El comportamiento no verbal y las emociones en nuestro día a día

Una madre le pregunta al amigo de su hija si le gusta la merluza para cenar. El chico, aquiescentemente, le responde que sí, mientras levanta los hombros y muestra una amplia sonrisa.

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En otro lugar, una chica le hace la observación a su pareja sobre lo tarde que llegó por la noche de la cena de antiguos compañeros de instituto, a sabiendas de que a dicha cena asistiría una antigua novia. El chico traga saliva y dice que, al final, se liaron hablando de los viejos tiempos, a la vez que se rasca en alguna parte del cuerpo.

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Por último, una directora de una sucursal bancaria pregunta al empleado sobre la calidad de la formación recibida la semana anterior. Éste le responde que bien, mientras levanta levemente el labio superior.

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Todas estas situaciones, además de reales, son muy frecuentes en nuestro día a día y, así como se han descrito, queda claro que en ellas han aparecido contradicciones entre lo que se ha dicho y lo que se ha hecho. Es decir, entre el Comportamiento Verbal y el Comportamiento No Verbal.

Sin embargo, tratar el tema del Comportamiento No Verbal (CNV) necesita, de manera taxativa y lógica, de un hilo conductor lo suficientemente estructurado como para que no nos perdamos en los detalles y, al final, nos vayamos con la sensación de que todo es producto de una iluminada o un iluminado que habla de magia y no de cosas que están demostradas científicamente.

 


 

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Lo primero debemos entender es que el CNV (Comportamiento no verbal) es todo aquello que hacemos, fuera del formato verbal e independientemente de que seamos o no seamos conscientes de ello, y que puede informar acerca de nuestras emociones y actitudes.  Así que todo aquello que no sea la palabra, incluido el idioma de signos, pertenece al ámbito del CNV: el contacto físico con otras personas o con los objetos, los gestos, el volumen de la voz, la entonación, las distancias entre las personas, la postura, la orientación, la apariencia y el vestuario, la expresión facial, etc., son aspectos analizables del CNV, además de una fuente de información bastante clara sobre la persona que los exhibe.

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Nuestras emociones

Antes de que las personas interesadas naveguen en el denso mar de lo no verbal, conviene que aclaremos qué es una emoción y para qué sirve, pues no sería lógico empezar de otra manera.

Lo primero es entender que la emoción es una experiencia afectiva tridimensional. Por una parte las emociones muestran una dimensión cognitiva, que es la valoración subjetiva de lo que se está viviendo. Así, lo que pienso y lo que vivo en mi mente cuando estoy triste es la parte cognitiva de la emoción. Después hay que hablar de la dimensión fisiológica, que son los cambios que se producen en el sistema nervioso y en el sistema endocrino cuando aparece una determinada emoción. Así, después del frenazo que has pegado para no estrellar el coche contra el de delante, notas que el corazón se dispara, te sudan las manos y las piernas te producen un cosquilleo. La transpiración, el aumento de la tasa cardíaca y la acumulación de sangre en las piernas son correlatos fisiológicos de la emoción del miedo, del sobresalto. De esta manera, el cuerpo se prepara para la huida, con lo que esta dimensión fisiológica es la dimensión que facilita la adaptación al medio, pues nos prepara para responder ante el evento que nos emociona, que nos produce miedo. Por último, y en la que nos vamos a centrar en próximos artículos, está la dimensión conductual de la emoción y es la parte expresiva de la misma. Así, cuando ante un comentario sobre mi persona mi ceño se frunce, estoy expresando enfado.

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Por qué nos emocionamos

Muchas veces, sobre todo cuando las cosas van mal, nos preguntamos por qué nos emocionamos y, seguramente, pensamos en lo bien que estaríamos si no sintiésemos nada. En respuesta a lo segundo, seguramente estaríamos muertos de no tener emociones. No experimentar miedo nos llevaría a hacer muchas cosas que traerían consecuencias desastrosas para nuestra integridad física o económica. Si no sintiésemos y expresásemos alegría, seguramente hubiésemos tenido pocas posibilidades de socializar, emparejarnos, tener relaciones sexuales, etc. Si no tuviésemos la tristeza ni la expresásemos, acabaríamos solos y sin ayuda. Así que, sin emociones no somos nada.

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Respecto a la segunda cuestión, por qué nos emocionamos, la respuesta es que nos emocionamos porque podemos, porque tenemos un sistema en nuestro cerebro, el sistema límbico, responsable de la emoción, al igual que el perro o el macaco.

Pero seguramente es parte de la respuesta. La otra pregunta, ya más ajustada, sería de qué me sirve ponerme triste, enfadarme o sentir rechazo, de qué me sirven las emociones, o cuál es la función de las emociones.

 



 

Para aclarar todo esto, conviene que pensemos en nuestra especie. No somos unos seres animales dotados de una gran fuerza, de grandes garras o de recios caparazones. Realmente, debemos ser de los seres más frágiles de toda la evolución. Sin abrigo nos congelamos y tenemos una piel que se puede romper con extremada facilidad en comparación con otros mamíferos. Tampoco somos veloces, ni tenemos una gran agilidad como sí lo son nuestros primos, los primates no humanos. Porque a fin de cuentas, somos primates, somos monos.

“Debemos ser de los seres más frágiles de toda la evolución”

Si todo eso parece poco, el embarazo de la hembra dura nueve meses, para tener de manera general una sola cría. A todo esto,  la crianza, hasta que la nueva criatura tiene cierta autonomía, es muy larga en comparación con otros seres.

Inicialmente, si tuviésemos que apostar por la supervivencia de la especie humana sería la manera más lógica de perder. Sin embargo, aquí estamos. Dominamos el planeta, para bien o para mal, sobre todo para mal, y encima somos en la actualidad cerca de 7500 millones de individuos en el mundo. ¿Cómo lo hemos hecho?

Básicamente por algo que es consustancial a nuestra especie: la cooperación. Pensemos si hubiese sido posible cazar, domesticar, dividir el trabajo, construir refugio, tener tiempo para generar avances tecnológicos, sobrevivir a enfermedades, etc., si no hubiese sido por la cooperación. Y eso nos convierte en seres sociales. Sin el grupo, ni nos desarrollaríamos ni sobreviviríamos. Estando solos es imposible.

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Es en este punto donde quiero esquematizar, en respuesta a la pregunta de cuáles eran las funciones de las emociones, pero sin perder de vista que somos seres sociales, supervivientes y numerosos gracias a la cooperación, y que las emociones, a fin de cuentas, no se quedan en la intimidad, sino que forman parte de del proceso de cooperación.

Por una parte, la emoción nos sirve para adaptarnos a una situación determinada. Por ejemplo, cuando vemos un gran perro acercarse con intenciones de mordernos, todo nuestro organismo, gracias a la emoción de miedo, se pone en marcha para facilitar la huida. A esto, hay que añadir que, hasta que la emoción no cambie o finalice, no vamos a dejar de correr, lo que implica que la emoción tiene una función motivadora. Por último, el hecho de que mi cara de miedo la puedan ver e interpretar otras personas, va a suponer la posibilidad de obtener ayuda y de avisar al resto para que se pongan a salvo.

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Atendiendo a todo esto,  el siguiente esquema refleja las funciones generales de la emociones según Reeves:

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Imaginemos que una madre está en la sala de espera de un hospital esperando noticias sobre la intervención que se ha llevado a cabo con su hijo de seis años. Imaginemos también que durante horas nadie le dice nada. Busca información y nadie responde, todos tienen otra cosa que los ocupa. Harta de esperar de la incertidumbre, se acerca a la recepción del hospital y golpea el mostrador, gritando y pidiendo que ser atendida. Su cara se ha enrojecido, los puños cerrados, la mirada rígida y mostrando los dientes. Seguramente no la obviarán y, posiblemente alguien tome en serio su demanda. Pero pensemos en la posibilidad de que esa madre no hubiese experimentado enfado en esa situación. Podemos vaticinar que hubiese estado mucho más tiempo en la sala de espera, preocupada por el estado de su hijo. Como podemos darnos cuenta, el enfado, la ira, el cabreo, ha motivado a la madre a generar una serie de comportamientos que han facilitado que el resto de las personas la tomen en cuenta.

Si tuviésemos que decir para qué ha servido la ira en esta situación, diríamos que la de desplegar una serie de conductas para amenazar al despreocupado personal del hospital, facilitando la visibilidad del problema de la madre.

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Pensemos en otra situación: abrimos la nevera y cogemos una naranja. El color de dicha fruta es verde, pues está llena de moho. Pero como nos gusta la novedad, nos quedamos sobrecogidos por el asombroso color verde que la cubre. Así que la pelamos y nos la comemos. Lógicamente, es una situación bastante improbable, pues sencillamente nos daría asco y la tiraríamos a la basura. Así, si no hubiese sido por la emoción de asco, nos la hubiésemos comido, corriendo el riesgo de tener un problema de salud relacionado con el moho y la naranja podrida.

Pero todavía podemos ir más allá. El bebé que no sintiese emoción alguna, no lloraría. Pensemos qué supondría para su supervivencia sino diese señales de malestar, hambre, frío, dolor, miedo o alegría.

Queda bastante claro de que las emociones sirven para algo muy importante: la supervivencia.

“Queda bastante claro de que las emociones sirven para algo muy importante: la supervivencia”

En el siguiente esquema se especifican las funciones de algunas emociones que, desde un punto de vista psico-evolutivo, propuso Plutchik.

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Como podemos observar, todas las funciones tienen como objetivo la supervivencia del individuo y de la especie. No es algo gratuito. De no haber sido por las emociones, no hubiésemos durado mucho en nuestro planeta.

Pero todavía hay que añadir un aspecto todo lo que se está discutiendo. A modo de ejemplo, imaginemos por un momento que no tenemos la facultad del lenguaje. Que toda comunicación es mediante expresión de emociones, contacto físico, posturas, distancias y olores. Ahora visualicemos la siguiente situación: veo a una persona corriendo, con cara de miedo, pero resulta que no entiendo qué quiere decir esa cara. Veo frente tensa, los ojos abiertos como platos y la boca hacia atrás, pero no sé qué significa, pues mi cara de miedo resulta que consiste en fruncir el ceño y mostrar una sonrisa. No es necesario ser unos genios para saber que no habría entendimiento ni comunicación, pues el código utilizado y entendidos por los dos individuos no es el mismo. En estas condiciones tampoco hubiésemos triunfado ni nos hubiésemos adaptado.

Sin embargo, los casi 200.000 años de historia del homo sapiens sapiens plantean la hipótesis de que sí hubo, hay entendimiento. De hecho, en 1872, Sir Charles Darwin publicó “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales”, donde afirma que las emociones y su expresión son universales, entendiendo que son un mecanismo necesario para la supervivencia. No fue hasta casi acabada la década de 1960, cuando Paul Ekman demuestra que las emociones básicas (asco, alegría, miedo, tristeza, sorpresa e ira) y su expresión son biológicamente innatas y evolutivamente adaptativas. Posteriormente, gran cantidad de investigaciones han confirmado la universalidad de la emoción y de su expresión, con lo que podemos afirmar, sin equivocarnos, que la expresión de tristeza, o de rabia, o de alegría, es la misma en Australia, en Camboya y en Cangas de Onís.

Y es que no podría ser de otra manera. No estaríamos aquí de no haber sido por un código que todos hubiésemos entendido desde el nacimiento, sin necesidad de aprendizaje.  Para que veáis lo importante de la emoción y su expresión, os dejo un vídeo que habla por sí solo.

 

Cómo os habéis podido percatar, la criatura reacciona negativamente ante la ausencia de respuesta emocional de la madre. Queda bastante clara la importancia de las emociones y de su expresión.

Pero después de toda esta explicación, ¿qué pasa con el Comportamiento No Verbal anunciado en el título del artículo?

En respuesta a ello, hablar de expresiones y microexpresiones faciales, hablar de gestos, de filtraciones, de adaptadores, etc., es imposible si no tenemos claro qué es una emoción, para qué sirve y la naturaleza universal de la misma.

Lecturas que pueden resultar interesantes y gratificantes:

Ekman, P. (2012). El rostro de las emociones. Barcelona. RBA.

Morris, D. (1993). El mono desnudo. RBA.

 

 

COPIB2 Francisco Campos Maya

Psicólogo y Experto en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira.

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