El coraje de ser: Estrategias para vivir desde tu autenticidad

Aplazar nuestros sueños es, por desgracia, un hábito pernicioso al que recurrimos más de lo que nos gustaría reconocer.

Continuamente, casi sin darnos cuenta, vamos posponiendo nuestros más profundos anhelos para cuando estemos más delgados o delgadas; para cuando tengamos más dinero o más tiempo; o para cuando dispongamos de mejores oportunidades.

Por debajo de esta costumbre tan venenosa de justificar nuestra inacción, se arrastran como serpientes la ansiedad y el miedo a fracasar.

Todos los estudios, en cambio, apuntan a que se sienten más satisfechas y realizadas las personas que se han arriesgado a hacer algo que les importa, aunque no lo hayan logrado, que las que nunca se atrevieron. ¡Es preferible intentarlo y no dar en la diana que no haberlo intentado nunca!

“¡Es preferible intentarlo y no dar en la diana que no haberlo intentado nunca!”

En otras palabras, es mejor arrepentirse de lo que hayamos hecho que de lo que hemos dejado por hacer.

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Y es que VIVIR, en mayúsculas, es un asunto que nunca deberíamos dejar para más adelante. Como contemplar un amanecer o una puesta de sol; o como presenciar una lluvia de estrellas: si no estás presente en el instante en el que ocurren, te los pierdes.

“VIVIR, en mayúsculas, es un asunto que nunca deberíamos dejar para más adelante”

Así que… ¿crees que merece la pena seguir autoengañándote con excusas? El momento ideal para comenzar a hacer todo aquello que amas es ahora mismo, porque…¿y si mañana, o dentro de un rato, es demasiado tarde?

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Pero, para adentrarse en la propia existencia con consciencia y pasión hace falta coraje. Sobre todo, coraje para ser tú mismo o tú misma por encima de las expectativas que las demás personas alberguen sobre ti.

He notado que VIVIR desde la autenticidad es un tema que enseguida atrapa la atención y enciende las miradas.



 

Todo el mundo quiere conquistar ese estado de conciencia en el que nuestra esencia logra escabullirse de las trampas que le tienden la vergüenza y la culpa para expresar libremente lo que guardamos en nuestros corazones.

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No es casualidad que en un post anterior —Mindfulness instantáneo: 6 preguntas esenciales para que cerebro y corazón hagan las paces—, publicado en esta misma web, el tema que despertó más comentarios  fuese el que tiene que ver con diferenciar cuándo se está actuando para agradar a los demás frente a cuando lo hacemos desde nuestra originalidad.

 Por todas partes nos encontramos la frase «Sé tú misma o tú mismo»; «Be yourself».

Qué sencillo suena, ¿verdad? Siempre resulta más fácil decirlo que hacerlo. Como si fuese tan simple hacerle un corte de mangas a tantos años de educación y condicionamientos.

Pero la cuestión no tiene que ver con si es o no difícil, sino con si merece o no la pena. ¿O tú qué piensas?

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¿Te parece si repasamos algunas estrategias para que tu verdadero yo se anime a dar un paso al frente?

Presta atención…

Estrategia #1. Alimenta tu coraje.

La raíz de la palabra coraje es cor, «corazón» en latín.

En la antigüedad, el significado original de esta expresión venía a ser algo como «decir lo que se piensa expresando todo lo que siente el corazón».

Sin embargo, la educación que hemos recibido nos ha llevado a la idea errónea de que, mientras que algunas emociones están permitidas y son aceptadas socialmente, otras deben ser tachadas de inadecuadas.

Más de una vez hemos oído decirles locuras a los niños como «los hombres no lloran» o «eres una princesa, y las princesas no se enfadan».

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Dicho de otra forma, el mensaje que transmiten estos ejemplos es que la tristeza es síntoma de debilidad o que la ira te convierte en alguien inaceptable.

De este modo, no es difícil encontrar hombres que se sienten avergonzados de expresar su sensibilidad y mujeres incapaces de decir «no» o de poner límites.

Esta manera de tratar con nuestro mundo emocional ha sofocado el fuego de nuestro coraje.



 

Para avivarlo, busca información sobre inteligencia emocional. Aprende qué funciones  cumplen el miedo, la ira, la tristeza y cada uno de tus sentimientos. Entonces, comienza a escucharlos y a expresarte desde ellos de una forma más abierta.

“No hay emociones buenas o malas, cada una cumple con un cometido “

Sin alargarme demasiado en este tema, no hay emociones buenas o malas, cada una cumple con un cometido a la hora de que nos relacionemos de manera genuina con nuestro entorno y con otras personas.

Ten por seguro que llegará el momento en el que, antes de hablar o tomar cualquier decisión, será tu corazón quien marque el rumbo de tu vida.

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Estrategia #2. Emancípate.

Está claro que gran parte de los obstáculos internos que nos frenan a la hora de ser nosotros mismos o nosotras mismas se formaron cuando todavía no sabíamos ni hablar.

Durante nuestra infancia, sobre todo en los dos primeros años de vida, todos nuestros esfuerzos se centraban en encontrar seguridad emocional y física en las personas que nos cuidaban.

Nuestra dependencia de estas personas en ese período crítico era absoluta.

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El caso es que nuestros padres —u otros cuidadores— venían con su propia mochila cargada de preocupaciones, carencias y creencias, y no siempre estaban disponibles emocionalmente de la forma que nos hubiese gustado.

Con la mejor intención, con sus respuestas positivas o negativas a nuestras necesidades, nos transmitieron sus propios patrones emocionales.

Poco a poco, a través de la aprobación y la censura, se fue cerrando un pacto silencioso con dos condiciones básicas: si te portas bien y cumples con mis expectativas serás merecedor o merecedora de amor, y si no, serás víctima de mi crítica y mi frialdad.

“Utilizamos la complacencia como moneda de cambio para ganarnos la aceptación de los demás “

Con el tiempo, terminamos trasladando de manera inconsciente este mismo modelo al resto de relaciones. Utilizamos la complacencia como moneda de cambio para ganarnos la aceptación de nuestras parejas, amigos, maestros, jefes, etc.

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Comienza a aprobarte tú. Y no exijas que los demás cumplan con tus expectativas. Déjalos ser y así te das permiso a ti para ser.

Y, sobre todo, recuerda algo muy importante: cuando te comportas con autenticidad en lugar de como los demás esperan, algunas personas no te aceptarán. Pero es que cuando actúas para caer bien, también tropezarás con personas que no te soportarán.

Quien te ama incondicionalmente, siempre permanecerá a tu lado. ¿Para qué esforzarse tanto en mantener relaciones con gente que te pone condiciones?

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Estrategia #3. Acepta tu vulnerabilidad.

Albert Ellis, padre de la Terapia Racional Emotiva (TRE), nos cuenta que el origen de nuestra infelicidad se encuentra en nuestros esquemas mentales distorsionados o creencias irracionales.

De dos de ellas —«existen emociones válidas y emociones inaceptables» y « para ser feliz es necesario obtener la aprobación de los demás a toda costa»— te he hablado en los párrafos anteriores.

Un tercer patrón irracional que sabotea nuestra autenticidad es la búsqueda de perfección.

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Este virus mental viene a infectar nuestra vida con la idea de que tenemos que ser perfectos o perfectas en cualquier circunstancia, no fallar nunca y no mostrar ningún atisbo de debilidad.

Su principal arma es la vergüenza.

Este veneno —la vergüenza— ha sido inoculado durante generaciones a través de un sistema educativo que premia los resultados, estableciendo comparaciones, en contra de fomentar la creatividad y la individualidad. Y a través de la religión, que ha puesto a un ser invisible que nos vigila y nos apunta constantemente con el dedo desde algún lugar del universo.

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Brené Brown, en su libro Los dones de la imperfección, nos enseña que la vergüenza se alimenta del secretismo, y que la mejor forma de combatirla es mostrando nuestra vulnerabilidad.

“La vergüenza se alimenta del secretismo”

De hecho, cuando asumimos que no podemos ser perfectos en todo y en todo momento, podemos entender que nadie lo es y recuperamos nuestro poder y nuestra fuerza, que radica en la humildad.

Mostrar nuestras imperfecciones nos ayuda a conectar con los demás, porque es fácil sentirse a gusto con alguien con quien no tienes que fingir.

“No has venido a esta existencia para ser perfecto o perfecta, sino a ser feliz siendo tú”

Y si, aun así, alguna otra persona decide mirarte por encima del hombro para convencerse a sí misma de que es más perfecta que tú, ¿qué más da? No has venido a esta existencia para ser perfecto o perfecta, sino a ser feliz siendo tú.

 

yo  Juan Navarrete

Psicólogo y Coach  Tu Coach Interior y Escuela de Luz

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