un problema en el trabajo, o estás saturada, con estrés, al que más quieres es al que peor tratas y eso pasa mucha factura. Aunque orquestemos juntos y hagamos todas las visitas previas, y la pre-producción juntos, luego yo me encargo de unas cosas y él se encarga de otras y así nos va mejor. Te pierdes mucho de lo personal porque al final todo es trabajo, es difícil llegar a casa y desconectar de la oficina cuando sabes que tienes cosas pendientes o que tienes esta llamada que hacer o que alguien te está pidiendo un presupuesto. Se pierde en lo personal pero bueno.

A Jason le tiran mucho los conciertos, las giras. Él ha nacido con eso, y no le puedes cortar las alas, es lo que a él le gusta hacer. Yo soy más de volver a casa cada día y de mantener mi círculo de amistades, de cuidarlas, que al final se hace complicado, porque las cada una tiene una agenda, pero son parte de tu vida. Si sólo te dedicas a trabajar, ¿qué te queda?

Daphne, supongo qué alguna vez te habrás planteado que esto tiene una fecha de caducidad…

Sí, porque el ritmo no se aguanta igual con 20 que con 40. En un futuro me veo montando un hotelito. Es mi sueño.

Siempre que viajo voy buscando, y he hecho varias inversiones aunque luego me he deshecho de ellas porque no he visto la oportunidad de explotarlas. Pero sí, me veo montando un hotelito boutique, que haya tranquilidad, que sea familiar, que la gente se sienta cómo en casa, que puedan leer, que puedan darse un masaje. Así es como me veo.

Pero también el mundo en el que estás metida también tiene un punto de enganche, ¿no?

Sí. Es adictivo. De hecho cuando termina la temporada, aterrizar es muy duro, porque acostumbras al cuerpo a un ritmo de estrés que al fin y al cabo es química que te está llegando al cerebro. En verano mi media de emails diarios son 200, que cuando los contestas se convierten en 400. Cuando llega octubre te alegras porque por fin puedes comer tranquila, por fin puedes dormir, pero te pasa factura porque el cuerpo se acostumbra a ese estrés y a esa adrenalina y cuesta mucho aterrizar en el invierno y equilibrarte de nuevo… Ya el año pasado en la oficina cuando bajamos el ritmo nos dio una depresión colectiva. Es por eso, porque estás acostumbrado a ir a 2000 mil revoluciones por minuto, cuando vas a 100 sientes que te falta algo.

 

¿Cuántas personas hay ahora en tu empresa?  

Permanentemente somos seis. En verano la plantilla crece de manera exponencial. En la época en la que estaba con el Circo del Sol teníamos 2000 mil contrataciones al año, en contratos temporales claro, pero mucha gente. Ahora en verano más o menos la media está entre 300 y 275 personas al mes.

Tú que hablabas de la estabilidad de 14 pagas, paga de Navidad…¿Da vértigo pagar las nóminas de tantas personas?

Sí, da mucho vértigo sobre todo porque en seguros sociales, lo normal es que en invierno estés pagando una media de 3 mil euros al mes, pero cuando llegan los meses de verano no bajas de los 20 mil.  Es complicado organizarte para tener ese fondo ahí y además pagar las nóminas cuando llega el 25 de cada mes. Es un sector en el que no siempre cobras por adelantado el 100%. Nadie quiere pagar por adelantado, pero claro, yo es la dinámica que he conseguido ir implantando. Tú vas a comprar el pan y a ti te lo fían si es la panadería de tu barrio, si vas a un supermercado tú pagas el pan, ¿verdad? No te lo has comido todavía, pero lo estás pagando… El problema es que tenemos un sistema fiscal y una legislación que no protege para nada. Ni al emprendedor, ni al empresario de la pequeña y mediana empresa. Las grandes empresas juegan en otra liga.

Tengo demandas por reclamación de pago, y te conlleva un gasto de procurador, de tasas, de abogado, una media de entre tres y cinco años para que te salga el resultado, sí te pueden dar la razón, pero ¿y si ahora el cliente no tiene nada? No cobras. Es un terreno arriesgado. Pero todo es organizarse.

El equipo de wellfare del Festival Medusa y Daphne con Martin Garritx

¿Te gustaría que tu hijo siguiera con el proyecto?

No. Porque te quita mucho tiempo de la familia y del disfrute. Aunque disfrutas lo que haces, porque esto es pasión, si no te gusta lo que haces no puedes aguantar este ritmo, pero por el camino dejas mucha vida. La gente normal trabaja ocho, diez, doce horas, nosotros en temporada estamos hechando jornadas de dieciséis, mínimo, entonces, ¿qué día te queda? Así que yo no quiero que se dedique a esto, yo quiero que él estudie, yo lo estoy educando para que sea una buena persona y luego si quiere ser hippie, que sea hippie, a mí no me importa, pero que sea buena persona, que sea honesto y que sea feliz.

Con lo menudita que es me da la sensación que tengo ante mí a una mujer muy fuerte, quizás comparte la solidez de los cimientos del Castillo Sohail, que a pesar de los pesares se mantiene siempre en pie. La diferencia es que Daphne no se mantiene inmóvil, como testigo, Daphne ha conseguido ser la protagonista y tomar las riendas de su vida hasta llevarla donde ella quiere estar.

 

Redacción: Ana Porras  Fotografía: Manuel Martos

Daphne Martínez

Gerente en Fox

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