Cuando las relaciones íntimas de la pareja hay que agenderlas. “Hoy toca”

Es innegable el ritmo frenético que llevamos todos durante el día. Así que cuando estamos en casa, y después de haber corrido durante toda la jornada contra las agujas del reloj, sentarse en el sofá y poner las piernas en alto unos minutos se convierte en un verdadero lujo. El lujo es aún mayor si conseguimos que coincida con un momento de silencio. Si tenemos hijos esto se valora especialmente, ¿verdad?. Aunque no siempre es fácil conseguirlo. Al igual que tampoco es fácil en determinados momentos de la crianza de los hijos encontrar los momentos de intimidad con nuestra pareja sin que existan “interferencias”.

En los últimos años la posibilidad de acceder a plataformas en las que tenemos un amplio catálogo de series y películas a la carta ha favorecido que muchas parejas encuentren en esta opción la vía ideal para pasar diariamente un tiempo juntos. Engancharse a una serie tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Por un lado no requiere que hagamos ningún esfuerzo, nos permite desconectar de la realidad durante los capítulos, poner el piloto automático y dejar descansar la mente de la rutina o de los problemas diarios. Pero por otro hace que le dediquemos un tiempo que podríamos emplear en otras cosas más productivas, como leer, conversar con nuestra pareja o tener relaciones sexuales.

 

Sí, tener relaciones sexuales. Las series invitan a ver un capítulo tras otro, y si el cansancio no ha conseguido que nos durmamos durante su emisión, seguramente la hora de meterse en la cama se prolongue más allá de lo deseable. Si sumamos esto al hijo que se ha despertado a por agua, o que ha tenido una pesadilla, o que seamos practicantes del co-lecho ya sea por decisión propia o porque si no no pegamos ojo en toda la noche, el encuentro íntimo con la pareja se normaliza como algo que agendar con día y hora. Lo que es innegable es que le resta bastante emoción al asunto en cuestión.

Pues precisamente ese es el tema que vamos a tratar este mes con la psicóloga y educadora sexual Rocío Carmona Horta. 

Rocío, ¿es tan habitual lo de tener que programar los encuentros sexuales?

Parece que sí,  aunque también creo que es importante desmitificar los encuentros sexuales intensos y rápidos de las películas.

La realidad no es que tengamos un orgasmo entre la planta 10 y la 12 de un edificio de oficinas, ni en el cuarto de baño del restaurante donde vamos a cenar. Estas pueden ser fantasías que alimenten el deseo y  promuevan la excitación, pero la mayoría de los encuentros sexuales en parejas estables son muy diferentes.

Para disfrutar del buen sexo es importante tener una buena predisposición. No llegar agotada a la “cama”, haber tenido un rato de descanso y comunicación con tu pareja,  y dejar de pensar en todas las cosas que mañana al despertar tenemos que hacer.

Vivimos unas vidas muy intensas, ya sea por las exigencias del trabajo, la casa, los hijos e hijas, pero además hoy en día le debemos sumar todos los “ladrones de tiempo”. Es decir todos aquellos elementos que me han hecho dedicar un tiempo que no era necesario y en el que le damos prioridad a cosas superfluas sobre lo que realmente es importante.

Como bien decías, las series son magníficos ladrones de tiempo. Me sirven para desconectar, no pensar, apagar el cerebro y desconectar hasta el día siguiente en el que volvemos a entrar en el bucle de la rutina.

Pero además se le puede sumar la cantidad de veces que miramos el móvil para ver el whatssap, o el tiempo que dedicamos a mirar las redes sociales en esos momentos que podríamos dedicar a otras cosas.

Todo ello hace que “me entretenga” sin pararme a pensar  en cómo ese gasto de tiempo no lo he invertido en asuntos más nutritivos para mi alma, mi relación de pareja o mi familia, por ejemplo.

Por otro lado, están los “estímulos externos” aquellas variables que yo no puedo  controlar, por ejemplo, a mi hija o mi hijo abriendo la puerta de mi habitación sin llamar siquiera.

Les hemos enseñado que son dueños y dueñas de la casa y que nuestro tiempo es suyo y que nuestro espacio es prácticamente inexistente.

Probablemente al papi sí le respeten la hora de la siesta, pero no lo harán en igual medida con el rato de descanso de mami.

Así que en estos casos habrá que esperar a que se duerman o buscar la ocasión de que no estén en casa.

Vamos, que para tener un encuentro sexual en condiciones con la pareja con la que convivo, necesito: tener tiempo, no estar agotada, no desenchufar viendo tele basura o series y si  no es mucho pedir… sentir una buena conexión con mi pareja.

Tantas variables que efectivamente hay que buscar ese momento para compartir un buen rato para estar con nuestra pareja.

¿Cómo perjudica esto a la relación de pareja?

Esta forma de desconexión es tremenda, nos hace ir como autómatas por la vida. Sin tener en cuenta lo que realmente necesitamos y nos nutre, aquello que nos da vitalidad y no nos adormece.

Las relaciones de pareja, igual que el buen sexo hay que nutrirlas.

Pensamos que porque ya llevemos tiempo de convivencia todo va a marchar rodado hasta “que la muerte nos separe”, pero esta forma de pensar sí es la muerte, pero de la relación.

Es muy habitual escuchar a parejas que dicen que tiene una relación aburrida en la cama, u hombres que buscan fuera lo que no tienen dentro, o matrimonios que deciden pasar del sexo excepto cuando toca…

Esto sería como decir que siempre vamos a comer el mismo menú: de primero sopa y de segundo rosada con papas. El menú puede estar muy rico y ser muy nutritivo, pero ¿por cuánto tiempo? No pasarán ni dos días cuando estaré aburrida de ese menú y comezaré a desnutrirme hasta el punto de poder llegar a estar inapetente. Pero si el menú me lo van cambiando o mejor aún, si no me dan a elegir lo que me pide el cuerpo…  cuando vuelva a comer sopa y rosada con papas, me volverá a encantar.

 

Pues en las relaciones sexuales de pareja estable hacemos lo mismo: Sota, caballo y rey y el sábado por la noche que es el día que toca…

Pero si en cambio nos cuidamos mutuamente, exploramos nuevas formas, leemos novelas o películas eróticas (que no pornografía comercial cargada de violencia), jugamos y exploramos juguetes nuevos, entonces, no dejaremos de sorprendernos y de descubrirnos en nuevas formas de sentir placer.

Y seguramente esto sea extrapolable al resto de la relación, porque conjuntamente hemos ido a una tienda erótica, hemos entablado una profunda y sincera comunicación, hemos invertido, (que no gastado) nuestro tiempo en la búsqueda de ese libro o película erótica…

 

El co-lecho es una tendencia que está muy de moda. Es verdad que siempre ha existido el que los hijos pequeños terminen durmiendo en la cama de los padres, pero actualmente incluso se planifica que todos duerman juntos. Es evidente que resta intimidad a la pareja. Como orientadora sexual, ¿qué piensas sobre esto?

Habría que ver a qué edad nos estamos refiriendo, mientras el hijo o la hija sea muy pequeñito/a no tiene por qué perturbarle el sueño y a esas edades no saben lo que estamos haciendo y no pasa nada porque lo hagamos. Y si ya es más mayor, lo primero que hay que recordar es que la cama no es el único lugar para el encuentro íntimo… Si mi niña está acostadita en la cuna, me queda el resto de la casa para poder disfrutar. Y si mi niño me demanda presencia por la noche pues habrá que intentar buscar otro momento por el día. Podemos encontrar mil excusas si queremos, pero alternativas también. 

Si bien es cierto, que no durante todas las etapas de nuestra vida tenemos la misma apetencia sexual y va cambiando en función de mis circunstancias, salud, momento vital….Por ejemplo, mientras la mami da de mamar a su bebé, su respuesta sexual se está cubriendo de ese modo. El problema es que el papi no lo comprenda y se sienta rechazado o presione.

Eso sí, creo que el foco no está tanto en el colecho como en el cansancio y en la forma de canalización de la respuesta sexual de la madre.

 

¿Cómo puede hacer una pareja que se encuentra con esta realidad para recuperar el erotismo en sus encuentros íntimos?

Si me pides una receta mágica no creo que haya una receta universal, pero sí unos ingredientes imprescindibles:

-Tiempo

-Cuidados

-Dedicación

-Comunicación

-Respeto a los ritmos de los dos miembros de la pareja

Tiempo propio para descansar, para no ir corriendo,  y poder dedicárselo a lo que realmente queremos.

Cuidados y reparto de responsabilidades: En la medida que el padre da soporte a la madre, ésta está mas relajada y receptiva.

Dedicación: No podemos olvidar que cuando llega un hijo a la familia, la pareja no se disuelve. Hay que cuidar a los y las hijas, pero también debemos cuidarnos en primera persona  y cuidar a quien es nuestro compañero de viaje. La pareja no desaparece por tener un hijo.

Comunicación: No me refiero a hablar mucho, si no a saber lo que queremos transmitir y para qué lo hacemos y por la otra parte sentir que nos escuchan con el alma y que por ambas partes hay intención de llegar a acuerdos y buscar alternativas conjuntas.

Y por supuesto, respeto a los ritmos de las dos partes de la pareja: Ambas personas necesitan cosas distintas, por lo que la solución quizás no es yo te doy “A” y tú me das “A”, sino que yo te doy “A” y tu me das “C”.

Si  no tenemos la misma necesidad de sentir placer del mismo modo y a la misma vez busquemos alternativas consensuadas. ¡Imaginación al poder!

Una última sugerencia; los miembros de la pareja no deberían llamarse papi o mami entre ellos o se difuminará esa imagen erótica del otro.

Redacción: Ana Porras

IMG_0129 Rocío Carmona Horta

Psicóloga y Educadora Sexual

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