Cuando el futuro no pasa por vivir juntos

La vida en pareja no pasa siempre por compartir el mismo espacio. De hecho, existe otro tipo de convivencia que funciona y que, a pesar de que en España es difícil de encontrar, en países como Estados Unidos o en zonas de Latino-América está extendiéndose a pasos agigantados, sobre todo entre los jóvenes. Hablamos de las llamadas parejas Stay Over o parejas LAT (Living Apart Together). ¿Qué ventajas e inconvenientes pueden aparecer ante una fórmula semejante? ¿Por qué se elige? ¿Puede durar para siempre?

 

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Marta y Juan acaban de celebrar su décimo aniversario de novios. Desde hace algunos años, acuden prácticamente todos los años a la boda de algún amigo. Con 30 y 34 años respectivamente, y trabajo estable, dicen no haber sentido nunca la necesidad de compartir su vida. “Nos encanta irnos de fin de semana juntos; lo disfrutamos mucho. Pero el domingo cada uno vuelve a su casa. Es mejor así, la convivencia sólo trae problemas”, señala Marta. “A veces me siento como un bicho raro y creo que nadie de mi entorno me entiende, excepto Juan, obviamente”, continúa. “Entre los dos hemos tomado la decisión madura de no convivir; nos va bien así, somos felices y, con eso, creo que tendría que ser suficiente justificación para el resto de la sociedad”, puntualiza.

 



 

El caso de Marta y Juan no es raro en los tiempos que corren. Hace algunos años, sin embargo, nuestras madres y abuelas se hubieran llevado las manos a la cabeza al escuchar su historia. Hoy, todo es diferente. Muchas son las parejas que, por voluntad propia, deciden tener una relación pero en casas separadas  o, lo que es igual, deciden apostar por un noviazgo eterno donde comparten su vida, el amor y el estar juntos cuando ambos quieren y no por una imposición social. Hablamos, por lo tanto, de un compromiso limitado al tiempo y al espacio que las personas que optan por esta tipología de pareja deciden compartir juntos.

 

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¿Qué tipo de personas optan por no convivir?

Los códigos amorosos son cada vez más diferentes y, el paso del tiempo, ha dado lugar a nuevos modelos de familia que, poco o nada, tienen que ver con los que hasta ahora entendíamos como convencionales. Las parejas Stay Over son uno de ellos. Los expertos no han tardado en dar su opinión sobre esta nueva manera de entender el amor y numerosos son los pros y contras que los especialistas se han aventurado en apuntar.

Para muchos psicólogos el perfil de los que optan por esta modalidad de pareja son personas entre 35 y 40 años con experiencias previas de convivencia desastrosas. Además, un amplio porcentaje de los que apuestan porque el concepto de que amar no tiene que ir unido, en ningún caso, a compartir espacio doméstico, suele tener profesionales liberales, esto es, pertenecen a ámbitos profesionales tan variados como la música, la abogacía o la arquitectura. Son personas que se definen a ellos mismos como poco convencionales, a los que les gusta sentir la sensación de libertad y desean vivir al margen de la obligatoriedad de dar explicaciones. Hombres y mujeres a los que, en definitiva, les gusta vivir sin horarios ni ataduras, y buscan escapar de aspectos tan comunes en la convivencia como lo son el aburrimiento y la rutina.

No obstante, los especialistas también apuntan a otro grupo poblacional que, en los últimos años, se ha ido sumando a la tendencia marcada por las parejas Stay Over. Son los jóvenes que no han experimentado fracasos sentimentales en sus vidas de forma directa, pero sí han experimentado el sufrimiento y la frustración derivada de una ruptura sentimental de manera directa a través de sus padres o su entorno social más cercano.

 

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¿Qué beneficios aporta a las parejas no compartir techo?

Independientemente de las razones que impulsen a una pareja a mantener una relación sentimental que no pase por compartir techo de forma diaria, lo que está claro es que esta situación sólo es posible si entre la pareja reinan la confianza y el entendimiento, si ninguno de los dos es celoso y si saben a ciencia cierta qué quieren y esperan exactamente de la otra persona, de lo contraria los roces y desconfianza no tardarán en llegar.

Muchas de las parejas que eligen este tipo de relación afirman mantener contacto diario con la otra persona tanto por Internet como por teléfono, además de realizar de forma frecuente salidas para ir al cine, cenar o almorzar. Además, gracias a las nuevas tecnologías, pueden verse antes de dormir empleando cualquier tipo de dispositivo móvil y hablar como si estuvieran uno al lado del otro.

 

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“Ser una pareja Stay Over tiene más beneficios de los que muchos creen”, explica Juan. “Al no convivir tenemos más temas de conversación cuando nos vemos; no hay silencios incómodos”, continúa el joven. “Además, tenemos mucho más tiempo libre para hacer actividades por las que la otra parte no siente especial interés ni atracción”, explica Marta.

 

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Otra de las razones de peso que encuentra una pareja para no convivir se encuentra el mantener las características individuales de cada uno, sin que éstas interfieran negativamente en el fluir de la relación. Por otro lado, no dependen de horarios, movimientos y tiempos del otro; se reducen las discusiones y no tienen que soportar las visitas de los parientes políticos o de los amigos de la pareja.

Sin embargo, y a pesar de que cada vez son más los que optan por subirse al carro de las parejas Stay Over, para otros tantos no convivir con la pareja puede entenderse como una falta de compromiso o una forma de ocultar la falta de interés por la otra persona.

 

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Miedo al compromiso

En principio, el miedo no ha de entenderse como algo negativo, sino como un mecanismo de defensa que crea nuestra mente cuando percibimos que una hipotética situación de riesgo puede desencadenarse. No obstante, cuando la situación de supuesto riesgo se produce cuando estamos ante un estímulo positivo y no negativo, entonces estaríamos hablando de un miedo irracional y éste siempre esconde un comportamiento inseguro de la persona.

¿Cuándo hablamos entonces de miedo al compromiso? El miedo, en términos generales, aparece cuando vemos peligrar la burbuja de bienestar que nos hemos creado a nuestro alrededor y en la que nos sentimos plenamente cómodos. Si consideramos una relación como algo que nos quita (pérdida de intimidad, disminución de las salidas con los amigos, estar pendiente del otro, etc.) y no que nos aporta aspectos tan positivos a nuestra vida como lo son el amor, la estabilidad, la compañía, etc., entonces aparecería el llamado miedo al compromiso.

 

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Aquellas personas que sienten un claro miedo a comprometerse en una relación estable son, sin embargo, personas muy atractivas en el terreno emocional, es decir, son grandes conquistadores e individuos que realmente sienten la necesidad de encontrar a una persona con la que compartir el resto de sus vidas pero que, cuando se ven frente a frente con el momento de tomar esa decisión, sienten un miedo atroz a dar el paso y llegan, incluso, a romper la relación.

 

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Para acabar con el miedo al compromiso, el primer paso es admitir que tenemos limitaciones emocionales en las que debemos de trabajar encarecidamente. Hemos de analizar nuestras verdaderas necesidades y arriesgarnos a afrontar nuestros miedos. En este sentido, contar con una buena autoestima es fundamental.

 

¿Tiene tu pareja miedo al compromiso?

 Hablas de convivir y le cambia la cara. Le mencionas la posibilidad de ser madre y rápidamente cambia de tema. ¿Qué está pasando? Posiblemente tu pareja tenga miedo al compromiso. Todos aquellos individuos que lo tienen, con independencia de que sean hombre o mujer, poseen los siguientes rasgos psicológicos. ¡Toma buena nota!

 

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1.- Les cuesta tomar decisiones que tengan que ver con el hecho de ‘dar un paso más’.

2.- Siempre buscan tener discusiones. Son incapaces de expresar lo que le ocurre y, sin realmente buscarlo, empiezan a construir un clima hostil en su cabeza que genera discusiones perfectas para buscar, en definitiva, la ruptura.

3.- Intentan convencer a la pareja de que la relación no va bien, de que no se complementan y de que han de caminar por separado.

4.- No piensan en las cosas positivas que la pareja pueda aportar. Sólo ven aspectos negativos derivados de compartir la vida con otra persona: menos tiempo para uno mismo, falta de libertad, etc.

5.- Son personas inmaduras que presentan una clara dificultad para salir de su ‘nido’ y formar su propia familia. Esto les impide disfrutar de su pareja y realizarse plenamente como personas.

 

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6.- Presentan una clara preferencia por realizar actividades grupales con amigos, que compartir una velada en compañía de su pareja.

7.- Se sienten responsables de los sentimientos de la otra persona y ante la posibilidad de hacerle daño prefieren romper la relación.

8.- Son capaces de romper relaciones que marchan bien ante el miedo de dar un paso que le involucre con su pareja.

 

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Para saber más…

El triunfo de esta tipología de pareja coexiste en el tiempo con las parejas conocidas como Dinky, que significa ‘double-income, no kids’ (doble ingreso sin hijos). El término designa a aquéllos que, pese a mantener una relación estable, deciden posponer la paternidad de forma indefinida o renunciar a ella de manera definitiva.

 

 

Rocío Alcántara

Redactora en Yo Soy Mujer

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